domingo, 7 de junio de 2020

III Vuelta Macedonia al Mar Menor - 6 Junio 2020






Y un buen día todo lo que parecía normal y habitual, desapareció. Nos obligaron a encerrarnos. El hombre era un lobo para el hombre. Rehuimos el contacto. Nos separábamos lo máximo posible. Cada ser humano, familiar, amigo, compañero o simplemente otras personas, eran un enemigo potencial. Nos atrincheramos en casa. Todo por un virus microscópico que se ha llevado a cientos de miles de personas con la colaboración necesaria de todas las autoridades. Todas. Desde las nacionales a las autonómicas y provinciales. Europeas, americanas y asiáticas. Durante estos meses he comprobado algo que ya suponía. Tenemos unos políticos que no están a la altura. No me cabe duda que ha debido ser un tema complicado de gestionar. Han tenido que tomar decisiones difíciles que a lo peor no valían para el día siguiente. Pero todos, de un lado y de otro, han demostrado cortoplacismo electoral. Cada uno tiró para su lado. Soltaron auténticas aberraciones por su boca, sin complejos ni vergüenza. A esto hay que añadir el exceso de tiempo libre que facilitó la publicidad uasapera de personas que también han demostrado un mucho de ignoracia y un tanto de estupidez. En lugar de aportar, algunos, unos cuantos, quizás demasiados para mi gusto, solo han sabido dar la turra con todo tipo de mensajes críticos, en la mayoría de los casos, sin contrastar ni verificar. Solo por hacer daño. Del mito de las dos Españas hemos llegado a la realidad de las tres Españas. Los fanáticos de derechas, los fanáticos de izquierdas y los millones de personas que estamos hasta las narices de los unos y de los otros. Solo nos hace falta saber si los que somos más podremos arrinconar y callar a tanto tonto.

Durante estos largos meses de pandemia y confinamiento me sentí como un figurante en una película postapocalíptica de Will Smith. Tras el 11-M, no pensé que viviría nada mas impactante. Me equivoqué. Calles desiertas. Las pocas personas con las que me cruzaba parecían supervivientes de una catástrofe nuclear, me huían como si fuera un apestado. Miedo en las miradas. Aplausos en los balcones, rechazo al contacto. En el supermercado, desolador, compraba cualquier cosa que me hubieran dejado. La solidaridad desapareció dentro de los rollos de papel higiénico. Me daba claustrofobia mi casa. Intenté hacer caso a los especialistas. Busqué rutinas. Leí pero hasta los libros me cansaban. Hice cardio vía youtube por encima de mis posibilidades. Cuando esto acabe a la llutuber le mando un sicario. Acabé reventando. Menos mal que estamos en 2020 con todos sus adelantos electrónicos. Si esto hubiera pasado en los ochenta, la desesperación habría acabado con más gente que el virus. Como sabía que esto pasaría y que no podía hacer nada por cambiarlo, no sufrí a crédito.

Semanas de terribles cifras. Poco a poco se fue viendo la luz, desgraciadamente luz que no volverán a ver miles de personas. Un buen día nos dieron permiso para salir a pasear, hacer ejercicio y deporte. Muchos desempolvaron las camisetas de publicidad de Mirinda y se encasquetaron las Adidas Nazareno. Tras la encerrona, lo cogí con más ganas que fuerzas. Las vueltas alrededor de mi garaje no sirvieron más que para mantener la cabeza ocupada. En la primera semana de entrenamientos, agujetas que tenía olvidadas hace años. El segundo paso, volver a la montaña. Perdimos la mejor época en Murcia, la primavera. Las primeras salidas ya anunciaban que el calor estaba al acecho. La naturaleza, a salvo de ese virus llamado hombre durante meses, había ido recuperando salud. Muchos de los caminos y sendas por donde solía entrenar estaban cubiertos de vida. Nuestra huella, casi desaparecida en poco más de dos meses. Somos el peor depredador de nuestro planeta.


Fueron pasando las semanas. Primeros planes macedonios. Primeros entrenamientos con Ricardo y Fernando. Todos fuera de forma. Me dí unas cuantas palizas. Un pasito p´alante y tres pasitos p´atrás. Decidimos buscar fecha para nuestro encuentro anual. La III Vuelta Macedonia al Mar Menor. En esta ocasión, diurna a petición del ala eslovena de la legión macedónica. La fecha escogida, el sábado 6 del mes 6 a las 6 de la mañana. Con luna llena. Y sonaron las trompetas. 






Tras dos ediciones con cinco macedonios, en esta edición se animaron dos SR, Amalio y JJ; nuestro fisio de cabecera en su segunda edición de la Vuelta, Juan; el albano Antonio; y el gran Manolo Rico, un clásico de los bambos murcianos. Otro año más en que Fausto no disfrutó del encuentro anual. ¡¡Estás hecho un bosnio!!. 

4:15, sonó el despertador. Que pereza. "Y si me hago el enfermo?". Las dudas duraron segundos. Como lo tenía todo preparado desde la tarde anterior solo tuve que asearme, hacerme un zumo de pomelo (la fruta, no soy caníbal), recogerlo todo y al coche a por el primo Pepe con el cual no corría desde el trail de Alhama ya hace muchos meses. De camino, recogimos a Manolo. 

Viaje ligero. Sin tráfico, llegamos puntuales a la cita a las 5:45 en el punto de partida, el Molino de Quintín en Lo Pagán donde ya nos estaban esperando el resto de integrantes de la partida. Tras abrazos y parabienes, nos hicimos la foto de alineación. Ocho camisetas macedonias y dos azules, SR, infiltrados, que no quisieron ser macedonios por un día. ¡¡¡Si era gratis¡¡¡. ¡¡Macedonios por un día¡¡.



Puntuales, partimos a las 6 cuando empezaban a insinuarse las primeras luces del alba. Sensaciones contrapuestas. Calles totalmente vacías cuando en los años anteriores estaban abarrotadas. Todo tiene su gracia. El objetivo era único, salimos todos a la vez para llegar todos juntos. Mas o menos. Los ritmos fueron diferentes. Desde el galgo de JJ al diésel de Manolo.


Paseo de la playa Villananitos. Ni una luz de hogar encendida. Muchas bromas, muchas risas, que fueron la constante de las 10:20 horas de la aventura. No se miraba al reloj, no consistía en pensar en la meta, en la marca, si no en disfrutar de la ruta. Y la disfruté. El Mar Menor, como siempre, plácido, como un plato. A lo largo de toda la ruta, especialmente en la zona de enfrente, comprobamos el penoso estado en el que está, con lodos, barros, espumas y demás muestras de mar muerto.



Tras semanas de entrenamiento, el martes 2 salí a correr un rato. Llegando a casa, sentí un pinchazo en el gemelo derecho. El dolor, no muy fuerte, me acompañó un par de días. Como era de esperar, no podía llegar perfecto a la Vuelta. Siempre cargo con alguna aleluya. Después de pocos kms desde la salida, se me reprodujo el dolor que tuve que soportar durante todo el recorrido. Hoy, día después, estoy medio cojo, pero valió la pena. No deja de ser un dolor que se cura con reposo. En un grupo de 10, los ritmos varían por metros, lo que te hace estar a la par de diferentes compañeros de carrera  a lo largo del recorrido salvo de Manolo (y Pepe) que con sus 71 años y más de 150 maratones en las piernas, iba a cola de pelotón. Con cada avituallamiento, nos reagrupábamos.





Carrera peculiar. Hacerla a la luz del día cambia. Se ve hacia donde vas, el horizonte, los perfiles, los paisajes. La ausencia de la sensación de no llegar nunca como en las ediciones nocturnas. A medida que íbamos llegando a puntos destacados del recorrido, me decía a mi mismo: "Ya estamos aquí?".

De forma continua, Lo Pagán y Santiago de la Ribera. Playa El Castillico. Playa de Colón. Playa del Pescador. Cada vez quedan menos casetas sesenteras. El aroma del veraneo de la segunda mitad del siglo XX va dejando paso a la atroz comercialización de casi todo. Se pierde al aroma familiar del veraneo, borrado por un capitalismo glacial que solo piensa en euros y más euros. Sin llegar al km 5 el dolor en el gemelo decidió que se venía conmigo.


Las mismas bromas, pullas y recuerdos de batallitas. Y está muy bien. Una vez al año volvemos a ser un grupo de críos sin fecha de nacimiento. Siempre hay lugar para charlas sobre política desde el respeto mutuo a las ideas del otro. Formamos parte de la tercera España. Hartos de tanto político sin escrúpulos y de tanto tontazo dispuesto a darte el día con una catarata de memes y mentiras para empujar adelante su fanatismo, olvidando que con las mentiras se puede llegar muy lejos pero que no se puede volver atrás.



JJ, comercial de Lexus, fue una de las incorporaciones de esta edición. El único al que no conocía. Con su cara de niño no aparentaba los 46 años que me dijo tener. Una liebre. Podía haber hecho el recorrido en mucho menos tiempo si lo hubiera hecho solo. Desconozco si llegó a desesperarse por tanta parada y por un ritmo muy por debajo del suyo pero el reglamento de la carrera es corto e inflexible. Salimos juntos para llegar juntos.



Km 5, Academia General del Aire en Santiago de la Ribera. Abandonamos la línea de costa para llegar a Los Narejos por la carretera interior. Vimos algunos coches de policía. Pese a ser un grupo de 10, corriendo mas o menos agrupados, ni nos pararon ni nos pidieron explicaciones. Zona de asfalto, con algo de circulación, invadida por la vegetación tras el año mas lluvioso que he conocido en mis 27 años viviendo en Murcia. Quizás la zona mas fea del recorrido. 



Amalio, profesor de matemáticas, con el cual he coincido en unas cuantas carreras. Otro diésel. Es de los que dice que en largas distancias empieza a correr de verdad a partir del km 30. A mí me pasa algo similar. Hasta el km 30 no entro en calor. A partir del 31 voy quemado. Acabó disfrutando la experiencia. Algo preocupado por el recorrido, sobre todo el paso de la Encañizada, con su visera con faldón volador se asemejaba a un sargento de la Guardia Civil.



Km 10, Los Narejos. Paseo, playa y casas de los 70. Como todas las de esta zona, arena oscura, poca gente, mar en calma chicha y chiringuitos cerrados. Sin separación visible, Los Alcázares, Playa de las Palmeras, Playa del Espejo y Playa Manzanares. Mas de lo mismo. La ausencia de gente facilitaba el trote. 15 kms, llegando a la Playa de la Concha y el Puerto Deportivo, ni un bar ni chiringuito abierto para tomar algo. Antes de salir había tomado un gel de sales a base de pan de centeno, chorizo pamplonica y queso untado. Mano de santo. Tanto correr, me hizo parar a balizar. Mano de santo 2, el retorno.



Manolo, sus labores con 71 años, tercer novato. A sus espaldas todas las aventuras del mundo. Decenas de carreras. Nos contó sobre la carretera de la muerte entre Málaga y Almería, otra de sus aventuras. Más de 200 kms que tuvo que abandonar a los 65 kms por unas inoportunas molestias.  




La Desbandá.
(https://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2020/02/02/carretera-muerte-abrazo-huida-vida/1142866.html) rememora la ruta que siguieron, en los tristes años de la guerra civil los que huían de los fuegos de Málaga para caer en las brasas de los bombardeos sufridos por parte de las tropas nazifascitas alemanas e italianas. En memoria a quienes les fueron arrancados sus sueños, cada año se repite su ruta. 



Km 15 al 18, nuevamente por carretera. Tras el puente, torcimos para ir pegados a la playa. Igual que ha pasado en el monte, las repetidas lluvias de este año y la ausencia durante meses del virus humano, han cambiado el paisaje. La ruta, casi borrada, con un mar de vegetación de vuelta a su casa. Lodazales y aguazales. En este punto nos dividimos en dos grupos. Unos prefirieron seguir por la seguridad y comodidad del asfalto. Salva, Ricardo, Pepe y yo nos aventuramos por la orilla que, como era de esperar, nos regaló peste a algas muertas y apestosas, mucho barro, resbalones varios incluso reguerones que cruzar. Los niños que llevamos dentro se lo pasaron pipa.








Pepe, bibliotecario camino de la jubilación. No se le pasa el arroz. Sigue y sigue corriendo. Un día empezó y hasta ahora, pero primo, hay que empezar a cuidarse. A él lo que le gusta es correr, lo de sufrir por la montaña, ya no. Todo lo que no sea acabar con una cerveza es un entrenamiento perdido.








Antonio, bancario, fue el cuarto novato, aunque ya albanomacedonio desde hace meses. Bregado en estas lides. Sin mucho entrenamiento, disfrutó de la ruta y el ritmo además de enseñarnos los múltiples negocios que tiene en la zona. Que callado se lo tenía. En los kms finales de La Manga se descolgó un poco pero mantuvo el ritmo.






Km 21, El Carmolí, al otro lado de las playas del Mar Menor, la zona en peor estado ecológico. Primera parada. Primer avituallamiento cuando en los años anteriores a estas alturas llevábamos dos o tres paradas. Primera chispadelavida. Napolitana de chocolate reciente, aún caliente y de buen tamaño. Cada parada el dolor en el gemelo arreciaba. Tiré de gelocatil para aplacar a la bestia pero solo fue un reparo pasajero. Aproveché para mandar el primer mensaje a mi Pomelo. Todo bien. "Echate crema". Lo había hecho justo antes de salir. "Como vas?", bien. "Disfrútalo". Un auténtico sol en mi vida.  A partir de El Carmolí, nueva edición de Fernando y EstaplayacualEs. Yo tengo la teoría de que se lo inventa y cada año llama a cada playa como le da la gana. 






Juan, nuestro fisio de cabecera. "Juan, me duele el gemelo", le pregunté en el km 20. "Que puedo hacer?". "Reposo¡¡". Tocateeeeee. Es la segunda edición en la que participaba. De hecho, es la segunda vez en que lo veo. Treintañero, otra liebre, pero con problemas ópticos. Las orillas de la Encañizada cada año la ve más alejadas.



Tras salir de El Carmolí tardamos un buen rato en reagruparnos. La luz del día me sirvió para que esta zona que en la ediciones nocturnas se me hiciera eterna, se me pasara muy rápido. Casi demasiado. Desde aquí hasta la entrada de La Manga se van alternando caminos de tierras, que este año eran pistas de agua y barro, con paseos al borde del mar. Manolo nos dio una clase magistral de patinaje sobre barro con caída incluida.







Km 25, Los Urrutias y Los Nietos, con sendos club marítimos gemelos. Ya empezamos a ver gente andando, paseando, corriendo o simplemente al sol. Dos meses encerrados no se olvidan. Este año las salinas de Lo Poyo estaban a reventar de vida...y de barro. Nos cruzamos con varios ciclistas que hundían las ruedas en el fango. Salva se hinchó a hacer fotos.








Salva, vinatero, bodeguero o alcoholero, como se quiera ver. Informático para mas señas.  Nuevo cincuentón del grupo. Su vida ha cambiado en los últimos años de forma diametral. Se le ve feliz con lo que hace y como lo hace. Le gusta mucho hablar de política, lástima su borbonmanía, pero de todo se sale. Muy cariñoso, aunque no tanto, Salva, no hace falta tanto. Que corra el aire.






Al fondo ya se veía claramente Cabo de Palos muy cerca. Segundo avituallamiento. Mas chispadelavida. Me tomé una pastilla de sales minerales. Rellené la botella de agua. Mientras todos los demás optaron por la mochila, de hecho Manolo parecía el Inspector Gadget por la cantidad de cosas que llevaba, yo me arriesgué con el cinturón de hidratación para evitar el calorazo en la espalda. Y no lo eché en falta. Pensé, y acerté, que con un litro de agua, un bocadillo para la ruta y papel probalizamiento sería suficiente.



Fernando se fue inventando nombres. Islas Pequeñas y Mar de Vidrio hasta llegar a la Punta de Las Lomas donde nos hicimos la anual foto con el caballito de mar que a la luz del día luce desvaído, descolorido y todos los des que se os ocurran. Aún así, fieles a la tradición, nos hicimos foto de grupo. Salimos zumbando y Fernando a lo suyo con Playa Profunda y Playa Cielo. 



Cada vez mas separados. A cola de pelotón Manolo, a su marcheta, como Dora la Exploradora, mochilaza, bastones, birra y bocatas. Inasible al desaliento. Por fin, La Manga, a la cual entramos por el km 2, 39 del recorrido. Estaremos de pandemia, pero ¿¿como estaba??, "¡¡¡abarrotá¡¡¡". Coches, playas y calles llenas de gente. Incluso mi compañero Carlitos pasó por allí en su cochazo, me imagino a echar el día con la familia.






Puerto Bello y playa La Gola a la izquierda hasta llegar a la encañizada de Marchamalo, primer canal que atraviesa La Manga de forma perpendicular. La Manga, con más de 20 kms de largo, tiene escasos 200/500 metros de ancho de media. Es un claro ejemplo de como la especulación y el dinero lo puede todo. De cerrar por el este con su barra arenosa el Mar Menor durante millones de años en poco más de 60 años se han parido centenares de edificios y casas por doquier, a mayor gloria de Mr Peseta y de su hijo Mr Euro. Un día debió ser bonito, ahora es una carretera plagada de coches, con casas, edificios y hoteles amontonadosDe todos los bares y chiringuitos abiertos volvimos a pararnos por tercer año consecutivo en el 24 Horas del km 40 de la ruta, el 3 de La Manga, donde nos volvimos a juntar todos. Un buen rato de almuerzo y empezaban los 16 kms hasta la Encañizada.





Fernando, el pescatero del grupo, sudmacedonio, compañero de todas las aventuras, incluso de las que termina, con su filosofía pesimista de lo corta que ve la vida. Nos enterrará a todos. Fue haciendo la goma pero al final hizo meta con todos. Da igual lo que le diga, por donde lo lleve, no se arredra. Todoterreno.




Km 40 a 56. Todo el recorrido de La Manga, hicimos un 2 x 1. Dos corriendo, uno andando. El sol ya pegaba con fuerza. El gemelo me castigaba. Mientras corría, trotaba, era llevadero, pero al terminar el km andando, me costaba ponerme en marcha otra vez. Primeros kms. Plaza Bohemia y el Zoco, la zona con mas turismo. Playa del Tabal. No sabía que era peor si el calor o el gemelo. Urbanización de Las Gaviotas. Eurovosa. Mucho tráfico. A medida que los edificios se van dispersando, mejora el paisaje. Puerto de Tomás Maestre con el puente del Estacio. A lo lejos lo vimos levantado pero, ¡¡canallas¡¡, lo bajaron cuando llegamos para evitar una buena parada. Algo disgregados, Pepe y Manolo se quedaron muy atrás. Tramo final, urbanización Veneziola. Tercera y última parada en una terraza de las Aldeas de Taray. Esperamos durante mucho rato hasta la reagrupación. Nos dio tiempo a beber y reponernos. Cuando tuve que ponerme de nuevo en movimiento, arrastraba la pierna.











Ricardo, Plasticman, el benjamín macedonio. Buen zagal donde los haya. Siempre dispuesto, siempre disponible. La vida le ha puesto trabas pero las afronta y las supera. Fiel compañero de aventuras. Corredor con suerte. Da igual que entrene más o menos, siempre está en forma. O casi. Iba cargado como si la ruta fuera a durar tres día. Otro inspector Gadget.



Km 56, llegaba el momento duatlón. Para pasar de una punta a otra de La Manga hay que atravesar los 300 metros de la Encañizada, con el agua a la cintura. En el punto más profundo, por el pecho. 10 señores mayores, algunos muy mayores, nos despojamos de la ropa, algunos de toda. Yo mas por comodidad que por pudor no me quité el pantalón. Dentro de bolsas de basura todo lo demás. 20 minutos para llegar al otro lado donde una pescadora de caña con un niño pequeño debió alucinar de vernos llegar como si fuéramos una pequeña tropa invasora...de 10 macedonios. Así poco terreno vamos a invadir. Nuevamente vestidos y secos, el último tramo. Cansados la mayoría, algunos eserres con ganas todavía de correr, hicimos los últimos cuatro kms. Error de principiante, no me volví a echar crema tras el tramo marítimo y en cuatro kms me abrasé.





Finito.  La marca no fue ni importante ni significativa. Lo que si lo fue, fue lo que disfruté. No es solo una carrera, si no una ocasión para pasar un buen rato. Comida final. Gazpacho, berenjenas y arroz con leche. La III Vuelta al Mar Menor es historia. Ya esperando la cuarta edición para 2021. Os esperamos.





Legio Invicta Macedónica













martes, 10 de marzo de 2020

XIII El Valle Trail - 2020


Primera gran carrera del año. Tras dos para ir cogiendo forma, la primavera me trae un calendario interesante y apasionante de experiencias traileras. ¡¡Cuantas veces en mitad del monte me arrepiento y me digo a mi mismo que es la última vez¡¡¡. Al pasar de los días, olvido los malos momentos, que los hay y muchos, para tan solo recordar la sensación de triunfo al llegar a meta aunque sea horas después del ganador. Hoy tocaba correr en casa. Y cuando digo en casa, es por que la XIII El Valle Trail se desarrolla por sendas, pistas y caminos que he recorrido en decenas de ocasiones, entrenando, ya fuera solo o acompañado por algún hermano macedonio. Aún teniendo trillado el Valle, la ruta de la carrera me ha descubierto dos tramos que no conocía los cuales añadiré a los entrenamientos.
Casi cuatro meses desde mi última ultramaratón, en la Sierra de Aitana, en la provincia de Alicante. Desde entonces he entrenado mucho. Mas que nunca. Pero en carrera en sufrido mucho por problemas físicos. Espalda. Planta del pie izquierdo. Isquiotibiales. Sartorios. Ya no sé si por exceso de entrenamiento o por falta de fisio o estiramientos, pero ciertas molestias ya son demasiado recurrentes. Me cabrean. He entrenado como nunca para sufrir como siempre. Y el perfil del día no estaba para jugársela.




5:30 de la mañana. Aunque tenía puesto el despertador para las 6:00, mi despertador interno ya me tenía en duermevela desde las 5:00. Cansado de dar vueltas y no queriendo molestar a mi medio pomelo, me levanté a desayunar. Durante toda la semana hice los deberes. Creo. Comí pasta. Arroz. Mas pasta. Así que el desayuno del sábado me costó tragarlo. Metí el pan a la tostadora. Y por dos ocasiones saltaron los plomos. Mal rollo. Unté el pan de nocilla y me lo comí sin calentar con un zumo de pomelo. Y no, no me devoro a mi familia. Estos son pomelos frutales. Son ásperos de sabor pero tienen muchas más propiedades que las naranjas y mucha menos azúcar. Le he cogido el gusto al sabor y gracias de mi cuñado Mariano nunca me faltan para los desayunos.
Tras un par de visitas al Sr Roca cogí el coche para ir a la zona de salida, en el campo de fútbol de La Alberca, a 15 minutos de mi casa. En la entrada de la autovía, me paró la policía para hacerme soplar. Paso por ahí casi cada domingo, me paran muchas veces, pero viendo a un cincuentón en ropa de deporte y mal afeitado deben pensar que el alcohol es la última de mis aficiones. Pues hoy, sábado, no solo me pararon, si no que me hicieron soplar. Tras lo de las tostadas, empezó a rondarme teorías cospiranoicas. Cero. Como bien saben los que me conocen, nunca bebo alcohol. En 52 años ni una copa, ni una cerveza, ni un vino. Nada.
Zona de salida, vi de lejos a mis hermanos macedonios Richy y Fernando, mis inseparables compañeros de carreras en los últimos años. Sin mirar mucho, aparqué el coche. ¡¡Has aparcado en zona de minusválidos¡¡. Ni me había dado cuenta. Di marcha atrás y lo aparqué en la otra acera. Richy, a voz en grito me dijo, ¿¿no miras nunca las señales??. Lo había aparcado en una parada de autobús.
Ya bien aparcado fuimos en busca de algún sitio donde tomar algo. Tras un paseo infructuoso a la entrada de La Alberca, acabamos tomando el café en la gasolinera. Me pedí un té con limón....¡¡¡y no tenían limón¡¡¡...¡¡¡en Murcia¡¡¡. Saltan los plomos, me para la policía, no hay limón en Murcia...¡¡ayayayayay¡¡.
Nos acercamos a la zona de salida. Según nos dijeron, en nuestra distancia marcada como 50 kms, sólo participaban 99 corredores. Y en este tipo de carreras acaban yendo los mismos. Además de estos tres macedonios, nuestro hermano transnacional macedonio-eserre Salva con algún SR como Carlos y Amalio. Gemelas y sus patatas Acho. Los incondicionales e inseparables Juande y Esther. Foto de grupo.

8:00 Salida Urbanización Montevida - La Alberca

Día radiante. Tenía cierta aprehensión por el calor pero salvo en momentos puntuales, no lo sufrí. Mucho viento, molesto, que me resecaba la garganta que sumado a un subidón de la alergia a-lo-que-sea, me dejó noqueado. Pese al entrenamiento, en ningún momento me sentí totalmente cómodo. La espalda no me dio tregua. Es cierto que el recorrido es un sube-y-baja técnico y muy exigente pero el dolor no se mitigó pese al pastillazo de paracetamol. Hacía meses que no tenía problemas con los sartorios, pues desde mitad de la carrera amagos de calambres. La planta del pie izquierdo, a la altura de los dedos anular y corazón, con dolor. Los isquios, de los cuales no había tenido queja en años, se sumaron a la fiesta. Desconozco los porqués, pero con dos ultras en los dos próximos meses, me preocupa.
Salimos atrás, como siempre. Tranquilos. Primeros dos kms y en la primera subida, el mundo al revés, Richy y Fernando se quedan atrás. Y ya no los volví a ver. Me quedé solo desde el principio. Error. Las carreras son para disfrutarlas en grupo. Si no, no valen la pena. Tomo nota.

Area Recreativa "El Valle Perdido"


Tras atravesar la zona del Valle Perdido, empezaba la primera subida que se iba agarrando metro a metro. Cada subida y cada bajada, cogida por separado, son llevaderas, duras pero no tienen una distancia tal de suponer una cuota insalvable. Lo duro de esta carrera es la suma de subidas y bajadas sin descanso. Primera cota, el Cabezo del Puerto.

Depósito de Agua
Primera subida que superé sin contratiempos. A buen ritmo, pero sin cebarme. Adelanté a Carmelo con su inconfundible sombrero. Una ventaja de mi parte, conocía casi todos los tramos. Sabía de su intensidad y sobre todo, su duración. Cuando llegaron las curvas, adapté el paso a la distancia y el nivel. Primera bajada por pista amplia, dejando a la derecha el Depósito de Agua. Pista quebrada por las lluvias, hasta el cruce inferior de la autovía. Casi al pie, una antigua cantera donde yacen los restos de las casetas usadas por los canteros que la explotarían por cuenta ajena. Atravesé el túnel para coger la rambla en una zona de humedal, con algunos charcos hasta llegar al primer avituallamiento.
Km 7 - Avituallamiento

¿Los avituallamientos?. Monótonos. Siempre lo mismo. Plátano, naranja, chocolate, chucherías y frutos secos. Salvo en El Relojero en todos lo mismo. Con el castigo que supone el recorrido, el esfuerzo de la organización en este aspecto fui pírrico. Eché a faltar mas contundencia y variedad. Y esto ya es tónica general en muchas carreras, ahorrarse presupuesto en algo tan vital como la comida para los corredores. Con esta carencia de avituallamiento, ellos hacen caja y nosotros sufrimos de más. ¿Para cuando se volverán a organizar carreras para disfrutar del recorrido y no para que algunos saquen beneficios?. Difícil. El año pasado ya taché la Tomillo Trail de Yecla por su indecente falta de avituallamiento que parece que este año han repetido sin vergüenza. La única forma de acabar con esto es gastarse el dinero en inscripciones con organizaciones que trabajen para los corredores, no para sus contables.
Desde este avituallamiento, subida hacia el Castillo de la Asomada, donde dicen que lleva ocho siglos enterrado el Rey Lobo https://www.descubriendomurcia.com/rey-lobo/.


Subida pindia, segunda de la jornada, que se me agarró a los riñones. Sabiendo que no era muy larga, no apreté mucho. Durante este tramo entre el km 7 y el 28, Amalio y yo jugamos al gato y el ratón. Tan pronto lo llevaba delante como le dejaba detrás. Subí tranquilo sabedor que en unos cientos de metros estaba la Senda del Lagarto que rodea la peña sobre la que se alza el castillo. Buen tramo, un par de kms para estirar las piernas y recortar distancia a la prueba.

Km 11 - Castillo de la Asomada
Dejando de lado la Cueva del Gragon, la carrera subía por la senda directa hacia los restos del castillo, que nunca fue tal, dado que lo que se ve es lo que construyeron. Nunca llegó a ser terminado.

La bajada desde el castillo, en sus primeros 200 metros, es peligrosa. Hay que esta atentos a donde se pone el pie. Aun conociéndolo, un mal paso y acabas en el suelo. No fue el día. Felizmente, ninguna caída. Algún traspiés donde te dejabas medio isquio en el camino, pero no besé la lona. Tras la bajada, un cortafuegos de sube y baja con pendientes muy duras. En las bajadas los cuádriceps aguantaban sin molestias pero en las subidas, la espalda, ¡ay, la espalda¡. Pese al rompepiernas, tramo que no conocía que disfruté mucho hasta llegar al avituallamiento al lado de las Pozas de la Rambla.


Km 13,5 - Avituallamiento Area Recreativa Castillo del Portazgo


Segundo avituallamiento de masdelomismo. No me entretuve mucho, no me quería quedar frío y sabía que la subida que tenía por delante era dura. ¡¡Y vaya que si lo fue¡¡. Habré subido por allí decenas de veces pero nunca deja de sorprenderme. Primer tramo llevadero hasta llegar a la zona donde están los restos de las trincheras de la Guerra Civil. Afino el oído, aún escucho los gritos y silbidos de las tropas republicanas en su postrer defensa de la legalidad, frente a las  sublevadas tropas nacionalistas dirigidas por los traidores militares africanistas. Si, lo sé, pasó hace mucho tiempo pero nos robaron la Historia. Nos retornaron a una España clasista, autocrática, antidemocrática, misógina, injusta y atrasada. Murcia fue la última provincia en caer en manos de las tropas franquistas. 80 años después, los herederos políticos de aquellos rancios militares que se paseaban bajo el palio crepuscular de la iglesia militante, vuelven a para darnox leccionex de democraciax. No pasarán.
Dejé atrás … a las tropas anarquistas, comunistas, socialistas y brigadistas discutiendo por sus pequeñeces ideológicas que facilitaron la autodestrucción de la democracia republicana y demoraron otros cuarenta años la entrada de España en la lista de países desarrollados ... para la subida final hasta la antena, sin olvidarme de saludar a los vigías fantasmas que desde los restos del bunker vigilaban el avance nacionalista. Salud y República, compañeros.
Cuando hice cumbre, me temblaban las piernas. De bajada, pista forestal, el camino del ONO durante un par de kms. No me encontraba cómodo. Es cierto que corría sin problemas. En entrenamiento tenía que servir para algo, pero cuando la cosa no va, no va. Cuando no me tiraba el isquio, eran las lumbares. Tuve que tomar muchas pastillas de sales minerales para, al menos, contener a los enemigos que me querían derrotar.

Km 17,5 - Avituallamiento Venta del Civil
Nuevo avituallamiento. Mas gente que en los anteriores, con su animador particular. Un zagalico de escasos 10 años que retransmitía la jugada con un micrófono y un amplificador. Me senté en una piedra para quitarme piedrecillas y demás hojarasca seca. Cuando me levanté, me dolía todo. Km 17 y ya estoy acartonado. Mal rollo. Bajé los cientos de metros hasta la Venta del Civil, rumiando mi situación. Aproveché para un chelfi.


¡¡Con lo bien que iría con mis hermanos macedonios¡¡, nos reiríamos, vacilaríamos, nos contaríamos las penas. Una y no más. A volver a jugar con los tiempos de corte.
Pasada la Venta del Civil, subida hace Peñas Negras. Dejando a un lado los resto de la antigua casa de la OJE, que si no sabes lo que es la OJE es que no eres tan mayor como yo. Senda de Dorian. Una vez más, Amalio pa´rriba, Amalio pa´bajo. Coroné Peñas Negras, para coger la pista que, tras ver un monolito de azulejos típico del Valle, en varias cuestas consecutivas coronar el Cerillar. Al fondo, El Relojero. Yo pasaba en ese momento por el km 21, me quedaban 20 kms para volver allí. 20 kms que se me hicieron eternos. En los primeros 20 kms, tarde 3 horas, en los siguientes, 4 horas.



Al pie de la cara sur de El Relojero, sendero intermedio hasta coger la senda quebrada hasta Los Puros. Esta zona la pateamos Fernando y yo el domingo anterior. Pero ni punto de comparación. Entonces apreté de lo lindo en la bajada, ligero, confiado. En este momento, con mucha precaución, para evitar un traspiés e irme de morros al suelo. Tal era mi estado de cansancio y falta de confianza.
Km 23 - Avituallamiento Casa de Oración
Que decir, mas y más de lo mismo.
Recuerdo hace tiempo, con mi hermano macedonio Pepe, llegando a la Casa de Oración nos salió una mujer, monja o lo que sea, que nos vino a decir que por ahí no podíamos pasar. A lo que yo respondí, que sin señal de propiedad privada con el registro correspondiente, el monte era de todos. Seguramente para no importunar, la carrera cogía un senda antes de llegar allí. Desde lejos vi como dos corredores no veían la ruta y seguían de largo, uno de ellos Amalio. Uno de los que me antecedían les dio el alto para que volvieran a la senda. Un para de kms de senda estrecha, con mucha curva, pequeños sube y baja. Recuperé algo de tono físico. Entonces, Fernando y yo cogimos la senda que no era y acabamos haciendo senderismo extremos para encontrar la rambla y la subida a la Cresta del Gallo. Seguí por la ruta que sabía que llegaba a la rambla pero tengo esa necesidad cansina de probar rutas nuevas que me acaban encerrando en callejones sin salida.



La rambla al pie de la cara este de la Cresta del Gallo tenía un km, no muy corrible, irregular y pintiparada para dejarte un tobillo en una torcedura. Una vez más, a la par de Amalio. Alcanzamos a una corredora de azul y a un corredor parado con un problema de calambres.  Empezamos la subida hacia la Cresta del Gallo, por otra senda que ya conocía de otras veces, la ultima también el domingo con Fernando. No es muy dura pero si larga. Tengo muchas manías, y cuando corro, no me gusta sentir los bufidos de nadie a mi espalda. Por eso me gusta cerrar el grupo. La corredora de azul, con todos mis respetos, bufaba como si no hubiera un mañana. Me irritaba así que me descolgué en la subida. Adiós a Amalio. Ya no lo volví a ver.

Km 30, Cresta del Gallo



La senda desde la rambla acababa en la pista de los forestales. Bajada muy larga. Sabía que al final había una subida hasta la Cresta del Gallo, pero mucha distancia me parecía. Al igual que en la pista del ONO, corría, pero sin mucha convicción. Dándole vueltas al tema, vi una señal de cambio de senda, de repente para arriba. El corredor que llevaba delante, el del tirón, se lo pasó. Le tuve que pegar varios berridos para que volviera. Muy agradecido, pasó delante de mi.
La subida, muy-muy dura, muy radical, empezó mi gran tortura, los calambres en los sartorios. Nunca llegaron a ser invalidantes pero me hacían parar cada cierto tiempo. Km 31, me quedaban 18 a meta, por delante las subidas de la Rambla del Sordo y de El Relojero. Se me hizo eterna. Al llegar al pie de la Cresta del Gallo, sabedor que atajo que me llevaría al avituallamiento tuve la tentación de acortar. Y la tentación me acompañó hasta el final del recorrido. Podía haber tirado recto por muchos caminos para evitarme el sufrimiento, pero engañaría a todos menos a mí. Y no hay nada peor que vivir en la cárcel del propio yo.
Coroné a malas penas la Cresta del Gallo, bajé por el zig-zag hasta el área recreativa para un nuevo y aburrido avituallamiento. Comí por que sí, harto de solo plátano, naranja y chocolate. De los frutos secos, casi ni los probé, cuando yo llegaba, solo quedaba maíz frito, no estaba para tanto mordisqueo.



Saliendo de la zona de la Cresta del Gallo, sube y baja, paralelo a Las Navetas. Ya me costaba trotar, no digamos correr. A mitad de Las Navetas, atravesamos por la casa para coger la bajada por la senda de los hornos árabes de yeso de Algezares. Hacía mucho que no iba por allí y no recordaba lo complicado del recorrido. Con mas cabeza que piernas, bajé el ritmo, controlando, hasta llegar al Santuario de la Fuensanta, hogar invernal de la Virgen, que la suben y la bajan cada año. Pobretica, venga mudanzas.



Km 36,5 - Avituallamiento santuario de la Fuensanta
No soportando ya el dolor en el pie izquierdo, me paré a quitarme el calcetín, para darme holgura dentro del bambo. Algo mejoró, pero con los calambres, doblar la piernas para desatarme el bambo fue una odisea. Al salir del aparcamiento del santuario, la senda en dirección a Los Teatinos. Tres de la tarde y vi cinco o ser personas, sentados alrededor de una cruz rezando no-se-que letanías. Turbios es decir poco. Mal rollo. Bienvenidos a la nave del misterio.




Rambla del Sordo en dirección sendero del Espíritu Santo hasta el mirador de Las Navetas. Lo mas duro del día. Físicamente destrozado, anímicamente hundido, arrastraba los pies. Los dolores musculares, en aumento. Cada pocos paso tenía que pararme para evitar los pinchazos. Lo único que mantenía es la certeza de saber que era poco más de un km de subida, pero ¡¡que subida¡¡. Si ya de normal se pega, en ese estado, desesperaba. Me dejé adelantar por dos o tres corredores. Ni quería ni podía acompañarlos. Cuando en la distancia vi el mirador de Las Navetas, me sentí revivir. Una vez arriba, otra vez un pequeño demonio sobre el hombro me azuzaba a atajar la subida, pero no, solo quedaban 10 kms. Atravesé el mirador para coger la arista subiendo hacia El Relojero. Entorno a las 3 de la tarde, viento, calor, sudor, garganta reseca e irritada, ¡¡¡alegría, alegría¡¡¡. Pero al fondo las antenas, esto está hecho. Subidón de moral, hundimiento general de medios físicos. Paso a paso, me acerco a la cima.



Km 41,5 - Avituallamiento El Relojero
Punto mas alto de la carrera. Primer avituallamiento con variedad. Unos minibocadillos de pan-piedra con algo parecido al jamón. Ni los probé. ¿Qué me quedaba?. Ocho kms con una pequeña tachuela subiendo. La conocía, sabía cual era la tachuela.



Bajé al trote, en momentos a 5 minutos el km que para el punto de la carrera estaba muy bien. Llegaba a meta seguro. Empecé a disfrutar de verdad. Atrás quedaban las quejas, llorinas, tentaciones y dudas. Pasé junto a la casa forestal del Sequén, para justo a continuación torcer por una senda pedregosa y complicada hasta la rambla del Camino Viejo del Sequén, al pie la tachuela.



La tachuela eran poco más de un km de subida, sin mucho desnivel. No voy a reproducir mi vocabulario de esos 15 minutos. Me vino a la mente otra carrera, también en el Valle. Me caí en el km 18, me hice una pequeña fisura en una costilla, pero seguí el camino. Aquella tachuela fue mi calvario. Richy, a mi lado, me pastoreaba cuesta arriba. En esta ocasión, los dolores son los gajes del oficio. Cuando aboqué a la Senda de las Columnas  estaba chupau. Todavía les dio tiempo a ponernos dos o tres lomas de final de carrera que nunca he entendido la necesidad de torturar a los corredores a falta de pocos kms de meta. En la última loma, Pablo Fotertroter. "Espero que le des caña a la organización", que últimamente empalagas. Cumpliendo.

Pues buen balizado, bonito recorrido, pero avituallamientos muy mejorables, mucho. Y esto es pecado mortal.

Tras la última loma, cuesta abajo hasta llegar a la meta. Estaban entregando los premios así que no me hicieron ni caso al llegar y casi me tuve que poner la medalla yo solo. Cogí el trozo de madera que llamaban medalla y sin parar, literal, corriendo, me fui al coche y de vuelta a casa.




Finito. Sacando las cuentas, lo mejor la marca, 7:50. Si con todos los problemas físicos hice una, para mí, marca tan buena, ¡¡que habría sido sin problemas¡¡. Lo peor, la soledad. Sé que esto me va a costar el vacile durante meses o años de mis hermanos macedonios....¡¡¡pero que necesidad había de ir solo¡¡¡.


Otra carrera para el recuerdo. Próxima parada, 18 de Abril, los 105 kms del Desafío Calar Rio Mundo.


¿Qué falta? ¿Algo se me olvida? No sé, que será. Engaaaa……






domingo, 12 de enero de 2020

Un día



12 de enero de 2020, un día cualquiera. Un día más. Dentro de poco cumpliré 52. Ya no soy un chaval. He visto pasar el tiempo demasiado rápido últimamente. Dicen los expertillos que cuando se es muy joven o muy mayor, la sensación del paso del tiempo es la mitad que la real, el tiempo pasa muy lento. El resto, desde la edad adulta hasta llegar a la vejez, la sensación del paso del tiempo es el doble. El tiempo pasa volao. Desde que cumplí los 40 ha sido una cuesta abajo sin frenos. De navidad, a mi cumpleaños el 18-2, semana santa y ya el calor del verano, que cuando acaba huele a turrón enseguida. Y así están pasando los años, sin casi darme  cuenta.




También dicen que nuestro sistema solar tiene unos 4.5 mil millones de años. Y le quedan otros tantos. Así que unos 70-80 años de vida media de un ser humano es menos que un suspiro. Como especie nos creemos el no va más. Comprimiendo esos 4,5 mil millones de años en un año, los seres humanos aparecimos en los últimos minutos del año. Nada.




Nada somos. Nada soy. Un día todo se parará. La vida seguirá, !como no!, pero ya no lo veré. Espero que dentro de mucho pero a lo mejor, tú que lees esto ahora, nieta o bisnieta mía, ni sepas quien fui, que pensé, que hice en mi vida. Quiero creer que este blog sobrevivirá mucho después de mi marcha. O no. Mientras alguien me lea, se acuerde de mí, no habré muerto del todo. Pero ineludiblemente los años pasan muy rápido. Recuerdo como si fuera hoy a mi abuelo Faustino en su último día de aquel ya lejano 6 de agosto de 1980 y ya han pasado casi 40 años. Susurrando le dijo a aquel niño de 12 años: "Disfruta de cada día como si fuera el último. Y recuerda, cuando llega el final, despídete como los toros bravos, en medio de la plaza".




Como el tiempo pasa muy rápido, quiero dejar escrita mi última voluntad. Ni soy tremendista ni agorero, pero llegará. Y ni yo ni nadie podrá evitarlo. Así que llegada la hora oscura, solo os pido que:




- En caso de enfermedad irreversible, no me mantengáis conectado a máquinas para evitar mi muerte. No quiero que mis últimas horas, días, semanas o meses sean una sucesión de sufrimiento innecesario para mi cuerpo. Ni quiero sufrir sin opción de supervivencia ni quiero tener esclavizado a nadie a mi lado, velando un cuerpo que no se sobrepondrá.

- Tras la hora más oscura, no quiero que mis restos sean expuestos en un tanatorio o donde sean depositados. Prefiero ser recordado por mi familia como fui en vida, no un cuerpo inerte, grisáceo, inanimado y camino de la putrefacción.

- Nunca fui religioso. Muy a mi pesar no creo en la vida más allá de la muerte. Y digo a mi pesar porque durante toda mi edad adulta he sufrido la angustia de tener claro que llegará el día que con la muerte se acabará todo. A la mayoría que piensa igual que yo, parece que les da igual el después. Evidentemente el después no existe pero a mi me causa angustia pensar el que llegará un día en el que no existiré.

- Como no he sido religioso, no quiero que se den misas por mi eterno descanso ni misas anuales. Quiero ser consecuente con mi forma de pensar. No soporto los funerales. No tan solo por la pérdida humana que representan si no también por esa fraseología vacía, abracadabrante e incomprensible que destilan los curas. Ni creo que el tiempo que vivo sea un valle de lágrimas ni creo que tras la muerte me voy a reunir con nadie. Se acaba y ya está.

- Espero morir muy, pero que muy viejo, deseo que se done cualquier órgano que pueda ser de utilidad. A mi ya no me harán falta. Mi cuerpo estará ya muy gastado pero no por ello quiero ser pasto. Deseo que mis restos sean incinerados. 

- Quisiera que mis cenizas sean esparcidas en la orilla de la Primera Playa del Sardinero, en Santander. He viajado mucho, no tanto como quisiera, pero no debo quejarme. Espero haber viajado mucho más antes. Para mi viaje final, quiero volver a mi rincón favorito. Vuelta a casa para siempre.





- En ese momento tan solo quisiera que sonara Viento del Norte. Ningún rezo, ni discursos, nada. 




Marta y Julia. De toda mi vida, vosotras sois de lo que mas orgulloso me siento. Os quiero. La vida tiene sentido solo por veros crecer.  Espero que seáis muy felices, disfrutad de cada día como si no hubiera un mañana. No perdçeis tiempo en ser infelices. Cada día pasado, no vuelve, no os dan opción a repetirlo. Dejad a un lado lo malo y coged con la mano lo que os haga felices. No tengáis prisa, os espero eternamente.

 Inmaculada, te amé, te amo y te amaré siempre, incluso después.

Me veo en la Travesía Tantín, en los años setenta del siglo XX, jugando en la portilla con mi hermano Jose, subiendo a comprar luzmelas en el Obrador de Cipriano y Vicentón, escuchando Felicite con Música en la radio, leyendo aquellos novelucas de Enid Blyton de la serie Misterio con Fatty y los Cinco Pesquisidores y el tiempo pasó. Sombras y Cenizas. Haced que cada día valga la pena ser recordado. 




Disfruta de la vida hoy: el Ayer se fue y el Mañana quizás no exista.