sábado, 23 de marzo de 2019

Cordoba, Marzo 2019

16-19 Marzo 2019




Sábado, 16 de marzo. De nuevo en la carretera para añadir a nuestra lista uno de los lugares imprescindibles: Córdoba. Es bonito viajar al extranjero para conocer otras culturas, países, costumbres, vidas. Pero sin olvidar la cantidad de pequeños y grandes recodos hispánicos que no solo compiten y rivalizan con los mas afamados destinos internacionales si no que en más de una ocasión los superan ampliamente.

Córdoba ya no es la gran ciudad de antaño pero atesora historia e historias como pocas ciudades. En este emplazamiento vivían íberos turdetanos en el segundo milenio antes de nuestra era. Fueron al parecer los  fenicios llegados con posterioridad los que la llamaron "ciudad junto al río" o Qart-Iuba, aunque la etimología sigue sin confirmarse. Los nietos o bisnietos de estos fenicios, los cartagineses, se desplazaron al este hasta la costa del mediterráneo y allí fundaron otro asentamiento nuevo, que así lo llamaron, "ciudad nueva" o Qart-Hadast, que al pasar de los siglos se convirtió en la actual Cartagena. 

A primera hora del sábado, rumbo hacia la milenaria Córdoba. Algo menos de 500 kms y unas cinco horas de autovía. A mi lado, mi medio pomelo, Inmaculada. Detrás mi pequeña, Julia, y una tristeza, mi hija mayor Marta no se vino. Ya fuera por que tenía que estudiar, ya fuera por que ya no le apetece venirse con nosotros, fue una pena que no pude borrar durante todo el viaje. Es ley de vida, los hijos llega un momento que quieren volar solos, sin la mirada escrutadora de sus padres. Parece que fue ayer cuando la adormecía en mis brazos por el pasillo de casa canturreándole negras tormentas. Ya tiene 18 años. No solo casi no nos necesita si no que busca su propio camino. Sic transit gloria mundi. Como cicerones del viaje, los habituales de los últimos años, Mercedes y Diego (que ya conocían Córdoba) junto con sus hijas Emma y Paula. Los siete magníficos.

Viaje tranquilo, con parada obligada.  Descanso y almuerzo. Llegamos a Córdoba entorno a mediodía. Como cada familia hizo su reserva nos separamos para dejar las maletas. Ellos a un hotel a las afueras, nosotros a un apartamento de alquiler en el centro histórico. Nos recibió Susana, la encargada de gestionar los apartamentos, cordobesa a más no poder. Situado en la calle de la Concepción, a escasos cinco minutos andando de la céntrica plaza de las Tendillas, era muy pequeño. Ubicación única a 10 minutos de todas partes en el casco histórico. Limpio, coqueto, con falta de lamparas bajas y una cama que chirriaba, perfecto para disfrutar de los tres días.

Tras situarnos, partimos sin mucha demora. Cada vez que llegamos a una ciudad tengo la impresión de que me voy a perder, que no voy a ser capaz de moverme, para descubrir siempre a posteriori que da igual lo grande o pequeña que sea una ciudad, siempre es lo mismo. Centrarse. Buscar puntos de referencia. Un buen callejero y con las nuevas tecnologías, gps y es imposible perderse.

Caminando, la primera de las multitudinarias iglesias cordobesas, San Nicolás de la Villa. No entramos si no al día siguiente y por un brevísimo lapso de tiempo dado que estaban en mitad de misa. No soy religioso pero sí creo ser muy respetuoso con las ideas y creencias de los demás. Cosa que a la inversa, en más de un caso, no he visto correspondido. He oído las quejas de personas religiosas sobre la presunta coacción a sus creencias y celebraciones, que debemos respetar como algo histórico y cultural. La vida me ha enseñado a respetar todas y cada una de las ideas ajenas, incluso las que me parecen un disparate. He tenido que soportar en más de una ocasión burlas y críticas por mi forma de pensar. Por mucho que nos la demos de sociedad avanzada sigue habiendo mucha falta de respeto. Y eso se aprende en casa.

Llegamos a la Plaza de las Tendillas, con su estatua bicolor del Gran Capitán (caballo y cuerpo negro, peculiar cabeza blanca). Estupendo el centro histórico era peatonal. Seguro que a los residentes no les hará tanta gracia pero las ciudades deben ser para los peatones. El problema es que los que deciden peatonizar no ponen un sistema de transporte urbano adecuado, castigándonos con carísimos aparcamientos públicos o carriles bici sin sentido.


Tras varias vueltas por los aledaños de la plaza, nos sentamos a comer en el Gran Bar. Típico cordobés son el salmorejo, el rabo de toro, la carrillada o los flamenquines. No muy amigo de los platos de carne, sin llegar a ser vegetariano, probé el salmorejo. Para chuparse los dedos. Seguimos con unas patatas a la brava, croquetas de cocido e incluso pedimos un flamenquín que se quedó en la lista de la compra. Estuvimos esperándolo 15 minutos sin noticias. Un servicio que había sido estupendo quedó empañado por un final inadecuado.



Acabada la comida, reagrupamiento. Sin un rumbo claro, atravesamos las Tendillas en dirección a la otra gran plaza, la Corredera, paseando por la calle (Marco) Claudio Marcelo. Este tiene el honor de ser el fundador de la ciudad romana, Corduba, en 171 antes de nuestra era sobre los restos del asentamiento fenicio, convirtiéndola en capital de la provincia Bética. Hijo de Marco Claudio Marcelo, padre de Marco Claudio Marcelo, abuelo de Marco Claudio Marcelo y así hasta el infinito y más allá. Los romanos, tan prácticos ellos, usaban una variedad muy escueta de nombres (preanomen) tales como Marco, Cayo, Lucio, Quinto, Sexto, Publio o Cneo. Después llevaban el nomen, que era algo así como el apellido, para saber a que familia pertenecían, como los Claudio, Julio, Cornelio, Sulpicio, Tulio o Fabio. Como al pasar los siglos la combinación de pocos praenomen y nomen se repetía con mucha asiduidad y daba ocasión al error, añadieron el cognomen, que siendo al principio como un apellido, fuer mutando en algo similar a los apodos actuales (de los cuales derivan), diferenciando a cada rama del mismo nomen por alguna característica. Algo físico como Ahenobarbo (barba roja) o Craso (gordo). O por algo síquico como Bucco (loco) o Dentato (dentudo). Los había curiosos como Fígulo (el que hace pucheros) o Metello (el que sigue al ejército). Pero abundaba la mala leche como Bíbulo (borracho), Flaco (orejudo), Strabo (bizco) o Sesquiculus (culo partido).

Paseando por la calle Claudio Marcelo llegamos a los restos del templo romano aunque él ya era sombras y cenizas cuando empezaron a construir el tempo en el siglo I de nuestra era, 200 años después de su muerte. Del templo quedan once columnas y el basamento. Afinando mucho podemos oír a los actores romanos declamando a Homero u Ovidio. ¡¡Chisst¡¡¡, escucha. Plaza de la Corredera, amplia, muy al estilo de las plazas castellanas. Nos sentamos al café, bueno, sentarme fue después. Los dejé y empecé a recorrer la plaza para no dejar una esquinar sin cotillear. 



El resto de la tarde la pasamos recorriendo sin mucho rumbo la ruta que denominan de las iglesias fernandinas, mandadas construir por Fernando III llamado el Santo, tras su conquista en 1236. Iglesias dispares, en calle anticuadas. Digo anticuadas por que muchas calles del casco histórico de Córdoba mas que antiguas parecen calles de mediados el siglo XX que no han evolucionado ni avanzado, un pueblo insertado en una ciudad histórica. Esta amalgama te hace deambular por calles insulsas para acabar desembocando, por ejemplo, en la Palacio de los Marqueses de Viana, sin decidirnos en ese momento a visitar sus 17 patios interiores.




De sopetón, en una plaza, nos encontramos con una estatua del torero Manolete. Poco más allá, otra. Nada taurino. Más al contrario, me parece una aberración la mal llamada fiesta nacional pero no dejé de contemplar al mito. ¡¡Manolete, si no sabes, por que te metes¡¡. Somos la peor de las especies del planeta. Tras adquirir conciencia propia hace nada (se supone que tomando el plazo de un año, el homo sapiens habría hecho aparición en los últimos minutos de un 31 de diciembre). Desde que hace unos 70.000 años nos hemos puesto a la cabeza del planeta convertidos en auténticos animales. Ninguna otra especie mata animales por el mero placer de hacerlo, por espectáculo. Considerar la tauromaquia como un arte es un enorme insulto para el Arte. Es un asesinato con alevosía y a veces nocturnidad. No contentos con ello, criamos en condiciones aberrantes a millones de animales para luego sacrificarlos. Encerramos a vacas en cubículos donde casi no se pueden mover para que su carne esté tierna. A los cerdos los cebamos para que engorden rápido. Encadenamos a las gallinas para que produzcan huevos por docenas. Millones de años atrás vivían libres. Disfrutaban de su vida. Ahora los esclavizamos, los hacemos sufrir y no me vale eso de que les criamos para eso. Ningún otro animal carnívoro trata a otro de forma tan degradante como lo hace el ser ¿humano? con el resto de especies. ¿Quién es realmente un animal?.

Al borde del casco antiguo la Torre de la Malmuerta, cuyo nombre evocaba alguna truculenta historia. Parece ser que  https://espanafascinante.com/leyenda-de-espana/leyendas-de-andalucia/la-malmuerta-leyenda-de-la-torre-cordoba/.



Algo cansados de la procesión nos sentamos en los jardines de la Merced. Mientras los demás hacían parada y fonda me acerqué a ver la fachada del Palacio de la Merced, hoy sede de la Diputación Provincial, que ha sido restaurada recientemente.



Tras el breve descanso nos dirigimos a la Plaza de los Capuchinos, donde está el famoso Cristo de los Faroles, apagados por ser de día. Al fondo la iglesia del Santo Angel, me topé con una puertecilla en la cual tenía que pagar. Tras dos mil años de mangoneos varios, de cesión de la gestión de casi todas los iglesias, conventos y demás monumentos religiosos a Patrimonio Nacional para su mantenimiento me parece aberrante tener que pagar por entrar a ver una iglesia. La Iglesia, como institución, recibe anualmente muchos miles de millones del erario público para su mantenimiento. Y no sé por qué. Es una organización privada y con fondos privados debería mantenerse. Pero es que es más, Patrimonio Nacional se encarga del mantenimiento de la mayoría de estas construcciones. Nuestros impuestos. La propiedad nominal es de la Iglesia, la cual está exenta del IBI y el resto de españoles no podemos ni pensar en no pagarlo so pena de multa o embargo. Así que tienen un millonario talón anual para su mantenimiento, los impuestos mantienen su patrimonio, no pagan impuestos por su patrimonio, pero si yo quiero verlo ¿tengo que pagar, para que ellos se enriquezcan más?. Dos mil años de mangoneos y parece que esto no tiene fin. Demasiados votos en juego me supongo.

Anocheciendo, bajamos por la Avda del Gran Capitán. A mitad de la misma está la iglesia de San Hipólito en cuyo interior están enterrados los reyes castellanos Alfonso XI el Justiciero y Fernando IV. Fui solo para ver las tumbas reales y acabé entrando por la plaza de San Ignacio de Loyola, santo patrón. Cansados por el día tan largo, de regreso hacia la Plaza de las Tendillas, nos retiramos a descansar. Compramos algo de cena y bebida. Nos la subimos al apartamento y mas pronto que tarde, muertos de cansancio, nos dejamos acunar en los brazos Morfeo.

Domingo, 17 de marzo. Seis y media de la mañana suena el despertador para cumplir con mi tradición de salir a correr por cada ciudad que visitamos. Seis años atrás, exactamente, hacía lo mismo para correr la maratón de Roma. Hoy menos ambicioso, con la idea de rodear todo el casco antiguo cordobés.

Mas fresco de lo esperado para la manga corta, móvil para hacer fotos y un plano para no perderme. Empecé a trotar. 10 kms en los que empleé hora y media, con muchas paradas. Jardines del Paseo de Victoria en cuyo interior hay unos mausoleos romanos del siglo I de nuestra era. Los jardines más modernos de la Avda de América, hasta llegar a la iglesia de San Cayetano. Alcancé los restos de la muralla de Marrubial construida entre los siglos XI y XII por lo almorávides. Donde otros solo ven piedras, yo escucho el entrechocar del alfanjes y espadas, suspiros de doncellas, gritos de soldados, olfateo los asados y las brasas del fuego.  Es cierto, te tiene que nacer, la Historia o te atrapa o te cuesta.

Desde la calle de María Auxiliadora, la iglesia de San Lorenzo, cerrada en ese momento, pero uno de los templos mas impresionantes de la ciudad. Iba en busca de la huella visigoda, pero como siempre, poco o nada queda en la península de ellos. Pueblo guerrero, de origen germano-escandinavo. Pese a permanecer en la península tres siglos, dejaron algunas historias pero en Córdoba en concreto poco o nada. Tras ser desplazada por Híspalis (Sevilla) como capital de la provincia, hasta la llegada de los árabes, la ciudad cayó en una época oscura, poco conocida y menos recordada.

Buscando el Guadalquivir, el Molino de Martos, situado justo en la punta del meandro. Amaneciendo el verdoso cauce del río con una postal sin igual, la Córdoba árabe con la Mezquita al fondo. Trotando por la ribera, muchos corredores y paseantes hasta alcanzar el puente de Miraflores que crucé para ver el panorama. Acercándome al puente romano la gran Mezquita, impresionante, somnolienta por el efecto de los años, te llama cálida, te embruja, te seduce. Espera. Antes toca rendir pleitesía al puente romano, que de romano ya queda poco. Algún pilar y poco más. Sí el aura, el pisoteo de las cáligas de las legiones que lo cruzaron, el batido metálico de las gladios, el traqueteo de los carros que portaban el bagaje. A sus pies la torre de Calahorra. Estaban montando el arco de salida de una carrera popular. ¿Voy o no voy?. No di lugar a la duda. Crucé raudo el puente para contemplar, para arrodillarme a los pies de la Mezquita. Un exterior achacoso, necesitado de una restauración....o no. Siglos en sus piedras quizás no deben ser maquillados. No me paré, no fuera que los cantos de sirenas ¡¡entra, entra¡¡ me hicieran perderme en sus recodos. Me perdí por los callejones y callejuelas del barrio árabe, literalmente, hasta dar con la fotogénica calle de las Flores. Rápidas fotos. Esprinté camino del apartamento para tras ducha y desayuno rápido salir los tres hacia la Mezquita donde nos reagrupamos nuevamente.



¿La Mezquita?. ¡Que decir¡. Ya desde el patio de los naranjos empieza un viaje milenario. En tiempos de inmediatez del entretenimiento virtual, interné, llutú, instragrá o el caralibro, pasear por la historia con hache mayúscula enriquece y nos debe hacer recordar que la vida es un milagro, un momento en la eternidad que vale la pena disfrutar por que de igual que los grandes califas de la gran Córdoba, faro de las tres culturas, son ya sombras desdibujadas, nosotros pasaremos. Disfruta hoy, que mañana quien sabe.



Entramos. Por muchas fotos o documentales que se hayan podido ver, nada te prepara para la magnificencia de la Mezquita. Lugar sacro donde ya hubo una iglesia visigoda. Poco después de la invasión árabe del siglo VIII comenzó la construcción de una mezquita que tras varios siglos llegó a su esplendor en los siglos X-XI. Ni más ni menos que 13 siglos. No lo cuento, os dejo enlace https://espanafascinante.com/leyenda-de-espana/leyendas-de-andalucia/la-malmuerta-leyenda-de-la-torre-cordoba/.



Sin rumbo. Fotos a tutiplén. A las columnas. A las bóvedas. A las vidrieras. Al mihrab. En un monumento tan grande no dejaron espacio para el aburrimiento. Pequeños detalles. Decorados llamativos. Nos dimos de bruces con el implante de la catedral católica. No digo que no fuera espectacular, pero me quedó una sensación de invasión, de imposición, de abuso o de postizo. 



Tras un par de horas de regreso al pasado, camino del Alcázar de los Reyes Cristianos, previo saludo a la estatua del Arcángel Rafael, ubicuo en toda la ciudad hasta el agotamiento. Cola de media hora, felizmente sin mucho calor. Dentro del Alcázar, mucha gente, tanto sube y baja de escaleras a la caza de fotos en las torres agota. Los jardines, grandiosos, aunque algo resecos. Bonitos, pero suenan a repetidos. Desde lo alto vemos las caballerizas, mucha arena. Los juegos acuáticos son el hermano pequeño de los de la Alhambra. Mala copia cristiana del lujo árabe.

Hora de comer. Teníamos una reserva en el restaurante El Churrasco, en la Judería. Aunque hubo un pequeño malentendido con la reserva acabamos los siete en el invernadero, la última sala, que hizo honor a su hombre. ¡Que calor¡. No dejamos pasar la ocasión de probar la comida típica cordobesa todo ello de la mano de un camarero sin doblaje al cual no entendí la mitad de lo que nos dijo. A pocos metros, estaba Casa Pepe, de los mejores restaurantes de la zona, con una terraza con vistas a la torre de la Mezquita. No tuvimos oportunidad de catarlo.



Por la tarde teníamos contratado un guía (ese palabro horroroso de fritur( free tour)). El nuestro, de nombre Jaime, era un estudiante (o licenciado de Traducción e Interpretación, no me acuerdo) con mucha maña para el asunto. Nos condujo por un ameno paseo de dos horas por la ciudad de las tres culturas. Primer paso, la Judería. Calles abigarradas, con grandes portalones, recodos imposibles y la estatua de sabio Maimónides https://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/maimonides.htm, judío, maestro de taitantas ciencias en el siglo XII que tuvo que huir de la ciudad. De todo lo que contó, lo mejor fue la anécdota de la frase seguir en sus trece. Parece ser que Maimónides dictó trece normas de obligado cumplimiento para los judíos. Tras la caída de Córdoba en manos cristianas muchos judíos se vieron en la diatriba de irse de la ciudad o quedarse convirtiéndose al cristianismo. La mayoría, por no tener donde ir o no querer irse, se convirtieron pero de forma oculta seguían los trece preceptos de Maimónides, "seguían en sus trece".

Nuevo sabio cordobés. De pie ante la estatua de Averroes, árabe, que fue el maestro de Maimónides. Primer liberal en el siglo XII. A decir del guía, Averroes fue un feminista convencido, defensor de los derechos de las mujeres. Una pena que diez siglos después sigan existiendo millones de trogloditas que se crean superiores a las mujeres por el mero hecho de ser hombres. 
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/averroes.htm



La puerta de Almodóvar, única de la muralla que se mantiene en pie. El guía obvió a otro cordobés ilustre y eso que tenía una estatua bien visible. Séneca, hispano ilustre, pasó a la historia por su filosofía y por ser el preceptor de un tal Nerón https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/seneca.htm que posteriormente, por su gran complejo de inferioridad, le instigó al suicidio, olvidando que junto con Agripina le había aupado a la cabeza del Imperio Romano.

Llegamos por segunda vez en el mismo día al Alcázar de los Reyes Cristianos. Nueva anécdota. Estando la católica Isabel en entre sus paredes para controlar los territorios del sur de la naciente nación española mientras su veleidoso marido Fernando no era tan católico por tierras catalanas, diariamente la cordobesas la llamaban al pie de la murallas. Algo harta del follón diario, una mañana la pestilente Isabel (que tenía aversión al jabón) salió a saludar y en venganza dictó al leguleyo de turno la Ley de la Holgazanas. Viendo la reina tantas mujeres desocupadas dictó que aquellas mujeres que no ayudaran a sus maridos en sus trabajos no tendrían derecho a heredar. Y la ley estuvo en vigor casi 400 años.

Parada final ante la Mezquita, arcángel Rafael mediante. Adiós al guía nos dirigimos al puente romano, invadido no tan solo de gente si no también montones de mosquitos que nos acompañaron en el paseo de ida y vuelta. 


Agotados, nos sentamos en un banco. Paseamos despacio hasta dar con el bar Santos donde hacen la tortilla de patatas mas famosa de Córdoba que te dan en un plato de plástico para comer sentados en el basamento de la Mezquita. Soy un gran comedor de tortilla y ésta tuvo más fama que sabor. Masa de patata sin cebolla, salada y poco huevo. Las he probado mucho mejores. Poco a poco, de vuelta al apartamento y a dormir.



Lunes 18 de marzo. Parece increíble en una ciudad tan visitada, pero los lunes todos los monumentos están cerrados, así que hoy paseo. El cansancio de tanto caminar empieza a pasar factura. Quedamos en la puerta de Almodóvar para desayunar todos juntos. Miramos el plano y recorrimos lentamente la Judería. A solas con Maimónides nos tiramos una nueva ristra de fotos. De ahí, al barrio de San Basilio, a ver patios cordobeses https://www.artencordoba.com/patios/historia-patio-cordobes-origen-evolucion.html, famosos en el mundo entero. El origen no es andaluz, no, si no las lejanas culturas orientales que paliaban el calor con altos patios cubiertos de arboles trepadores que les daban sombra. Los cordobeses añadieron las macetas. Los patios son patrimonio inmaterial. Eran el lugar que compartían las familias. Vivían los patios. Vivían en los patios. Contaba el guía que una vez en un patio a un vecino se le desconchó la pared. A falta de dinero para la reparación decidió poner una maceta. Sus vecinos, algo envidiosillos, pusieron las suyas para imitarlo. Ya tenemos el patio. Pero había que regar las crecientes macetas, las cuales goteaban. Para evitar un barrizal, decidieron empedrar el suelo para que el agua corriera en leve pendiente hacia el desagüe. El toque final, el color azul, que repele a los mosquitos que lo confunden con el agua del cual huyen.

No siendo mayo, la gran fiesta de los patios, vimos dos gratuitos en el barrio de San Basilio. Venga, vale, que no están mal pero personalmente creo que visto uno vistos todos. Quizás insensible, a lo mejor mezquino pero no me llamaron la atención. Algunos paseos de ida y vuelta para acabar almorzando otra vez en el bar Santos, otra ración de tortilla descebollada, salada y sin casi huevo.



Callejeamos hasta la calle de las Flores, petada de gente, no cabía un alfiler. Es lo que tiene internet, que cuenta siempre lo mismo a todos. El callejón de poco más de un metro de ancho. No había como hacerse una foto hasta que mi medio pomelo, con su gracia habitual, ¡¡¡plis plis plis¡¡¡ se hizo sitio para foto familiar. Siguiente objetivo el centro de interpretación de los patios, al otro lado del casco antiguo. Paseo bajo el sol que calentaba algo más de lo deseado. Muchas fotos y semillas de geranios que mi pomelita, Julia, mima y cuida en el balcón de nuestra casa esperando ver nacer las flores.



Comimos por segunda vez en el Gran Bar, en la plaza de las Tendillas y otra vez fallaron al final. Tras un buen servicio, el último plato se lo dejaron olvidado, teniendo en ayunas a mi niña Julia



Por la tarde, excursión a Almodóvar del Río para ver su castillo. 22 kms de carretera con semáforos, cruces y mucho tráfico. Surgía en lontananza vigía vigilante del típico pueblo blanco andaluz. Castillo en perfecto estado pero, ¡¡horror¡¡, lleno de fotos de escenas de Juego de Tronos. ¿Qué fue antes la Historia o Juego de Tronos?. ¿Tan poco valoramos nuestra historia que debemos acudir a una serie televisiva para magnificar nuestro patrimonio?. Últimamente Juego de Tronos me sigue de viaje. Harto. En todo caso el castillo era espectacular, en perfecto estado. Torres, almenas, pasillos, mazmorra...hasta que al final descubrí el porqué. Fue comprado por un ricachón a comienzos al siglo XX que gastó un millón de pesetas de entonces (un pastizal de ahora) en rehabilitarlo de las ruinas que compró. ¡¡¡Acabáramos¡¡¡. Si, es muy bonito, impresiona, pero lo único auténtico son los cimientos. No me pondré follonero pero quien sabe como era realmente originariamente.



Cenamos solos los tres en la Taberna Montillana, al lado de la iglesia de San Miguel, local torero, bien atendido, con unas ricas berenjenas. El Pisto, en la calle de enfrente, también se quedará para otra ocasión. De regreso, caímos redondos a dormir. 



Martes, 19 de marzo. Ultima mañana, quería salir a correr, pero la alergia no me dejó descansar. Doble plan. Ellas no quisieron dejar pasar la ocasión de ver los 17 patios del Palacio de Viana. Una vez reencontrados, pues les gustó, pero decían que les faltaban flores, gracia, vida. Yo bajé a ver la Sinagoga, del siglo XIV. Visto y no visto. Cuatro paredes esculpidas y poco más. Algo decepcionante. De vuelta me dirigí a fotografiar los mausoleos romanos y conocer la Avda de los Tejares, avenida comercial, con el cortingles de turno y bancos a cascoporro. Así paseando aproveché para llamar a felicitar a mi padre por partida doble, por José y por padre. Y tras colgar, me llamó Diego. Nos reunimos, nos sentamos en un banco de la plaza de las Tendillas de cháchara a la espera de que nos comunicaran el final de la visita al Palacio de Viana. Como no daban señales de vida, empezamos a pasear para recogerlas.



Reagrupamiento general. Recogimos las maletas e iniciamos el camino de vuelta. Otras cinco horas con parada a comer en Diezma donde cometimos el error de pedir salmorejo que debían llamarse salpachejo, un coctel a mitad de camino entre el salmorejo y el gazpacho. Un quiero y no puedo.



En casa. Viajar, esa maravillosa experiencia. Feliz. Feliz por un viaje con auténticos amigos con los que compartir kilómetros, fotos (¡¡¡miles y miles M¡¡¡) y buenos momentos. Feliz de hacer que Julia viaje y vea otras personas, otras formas de ver la vida. Y muy feliz de compartir mi tiempo con Inmaculada. Cada minuto a su lado hace que la vida tenga sentido.

Final. Se acabó Córdoba. A preparar el siguiente viaje.



ROMA VICTRIX ¡¡¡





lunes, 25 de febrero de 2019

IX Trail Yecla - Monastrell - Febrero, 2019



Deshojando la margarita. 2019 es el año de borrar de la lista de pendientes varias carreras, la primera de ellas, Yecla y su Trail Monastrell de 58 kms que finalmente fueron 59,3. No dejé nada a la improvisación, desde mediados de diciembre empecé a prepararla. En enero más de 200 kms, casi todos por montaña, entre ellos la participación en el Trail Sierra de Orihuela de 23 kms. A comienzos de febrero, prueba en el Pico del Buitre de Moratalla y sus 32 kms. Todo preparado.





¿¿¿Perdonaaaaa??? ¿¿¿Preparadoooo????



Semana previa que hice los deberes, digamos, regular. Comí lo que debía pero en cantidad insuficiente. Me faltaron hidratos de carbono. La noche anterior a la carrera zumo y una tostada mientras veía un clásico en la televisión, Historias de Filadelfia, que quizás ahora parece una historieta de medio pelo, pero con mucho menos presupuesto y grandes actores, el guión le da mil vueltas a todas esas macroproducciones actuales que se lo dejan todo en explosiones y efectos especiales exagerados.



8:00, salida desde el Coto Salinas a las afueras de Yecla, al pie de la Sierra de Salinas, con la mejor compañía posible....¡¡ah, sí¡¡, y con mis hermanos macedonios Ricardo y Fernando. Habiendo salido de casa a las 5:00 de la mañana me confié pensando que algo tendrían de desayuno. Nada mas lejano de la realidad. Un vaso de leche que me dieron y cuatro galletas que llevaba. Mala pinta tenía el caniche.



En línea de salida, se supone que 150 corredores. Si fueron 125 muchos me parecieron. Coincidimos con un grande, Antonio de los Reyes. Pistoletazo de salida. Todo en su sitio. Como siempre cumplimos con la costumbre de salir los últimos. Primeros kms de calentamiento, mucha cháchara, con imágenes grabadas a vista de dron que espero poder ver. Para  verme será fácil, con mirar al final me encuentro enseguida.


Los primeros 10 kms eran muy corribles quizás demasiado. Muy peligroso cebarse por que el desnivel positivo era de 2.500. Gastarse al principio te condena al final. Pistas polvorientas en las que de forma inmediata se abren espacios entre los que corren mucho, los que corren menos y los macedonios. Primera hora muy divertida pese a la ristra de chistes malos que nos contamos mutuamente incluso alguno mío de tiempos añejos, que sigo sacando de vez en cuando para desesperación de Ricardo y Fernando.



Si, lo sé, muy malo, pero tenía este o el del perro Mistetas. 


Km 11, primer avituallamiento, Raspay. Bien surtido, con chuches, naranja, chocolate, galletas, membrillo, agua y chispa-de-la-vida. Un cartel marcaba ya el km 43 por que será parada de vuelta. Seguimos juntos los cuatro, Ricardo, Fernando, Antonio y un servidor. Desde casi la salida descubro mi mala elección de los calcetines. Por la prisas cogí unos compresivos que no fueron muy compresivos, mas bien lo contrario, no me comprendieron ni lo más mínimo. Me apretaban tanto los dedos de los pies que me provocaban calambres mas incómodos que dolorosos.



Saliendo de Raspay plato fuerte de la jornada, la Sierra del Carche, donde nos dejamos el 60% del desnivel del día. Primera subida al Collado Gaspar, no muy dura, larga y pesada. El pie ya me dolía de más por culpa del calcetín. Subí a rueda, sin mayores problemas. Como siempre, se hace la goma, entre los que suben mejor o bajan mejor o llanean mejor. En condiciones normales, subo bien, constante mas que rápido. En estos kms, dejamos atrás a Antonio que ya no volvió a reagruparse.


Km 16, nuevo avituallamiento. Me quité el calcetín del pie izquierdo para relajar la zona condolida. Dio resultado. Tuve alguna que otra rozadura pero la presión tendinosa se rebajó totalmente. Al principio corría como pisando uvas (por no decir una ordinariez) pero una vez cogido el ritmo me sentí mucho más cómodo. De hecho, unos kms después, me quité el otro calcetín y durante 20 kms de sube y baje lo hice sin calcetines. Si no fuera por las piedrecillas que te obligan a parar de vez en cuando y por las pequeñas rozaduras a lo mejor debería no usar calcetines nunca.



Desde este avituallamiento al 24, primer punto de corte, otro sube y baja muy corrible que hicimos ligeros. Allí nos alcanzó Antonio que nos dijo que abandona en ese punto. Al pie del Alto del Carche, avituallamiento algo escueto para el tremendo esfuerzo que teníamos por delante. Primer fallo de la organización. Debería haber habido algo contundente para insuflar energía al cuerpo. El km vertical es francamente duro. Terreno difícil, muy técnico, con cortados a pico, mucha exigencia física, sin descansos. Pese al avituallamiento tan escueto, sin desayuno y con una cena frugal, ascensión lenta pero constante. Ricardo se quedó en los primeros metros por unos problemas musculares que arrastra ya meses pero se mantuvo siempre a una distancia prudencial. Encabecé la subida con Fernando detrás. 40 minutos de subida, llegamos a la cima extenuados. Una pequeña bajada hasta la zona de las antenas en la cual tuvimos que poner mil ojos para evitar alguna caída más por el agotamiento que por el terreno. Esperamos a que Ricardo nos alcanzara unos 10 minutos después. Fernando se sentó en una ambulancia, luego nos confesó que en ese punto estaba liquidado. Pero en estas ocasiones es donde la testosterona y sobre todo la cabezonería la que te hace seguir.



Bajada desigual con malos síntomas. Mucho hambre. Me comí una pasta de avellanas que me aportó algo de fuerza pero el avituallamiento que carga un corredor encima es para un momento puntual no para aguantar toda una carrera. Empecé a sufrir un tremendo dolor de estómago, hambre, calambres y escozor en la garganta. La pájara se apoderó de mí. Me costaba seguir el ritmo, el mareo me hacía descoordinar y por miedo a una caída bajé el ritmo, a cola de grupo. Ricardo se recuperó, de hecho, a partir de ese punto fue el más fuerte y pudo haber acabado mucho antes si no se hubiera encargado de gestionar el geriátrico que llevaba a su lado. Fernando, por momentos, con su correr duro pero fiable.





Km 27, avituallamiento, en pájara, ¡¡¡ y no tenían nada de nada¡¡¡. Agua, algunas chuches y poco más. Viendo el perfil, camino de la Sierra de las Pansas, pensaba que si podía aguantar un poco, aunque fuera a base de chuches y alguna de las cosas que llevaba encima, sería suficiente. Me engañé. El perfil me engañó. La Sierra de las Pansas era mucho mas dura de lo que el perfil hacía creer. Subida muy larga, no muy exigente que se me hizo muy dura en las condiciones bajo cero en las que me encontraba. No es que Ricardo y Fernando me apretaran, es que yo no podía ni seguirles. Para no agobiarles, decidí descolgarme.





Solo, conmigo mismo, libré la auténtica batalla del día. "¡¡Que necesidad tengo de sufrir así¡¡", "¡¡No vuelvo a otra carrera más¡¡¡". "¡¡ Que quiero demostrar y a quién¡¡" y otras frases del estilo pasaron por mi cabeza infinidad de veces. Supe sufrir. El daño de la falta de alimentación ya estaba hecho, culpa mia durante la semana, culpa suya durante la carrera. No sé si es problema de desidia o avaricia pero en una carrera con 125 corredores, que al paso del que va el 85 no quede casi nada, es de juzgado de guardia.  Y no fue solo cosa mía, todos los corredores coincidimos en el diagnóstico. Los tiempos finales lo demuestran. Demasiados corredores por encima de 10 horas. La carrera es dura, está claro, pero el fiasco de la organización nos puso a muchos contra las cuerdas. Más de 40 abandonaron.


Bajada peligrosa camino del siguiente avituallamiento solo pensando en comer y comer. Peligrosa no por el terreno si no por la falta de control en mis movimientos por los dolores estomacales, el mareo y la angustia del hambre. Tras un aviso, Fernando se cayó, herida de regalo en un dedo. Pa´que más. Si Fernando que estaba mejor, se cae, pues en una de esas me estampaba como es mi costumbre. 



Km 34, nuevo avituallamiento. Premio, no había agua ni chispadelavida, solo un isotónico naranja que nada mas beberlo me dio arcadas. Un bocadillo pan piedra que no había forma de tragarlo y poco más. Otros 9 kms hasta el siguiente avituallamiento. Reunidos 5 o 6 corredores todos nos quejamos. Los voluntarios, con su mejor cara, intentaron disculparse, pero es que no. ¿¿Avaricia o desidia???



9 kms al siguiente avituallamiento, casi todo pista amplia, en bajada, pero no podía correr. Y era un terreno para correr y mucho. Pero en estado de pájara nada funciona y mucho menos si vas cabreado. Acabé con mi existencias de comida que ya eran exiguas. No se puede cargar con kgs de frutos secos, bocatas, etc. Desmoralización total. Cuesta abajo ¡¡cada km fue un calvario¡¡. Me volví a descolgar enseguida. Poco antes de llegar a Raspay, Fernando me está esperando. Literalmente me empujó a llegar.


Km 43. Otra vez Raspay. Tras 8 horas largas, primer avituallamiento decente. Espaguetis, membrillo, bocadillos, vamos, lo que debería ser normal. Ya no estaba ni para comer. Lo intenté pero cada tenedor de espaguetis me costaba minutos tragarlo. Me obligué. Algo de membrillo. Me descalcé. Algo de chocolate. No quería hablar con nadie. No pensaba abandonar pero Ricardo, a mi lado, me dijo: "O seguimos todos o nos retiramos todos".....¡¡será canalla¡¡. Con una frase así no me quedaba mas remedio que seguir. Menos mal que le escuché, si no fuera por ellos me habría retirado ahí mismo. Mandé un mensaje a mi medio pomelo. "Peor imposible". Ahora me arrepiento. Sin cobertura las siguientes tres horas, la puse nerviosa de más y no se merece pasar ningún mal rato y menos por una carrera.


Salimos camino de las dos últimas subidas. Entre medio, 9 kms de terreno corrible….para quien pudiera. La pájara iba remitiendo pero el daño causado ya no tenía solución. Algo corrí pero poco. Viendo pasar los kms, restando, ansiando la meta para acabar con el suplicio.



Km 52, empezaba la última subida al Pico Aguila de la Sierra de Salinas. Subida larga, que a las alturas del partido en la que estábamos cada paso fue un triunfo. Ricardo por delante se va y ya no le vimos hasta meta. Mantuve a Fernando a una distancia asequible. Fui de menos a mas. Para los números rojos con lo que empecé, hice cumbre en franca mejoría dentro de la miseria física.




Bajada de las que me gustan, quebrada, para ir brincando haciendo la cabritilla. Pero mi cabeza hizo el trabajo. "Hay que llegar, ahora de nada vale arriesgar, da igual 10:30 que 11.30". Aseguré. Me puse delante quizás para evitar dejarme llevar por el ritmo mas vivo de Fernando. Poco a poco fui recuperando fuerzas, pero sin alardes, lo justo para saber que iba a acabar.


No esperando encontrar otro avituallamiento nos encontramos uno en el km 55 donde pudimos tomar agua y chispadelavida. Si había algo de comida ni la vi. Aunque hubiera querido no me veía capaz de comer nada. Ultima pequeña subida y bajada final de 2 kms con muy mala baba, pies de plomo, para evitar la traca final.


Tras 11:08 horas y 59,3 kms hice meta. Lo primero, mensaje a mi pomelo, para tranquilizarla. Agua, comida si quería, pero no estaba ni para quejarme. Y eso lo dice todo. Me fui casi directo al coche por que tenía mucho frío, mas fruto de la debilidad que de la temperatura. Se pudo hacer mejor pero con las condiciones dadas es lo que se pudo hacer. A recordar, la fortaleza mental de no hundirme cuando me vi tan cascado y sobre todo, la compañía de Ricardo y Fernando




Domingo por la mañana, desayuné por dos. Almorcé un bocadillo viendo Rogue One, que pese a la críticas que tuvo, me parece de las mejores películas de la saga Star Wars de los últimos 20 años. Comí unas albóndigas en salsa con patatas fritas para chuparse los dedos y aguantando-aguantando, a las nueve en la cama, no podía más. 



Ahora a descansar camino del gran objetivo del semestre, 6 de abril, LXVII Millas Romanas de Mérida, tras los pasos de Gladiator, Marco Décimo Meridio, que tenía una villa por esos lares.





Hasta entonces.



Roma Victrix ¡¡






lunes, 19 de noviembre de 2018

Costa Blanca Trail 2018






Acaba el año rutero. Y acaba igual que empezó....mal. Si en diciembre pasado abandoné en el km 90 la Ultra Falco Trail por la mala gestión de la prueba por parte de la organización, este año termino con otra retirada aunque esta sin enfados. Esta vez puse por delante la cabeza al corazón. Me hago mayor, otros dirán cobarde, yo creo que madurando. El único hecho cierto es que en el último año he acumulado más retiradas que en todos los años anteriores y esto ya es sintomático. 






00:00 plaza de Finestrat, hora de partida para los 102 kms del Costa Blanta Trail, con 6.500 de desnivel positivo, una brutalidad. Tengo el convencimiento que la preparé bien, mejor que nunca. En los 3 meses anteriores entrené mucho. Varias tiradas largas como la I Vuelta Macedonia al Mar Menor y la I CCC Macedonia, con 60 kms cada una. La Murcia - Caravaca con 94 kms. Desnivel en el trail del Gavilán. Muchos entrenamientos macedonios en el Valle. Me he cuidado físicamente con estiramientos, control de las comidas grasas (especialmente las patatas fritas, frutos secos y galletas que me pierden). En línea de salida tenía la seguridad de haber hecho los deberes. Empezaba mejor que nunca y acabé como siempre últimamente.










A mi lado, mi hermano macedonio-montenegrino Fernando, con el cual he pasado grandes momentos este año. Me siento muy cerca de ti hermano, ¡¡y lo sabes¡¡, pero que corra el aire. Al fondo se escuchaban diversas canciones ya típicas en las líneas de salida de este tipo de carreras. La mía, premonitoria....Highway to Hell.

















Observando los dos o tres centenares de corredores había nivel, pero es que el Costa Blanca Trail es una prueba muy, pero que muy dura, para mákinas o descerebrados y yo de mákina tengo poco. No son solo los 6.500 de desnivel positivo si no también muchos tramos técnicos, complicados, duros y arriesgados. En esta ocasión se sumó a la fiesta la dureza de las condiciones. Los días precedentes lluvia que dejó el terreno embarrado y muy húmedo. Por añadidura durante la carrera, desde las cinco de la mañana, no dejó casi de llover. 






No anticiparé acontecimientos. Lo dicho, media noche, y salimos. 102 kms por delante y sin el mas mínimo calentamiento ya se puso cuesta arriba para atacar el Puig Campana con más de 1.000 metros de desnivel en poco más de 5 kms. Es el segundo pico más alto de la provincia alicantina con 1.402 mts. Los primeros dos kms por asfalto hasta llegar al parque natural fueron tranquilos, asegurándome de llevar todo en su sitio. Me situé detrás de Fernando para que marcara el ritmo de subida, su especialidad. Desde el primer momento iba bien, con buena marcha, pero los bambos me dieron una mala noticia, resbalaban y mucho. Me transmitieron poca seguridad y con el terreno en ese estado no era mala noticia, si no pésima. Cuando pisaba cualquier piedra o roca mojada, se me iba el pie. Con cada resbalón, mas caía mi confianza. Tras superar el primer tramo aguantando bien el ritmo de Fernando, me descolgué en el km vertical. Y cuando digo vertical, no engaño. Tramo muy duro, el más duro por el que he subido en todas mi carreras o rutas entrenando. Muy técnico, mucho desnivel. Es ese corte que se ve enmedio.












Pues si, por esa hendidura se sube y el final es muy duro. Resbalón a resbalón se me fue cayendo la moral, ¿adonde?, pues a los pies con los cuales resbalaba. Fui dejando pasar corredor tras corredor al comprobar que si no era el más lento al menos si el más inseguro. Los bastones, que ayudan lo suyo, en un tramo tan técnico y vertical fueron un estorbo. Como las desgracias no vienen solas, la humedad en el ambiente y la niebla me empañaban las gafas, así que resbalando en cada piedra, sin confianza, cargando con el estorbo de los bastones y para remate, casi a ciegas, se me hizo eterno. 






Si la subida fue y se me hizo dura, la bajada, húmeda, resbaladiza, con mucha piedra suelta y sin casi visión, fue demencial. Arriesgué lo justo y aún así me caí tres veces, en todos los casos por resbalones provocado por los bambos y mi falta de confianza. En la primera caída, rasponazo en la zona isquiotibial de la pierna izquierda que me dejó marcado. La segunda, herida en rodilla y tobillo, sangrando camino del avituallamiento. Justo antes de llegar al avituallamiento del Coll del Pouet, tropezón, caí rodando por el borde del camino justo a tiempo de agarrarme a un árbol para no arrastrarme por la pendiente. Aún así, iba a buen ritmo adelantando muchos corredores. En el avituallamiento me estaba esperando Fernando que ya casi había desistido de reagruparnos e incluso, pensando en abandonar para no seguir solo.















Mientras como algo y bebo agua, hago recuento de daños y sí, iba bastante magullado. Dos días después sufro los efectos de los múltiples y dolorosos golpes en ese tramo. Esa zona ya es complicada de día ni os cuento la dificultad de noche y con esas condiciones. En línea de meta hablamos con varias personas que tuvieron que abandonar en ese tramo por caídas sin solución de continuidad, nada más empezar.






Reagrupados partimos corriendo hacía el siguiente avituallamiento, Helipuerto de Polop. Tramo muy corrible y llevadero, con el miedo en el cuerpo tras las tres caídas en menos de 30 minutos. Por desgracia, soy un experto en caídas, lo cual también me sirve para recuperarme rápidamente. Parece que intuyo el momento y evito daños mayores en el momento de dar con mi huesos en el suelo. 














Desde el Polop empezaba un terreno de sube-y-baja que sin ser muy técnico iba minando las fuerzas. A partir de las 5 de la mañana empezó a llover. El parte metereológico avisaba lluvia a esa hora, pero poca y por poco rato. No acertaron. Desde esa hora hasta las 3 de la tarde llovió de forma casi ininterrumpida en mayor o menor cuantía. Esto provocó que donde había algo de barro y humedad se convirtiera en regueras, fango y poca visión. Justo la antítesis de las condiciones adecuadas para disfrutar de la montaña.






Pese a la poca luz, disfrutamos del paisaje que asomaba en lontananza. Farallones calcáreos surcados por sendas inverosímiles, perfiles a vista de pájaro, nostálgicos árboles trufados de hojas anaranjandas añorando el verde candor del verano. Al fondo, el colorido pantano de Guadalest, a mitad de su capacidad, huérfano de infantes correteros desaparecidos tras el periodo estival.












Subiendo el Pas del Comptador, recapacitamos. Barro, fango y piedras en el camino. Lluvia sin parar. Nos juntamos con otro corredor el cual nos dice que lo dejaba en el siguiente avituallamiento. Las condiciones se volvieron cada vez más adversas. De nada servía seguir si no lo íbamos a disfrutar. Lo importante debe ser el camino, no la meta.











Senda quebrada con subidas y bajadas cortas pero intensas en tramos muy enmarañados con mucho arbusto bajo, empapado, que no facilitaba el avance. Los kms no pasaban, el esfuerzo no cundía. En una bajada muy enfangada resbalé y caí a plomo sobre el costado izquierdo. Me costó levantarme, sabía que me había hecho daño de verdad. En ese momento tiré de paracetamol pero el daño ya estaba hecho. A lo largo del resto de la carrera, sobrellevé el dolor, cada vez mas intenso. Sigo con paracetamol.







Llegamos al avituallamiento del Coll de Pouet, con mucho frío y agua. Nos dijeron que si queríamos abandonar debíamos escoger entre bajar corriendo tres kms hasta la carretera y esperar que alguien nos llevara o seguir hasta el siguiente avituallamiento en Benimantell. Punto en contra de la organización, sí que las condiciones climáticas no se pueden adivinar pero que te digan, lloviendo y embarrados, que nos busquemos la vida, no es aceptable. Así que como físicamente podíamos, nos fuimos camino de Benimantell.













En este tramo nos adelantó un corredor que después supimos que era japonés, que le habían hecho la reserva de forma telefónica desde Japón. ¡¡Corría en mangas de camisa¡¡. En el avituallamiento les estaban esperando dos personas que le dieron una chubasquero. ¡¡¡Tenía coche escoba que le seguía para avituallarlo¡¡¡. Que profesional y nosotros con barritas, kleenex y pastillas de magnesio nada más.







Nuevo tramo quebrado, de esos que te confías y corres de más bajando y aprietas subiendo por rampas no excesivamente duras. Fernando a mitad de tramo se encuentra regular. El abandono se masca. Por mi parte, a mi marcheta, iba bien, sorprendentemente bien. Amanece que no es poco sobre el pantano de Guadalest. Subida larga, que nunca acaba. Fernando delante de mi, tirando. Le veo a lo lejos como una sombra, un alma en pena vagando por esos páramos yermos y desolados como en las novelas románticas del siglo XIX. Persigo a Heathcliff por aquellas cumbres borrascosas. Su lejana visión me anima a seguirle. Cuando hacemos cumbre le veo desencajado. Sube muy bien pero la subida le pasa factura. A lo mejor oteaba el panorama en busca de Catherine.






Justo en la cumbre nos alcanza un compañero de aventura que ya conoce la zona. Afirma querer retirarse dado que en esas condiciones, la bajada hacia Sella deberá ser infernal. Tomo nota.






La bajada hacia el avituallamiento de Benimantell se nos hizo larga y tediosa. Vista de postal, eso sí. Seis kms que apretamos más de la cuenta pensando en el abandono ya. ¿O no?. Empiezo a pensar que tras 7 horas espantosas, con cuatro caídas, de noche, repito, barro, fango, agua, lluvia, niebla y frío...."¿ahora que va a haber luz para ver bien el paisaje, ahora lo voy a dejar?". Lo fui madurando mientras Fernando seguía en modo abandono. 












Entrando a Benimantell, diluvia.  Pueblo coqueto, mejor desde lejos que en distancias cortas, con una piscina olímpica que en verano hará las delicias de los parroquianos. Desayunamos, ¡¡verídico¡¡, ensalada de pasta fría como el ambiente. Detrás de nosotros llegó un guiri de habla inglesa que, vía intérprete, dijo ser vegano. "¿Vegano?", respondió quien gestionaba el avituallamiento, "¡¡¡Claro¡¡¡, aquí tienes".....y le sacó lomo y paté. Ahahahahah, que bueno. El guiri le miró como si le hubiera ofrecido veneno. Con perdón, pero con el tema de la alimentación, a veces, solo a veces, me parece que alguno va más allá de lo ridículo, pero doctores tiene la iglesia.











Enfrente de nosotros, el japonés. Fernando le preguntó de donde venían. Vimos como el acólito sacaba el plan de carrera. Cambio de ropa. Así quiero yo una carrera. Me recordó cuando hice Botamarges en 2016 que me encontraba con Fausto casi en cada avituallamiento cercano a una población.







"Seguimos, Fernando", le afirmé. "¿Seguimos, seguro?", respondió. "Claro, ahora que hay luz, no quiero dejar de ver la zona" atajé cualquier intento de negativa. Algo refunfuñó, pero tampoco se hizo mucho de rogar. Salida de Benimantell con vistas al pantano de Guadalest, con Altea al fondo que parecía soleado, creándome la ilusión de que el clima podía cambiar. Mi gozo en un pozo, en la costa estaría soleado pero cuanto más nos internábamos en la sierra, peor tiempo hacía.












Camino de transición hasta el comienzo del Barranco del Canal. Preciosas estampas otoñales, disfruté de las vistas. Entré en modo zen mucho antes que en cualquier otra carrera. Sin apretarme mucho, tenía claro que tenía piernas para muchos kms por delante. No hice ninguna foto, no quería sacar el móvil de su rincón escondido, disfrazado como iba con el chubasquero que me cubría entero. Hizo su trabajo, me evitó una gran caladura, pero fue su última aventura, cuando llegamos a nuestra meta comprobé que estaba rajado de arriba a abajo. Fue un fiel guardaespaldas, pero nos despedimos para siempre en Confrides. Estos kms fueron momento de charla con Fernando, sobre lo divino y lo humano.






Avituallamiento del Barranco Canal comienzo de la Mallada del Llop. Cogemos fuerzas comiendo. Avituallamientos bien surtidos, pero siempre lo mismo. Con el precio que cuesta la inscripción se echa a faltar mas inversión en los corredores. 




Siete kms no muy duros pero muuuuuuy largos que el clima convirtieron en una batalla psíquica. Cada recodo parecía el último pero cada recodo traía otro nuevo. Senda escondida entre paredes que formaban una olla. Con sol, panorama espectacular. Por si no lo he dicho, barro y fango hasta los tobillos. Regueras heladas que empapaban los pies. Charcos convalidables con piscinas lacustres. Los calcetines repletos de todo tipo de chinas y piedrecillas, anegados de agua. No sentía los pies. Me puse en cabeza a petición de Fernando. Manejé la subida a ritmo tranquilo. Fernando la sufrió mucho. Sabedores que el siguiente avituallamiento estaba al otro lado, no nos cebamos en el ritmo. Cuando coronamos, el frío era gélido. La humedad en la ropa se cristalizaba. Tenía los dedos congelados, no siendo capaz de encontrar donde llevaba los guantes largos. Desde arriba, pues debe haber buena vista, pero no se veía nada de nada. 











La bajada, por fases. El perfil, como casi todo el descrito por las imágenes aportadas por la organización, engañoso. No era todo bajada, era un cresteo duro, con senda pedregosa. En la bajada refinitiva nos dejamos caer disfrutando de varias pedrizas. Fernando iba agotado. No había comido nada y se paraba cada pocos metros. Bajé el ritmo ya de por sí no muy rápido. 






La bajada por el Barranco del Monesillo, durísima, muy arriesgada, peligrosa, casi pisando huevos. Fernando dijo de abandonar en ese punto. Le respondí que creía que allí no podíamos. Pensé en ese momento, "puedo seguir, pero en estas condiciones, solo no sigo. No quiero sufrir la segunda noche solo, con la inseguridad que llevo en la pisada. No, así no". Y se lo dije a Fernando. Calló.






Llegamos al avituallamiento del 52 a 7 kms a Confrides. Fernando se hincha a comer. Me dijo de seguir para abandonar allí, km 60. "¿Vas a seguir?", me pregunta a su vez. "Solo no", les respondo. No hablamos más. Cogemos la ruta. Fernando sale corriendo como si no hubiera un mañana. Me dejé caer sabedor que es el último tramo, ¿para qué arriesgar?. Me paré por una necesidad que no podía esperar, aprovechando para quitarme una piedra que me estaba machacando el pie izquierdo. Parece ser que Fernando interpretó esa separación como que ya me "había ido" de la carrera. No era así, pero como tenía claro que Fernando iba a abandonar, tampoco me esforcé mucho. Bajada preciosa, para disfrutar con cuidado, mucha rama y piedra traicionera. También parece ser que Fernando me dijo que estaba muy recuperado tras comer. No me enteré. Como los malos matrimonios, falta de comunicación. Yo quería seguir, pero solo no, y pensaba que él tenía claro el abandono. El, que se había recuperado, no encontró eco en mí a su mejoría. Y de esto me enteré el domingo por la tarde, 24 horas después, hablando por el telegram.






Cuando llegamos a Confrides, comunicamos a la organización nuestro abandono. Perfecta reacción de la organización, dando ánimos. Tras tantas inclemencias, no me veía con ganas de otros 40 kms en esas condiciones solo. Es cierto que nos quedaba lo "más fácil" ¡¡o no¡¡. Llevábamos 4.400 de desnivel, nos quedaban los 2.200 de Aitana y en mi mente el comentario del compañero que nos encontramos en el Pas del Comptador sobre la peligrosidad de la bajada a Sella. No, solo no quería seguir. 





Fernando se dormía. Lo pensé y lo repensé. No, solo no. Me surgió el angel bueno de los dibujos animados, piensa en casa, no seas egoísta, no arriesgues más allá de lo debido. Al final lo que decidió es esa falta de ansia y épica que tenía antes, ese querer llegar a todo costa para, quien sabe, vanagloriarme de una gesta deportiva que francamente no lleva a ninguna parte. Me daba igual seguir o pararme. No seguí en el convencimiento de que tendría que hacerlo solo y solo no quería seguir en esas condiciones. Alguna vez leí de un corredor que corría para sentirse vivo. A lo peor fui yo quien escribió tan grande memez. Participar en estas aventuras me hace sentir tan vivo como al que le gusta pasar la tarde enganchado al mando de la televisión viendo películas o al que le gusta vaciar cubos de cuartos de cerveza con los amigos. Cada cual elige su forma de vivir la vida. Y esta mía no sé si ya me llena o no. Creo que sí, que me gusta la aventura, pero sé que he perdido el ímpetu de competir ni siquiera contra mi mismo. Es ahora, 48 horas después, y sé que podía haber terminado, con esfuerzo y lucha, pero terminado....y me da igual no haberlo hecho. Disfruté el momento hasta que decidí que tenía suficiente y esa es mi medalla, parece que he aprendido a decir basta cuando toca. Solo me falta por decidir si ese basta lo digo antes o después de lo que debo. Son esas mentales que seguro que a nadie le interesan.






Un secreto, el viernes, solo en mi coche, a una hora de empezar, a la espera de que llegara Fernando, solo esperaba que alguien o algo me diera la opción de ni tan siquiera empezar. Salí sin convencimiento, así era difícil llegar a meta. En todo caso, no me arrepiento de nada. Fui bonita la ruta mientras duró.






Tras muchos años de servicio en mi legión, puede estar llegando el momento de abandonar mi puesto en mi centuria, dejar a mis compañeros legionarios y retirarme a disfrutar de lo conseguido, de lo vivido. No lo sé. Por delante varias semanas de descanso y unos meses para pensar si quiero o no quiero verme en una línea de salida para un nuevo reto. Hasta entonces, hermanos macedonios, compañeros legionarios






Roma Victrix ¡¡¡