De
nuevo de viaje con mi persona favorita. Nunca podré dar suficientes gracias por la
suerte de haberme cruzado en su camino hace más de 34 años. No iré de moñas, no todo ha sido color de rosas.
El matrimonio es una larga carrera en la que te enamoras y te desenamoras muchas veces,
a poder ser de la misma persona. Son muchas historias de amor iguales,
distintas, parecidas, pero todas con la misma persona, a poder ser.
Los
importantes no son los años que tenemos, porque esos ya no los tenemos, los
importantes son los que nos quedan. El dinero se vuelve a ganar, el tiempo no. Viajar
es nuestra pasión. No hace falta que sea a esa ciudad top en la que todos
quieren fotografiarse, para subirlo a las redes. Con los años, tenemos preferencia por ciudades pequeñas, de fácil visita, incluso fuera de los circuitos
habituales.
Esta vez, Helsinki. Porque? Pues una querencia mía, los países nórdicos. Ya pasamos por Copenhague y Estocolmo. Esta vez Helsinki. El sur finlandés fue territorio vikingo entre 790 hasta 1066. Habrá que visitar el Vikland completo.
Finlandia
es de esos países que están allí, que seguro que tienen mucho que ver pero que
dejas a la cola detrás de los clásicos británicos, franceses, ingleses o
italianos. El sur, Helsinki,
Turku, Tampere. El norte, remoto, helado, paraíso natural, pero las
distancias son muy largas. En Rovaniemi, vive y trabaja Santa Claus.
Finlandia (Suomi para los
locales) es joven en todos los sentidos. Hace 9.000 años allí no había nada. Un
kilómetro de hielo vertical lo cubría todo. Tras la última glaciación, el hielo
desapareció y surgió la tierra, salpicada de miles de lagos e islas. Como país
independiente, cuenta con casi 110 años. Como diría el simpático Carlos III de
Inglaterra, para nosotros, ayer.
Torstai, 14/05/2026
Despegamos
desde Alicante en una de las latas de
sardinas de Ryanair. Cuatro horas de viaje. A medida que pasan los años y
se suceden los viajes, atesoro una experiencia que me relaja.
Pasaron los años de los nervios casi enfermizos. Ahora asumo cada etapa con
tranquilidad, no total, controlada. Coche al aeropuerto. Check-in. El
vuelo. Desplazamiento a nuestro hotel. El hotel. Todo fue perfecto, cero
contratiempos.
A
las 20:30 entramos en nuestro hotel, Clarion. Algo apartado del centro, zona portuaria, pero un
señor hotel. La habitación era correcta, el servicio de limpieza justito lo compensaba con un bufé
de desayuno primoroso, piscina y sauna en la azotea, vistas de toda la ciudad.
Un acierto total de Davinia, nuestra cicerona de Bennytours.
Nuevamente
me expuse al inglés. Pocos problemas. Hablaban un inglés muy claro. Los típicos problemas de falta de vocabulario en ciertas situaciones, que
se suplen con rodeos en la conversación o aplicaciones móviles que te lo facilitan.
Una
vez que dejamos las maletas, ya casi de noche, salimos a dar nuestro primer
paseo.
En
Helsinki, tan al
norte, amanece entre las 4:00/4:30 y anochece totalmente sobre las 23:00. En
Finlandia hay una hora más que en España. Tiene más de 300 islas en su
archipiélago, alta calidad de vida, proximidad a la naturaleza
Fueron los suecos los que
colonizaron estas tierras donde habitaban tribus de pescadores. Durante el
siglo XIII los rusos se dieron cuenta que Finlandia estaba allí, empezaron las
guerras contra los suecos.
Muchas
obras en los alrededores del hotel. Y por toda la ciudad. Ciudad muy limpia. Será por la lluvia o la falta de polvo, porque
servicio de limpieza no vimos en ningún momento. Las calles, urbanización mejorable. Las aceras algo ajadas. Por el contrario, los parques estaban
perfectamente cuidados. Poco tráfico, como curiosidad los semáforos subían y bajaban por los tres colores.
Caminamos
hasta el centro, Explanadi
(el tontódromo de la ciudad) y el
puerto. No eran ni las 10 de la noche, muy poca gente por las calles. La luz
nocturna tampoco es su fuerte. Era una ciudad dormida y no era de noche
cerrada.
Hacía
fresco, casi frío, pero soportable con cazadora o abrigo. Tuvimos mucha suerte, salvo un ratito el sábado por la mañana, un ligero calabobos,
nos hizo buenísimo. Más de una vez me quité jersey o la cazadora por la sensación
de calor.
Echamos
las primeras fotos. Primera impresión, rácana, ciudad pequeña, sin muchos visos
de mejora. No dejé que la primera impresión me condicionara. También es cierto
que somos muy positivos, que no exigimos maravillas. Así fue en Dublín y
volvimos encantados.
No
solo nos gusta recorrer la ciudad si no también observar como viven en otros lugares,
a que se dedican, que hacen en su tiempo libre. Y poco cambia. Supongo que mas allá del final
de la primavera y el verano, el clima frio y nevoso debe transformar la ciudad pero en estos días, hacían lo habitual. Dicen las estadísticas que Finlandia es uno de los países con el más alto
índice de alcoholismo. Pero, pongamos en su lugar, nada que hacer, mucho frio,
nieve, hielo, se quedan en casa o en un bar. A empinar el codo. También es el
país europeo con la tasa de suicidios más alta.
Helsinki fue fundada en 1550 por
los suecos cuando Turku, enfrente de la costa de la Suecia actual, ya era la
capital del territorio desde tres siglos antes. Su nombre sueco Helsingfors,
todavía se lee en la cartelería. El objetivo era hacerle competencia a Tallinn, mejor colocada en las vías comerciales con Polonia, Rusia y los
alemanes.
Nos
costó encontrar algo abierto para cenar. Ni eran las 10 de la noche y todo, o
casi, cerrado. Nos tocó cenar en un McDonalds. Quien me ha visto y quien me ve,
no me gusta nada la comida rápida.
A
dormir, mal. Tenía una almohada grande, incómoda, me costó dormirme y creo que
no la dejaba dormir a ella con mis continuos movimientos en mi lado de la cama.
Perjantai,
15/05/2026
A
las 6:15 ya estaba en pie para salir a correr. Sol radiante, fresco pero no
frío intenso, el cortavientos tampoco me sobraba. Dejé a mi medio pomelo y
recorrí todo el paseo al borde el mar, frente al Golfo de Finlandia, como se llama esta parte del
mar Báltico. Toqué varias veces el agua del mar, fría incluso para los osos.
El
paseo marítimo, Merikatu,
también algo ajado. Quioscos, pequeños puertos deportivos, parques, patos raruzos e islotes frente a la orilla,
algunos habitados, otros meros pedregueríos.
Pensé que me cruzaría con mucha gente disfrutando del deporte matutino. Nada de
eso. Poca gente.
Me
encanta salir a correr por estas ciudades que visitamos, veo cosas que
seguramente de paseo no vería. Conecto el GPS y voy siguiendo ruta, leyendo la
cartelería. En Finlandia hay una minoría que habla el sueco, descendientes de
la población sueca que fue mayoría en el país durante siglos. Supone el 5% de
la población actual. Tienen un partido político los sueco-finlandeses en el que se
tienen que apoyar los gobiernos para obtener mayoría. Nos suena? Así que toda la
cartelería urbana está en finlandés y sueco.
El finlandés suena a raro, incomprensible, tableteante, dicen que JR Tolkien se inspiró en su sonido para el idioma élfico de El Señor de los Anillos. Las palabras son larguísimas. Es de esas familias lingüísticas que forman sus palabras con la unión de varias, para expresar una acción o hecho, a diferencia de nuestro idioma, que las unimos mediante preposiciones o adverbios. No tienen géneros ni artículos.
Corrí por Meripuisto, zona ajardinada al borde del mar. Gasté dos carretes en estos 5 kms de paseo, grabé un par de videos. Los subo a redes para que la familia y los amigos cercanos puedan seguir nuestro viaje, si quieren. Kaivopuisto, zona ajardinada con una elevación y un templete en lo alto. Un coche con dos armarios roperos que aquí llamaríamos policías, con el fusil calado, vigilaban la zona. De bajada, otro igual. Extrañado hasta que descubrí que la embajada rusa estaba por allí.
Torcí
90º por Ehrenströnmintie
(lo he copiado todo del gps, ya he dicho
que es un idioma imposible), camino del puerto. Los accesos, obras,
barandillas, también ajados para ser la zona más turística. Kauppatori, la plaza
del mercado, con tenderetes para comer o comprar souvernires. A esa hora, las 7:00, empezaban a abrir.
Torcí
a la derecha para circunvalar la península de Katajanokka Skatudden. Tras cruzar un breve
puente, la noria de Helsinki,
no muy grande, ni pagado me subo. Zona más industrial, punto de salida de
varios barcos que parecían llevarse a los estudiantes a algún centro de
estudio. A esa hora, cientos de zagales se encaminaban a los puntos de
embarque.
Frente
a la península, se alza el nuevo puente Kruunuvuorensilta, que une el centro de la ciudad
con el distrito de Laajasalo.
De 1.200 metros, prohibido para coches y motos, priorizando ciclistas, peatones
y tranvía.
La
parte norte de la península, con coquetos parques, frente al puerto de los
barcos de lujo, el pequeño Estocolmo, barcos de vela y edificios de tipo nórdico, coloridos, en comparación con los
habituales edificios de cemento, funcionales que dicen ellos, tan típicos de la
cultura prosoviética europea.
En
el promontorio, la catedral ortodoxa Uspenski, ladrillo rojo, solitaria a esa hora. Volví a la zona
del centro cruzando el que llaman el puente
del amor, un puentecillo metálico cargado de candados de parejas que
quieren anclar así su amor. No es la primera vez que vemos este tipo de
puentes y no es la primera vez que opino que hacer un símil entre el amor y un
candado me parece horrible. El amor no puede ser algo cerrado, duro, frío. Me
niego a esta mala costumbre.
Llegué
a la Plaza del Senado.
En alto, campea la Catedral
luterana, blanca y radiante. Por la hora, me limité a echar fotos. Por Esplanadi, sí, el tontódromo jelsinquiano, bajé esprintando
hasta el hotel, donde Inmaculada ya estaría acabando de prepararse para irnos a
desayunar.
Ducha rápida y bajamos al bufé, mi prueba de fuego en los hoteles. Aprobado con nota. Dulce, salado, variado, huevos revueltos, beicon, salchichas, bollería, fruta, crepes, vamos, de todo, con una bonita vista a los diques.
Primer
día entero jelsinquiano. Hacía fresco, pero no frío, el abrigo no sobraba a primera
hora. Es una ciudad
pequeña, las distancias son cortas. Salimos del hotel y cogimos una de las
avenidas que se encaminan al centro, surcadas por verdes tranvías añejos,
huérfanos de espías rusos y británicos, luchando por secretos sesenteros.
Antes
de llegar a Esplanadi, el jardín de la iglesia
de Vanha, que los locales llaman la vieja iglesia. El parque circundante
es un viejo cementerio de lápidas de hace siglos, alguna de las que vimos databan
de hace 250 años. Quien les iba a decir a los residentes que se convertirían en atracción turística.
La iglesia, blanca reluciente, sencilla, construida en 1826, en su
interior guarda el mobiliario que tenía la iglesia de Ulrika Eleonora que derruyeron en el
siglo XIX para construir la catedral luterana.
Nuevamente
Esplanadi,
construida en 1812. El centro de la ciudad se debe al esfuerzo de los rusos en
el siglo XIX cuando se apoderaron del país. Convirtieron la ciudad en capital
finlandesa por la cercanía a su capital, San Petersburgo.
En
el centro de la explanada, una estatua de Eino Leino, que no es un nombre de chiste como Pijus
Magníficus. Fue poeta, periodista y crítico que vivió a caballo entre los
siglos XIX y XX.
Al
final de Esplanadi,
Kauppatori, corazón
de la ciudad, con la fuente
de Havis Amanda, una sirena de bronce con cuatro peces que expulsan agua
a sus pies, rodeados de cuatro lobos marinos. Tiene un secreto. Se cree que si
frotas la nariz a la estatua de la doncella del mar, tendrás buena suerte en el
amor. Para ello deberías meterte en la fuente y dudo mucho que a los jelsinquianos les haga gracia.
Justo detrás, la Plaza del Senado, rodeada
de edificios históricos. El palacio del gobierno, la universidad, la casa
Sederholm y la catedral. Edificio blanco, brillante al sol, en épocas de
nevadas se debe perder entre tanto blanco si no fuera por las cúpulas verdes.
Verdiblanca, racinguista, una señal.
Cuentan que el fantasma de un soldado ruso recorre la Plaza del Senado. Se dice que el soldado, que estuvo destinado en la
ciudad durante el Imperio ruso, sigue buscando a su amor perdido.
La
catedral fue construida entre 1830-52 en honor al zar Nicolás I. Exterior con estatuas
de los doce apóstoles. Para acceder a su interior hay que subir una escalera
donde unos gimnastas grababan cabriolas. El interior de la iglesia es muy
sobrio, muy protestante y luterano, sin casi decoración, cruz griega y no
latina para diferenciarse de las iglesias católicas.
Tras siglos de batallas contra
daneses, polacos, suecos y rusos, estos se apoderaron del país en 1809, creando
el Gran Ducado de Finlandia, instaurando a los zares como grandes duques,
empezando el desarrollo del país en todos los sentidos. Fueron los rusos los
que transformaron Helsinki urbanística y arquitectónicamente.
Profesan religión luterana o ortodoxa rusa según el origen de la población. La gran empresa matriz, con dos milenios de historia, trabajó mil años en armonía hasta que empezaron a surgir sucursales que querían hacerse con el control de su parte del negocio, porque de eso se trata, dinero. Han querido vendernos que existe un ser maravilloso, que no lo vemos, pero que él nos vigila. Nos impuso unas obligaciones. Si no las cumplimos, nos tiene preparado un sitio especial, eterno, con fuego, humo, dolor y angustia. Pero ¡¡nos quiere como un padre¡¡ Cuidado con no hacerle caso, que acabas en el infierno. Además, es un manirroto, necesita dinero, siempre dinero, no sabemos qué hace con él.
Hace unos siglos unos
cuantos se dieron cuenta que desde Roma mangoneaban mucho. Decidieron
montar su propia sucursal. Cambiaron al jefe por otro jefe. Unos creían que el
hijo era humano, que su madre también. Otros que eso de los santos y las
reliquias solo era para ganar perras. En fin. Hasta hoy, que en la entrada tienen un tpv para las limosnas.
Bajamos las escaleras. Allí, bombardeado por las cientos de gaviotonas que recorren el puerto, está la estatua de Alejandro II, zar de todas las Rusias, hijo de Nicolás I, el que mandó construir la catedral. Ahora es el rey del guano.
Catedral Uspenski, repleta de sino-japoneses, la encontré sola dos horas antes, ahora no cabía un alfiler. El puente del amor y el pequeño Estocolmo.
En el puerto, cerca de la noria, las piscinas Allas, club privado, sauna, piscinas
exteriores de agua salada y dulce, spa, que debe dar gusto zambullirse. O
nunca.
Desde
el puerto varios paquebotes hacen pequeños cruceros. Nos subimos al que
va a la isla de Suomenlinna,
a unos 20 minutos, dos kilómetros. Relajante paseo marítimo, jalonado de
islotes pedregosos.
Suomelinna, 1748, fueron los suecos quienes construyeron
la fortaleza para la defensa de la ciudad contra los rusos. Cañones, murallas,
bastiones, banderas, suelo empedrado que se te clavaba en los pies. La
recorrimos de forma circular, siguiendo los carteles azules. Museo militar.
Submarino. Pequeña playa. Gaviotonas
que te arrancarían una mano si pudieran para arrebatarte el bocadillo.
Tras la derrota rusa en la Gran
Guerra, en 1917, los finlandeses declararon su independencia, que desembocó en
una breve guerra civil en 1918, entre los partidarios del gobierno rojo y lo
blancos. Ganaron los blancos, que se separaron del dominio bolchevique.
Buscaron un candidato al trono, pero como no lo encontraron, fueron listos, se
constituyeron en república. Hasta hoy.
De
vuelta a Kauppatori,
plaza del mercado viejo, nos dejamos convencer para sentarnos en unos de los
muchos puestos de comida, a comer salmón. Muy cerca, recomendable, el mercado
viejo, construido en 1889, tradicional, tiendas y pequeñas barras para comer más
barato.
Desde
el mercado viejo, a lo lejos destacaban dos torres gemelas, Johanneksenkirkko, iglesia
de San Juan, el interior que más lucido. Luterana, construida entre 1888 y
1891. Fachada de ladrillo rojo, interior con bancos de madera y gran órgano.
Está situada en el barrio de Ullanlinna,
de más categoría, con casas señoriales. Unos novios se hacían el reportaje de
la boda. Penitentiam agiteeee.
Bajamos
hacia el mar para volver poco a poco al hotel. Subimos a la sauna y a la piscina.
En la habitación nos dejaron sendos albornoces y zapatillas. La sauna, parte
central de la vida de los finlandeses. Hay 3 millones para un total de 5
millones de habitantes. Nos separamos, no era unisex. Aguanté 10 minutos. A un
ruso que tenía a mi lado le pregunté si realmente le gustaba, me respondió que
no, pero que su mujer era finlandesa, que se había acostumbrado. De allí a la
piscina, que helada no estaba, pero caliente tampoco.
En los bombardeos aéreos de la
Guerra de Invierno (1939-1940) y la Guerra de Continuación (1941-1944),
Helsinki fue atacada por las fuerzas soviéticas. Los mas duros fueron en la
primavera de 1944, cuando más de mil aviones de combate soviéticos lanzaron más
de 16.000 bombas en los alrededores de la ciudad. Gracias a la exitosa defensa
aérea, la ciudad se libró de una destrucción a gran escala que otras ciudades
de Europa sufrieron. Aunque gran parte de la primera mitad del siglo XX fue un
periodo violento en Helsinki, la ciudad continuó creciendo y desarrollándose.
Ya anocheciendo, a la habitación, que el día siguiente teníamos que madrugar para irnos de excursión.
Lauantai, 16/05/2026
Era
el día. Pensando en verdiblanco.
A
las 7:00 desayunando. Habíamos comprado billetes para el ferry que va a Tallinn, capital de
Estonia. Amaneció con calabobos.
Estonia tiene pruebas de
poblamiento desde hace 10.000 años. Fue el último territorio pagano en Europa. Tras
la invasión en 1.219 de Valdemar II de Dinamarca, las élites germano-danesas se
apoderaron de las tierras estonias. En el siglo XVII los sustituyeron los
suecos, que aguantaron poco el empuje ruso, que los desplazó y se quedaron
hasta el siglo XX.
La primera independencia fue
entre 1918-40, en la que los soviéticos se volvieron a apoderar del país.
Tampoco por mucho tiempo, entre 1941-44 fueron los nazis los dueños. Acabada la
guerra, pasó a formar parte de la URSS.
Desde 1991 Estonia es otra vez
dueña de su destino.
El
ferry era casi un crucero, de Eckerö Line, una de las
tres grandes compañías. Tenía terraza en la parte alta. Bares. Tiendas. Bufé. Y
un gran escenario en la zona de proa con música en directo. El trayecto dura
dos horas pero no tienes tiempo de aburrirte. Tras la sesión de fotos y
recorrer las zonas de pasajeros, fuimos a escuchar a Mr Hyde, un dúo finlandés que nos dejó la
banda sonora de este viaje. Ei tippa tapa.
Tallinn,
es una ciudad preciosa. Desde el puerto a la zona medieval hay escasos 10-15
minutos paseando. La ciudadela medieval se encuentra en perfecto estado.
Alrededor ha crecido una ciudad, rusificada por siglos de ocupación, que tendrá
su aquel, pero que no tuvimos tiempo más que otearla desde los miradores.
Entramos
por la puerta del Museo Marítimo Estonio, en la Torre Margareeta la Gorda, chata, baja, hace honor
a su nombre. La muralla que circunda el casco antiguo está como nueva, limpia, recorrida
por miles de turistas. Dicen que tiene uno de los mejores mercadillos navideños
de Europa. Defendiendo la entrada, la Torre Stolting, que data de los siglos XIV-XV,
cuando Helsinki todavía era
un poblacho de pescadores.
Entramos en la Edad Media al cruzar la puerta. La muralla te vigila a cada paso pero decenas de tiendas, puestos y restaurantes te recuerdan que estás en el siglo de la venta compulsiva. Sus orígenes se remontan a 1265, quedando grandes paños de torres, pasarelas y bastiones, con sus terraplenes que a poco que tengas un espíritu imaginativo, cerrando los ojos, te transportan ochocientos años atrás.
Puedes oír cling clang de los herreros, el chapoteo de charcos de nievas sucia, ruedas de los carros martilleando los caminos empedrados, campanas del reloj llamando a misa y el fragor de la población hablando, comerciando, discutiendo y viviendo frente al helado mar Báltico que trae todo tipo de naves a este que fue uno de los principales centros comerciales del Báltico.
En uno de los pasajes entre calles,
en el suelo, placas con la cronología del país, la última, creo que demasiado
ambiciosa, 2518, cuando se cumplirán cinco siglos de la primera independencia
de Estonia.
Las
torres tiene peculiares nombres, que seguro esconderán pintorescas historias,
cuyos personajes reales no creerían que siglos después los dejarían al
descubierto. Además de Margarita la Gorda, torre detrás de los frailes, torre de
las monjas, torre de la pierna larga, torre vistazo a la cocina o torre de la
doncella.
La
iglesia de San Olav,
con su alta torre. Construida en el siglo XII, era el centro de la vida
escandinava hasta que los daneses tomaron la ciudad. En
honor del rey Olav II de
Noruega, posteriormente San Olav para la sucursal católica, que habiendo
nacido adorador de Odín, Thor y Loki, mucho más divertidos que los moñas gregorianos y conventuales, se
convirtió al catolicismo y con ellos, todo su pueblo. En agradecimiento, la
sucursal lo elevó a los altares, pero santo, lo que se dice santo, poco. Era un
vikingo y eso siempre acaba con sangre ajena.
Muy
cerca, un edificio verde, insulso, fue la central del KGB, donde seguramente
los rusos compartían felices veladas
con los disidentes. Lobos con piel de corderos, un edificio verde esperanza con
un interior rojo traición y negro como el corazón de todos aquellos que
pretenden imponerte, también hoy, sus ideas dictatoriales, odiosas y racistas.
Hay
que recorrer Tallinn
parando en cada recodo y pasillo para no perderse las terrazas arboladas, pequeñas
estatuas desubicadas en el entorno cultural o jardincillos. Es un museo a cielo
abierto que nos ha traído al presente la vida de hace ocho siglos.
Subiendo
por una cuesta muy pindia, que un
padre remontaba empujando un carrito con gemelos como si no le costara,
accedimos a la parte alta de la ciudad. La catedral de Alejandro Nevski, catedral ortodoxa
rusa. Alejandro Nevski fue un líder político, santo ortodoxo y
militar ruso del siglo XIII, que derrotó a los suecos, teutones, tártaros y a
las fuerzas católicas que querían imponerles su credo.
No
es un templo antiguo, data de 1900, pero como todas las iglesias, calles y
edificios de la ciudad, está en un perfecto estado de revista. Los estonios
estuvieron a punto de demolerla en 1920, tras la primera independencia, para
borrar el pasado ruso, felizmente no lo hicieron. Blanquirrosa por fuera, con
las características cúpulas en forma de cebolla (para que no se acumule la nieve), cuando fuimos a entrar, un
cortejo fúnebre traía a un paisano en su último viaje.
Entramos
respetuosamente para admirar su interior. Hay que respetar las costumbres de
todos, da igual el color, religión, sexo o ideas. Una pena la época que nos ha
tocado vivir, de mentes vacías, que lejos de respetar el derecho de opinar y
pensar de los demás, se congratulan con sus insultos y desprecios contra quien piensa
y vive distinto, alentados por magnates déspotas, políticos egocéntricos y
gañanes varios. Es una epidemia, pero de todo se sale.
Desde
la catedral, al mirador
del Jardín del Obispo, con una coche ye-yé
a la entrada. La vista exterior, a la ciudad moderna. De retorno, en la plaza,
frente a la catedral, el Palacio
de Toompea, actual sede del parlamento estonio. El original del siglo
XII, la actual estructura es del siglo XVIII, ordenada construir por la zarina Catalina la Grande. En un
lateral, un bonito jardín donde nos sentamos un rato a disfrutar de la vista. Inmaculada hizo amigas, al pie de la Torre de Pikk Hermann, Germán el Largo.
Rodeando
la catedral nos llamó un viejuco, sentado. Italiani? No, españoles. Ni sé las
veces que nos han tomado por italianos en nuestros viajes. En un muy buen
español nos contó que no había salido desde hacía décadas de su país, que había
sido marinero en la marina soviética, que había ido en muchas ocasiones a Cuba
y que había conocido en persona al compañero Fidel. No sé cuanto habría de cierto,
pero seguro que tendrá historias para escribir un libro.
Bajamos
por uno de los muchos parquecillos, limpios y muy cuidados, atravesando la
arcada de Torre Tallitor
y Torre de la Doncella.
Torre Tallitor era
la antigua zona de los establos. En el mirador, un fraile oscuro nos vigilaba,
seguro que ocultando tétricos secretos desde el siglo XIV.
La plaza del municipio, Raekoja Plats, bulliciosa, centro neurálgico de la ciudad, donde
los turistas hacen parada, dispuestos a ser atracados
para comer. Rodeada de coloreados edificios góticos, a un lado el ayuntamiento,
de 1404, con sus gárgolas vigilándonos atentamente. Nos perdimos a propósito entre las callejuelas, con una fila de
tascas de estilo germánico, antiguas fondas medievales, oscuros pasadizos y
coloridas tiendas de regalos.
La
puerta Viru,
histórica entrada a la ciudad desde el siglo XIV. En 1880 tuvieron la pésima
idea de demoler parte para dejar espacio a las calles. Mala idea eso de
destruir el pasado de todos para imponer el futuro de unos pocos.
A
las afueras de la ciudadela medieval comimos, para volver a no perdernos ni un
segundo. El pasadizo de
Katariina, la calle medieval mas fascinante que nunca hayamos recorrido.
Estrecha, con arcadas que hacen de soporte a las paredes de los edificios, oscuras tabernas de mesas corridas, risas y jarras humeantes de cerveza añeja,
donde nos debimos cruzar de nuevo al oscuro fraile corriendo a perpetrar sus
oscuros manejos en nombre de un dios que ni está ni se lo espera.
La
Torre de Bremen y
el bastión Munkadetagune
nos miraban por encima del hombro, desde la altura de siglos viendo pasar a su
vera pequeños humanos prescindibles, que serán sucedidos por otros millones
que en los siglos venideros también irán a verlos y los tratarán con la misma
displicencia. La piedra, muda, fría, siempre nos podrá tratar con la soberbia
de quien sabe que seguirá allí durante siglos mientras nosotros no seremos ni
un recuerdo. Inmaculada haciendo más amigos.
Poco
a poco nos dirigimos hacia el crucero, echando la vista atrás, agradeciendo la
suerte de haberte conocido Tallinn.
En
el barco empezaron dos horas de sufringuismo silencioso al lado de mi medio
pomelo. En ese momento el Rácing jugaba un
partido decisivo. Mientras, subimos a ver alejarse Tallinn tras las brumas del Báltico.
En la discoteca, un tributo a los Beatles me recordaron
aquellos dobles álbumes de sus éxitos, rojo y azul, que tantas veces pusieron
mis hermanas durante mis años mozos en los 70. Cantaban muy bien, pero tras dos
canciones, me suenan igual de empalagantes.
Los
jelsinquianos se bajaban con cajas de alcohol, tan caro en Finlandia para intentar reducir el alcoholismo.
Ya en la terminal del ferry, tenía datos, y sí, mi Rácing había ganado. Volvíamos a Primera tras 14 años largos. El Rácing es algo más que mi equipo de fútbol. Dice Totti, con toda la razón, que si en lugar de animar al equipo de tu ciudad, lo haces a otro, no te gusta el fútbol, lo que te gusta ganar. Y cuanta razón tiene. No os gusta el deporte, solo el placer pasajero del triunfo.
En mi caso,
el Rácing es uno más de la familia. Es un
sentimiento. 47 años de socio, 50 animando al equipo. Alegría inmensa. Es solo
fútbol, lo sé, pero verdiblanco es el color
de mi corazón. Llamé a mi Marta para compartir la alegría, ella que este año ha
sido una sufringuista más. Vi todos los vídeos que pude, Ra Ra Ra, Raaaaaaaaaaaaaaaaacinggggg.
De
vuelta al hotel, en la tele, Eurovisión. Hace años me gustaba verlo. Ahora,
no. Los que dicen que es un festival para unir, se equivocan, claramente está politizado. Tras
la invasión rusa de Ucrania, se expulsó a Rusia. Muy bien. Ahora, tras las
masacres de Israel, la mayoría de los países han mirado hacia otro lado, con la
hipócrita afirmación que no hay que mezclar música con política. Orgulloso que
nuestro país se negara a compartir evento con un estado genocida, que está
aplicando a los palestinos lo que por desgracia aprendieron en los campos de
concentración.
Sunnuntai, 17/05/2026
Pensé
que no podría levantarme a correr tras el tute del día anterior, pero me pudo
más el deseo de ver, de no perdérmelo, que el cansancio.
Hoy,
la zona de la playa, algo así como Lapinlahti Lappviken. Tienen mucho que mejorar los detalles los jelsinquianos. El paseo al borde del
mar, enfrente de naves industriales, chimeneas de fábricas, islotes sucios.
Atravesando un parque me saludaron bambi y tambor, un pequeño ciervo y una
liebre.
Durante la segunda guerra
mundial, asediados por los soviéticos, los finlandeses se acercaron a Hitler y al
nazismo, el enemigo de su enemigo. Terminada la guerra, Finlandia navegó durante décadas por aguas turbulentas. Occidente no olvidaba sus manchas hitlerianas.
Los soviéticos buscaban sojuzgarlos como en tiempos del gran ducado.
El
cementerio de Hietaniemi,
todo pasa. No soy morboso, pero me gusta visitar los cementerios de viaje. En Hietaniemi,
un crisol de nacionalidades saludan. Apellidos suecos, finlandeses, rusos y
algunos germánicos. Ellos también pensaron que tenían todo el tiempo del mundo
y no es así, con un poco de suerte, 70 buenos veranos, muchos de ellos
desperdiciados sufriendo el calor o el tedio.
La playa? Limpia, pero como este espacio surgió de debajo del hielo hace pocos milenios, las piedrecillas no se han erosionado del todo para formar una auténtica playa de arena. La orilla, como un plato, metí la mano, amputación de dos dedos por congelación. Como es epidemia, chiringuitos en recodos imposibles.
Algo más al norte Regatta, chiringuito rojo y blanco, que te
venden en todas la guías. Fue una antigua cabaña de pescadores. Recuerda que
cuando vayas de viaje y te fijen bares o parques como puntos imprescindibles,
es que la ciudad en cuestión tiene uno o dos días de visita. No da para más.
Al otro lado de la carretera, el jardín con el monumento a Sibelius, escultura formada por 850 tubos de acero, famoso compositor de música clásica que vivió hasta mediados de los años 50 del siglo pasado.
Porque me pongo a pensar y a cuantos finlandeses famosos conozco? Pues a pilotos de rallies y F1 (Räikkonen, Hákkinen y Bottas) y ya está. Kekkonen, que fue presidente durante 25 años, me quiere sonar de los telediarios de mi infancia. Y Pihla Vihtala, mas que nada porque es la actriz de las tres temporadas de Deadwind, una serie finlandesa de Netflix que vimos hace un par de años.
Como
todo el país, Helsinki
está jalonado de lagos. Toolonlahti
es uno de ellos, con un paseo para correr que a esa hora de la
mañana tan solo recorríamos una señora de mi quinta y un servidor. Según el
folclore local, una vez vivió un dragón en la bahía de Töölönlahti. Se dice que el dragón
aterrorizó a la ciudad hasta que un valiente caballero lo derrotó.
De
vuelta al hotel, a perder el sentido en el desayuno. No me dejé nada por
probar. Salimos a nuestro tercer día de viaje, camino de Töolo, barrio señorial.
Primera parada, Temppeliaukion,
iglesia luterana excavada en la piedra, mas curiosa que bonita. En los
alrededores, varias tiendas de regalos con más de lo mismo. Tazas, imanes,
camisetas, bolas de navidad. Hicimos gasto.
Amos Rex,
museo de arte contemporáneo, con una moderna plaza, que en esa semana programaba
conciertos, pero nada podrá ser ya como el Ei Tippa Tapa. A su espalda, otra
plaza con una feria, digamos, perroflauta.
En
el lateral, la capilla de
Kamppi, un raro gran jarrón de madera. Construida en 2011, curioso óvalo
de madera. En su interior feligreses y curas femeninas, con ojos desmesurados.
El espacio de culto, triste a más no poder. Los protestantes, con tanta
sobriedad, hacen de sus templos lugares fríos, lejos de la grandiosidad
católica, que les ha ganado el relato. Va a ser lo mismo éste, que entrar en
San Pedro del Vaticano, que rezuma magnificencia y transcendencia.
Camino
de Toolonlahti,
entramos en la Biblioteca
Oodi, digna de visita. A la entrada, un par de cientos de adolescentes
bailaban. Agrupados en dos hileras, esperaban cada tonada tiktokera para arrancarse a dar brincos. Decenas a la vez demostraban saberse cada
paso. Que bueno, mucho mejor esto que estén de bar en bar.
Tras la segunda guerra mundial
Urko Kekkonen, presidente durante décadas, fue capaz caer en manos de sus vecinos rusos.
A partir de los 90, Finlandia incrementó sus estándares en todos los ratios.
Economía. Educación. Calidad de vida. Cultura. En 1994 consiguió la adhesión a
la UE y tras la invasión rusa de Ucrania, también se adhirió a la OTAN. Hoy es
una de las economías mas potentes de Europa.
La estación de ferrocarril Rautatientori, en el centro económico de la ciudad, de primeros del siglo XX, art noveau. Estuvimos esperando ver salir corriendo a 007 detrás de unos espías del KGB, luchando por el microfilm con los detalles de aquellos misiles.
Helsinki, durante mitad del siglo XX, fue un
nido de víboras rusos, americanos o británicos, luchando en supuesto territorio
neutral por dominar el mundo. Esta presupuesta neutralidad hizo de la ciudad
sede de numerosos competiciones deportivas mundiales, entre ellas las Olimpiadas
de 1952.
Por
Aleksanterikatu,
sede de las grandes marcas, camino del puerto, saludamos otra vez a la blanca
catedral luterana. Menudeamos otra vez por los puestos del mercado a la caza
del regalo de pendiente, para acabar sentados en Esplanadi, junto al templete. Comimos en un
italiano muy céntrico, Via Tribunali.
Por
la tarde, el largo paseo frente al Golfo de Finlandia, vigilado por decenas de islotes, con varios
puertos deportivos. Que mágico paseo, cogidos de la mano, el azul turquesa del
mar, las verdes y rojas casas de época, los rubios niños locales, los pinos
bajos de piñas diminutas, el helado que nos salió a precio de oro, descansando
en cómodas sillas viendo pasar gente. El lugar, la vista es importante, pero la
compañía, ay hijas nuestras, estar sentado a su lado a lo largo de 34 años es
el mejor regalo.
80
kms me llevo en las piernas entre carreras y paseos. Otro recuerdo que
permanecerá cariñosamente en nuestra memoria y que continuará en el momento que
ni seamos memoria.
Maanantai, 18/05/2026
Amanece
nuevamente y no dejo lugar a dudas en el bufé, me llevo todo lo que me cabe,
incluso lo que no me cabía. Copenhague, Estocolmo, Helsinki. Me faltan dos. Tic
Tac, Tic Tac.
El
servicio de recogida puntual. Los trámites aeroportuarios ágiles. Vuelo para
olvidar. Coche esperándonos. Y en casa. Casa. La vida auténtica. Viajar es
maravilloso. Pero la vida real es hoy. El pasado pasó, el mañana no existe.


































































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