miércoles, 18 de abril de 2018

IX Ruta de las Fortalezas - Abril 2018












Sábado, 14 de Abril 2018, ¡¡vamos a por el repóquer¡¡. Quinta vez en la línea de salida para participar en la Ruta de las Fortalezas. Sé que soy cansino, he dicho más de una vez que no me gusta repetir ninguna carrera, así que parece poco defendible por mi parte soltaros un rollo sobre mi nueva participación en la RDLF pero  me gusta mucho el recorrido. La mezcla de sol, mar, desnivel y buen ambiente la hace especial. Además, me coge a menos de una hora de casa, así que voy y vengo en el día.













Aunque la tenía en mente desde primeros de año como preparación para el objetivo de los 101 de Ronda, en mayo, hasta el lunes anterior no supe que la iba a correr dado que tenía para la misma fecha un compromiso ineludible con mi pomelita pequeña, una competición de gimnasia rítmica, que finalmente la aplazaron. Sin esperarlo, me encontré en la línea de salida cuando tan solo 6 días antes había corrido la Vertical Trail de Moratalla y sus 29 kms de montaña.




Buena fecha. Sé que para más de uno sonará trasnochado pero sigo festejando en cada 14 de abril la proclamación de la II República. Y no por que dicha república sea un ejemplo de democracia, mas bien al contrario, se les fue de las manos, pero sigo pensando que solo alcanzaremos la democracia real cuando cada ciudadano tenga opción de decidir y participar en todas las decisiones. Y a fecha de hoy, seguimos con un régimen cuyo jefe de estado ni es elegido ni votado, hereda su cargo y sus prebendas por vía seminal. Y lo que es peor mantenido, nunca mejor, dicho a cuerpo de rey junto con su progenie y demás satélites borbonales. Para los que siguen pensando en monárquico, pues, el 14 de abril es el aniversario del hundimiento del Titanic.




Línea de salida. Reunión macedonia, con alguna ausencia (Ricardo y su invitación ineludible. Salva y sus prisas por salir en cabeza) y algunos clásicos como Manolo Rico y Alberto "el sombrilla". Fernando, Pepe, Fausto y yo nos quedamos a cola de pelotón para defender la bandera de los flojos macedonios. A nuestro lado, Jaguar, invitado de lujo con su melena leonina.










Izado de la bandera. Acordes de la marcha real versus himno nacional. Respeto. Personalmente, como patria, esto es, la tierra de mis padres y ancestros, solo reconoceré Cantabria. España es para mí una nacionalidad legal, nada más. Eso sí, no sería tan tonto ni desagradecido como para pitar el símbolo del país que me lo ha dado todo. Mientras tanto, ondeará la macedonia, para flojos.








Disparo al aire y entorno a 8.000 personas entre corredores y andarines comenzamos la prueba. Aquí algo tiene que cambiar la organización. Es un maremágnum. Con tanta gente, salvo que te pegues de codos para ocupar un puesto delantero en la salida, estás abocado a numerosos tapones y parones. La primera medida a tomar debería ser que los andarines salgan 15-30 minutos después. La segunda, montar cajones, agrupando a los corredores según marcas acreditadas. Así el que quiera correr, competir o buscar marca, puede hacerlo sin las trabas de los tapones y parones.




Echamos a corretear, que no correr. No forcé la máquina en toda la carrera. Mantuve un ritmo más o menos constante lo cual me permitió llegar a meta bastante bien y de hecho, tres días después ya vuelvo a entrenar para los próximos retos. Como siempre, el punto inicial es la plaza de los Héroes de Cavite, uno de tantos puntos cartageneros en recuerdo a pasadas glorias, y no tan gloriosas, militares.




Decir abarrotado es poco. Durante los primeros 500 metros tuve buen cuidado de no tropezar con nadie dada la saturación del camino. 6 carriles y no cabía una hormiga.






Para quien no la conozca, Cartagena, la milenaria Cartago Nova, es hoy una ciudad en continua mejora, con muchas reminiscencias de su pasado eminentemente militar. De frente a su bahía podemos observar a un lado y al otro diversos montes en cuyas alturas se alzan los restos de fortalezas militares para defender la plaza, eso sí, la mayoría en un estado de conservación catastrófico. Hay fortalezas no solo en la zona cercana al casco urbano si no siguiendo la línea de costa tanto hacia La Manga como hacia Mazarrón. Que bien quedaría todo adecentado para hacer una ruta turística bien organizada, guiada, cobrada.....










Primer km, muralla de Carlos III, que rodeaba al antiguo casco urbano en el siglo XVII.








Desde el primer momento, Fernando y Fausto se quedaron por detrás para ir a su ritmo, intentando superar sus molestias por sus lesiones. No pudo ser. A mitad de la prueba tuvieron que abandonar ambos. Salva, como últimamente, se salió con unos estratosféricos 5:46. Este ya no es macedonio, esloveno y gracias. Junto con Pepe y Jaguar, hicimos toda la prueba juntos salvo momentos puntuales que la marabunta de participantes nos pudo separar.




Primera subida, el Castillo de los Moros. Fortaleza del siglo XVIII que como bien dice la propia organización en su documento de presentación "está totalmente abandonado". Pequeña subida y primer parón sin llevar ni 2 kms. Pues nada, paciencia. Aprovecho estos primeros kms para echar un rato con varios compañeros de trabajo con los cuales coincido,  Nico y Jose, con los que intercambio pocas palabras, no es cuestión de hacerse pesado.










Pequeña bajada al tran-tran, pero como veo que pierdo de vista a Pepe y Jaguar, rebaso a unos cuanto corredores camino del barrio de Santa Lucía. Compruebo que va todo en su sitio. Agua, farmacia, calcetines, gafas. Venga, que voy bien. Desde allí, cogemos la carretera que va en dirección al hospital para rodear Vista Alegre. Primera subida de verdad a la Batería de Sierra Gorda, de época de la guerra civil, otra que está abandonada. Esta parte del recorrido es muy similar al de la prueba homónima. Aunque el año pasado ya se subió a dicha sierra, este año se ha hecho en dirección contraria para evitar el tapón del San Julián que nos tuvo casi 45´ parados.




Subida de 4 kms, larga, muy tendida. Se podía subir corriendo sin problemas. Observo que en subida Pepe y Jaguar se rezagan, no acostumbrados al desnivel. Por su parte, cuando el terreno se ponía horizontal, me llevaban con la lengua fuera. La subida, por pista, sin problemas. 










En la cumbre, primer mensaje a pomelandia que repetí cada 10 kms. Sellado y a bajar. Tapón de aupa. Más de 20´ parados. Allí coincidí con otro compañero, Joaquín, con el que aproveché el momento para echarnos unas fotos. 










Cuando finalmente pude  correr vi que Pepe y Jaguar me sacaban casi 500 metros. En la lejanía escucho a dos corredoras que ya oí el año pasado cantando a voz en grito. Sin ánimo de ofender pero en este tipo de carreras masificadas hay un altísimo porcentaje de participantes que más allá de saludos y frases de ánimo, se limitan a hablar entre ellos. Y luego esa minoría que te tiene que ir radiando cada paso que dan, a voz en grito, como si los demás tuviéramos interés en lo que chillan. Lo sé, soy algo intransigente, pero ¡¡ que necesidad hay de dar el follón a todos ¡¡¡.





Barranco de Escombreras, tercera vez que pasaba por allí, así que como me lo conocía apreté pero no tanto como hubiera querido. Se nota mucho quienes corren por el monte habitualmente. Tanto en subidas como en bajadas tuve que frenar muchas veces detrás de corredores que simplemente andaban, lo que me ralentizó mucho. Miraré la parte buena, no me quemé y llegué a meta feliz y contento. Avituallamiento. ¡¡ ni una gota de chispadelavida ¡¡¡. Hay que reconocer que están bien surtidos, agua, isotónicos, fruta, frutos secos, bocadillos y sanitarios aunque este año peores que los precedentes, espero que no se convierta en tendencia. ¡¡¡Ni una gota de chispadelavida ¡¡¡. Tentado estuve de meterme en un bar a por una cuando daba el sol de frente.





Buen tiempo toda la carrera. Algo de fresco al comienzo y en las zonas de sombra, algo más de calor al mediodía, pero en ningún momento tuve la sensación de que el clima me sobrepasara.




Doble subida hacia el Monte Calvario y el Castillo de San Julián pasando en primer instancia por Lo Campano, una barriada poco recomendable, con vigilancia policial incluso, que deberían eliminar del recorrido para próximas ediciones dado que su estado de dejadez y suciedad es notoria.





Cogemos la carretera con el Monte Calvario, a nuestros pies, dejando a la derecha una urbanización soleada y muy tranquila en el cual tiene su alojamiento el inventor del submarino, Isaac Peral.....el cementerio municipal. Desde ahí subida corta pero intensa en via crucis hasta la cumbre del monte. Y no es una forma literaria de hablar. Cada pocos pasos cada una de las estaciones. Subida en su mayor parte con suelo de cemento que te frena, que de igual forma que la romería que se lleva a cabo todos los años, nos ve subir con tranquilidad. Delante de mi el hombre orquesta con un equipo de música a toda potencia escuchando a los Mojinos Escocíos. Para un rato, vale, pero pasarse así horas y horas es para acabar de paracetamol hasta arriba.





Corono sin más problemas. Algunas fotos. Nuevo parón y bajada tranquila hacia el nuevo avituallamiento, con cuidado, por que al ser muy tendida, se podían cargar demasiado los cuádriceps y la zona lumbar. En la zona con más desnivel zigzagueo para atenuar el efecto-freno que puede provocar sobrecargas.





Me tomo una pastilla de sales minerales para evitar problemas después. No, esto no es doparse, es evitar problemas de salud más allá del sobresfuerzo que supone esta tipo de carreras. Vi a mucha gente tirada en los lados, con problemas musculares, en muchos casos debidos a una mala gestión de la recuperación (hay que comer, beber  agua, recuperar las sales minerales que se pierden), a una mal gestión previa (la semana de antes hay que hincharse a hidratos de carbono para que el organismo los consuma antes de empezar a devorarte; además plátanos y frutos secos, para no perder potasio, fundamental para los calambres musculares) y a una preparación previa (mucha gente se pone en línea de salida sin saber lo que supone correr o andar 54 kms y luego pasa lo que pasa). Y mucho coca....correr y caminar, malpensaooosss.





Tras el avituallamiento, subida al Castillo de San Julián también del siglo XVII, en mucho mejor estado de conservación de los ya visitados, pero aún así, muy dejado










Desde arriba, hago fotos de la bahía con la segunda parte de la carrera al fondo, las baterías de Fajardo y Galeras. Segundo mensaje a casa. Todo bien, disfrutando. Como se ve, día radiante, con algo de brisa que invitaba a una buena bajada....











.... pero los de delante mío no piensan lo mismo. Adelanto a unos cuantos, pero recapacito, recuerdo no muy lejos de ahí una experiencia similar de querer adelantar a todo trapo que acabó con mis huesos machacados en un pedregal así que sabiendo que de nada sirve echo el freno y disfruto de la bajada hacia la batería mas antigua de la zona, con el nombre más curioso, Trincabotijas Baja, de finales del siglo XVII.









Bajada en asfalto hacia Cala Cortina, donde hay un restaurante al borde de la playa que dan un arroz muy bueno. Esta publicidad es gratis, de momento. Avituallamiento donde nos reagrupamos Pepe, Jaguar y yo, que se habían quedado atrás en la bajada.











Km 25, casi mitad de la carrera y toca la parte intermedia. Volver hacia el centro de Cartagena para darle la vuelta e ir a la otra punta de la bahía para el resto de fortalezas empezando por la batería de San Leandro, que no sé si es mi imaginación pero parece que la están rehabilitando.











En esta parte me toca sufrir detrás de Pepe y Jaguar que en asfalto y en llano, me llevan frito. Hago la goma algunas veces pero aguanto mas o menos bien. Bonito recorrido al borde del mar hasta llegar de nuevo a la muralla de Carlos III y subida corta hacia el Castillo de Concepción, ni avituallamiento ni nada. El año pasado estaba allí...decepción, esperando estaba los donuts más famosos de Cartagena.










Km 30, mensaje a casa. Centro de la ciudad "petau", además de la gente habitual había un crucero con lo que estaba plagado de extranjeros que no podían esconderse con sus chanclas con calcetines blancos, su color rosado y sus desgarbadas figuras. A la salida del Castillo de Concepción, quizás, la joya de la corona, el teatro romano del siglo I de nuestra era, que fue "redescubierto" en 1988....dicen que no sabían que estaba ahí debajo....no me lo puedo creer, además, está en un aceptable estado de conservación junto a la catedral vieja.












Corremos por las calles céntricas, atestadas de gente que animan mucho y pese a que sé que tengo a cientos de corredores por delante te hacen sentirte ganador. Seguramente es la zona más animada, con gente en las terrazas, en cada esquina, apoyados en las paredes aplaudiendo. No me canso de esta experiencia. 







Cuando iniciamos la subida al Molinete observo gratamente que me encuentro muy bien. Algo cansado, ya son 30 kms, pero sin señales de peligro. Eso sí, mejor no confiarse así que en el avituallamiento grande como a dos carrillos y pido réflex para relajar los cuádriceps.












Dejamos atrás el centro corriendo por el Arsenal Militar y la Rambla de Benipila camino de la segunda parte dura de la carrera. Este año nos metieron directamente en los muelles donde Navantia construye todo tipo de barcos. Intentamos hacernos una foto frente a unos buques militares pero nos lo prohibieron. Al fondo, un barco velero de esos que regalan cuando compras dos libros. 













Pobretico el jeque de turno con su cascarón. Espectacular es decir poco. Creo que ni viviendo cien vidas podría costearme esta chalupa.






Salimos de Navantia en dirección al Faro de Navidad pero sin llegar a él nos dirigimos hacia la batería de  San Juan de la Podadera donde comienza la subida a Fajardo. Según he leído, la construyeron en el siglo XIX con el objetivo de cruzar fuego con Trincabotijas, que está justo enfrente al otro lado de la bahía.











Subida corta que subo mas que bien. Me planteo si apretar para acortar tiempo al crono. Me lo pienso mejor, mas vale seguir juntos que jugármela y luego pagarlo al final, total, cuando podría recortar ¿20 - 30 minutos?. Pecata minuta ya.





En Fajardo cojo frutos secos que son mano de santo para los calambres. Son esas lecciones que aprendes cuando tus músculos te castigan por no hacer los deberes en otras carreras. Hoy no era el día pero he pasado por allí varias veces entrenando y he podido recorrer sus pasillos con tranquilidad. Siempre es recomendable Cartagena, aunque parece vivir de espaldas al mar y a la bahía, tiene muchos sitios que conocer, a ver si algún politiquillo listo se da cuenta y lo pone todo en valor. La ciudad y sus ciudadanos lo agradecerían.









La subida a Galeras no es dura, de hecho, la he subido corriendo en varias ocasiones, pero ya en un km 40 es un gasto de fuerzas innecesario. Son 7 kms de subida y bajada en los cuales se aprecia la romería de la carrera. Todo el camino saludando por doquier. Pepe y Jaguar, pese a que subimos andando se van quedando, así que los espero en la batería avituallándome. Penúltimo mensaje a casa hasta la meta.












Esta batería es de las mas completas pero año tras año compruebo la desidia de quienes deberían hacer por cuidarlo. Si es tan fácil como limpiarlo de matojos cada par de meses, colocar las piedras y losas caídas en su sitio, afianzar las murallas. Es fácil pero hay que querer. Me temo que hasta que no haya perras por medio, nada se hará. Entonces, veremos, nos tocará pagar para verlo. Al tiempo.







Bajada larguísima en la que intento no apretar para no gastar de más, dado que queda la cumbre final en Atalayas. Se me hizo eterna. La recta de Navantia otra vez con la lengua fuera intentando seguir a Pepe y Jaguar. Al fondo veo una camiseta de los zumbaos, era Rai, con el cual caminamos unos cientos de metros hasta el avituallamiento y nos cuenta que ya va justo. Grande Rai. A la salida, lo dejamos para el último gran esfuerzo.





Ultimo mensaje a casa, último kms, a morir y a acabar. A la altura de la iglesia del barrio de la Concepción, empieza la última subida rodeando Atalayas. La subida final del año la han cambiado por la original...habrá algún moscardón criando. No entiendo nada cuando prohíben tramos por temas ecológicos. Es una vez al año y no veo que durante el resto del año prohíban ningún tramo. He ido muchas veces a entrenar y he visto esos caminos llenos de gente, pero claro, no viste nada en los periódicos si no tiene la audiencia que da la Ruta.





Subida de escasos 500 metros, pero con 45 kms, se hace dura. Delante llevaba a un par de corredores que me frenaban,  cansándome de mas. Por detrás pierdo de vista a Pepe y Jaguar, pero sé que no pueden andar lejos. Hago cumbre con las pulsaciones a más de 200 cuando la media de toda la carrera eran de 160. Unico momento de sufrimiento de verdad pero supe regular para llegar arriba sin daños colaterales. Ese fue mi pódium.












Bajada por cemento. Aun recordaba la primera edición en la que participé. En esa bajada pasé las de Caín con problemas musculares. Al llegar abajo me senté en una parada de autobús para "irme pa´casa". Menos mal que pasó mi compañero Antonio que me levantó y de aquella manera, hice meta. En esta ocasión, no hizo falta. Me dejé caer, sin apretar, ni frenarme, esperando que me alcanzaran Pepe y Jaguar.





Abajo, reagrupados, 2 kms a meta. Descansamos un poco andando y subiendo por Tentegorra, llegamos a meta.










Corrí como nunca, bien, ligero, disfruté de la ruta, no sufrí más allá de lo que suponen 54 kms según mi reloj, pero el tiempo 7:37 muy lejos de mi mejor marca en la prueba 6:07. Es cierto que la han endurecido algo pero los años no pasan en balde y, sobre todo, ya no apuro por una marca, el objetivo es disfrutar. Lo hice. Mensaje a casa. Lo conseguí.




Ahora, a un mes de los 101 de Ronda, creo que progreso adecuadamente. Mucho llano, espero no cebarme detrás de Pepe que en ese tipo de terreno me saca de rueda. Otra para la saca. 97 carreras en los últimos 9 años, 17ª ultra. Ronda, allá vamos, a por la 18ª.





Roma Victrix ¡¡¡¡








































martes, 3 de octubre de 2017

III Vara Trail 2017




8:16 horas después, tras 40 minutos finales muy duros, entrando en pájara y con problemas de riñón llegaba a meta el domingo pasado (1 octubre 2017) en mi última carrera ... por el momento.











Atravesé el arco de meta y me abracé a mi hermano macedonio Richy que me había precedido cuatro minutos antes. Tras saber que me habían perdido mi licencia federativa y que me toca reclamar me senté en la primera silla que encontré. Muerto. Mensaje a Pomelandia, he acabado, estoy  bien. Contento por el reto superado.









No adelantaré acontecimientos, volvamos al principio. Y no me refiero a la línea de salida, si no mas atrás, al final de mi última aventura en mayo, Los 10.000 del Soplao en mi patria cántabra. Mucho me costó recuperarme y no solo físicamente. Durante semanas no tuve ganas de correr ni para coger el autobús. Había perdido la motivación que me hace ponerme un dorsal y hacer la cabritilla por esos montes.







Durante más de dos meses salí a entrenar poco y mal. El verano murciano, mas caluroso que en años precedentes, tampoco ayudó. No fue hasta mediados de agosto cuando, de vacaciones en la playa, me marqué mi rutina. El primer objetivo, correr. Ya sé que parecerá una tontuna mía pero para correr hay que sentirse corredor, te tiene que apetecer, tienes que pasar muchas horas dando zancadas con el objetivo de acabar el entrenamiento disfrutando. Las dos primeras semanas me costó mucho. Acababa cada entrenamiento desmoralizado por la falta de progresión. Distancias que antes eran pecata minuta se me hacían maratón. Poco a poco volví a recuperar el ritmo. Busqué nuevos recorridos para no caer en la monotonía.






En esas estaba cuando la cofradía de hermanos macedonios propuso participar en la maratón de montaña de La Vara Trail. Pese a que ya participé en la edición de 2015, no lo dudé, era un objetivo asequible con el tiempo que tenía por delante para prepararla, buena piedra de toque para retos futuros. Poca montaña hice hasta el pistoletazo de salida. Desnivel sí que metí, con varias subidas a la Cresta del Gallo por el asfalto, con rampas duras. Pero lo mismo no era suficiente. 










5:00 suena el despertador. Miento, no sonó. Soy de esos que cuando hay que despertarse antes de lo habitual el cerebro no me deja descansar y media hora antes se conecta solo. No suena la mayoría de las veces y molesto lo menos posible a mi medio pomelo. Sin desayunar recogí la ropa, el resto del material y cogí al coche camino de Caravaca de la Cruz, punto salida y meta de la carrera. A mitad de camino desayuné con Richy y Fernando, los compañeros del día.














7:00 recogida del dorsal, en esta ocasión el 147 con la leyenda que siempre me acompaña Rácing. Algún desbarajuste de la Organización que puso la entrega de dorsales a 1 km de la línea de salida lo que nos provocó varios paseos pero dentro de lo, digamos, razonable.









Tuvimos que darnos mucha prisa para cambiarnos así que  en línea de salida no tenía claro donde llevaba cada cosa. Empezó el ritual de saludos, muy especialmente con el cuarto macedonio del evento, Fausto, que actuaba como escoba. Para los profanos, el último corredor que va recogiendo y retirando a los que llegaban fuera de horario a los puntos de corte.








Pistoletazo de salida a los acordes de Thunderstruck de ACDC, que si bien mas de una vez he dicho que da subidón, en esta ocasión me sonó repetido. Ahí van los tres macedonios echando a correr, como siempre, los últimos. 










Según la organización 300 dorsales. Muchos menos eran, 150 como mucho. Llegaron a meta 137 corredores. Este tipo de carreras, salvo excepciones, las afrontan corredores que tienen capacidad para acabar salvo lesión, caída o desfallecimiento.
















Si bien la carrera estaba fijada en 43 kms añadieron un tramo de 2 kilómetros escasos, neutralizados, por las calles de Caravaca de la Cruz por motivos de imagen. Preparados para 45 kms. Pasado el Templete, en el camino hacia Las Fuentes del Marqués, dio comienzo la carrera, con casi 8 minutos de calentamiento.









Templete










Fuentes del Marqués







Perfil de 2.900 metros de desnivel positivo, han mejorado el recorrido en relación con la primera edición en la cual participé eliminando parte de los tramos innecesarios. Se ha endurecido con tramos más técnicos. Mal empezó la cosa cuando a las primeras de cambio me noto incómodo, respiración irregular y dolores por todo el cuerpo producto de la incertidumbre. Las pantorrilleras me apretaban demasiado haciéndome daño en los gemelos. A mitad de la carrera me las tuve que bajar, no me dejaban correr. Para la próxima no las usaré. Bastará que no las lleve para echarlas de menos.






La primera cumbre era el Pico del Buitre, que ya he subido en otras cuatro ocasiones anteriores. Situado en el punto kilométrico 14, la ascensión desde lejos con zonas mixtas de senda y pista. Como soy perro viejo me descolgué de Richy y Fernando para buscar mi ritmo de carrera. Advertidos estaban que iba a mi carrera, que no me iba dejar arrastrar para luego reventar.










Pasé dos o tres kms solo. Solo. Sin música siquiera, escuchando mi respiración, mirando el panorama, pensando sobre la mejor manera de afrontar la carrera. Tenía 11 horas como tope para terminar así que no era cuestión de cebarse. Fui haciendo la goma, alcanzándolos y quedándome, hasta llegar al primer avituallamiento en el km 6. 





¿Los avituallamientos?. Muy básicos. Agua, isotónicos y chispa-de-la-vida en cuanto a los líquidos. Melón, sandía y naranjas mejorables. Plátanos. Algunos frutos secos y barritas de cereales. Algo escuetos. Te limpian las perras y luego te dan lo justo. Vaya negocio esto de las carreras.







Reagrupados. Salvo en tramos muy concretos mantuvimos posiciones. Richy en cabeza, servidor en medio y Fernando al final. Con las carreras hemos aprendido a conocernos, saber cuando uno va mejor o peor. Estaba claro que al comienzo Richy iba sobrado, bien pudo tirar solo y meternos una hora. A mitad de carrera tuvo 5-6 kms con problemas musculares pero de los tres fue el que mejor llegó a la línea de salida y a meta. Fernando, a la caza de su motivación. Pese a su desgaste físico-síquico de otras carreras aguantó muy bien el 70% de la carrera y supo sufrir el final. Yo sorprendentemente bien toda la carrera. Algunos problemas musculares de forma muy puntual. Tras las dudas del comienzo, subí y bajé a buen ritmo pese a la ausencia de entrenamientos específicos en tres meses pero noté la falta de kms que bien me pudieron costar caros.





Entre el km 6 y el siguiente avituallamiento del km 11 zona muy corrible. A la salida de ese avituallamiento comenzaba en sí la ascensión al Pico del Buitre (1.427 metros). Tres kilómetros ya conocidos, tranquilidad y pa´rriba. Mañana que amaneció con niebla. Despuntó el alba con un mar de nubes sobre el pico. Richy tiraba en cabeza. Le mantuve a unos 300 metros, a lo mío, sin cebarme. Aún recuerdo la última vez que pasé por allí, en la edición de 2015, sufriendo a raudales.











 Arriba le pedimos a un corredora, cuyo dorsal decía que se llamaba Pepe ... ¿Pepe? .... bueno, pues Pepe nos echó un par de fotos. Bajada por la Senda de los Castillitos. Sabía que era técnica, vamos, que si no ibas concentrado mordías el polvo, bajé con mil ojos. Delante iba Fernando, que no, Fer, bajar no es lo tuyo. Nos adelantó cabraloca Richy que nos abría camino. Bajada feliz, ¡ea¡, que no me caí....¡¡¡no me caí ni una vez en toda la carrera¡¡¡.






Km 15 tercer avituallamiento. Todos bien. Comiendo algo me veo ahí mismo sentado, dos años atrás, mirando a Richy y Salva convencido de no poder mas. Nos avisan que la siguiente subida era durilla. Primer tramo complicado. En estas zonas es donde defines a quienes te preceden si te adelantan y te dejan tirados o si te taponan. Por mi parte no destaco ni subiendo ni bajando ni llaneando. Me defiendo en todo, vamos, que no soy una flecha pero tampoco un fardo...creo.






Subida hacia Peña Rubia (1.307 metros) por la Senda del Reventón. Siento algunos pinchazos en mis amigos, los sartorios. Richy me dio una pastilla de sales minerales que me cortaron de raíz los calambres. Tomaré nota para la próxima ocasión. Subida algo mas radical que el Pico del Buitre pero mas corta. Sigo a mi ritmo, manteniendo a raya a Richy. Echo de menos llevar bastones para estas ocasiones, los tengo, pero en el coche se quedaron. Ahí estaban bien.





Media maratón, pasamos por el famoso Cruce de Pepe el Macedonio, el bien sabe por qué. Llegamos a la parte alta y vemos un grupo de senderistas disfrutando de la naturaleza. Incluso nos ofrecieron avituallarnos pero los experimentos con la Coca-Cola. Bajada al siguiente avituallamiento, km 22, en Los Alamos. Empieza la sesión de chispa-de-la-vida. Allí nos encontramos con Fausto. ¿Neneeee, por donde has tirado?. Nos dijo que teníamos pocos por detrás. No importa, no participo para ganar si no por acabar.





Al salir me encuentro francamente bien. El no dejarme arrastrar por la testosterona y obedecer a los mandatos de la prudencia que te aconseja el cerebro es mi medalla en cada una de las últimas carreras. ¿Podías haber apretado e irme solo?. Si, me veía fuerte. ¿Debía hacerlo?, No, quedaba mucho por delante.






Primer tramo de subida al Pico del Reventón (1.377 metros) que afortunadamente no hizo honor a su nombre. Complicado, senda pedregosa, en algunos puntos ni se veía, desnivelada y peligrosa, pero resultó asequible. En la parte superior nueva ración de mar de nubes. No es el Teide, pero no tienen nada que envidiar estos valles.








Bajada con mucha piedra suelta, piedra grande, quebradas, puntiagudas. Había que estar muy atento para no caerse. Por esta senda vimos en la vez precedente una piara de unos 10 jabalíes de los que deben haber dado cuenta Astérix y Obélix. No puedo comprender como hacen los primeros para pasar por ahí corriendo a 4 minutos el kms. ¡¡¡Si es para matarse¡¡¡.  En un punto con ramas sueltas una me arranca las gafas de sol y se quedan colgadas. Suerte hubo de no clavarme una punta en un ojo.













Buen ritmo. Fernando empieza a dar señales de cansancio. Empieza a quedarse. Para los problemas que viene arrastrando, gran mérito el suyo. 








Llegamos al Corral de la Olla y subida al Pelón de Ortega (1.330 metros). Este tramo nos marcará a los tres. Richy sufrió calambres, uno de ellos en el gemelo que hasta yo vi. No hizo falta que nos lo dijera se le deformó a ojos vista. Ralentizamos el paso. Yo con muchas ganas de correr tuve el acierto de esperar. Llegamos al avituallamiento del 31. En una pequeña explanada había un helicóptero de anti-incendios, con doble rotor. Me podían haber llevado a meta.




Fernando se sienta sospechosamente. Al poco de salir nos dice que no puede más, que va muy cansado y que le duele todo. Se vuelve para retirarse. Richy le animó a seguir pero era que no. Le dije si estaba seguro. Si, respondió. Así lo hizo pero fue llegar abajo y empezó a sentirse mejor. Tras un rato de descanso, siguió en ruta solo hasta meta. Fernando siempre igual. No supimos que seguía en carrera hasta llegar a la meta. Espero que le sirva para subir la moral para próximas carreras. No hay nada peor que una cadena de abandonos.







Desde La Alberquilla iniciamos la subida al Collado de la Cruz y la Loma Victoria (1.198 metros) ya solos Richy y yo. Subimos a marcheta, sin forzar. Sabíamos que lo más duro estaba pasado pero 12 kms de montaña todavía son muchos para darse por vencedores. Mala bajada. Terreno pedregoso con desnivel peligroso. Sin arriesgar mucho íbamos dando caza a los que nos antecedían. Había que vigilar cada pisada, una mala colocación del pie puede provocarte torceduras, esguinces o caídas. En el mejor de los casos se te doblan los tobillos y te pega un tirón. Las plantas de los pies arden. Y eso que era de día. Esa bajada de noche y con humedad debe ser una sentencia de abandono. Barranco del Aserrador, con ese nombre está todo dicho. 








Desembocamos en el Barranco del Agua, que digo que alguna vez tuvo, tendría o tendrá agua pero en ese momento brillaba por su ausencia. Todo tipo de piedras, desde gravilla a pedruscones. A correr. Lo hice con ganas, sin apretar de más pero tirando de Richy. Durante varios kms de zig-zag avanzamos rápido. Al final de la senda empiezo a notar hambre. No hacía mucho me había comido un pequeño bocado con chorizo pamplonica pero el desgaste era ya tan importante que había que comer ya o ya.






Km 37, avituallamiento y la lían parda. Solo tienen agua. ¿Es que los últimos no pagamos igual que los primeros?. No tenían nada cuando mas falta me hacía. Fijo la vista en el suelo y le digo a Richy de subir el Cerro del Castillito (la última subida) sin apretar. Aún así hubo tramos en los que corrimos.






Muy mareado. Tenía el estómago vacío. Nada que comer. Empiezo a sufrir. A una vuelta le digo a Richy que paro a orinar. No puedo, no me sale nada, pero con la sensación de tener ganas. ¡¡¡Jiuston, tenemos un problema¡¡¡. Bebo agua para aliviar al riñón pero el aviso es claro. Voy al límite. Resultaba curioso por que física y muscularmente me encontraba bien. En pocos kms empiezo a respirar con dificultad. No me esfuerzo en alcanzar a Richy. Me llevaba escasos 300 metros. Otras dos paradas para orinar pero no me sale. ¡¡¡Peligro¡¡¡.






Cuando corono le pido a Richy sales minerales. Quedaban unos 3 kms a meta, al menos servirán de reconstituyente. Si la distancia a meta hubiera sido mayor habría abandonado en ese punto. Una cosa es llegar al límite otra muy distinta pretender superarlo a costa de la salud. Bebí mucha agua y aunque algo de comer había en el último avituallamiento no fui capaz de tragar nada. Según salimos del avituallamiento le digo a Richy que tire para abajo solo. Ni le quiero frenar ni quiero ir a otro ritmo que el que esté dispuesto a afrontar.





Final. Sin mucha dificultad pero con el riesgo de entrar en pájara e irme al suelo en alguna descoordinación. Veo a unos metros a un corredor de verde y lo tomo como referencia. Bajo despacio. No arriesgo. Cuando veo alguna dificultad, freno. Oigo el ruido de meta así que es tontería lanzarse a lo loco. El mareo aumenta. El dolor de riñón machaca. ¡¡¡Estoy salvado¡¡¡ .... veo el arco de meta.




8:16 después de salir, llegué a meta. 4 minutos después de Richy. Fernando, con co...raje, llegó 45 minutos después. Mejoré en 40 minutos mi propia máquina en la prueba. Puesto 120 de los 141 que salieron. Si, ya sé que es mejorable, pero acabé 120 delante de los que no se pusieron un dorsal para intentarlo, esa es mi pequeña victoria. Francisco José Díaz Pozo ganó con 4:37.







En resumen, buena gestión de los recursos con los que contaba. Supe frenarme cuando podía y aguantar donde debía. Amontonando kilómetros para el último reto del año, la UCAM Falco de diciembre, 100 kms de los que no estoy muy convencido, no me gusta correr de noche y en esa hay mucha noche. Además, tiempos de corte demasiado exigentes y no me gusta estresarme. Veremos.




Hasta siempre Vara Trail.










¡¡¡ Roma Victrix ¡¡¡