miércoles, 8 de febrero de 2017

IV Maratón Ciudad de Murcia




Hora de Salida: Domingo, 29 de enero, a las 8:45...¡¡15 minutos tarde¡¡.

Distancia: Pues 42, 195 kilómetros, vamos, lo que viene siendo una maratón.

Número de Dorsal: 668.

Precio Inscripción: Fui de gratis, "patrocinado" por mi amigo Ricardo

Total Inscritos: Algo más de 700, esto va de capa caída.

Primer Clasificado: Fernando Villegas Jaén en 2:30
                
Mi Clasificación: Que vale, que tengo que entrenar más en asfalto...¡¡o no¡¡...acabé en 4:09...pero acabé. Mi peor marca de siempre.




Pues sin comerlo ni beberlo y lo que es peor, sin entrenarlo, me encuentro en la línea de salida para la IV Maratón Ciudad de Murcia. Creo que ya voy pasado de rosca por que no es normal que de la noche a la mañana decida ponerme a correr 42 kilómetros sobre asfalto, pero claro, no podía rechazar la oferta de mi hermano macedonio, Richy, al cederme su dorsal.



Siendo mi gran objetivo del primer semestre correr los 112 kms del Ultra Trail Los 10.000 del Soplao en mi tierruca, todos los kilómetros que entrene, suman. Sí, ya sé que parece una "sobrada" hablar de entrenamiento correr una maratón, pero es que no podía ser más. Hace años que no corro en asfalto. He perdido el ritmo de correr tal distancia de continuo y sobre una superficie dura que castiga mucho. Vamos a confiar en el "fondo de armario" que suponen las horas de entrenamiento.


En línea de salida coincido con mi hermano macedonio Pepe, con Jaguar, con Paquito, con Paco Bravo y el escoba del evento, mi hermano macedonio Fausto. Quince minutos de espera antes de salir. Con toda su buena intención, esta carrera va de retirada, con varios cambios de fecha en sus cuatro ediciones y con una merma del 50% en el total de atletas en línea de salida.







Pistoletazo de salida y salgo bien tranquilo. Sé que no estoy para la distancia, que tengo que ir "km a km". Atrás queda mi marca en la misma prueba de 3:37 hace cuatro años. Entonces entrenaba, y mucho, en asfalto. Ahora, nada de nada. El asfalto es duro, castiga mucho las articulaciones y los músculos. En los momentos de agotamiento, tiene que mandar la mente para llevarte hasta línea de meta.


Recorrido que empezamos por la Gran Vía y ya desde el primer momento, me descuelgo a los últimos puestos. Se que es una locura participar en mis condiciones, pero también tengo una cosa que solo dan las horas y kilómetros corriendo por los montes: Paciencia.


Enseguida me pongo a la par de los Zumbaos. Rai, Córcoles y Jesús. Cargando con el globo de las 4:30. Hombre, me digo, a tanto no llegará. Jijiji, poco faltó. Aquí voy "de paseo".




Jesús y yo nos vamos por delante. Tranquilos. Conocedores ambos que lo importante es llegar y, en estos casos, intentar sufrir lo menos posible. Ritmo lento, de ultramaratón, mi ritmo. Ahora me pongo a pensar como he podido hacer 3:27 en esta distancia, a una media de 4:50. No me lo creo.


Durante un buen rato se nos pone a la par Gabi, corredor de 1000 carreras al año, que no dejó por saludar a nadie, hasta los árboles le levantaban la mano.




En los primeros kilómetros nos llevan por la zona de La Fama y La Flota, vacío de gente. Deprimente. Volvemos por donde vamos, en una suerte de recorrido de ida y vuelta. Cruzamos el puente, km 6 y ¡¡qué pocas ganas me quedan de asfalto¡¡. Pero ahí vamos. Nos cruzamos con Antonio de los Reyes, gran tipo, terminó seguro.





Llegando por el km 12 Gabi se descolgó. Casi seguro que siguió saludando a las farolas, a las papeleras...que gran tipo y no sólo de tamaño. Eso sí, hizo meta como un campeón.


Torcemos hacia el Infante Juan Manuel, avenidas largas, para correr, el que tenga ganas, claro. Pepe y Jaguar se hartaron.


Paso elevado y venga a cruzarme gente....¡¡¡pero si es Salva López¡¡¡...otro macedonio en carrera. Este un fiera, una máquina, pero claro, con esa vida tan interesante y apasionante ya podrá. Dopado de testosterona en su segunda juventud.




Las avenidas se me hacen larguísimas. No me gusta nada correr por ellas, viendo como otros vienen y a mi me falta mucho para acabar de ir.


En la vuelta por el paso elevado, Jesús hace un alto. El señor Roca le reclama. Me veo solo y me vengo arriba. Corro los mejores kilómetros de toda la prueba. Bien, sin ir muy ligero, pero sin sufrir. El ritmo fue bajo, pero en ningún momento tuve dolores musculares ni articulares. Buen síntoma....hasta que me acordé que tengo plantas en los piés.


km 14 y mi estomágo me manda el mensaje de parar. Voy mirando a todas partes pero no veo aseos portátiles para los corredores. Error. Así aguanté hasta el km 18, en una bar enfrente del Zig Zag hice mi primera parada de 5 minutos. Ya no podía más.


Mas "relajado", vuelvo a la carrera subiendo por la avenida Juan Carlos I. Ya bajando veo a Jesús. "¿Qué ha pasado?", me dice. "¿Si ibas por delante?". "Si", le respondo, "pero he tenido que parar a "descargar". Ahora te cojo", le digo sin fe.





Giro km 19 y emboco la avenida hasta la Plaza Circular. Por mi, ya está bien, he corrido suficiente. Empiezan a dolerme, y mucho, las plantas de los pies. Tras años sin correr por asfalto, la falta de hábito me pasa factura. El dolor persiste y lo soporto por que voy camino de medio maratón, el tramo mas animado.


Empieza la segunda vuelta. No me gustan las carreras se repiten, por que no tengo nada nuevo que ver, además, el recorrido me parece eterno, como he dicho, está muy bien para los que quieren "correr", pero a mí me agota. Si, sé que es un perogrullada, pero es así.


Km 22 me cruzo otra vez con Pepe y Salva. Ya voy runfando y me quedan otros 20 kms. El dolor de las plantas de los pies me está matando.


La Fama ida y vuelta. Pasando por el puente, avenida y llegando al km 28 decido que basta ya. Ya vale como "entreno". El dolor de las plantas de los piés es insoportable. Me da mucha rabia, por del resto me encuentro perfecto, incluso, con más fuerzas de las esperadas pero es que cada pisada es una tortura. 42 kilómetros de pisadas, supongamos 35.000 como mínimo. Si estoy en el km 28, que menos que me queden otras 12.000. Aaaaadioooosss¡.



Me paro y como no puedo ni andar del dolor, me quito lo bambos y las medias. Me pongo de nuevo los bambos sin medias y echo a andar camino de mi casa. "Pues vaya, si ahora parece que no me duelen tanto", me digo. Tras 10 minutos parado, sin medias, pies desnudos sobre los bambos....¡¡dedico seguir¡¡. El irreductible cántabro que hay en mi se niega  rendirse...




... en el 36 no me haría tanta gracia. De frenopático. De hecho, no es solo que siga, si no que me veo bien físicamente y aprieto.


Camino del paso elevado, voy saludando desde cola del grupo. Feliz. Corro, me duelen algo, pero me veo bien.


Entro de nuevo en la zona del centro, km 36 y el muro me pasa factura. Sin problemas físicos ni musculares, no me quedan ganas de seguir. Aún así sigo gracias a la cabeza que ha decidido que hoy no es día de retirarse.


Km 37, me cruzo con Pepe que va disparado camino de la meta. Bajando por la Gran Vía, desoladora imagen de unos pocos cientos de animadores. Jardines del Salitre, ya descontando metros. Solo sigo por "güevos" no por ganas.


Km 39, enfilo la subida de Juan Carlos I. Veo el bar de la "descarga", ¡¡que bien me vendría una chispadelavida¡¡. Los avituallamientos, no estaban mal, pero algo anodinos.


Km 40, ya camino de la meta y veo a Salva con su Inma subiendo....no contento con correr la maratón por debajo de 3:30 se fue a buscarla para acompañarla a meta....¡¡¡eeeellll amorrrrr, es el huracaaaaán¡¡¡.


Km 41 y ahí está el ultramaratoniano. Me duelen los pies, sin calcetines, sin comida, decido apretar. Ultimo kilómetro en 4:25 fue el puntazo. Adelanto a muchos corredores, a ritmo rápido. Gran Vía, veo el final en la plaza del Cardenal Belluga.


Meta.


Se pudo hacer mejor, se pudo hacer mejor, pero con lo que había, se hizo bien. Falto de ritmo y entreno de la distancia, saqué varias conclusiones. Para competir en esta distancia, hay que entrenar. Para participar, como fue mi caso, al menos, prepararla un poco. Lo mejor, la capacidad de sufrimiento. El excelente estado físico sin dolores. Y ese kilómetro final de velocidad que me da muchos ánimos.


Ahora, a por la próxima, la Infern Trail, en Orba. 43 kms y ya en mi terreno, la montaña.




¡¡Roma Victrix¡¡









sábado, 14 de enero de 2017

Los primeros 25


Lunes, 20 de enero de 1992.


Podría decir que fue un flechazo, un amor a primera vista, pero mentiría, nos mentiríamos ambos. Siempre recordaremos aquel primer día como "ése que gritaba tanto que se lo oía por todo el salón" y "la amarilla renegrida llena de rizos". 25 años ya.


Dos semanas de curso madrileño dieron para mucho. En aquel aula y aquel restaurante de Tres Cantos algo se conectó. No supe identificarlo entonces, pero creamos un microcosmos de complicidad que, con sus altibajos, sigue ahí. Siempre me dice que yo miraba a "la otra", pero lo cierto es que no miraba a ninguna, no como ella pensaba. Era joven, no miraba más allá.


Tras aquellos primeros 15 días, mi vida cambió. Puse Murcia en el mapa. Una desconocida ilusión se abrió camino. Fui dejando atrás a otro yo, otro yo acostumbrado al yo egocéntrico y egoísta que empezó a ver la vida como un nosotros.


Semana santa, viaje a Madrid. Esa "naza con nuetes" que los nervios me hicieron pedir en un restaurante. La risa "floja" en los ascensores. Aquel beso que nunca nos dimos en la estación del tren. No había llegado el momento.


Julio, viaje a Tenerife. Aún recuerdo su cara de susto cuando, a los acordes de la lambada que entonces era la canción del verano, intenté emular a los bailarines latinos sin mucho éxito. Surgió la chispa, la pasión y el amor. El primer beso ... ¡¡del que no se acuerda¡¡ ... ¡¡en mitad de un espectáculo del delfines¡¡.


Otro viaje a Madrid. Agosto, cuatro de la tarde, a la aventura chorreando sudor, sin saber a donde me llevaba, acabando en mitad de la verbena de la Paloma.


Otra "aventura". Granada, 12 de octubre del 92, quinto centenario y llegamos a la ciudad sin ni tan siquiera reservar hotel. Ya nunca más la dejé "llevarme a la aventura". ¡¡No dimos vueltas para encontrar donde dormir, que va¡¡. Granada siempre será mi ciudad fetiche. Volvería una y otra vez para recordar aquellos días.




Diciembre, Alicante. La gabardina bajo el frío. Las vistas desde nuestra habitación del hotel. Comernos y bebernos. Campanas que no sonaban pero repicaban. Sin feisbu, sin güasap, sin istagrán, quería "compartir" con todos aquella dicha tan grande.


No lo medité a fondo, lo reconozco, poco más de un año después solté amarras, dejé atrás la patria y a la familia cántabra a las que llevo siempre presentes en mi corazón para afincarme en Murcia a su lado.


Más de uno me pregunta si alguna vez me he arrepentido. Y de igual forma que no miento cuando digo que no fue un flechazo, afirmo que nunca tuve dudas. Los comienzos no fueron fáciles. Vine a un mundo diametralmente opuesto a lo que estaba acostumbrado empezando por el clima, la abierta forma de ser de la gente, las costumbres incluso la comida pero sobretodo pasar de no vernos nunca a no separarnos jamás. Hubo que "currárnoslo". Pero ni una sola vez se me pasó por la mente volverme.


Tras unos meses de "¡¡organización¡¡", me regaló la mejor lección que nadie me ha dado nunca. La llevo tatuada a fuego en la memoria. "Las cosas se hacen por que se quieren hacer, no para que te las agradezcan". Desde entonces no busco reconocimientos de nadie y mucho menos de ella. Una vez digerido aquel jarro de agua fría vi claro el futuro.


Empecé a disfrutar paseando en nuestro clío rojo observando de refilón sus piernas brillantes que siempre subía en el salpicadero. Su risa, esa risa que contagia felicidad y que te hace sentir especial. Me ensimismaba viéndola cubrirse de crema. Ese olor me sigue rememorando aquellos primeros años. Cada pequeño recuerdo es una instantánea imborrable.


Nunca le pedí formalmente casarnos. Ahora que observo a los jóvenes montar auténticas películas para pedir matrimonio a sus parejas me veo en el aparcamiento del Quitapesares, sentados en nuestro coche:


"Cielo, he pensado una fecha para casarnos" .- le dije


"Yo también".- me respondió.


Ambos habíamos pensado la misma fecha, el 24 de mayo. No nos hicieron falta decenas de personas aplaudiendo mientras les atormentábamos con un vídeo de inacabables fotos. Pocos días he sido más feliz que en aquel oscuro anochecer.


Nos casamos. Este año se cumplen 20 años. Nos fuimos a México. Las primeras tensiones, los primeros desacuerdos. Como dirían allá ... "se nos descompuso la güagüa".


No todo fueron días de vino y rosas. Siempre me han dado reparo esas parejas que dicen que nunca discuten por que me temo que cuando lo hagan se desbordarán rencores acumulados que anegarán su convivencia. Es cierto que nosotros no deberíamos discutir tanto pero, que le vamos a hacer, somos como piedra y pedernal aunque seguimos haciendo saltar la chispa.


Nacieron nuestras hijas, Marta y Julia. Estos sí, sin duda, los días más felices de nuestras vidas. Solo desde la renuncia y la abnegación verdadera que se siente por los hijos puedes comprender lo que es amar sin reservas. Ves la vida con otros ojos. No dejas de cometer torpezas pero, al menos, te das cuenta de que lo son. ¡Si ya pones de tu parte para remediarlas que más se puede pedir¡.


Tras los primeros años de arrebato de la pasión, un tanto de ceguera y buena ración de lujuria te encuentras en el punto de tener que sobrellevar la monotonía del día a día. No es fácil. Por mucho que quieras cada uno es cada uno con sus "cadaunadas". En esos momentos debes confirmar si vives en una película o si eres protagonista de tu realidad.


Bueno, malo, alegrías y tristezas pero siempre queda ese poso de cariño, respeto y deseo de compartirnos que, pese a días mejores y peores, sigo viendo en sus preciosos ojos de miel que un cuarto de siglo después me siguen recordando que aquel día recibí un regalo que nunca sabré agradecer suficiente al Destino.




Poco más de hace un año sufrimos un dolor incurable. Un dolor que nos acompañará por siempre. En cada revés de la vida hay una lección. Hay que disfrutar de cada pequeño momento. Todo tiempo dedicado a ser infeliz es tiempo perdido. Hemos seguido el camino, la desgracia nos unió más.


Viernes, 20 de enero de 2017



Gracias Inmaculada. Debo reconocer en alta voz que tropiezo mucho, que me dejo llevar por mi mal carácter, pero hoy quiero renovar mi compromiso contigo, pidiéndote perdón por cuanto de malo te haya hecho. Prometo enmendarme.


Te admiro, te quiero, te deseo y te amo. Mañana volverá a salir el sol y solo puedo desear cada mañana ver tu cara a mi lado al despertar.












martes, 1 de noviembre de 2016

Un año ya



Hola Madre:


Un año ya de tu ausencia y aún me sigue costando creerlo. Sigo entrando en tu casa con la esperanza de verte cosiendo en la cocina, mirando por encima de tus gafas, liada entre madejas, agujas, ropa y dedales. Me parece oírte trasteando pucheros, cocinando tus inigualables berenjenas con crema. Quisiera escucharte reír con alguna charada de programa de la televisión. Más solo veo ese maldito sofá en el que sobrellevaste tu enfermedad.


Oí todo tipo de condolencias y frases cariñosas que buscaban disfrazar el dolor pero la realidad fue dando paso a la dura certeza de lo irrevocable. Quise creer aquella metáfora de que una nueva estrella brillaba protegiéndonos desde el cielo, pero, es que ¡¡ya hay millones de estrellas, no hacía falta una más¡¡.


Otros decían aquello de "ha dejado de sufrir". Tampoco me sirvió. Sí, literalmente dejaste de sufrir, pero es que lo que no puedo entender es porqué tu, precisamente tú, bondad infinita, fuiste sometida a tan cruel destino.


El primer cumpleaños, la primera navidad, el primer evento familiar, tu primer cumpleaños, el primer verano. Cada uno soportó cada primer momento a su manera. Tu recuerdo volvía una y otra vez, con esa canción que tarareabas, aquella película que tanto te gustaba, aquel helado que comías para enmascarar la leche que nunca pudiste tolerar. Hubo momentos buenos y malos, sonrisas y lágrimas.


Tu marido, tus hijas, tus nietos, tus hermanos iniciamos un viaje sin retorno en busca de algo a que agarrarnos, perdidos en la angustia, intentando encontrar el rumbo de nuevo. Desorientados, simplemente seguimos.


Dicen que con el tiempo todo se cura pero es falso. Este dolor no se va a curar nunca, aprendes a vivir con él, sobrellevarlo, quizás a mitigarlo, pero nunca desaparecerá. La vida es así. Cruel, feroz y brutal pero a la vez maravillosa, divertida y fascinante. Vale la pena vivirla. Los momentos de pena, tristeza y congoja corren paralelos a los instantes de placer, júbilo y felicidad.


Veremos tus fotos, tus imágenes, te recordaremos e intentaremos esbozar una sonrisa para, después, mirar a nuestro alrededor y continuar, por que la vida es un regalo que no debemos malgastar por que no hay segundas oportunidades, cada día pasado y desaprovechado, ya no vuelve.


No te olvidaremos, no podríamos. Tu recuerdo nos acompañará guiando nuestro devenir, iluminando el lado bueno de las cosas, disfrutando tanto de los pequeños como de los grandes momentos. No será fácil, somos humanos, erramos y perdemos las ocasiones de ser felices.


Quisiera creer, pero no puedo. Allá donde estés, para mí dentro de mi corazón, asegurarte que lo intentaremos, porque el tiempo no pasa, somos nosotros los que pasamos.


Te quiero, no te olvido, te recuerdo cada día, vela por todos nosotros.















miércoles, 12 de octubre de 2016

VIII Botamarges 2016





Hora de Salida: Sábado, 8 de octubre, a las 06:00 desde la plaza de Forna (Alicante).

Distancia: 70 kms., con 3.700 de desnivel positivo.

Tiempo máximo: 16 horas.

Número de Dorsal: 136.

Precio Inscripción: 55 €.

Total Inscritos: 304, de los cuales 112 eran de mi categoría.

Primer Clasificado: Daniel Martínez Rufete en 7:58:06.
                
Mi Clasificación: Bueeeenoooo, un poco después. En 13:44:49, el 173 de los 304 que salimos, el 63 de mi categoría.
  
El Perfil, venga, que hay que ser valientes






Aquí estamos, en la línea de salida de mi siguiente aventura, en Forna. ¿Forna?. Si, reconozco que no tenía ni idea donde estaba. Es un coqueto puebluco en la parte norte de la provincia de Alicante cerca de Pego. Tiene un castillo templario que ya era una alquería en época islámica, de un caudillo musulmán al que llamaban Al-Azraq, "el Azul", al parecer, por su intensos ojos azules. 


Botamarges, la carrera, según nos dijeron un adjetivo en valenciano que literal significa "salta márgenes", en castellano algo así como "saltimbanqui". Pues nada, preparados para dar saltos.





En esta ocasión fuimos 3, y medio, los macedonios llamados a la aventura. Tres corrimos y el medio corrió de lo lindo siguiéndonos de avituallamiento en avituallamiento en su coche. Salva corrió. Richy y servidor nos arrastramos hasta meta. Y el gran Fausto nos fue dando algo más que apoyo.


Viajamos la noche anterior y gracias a la gentileza de Esteban, ¡gracias zagal¡, pudimos dormir en su casa para descansar algo antes de la batalla. Una buena cena de pasta junto a los Zumbaos, un rato de charla, muchas risas y pronto a dormir que el despertador sonaría a las 4:00.


Empiezan las tradiciones de rigor. Vaselina en la planta de los pies para evitar ampollas. Tiritas de gran tamaño en los pezones, para evitar las rozaduras. "Réflex" en los muslos. La mochila con todo el material. Creo que ya está todo. Al final, como siempre, uso poca cosa. El agua, el magnesio para recuperar sales y algún anti-inflamatorio para los dolores.


Cogimos los coches camino de línea de salida. A mi lado, Salva. El Etíope. No sé cuantas ultras en 2016, entre ellas Mont Blanc, y de nuevo hizo, ¡como no¡, otro carrerón. Luego me dijo que estaba saturado de tantas ultras, pero claro, alma de cántaro, ¡si te has hecho 6 o 7 en un año¡. Nada, nada, ahora dedícate a la vida "interesante y apasionante", a desconectar, que dentro de nada estarás de vuelta. Richy, en su coche.

Té, un acharla rápida con el Señor Roca y a las 6:00 en punto, pistoletazo de salida, aún de noche.


Cumpliendo otra tradición, Richy y yo salimos los últimos. Así, todo sería ir para arriba en la clasificaciòn. ¡¡¡Que inocentes¡¡.


Desde el primer momento Salva iba a otro ritmo. En el momento que había que correr, nos sacaba de rueda a la mínima. Coincidimos con los Zumbaos en la primera subida. Otra tradición cumplida, hablar de política durante un rato no podía faltar. Nunca nos pondremos de acuerdo, por que hay opiniones para todos los gustos, muchas naranjas y alguna morada.


La subida entre la Sierra de la Gallinera y El Castell era pedregosa pero ancha. Todos muy juntos. Salvo los corredores, los populares íbamos a nuestra marcha que el camino es muy largo. En los tramos en los que se estrechaba, en fila india, todos a una.




Salva siempre delante. La impaciencia por la lentitud le devoraba, no lo podrá negar. Richy sospechosamente callado. Yo, pegando la hebra con todos con los que nos íbamos topando. Es una de las partes mas reconfortantes de estas pruebas, esa fraternidad que se forma entre los adictos a estas aventuras. Pagamos por ellas, no recibimos nada a cambio. Pero esos momentos de charla con corredores desconocidos, contándonos nuestras batallitas cuales abuelos cebolletas, son para el recuerdo.


La bajada camino del primer avituallamiento, Villalonga, estrecha y sin ser muy técnica, hay que ser cuidadoso, máxime cuando un tropezón te puede echar encima del corredor que te antecede y provocar un efecto dominó. ¡¡¡No me caí ni una vez¡¡¡.




Entrando en Villalonga, quizás el pueblo más grande por el que pasamos, ya km 11, Fausto ya está allí para hacernos las primeras fotos e informarnos del siguiente tramo.


Ya era de día. Llega la hora del desayuno ¡voto a bríos, maese compañero, que cumplí¡. Durante todo el recorrido los avituallamientos fueron abundantes, quizás algo repetitivos, pero tenían siempre fruta, frutos secos, dulces, algunos bocadillos, gominolas, membrillo, agua y mucha-mucha chispadelavida. Eché en falta un avituallamiento con una comida contundente como pasta o arroz, pero no tengo queja.


Salimos de Villalonga bien aleccionados por Fausto de como era el segundo tramo. Primero, un llano para correr y después la subida a la Safor.


Por partes, en el llano, muchos kms de camino ancho. Salva poco a poco se iba alejando. ¿Para que frenarlo?. Se fue, llegó dos horas antes a meta. Richy y yo seguimos a nuestra marcheta. Pasamos por los túneles escabados en la roca, alguno de ellos, totalmente a oscuras.





Juanfran nos dió alcance en este tramo. Durante muchos kms fue haciendo "la goma". Decía "no ir fino", pero eso lo dice siempre. Que no tenía la cabeza preparada para este reto, pero claro, tanta saturación de carreras no puede ser buena. Finalmente, otro que echó lo que fuera, pero llegó a meta.


Empieza la Safor. Subida en tres tramos. Uno primero pindio, estrecho, en tierra y piedra, pero corto. El segundo, en carretera, que se te pegaba a las piernas. Y el último, el más largo, nuevamente entre tierra y piedras. Entre medio, dos pequeñas zonas de descanso.


Entre el primero y segundo tramo estaba el avituallamiento del km 21, Casa Tarzán, ¡verídico¡. 3:14 desde la salida. Según nos contaron, antiguamente era un restaurante donde podías comer todo tipo de carne, desde jabalí a gato y quien sabe si a la mona Chita. Allí, el infatigable Fausto. Foto. "Mirad al pajarito"- oí que dijo alguien. Yo, obedecí.




Tras los avisos del "peligro" que nos trasladaron los Zumbaos, cogí la última subida con tanta prevención que no se me hizo ni muy larga ni excesivamente dura. Eso sí, el color pajizo de la cara de Richy era muy mala señal. Me dijo que no se encontraba bien ni mental ni físicamente. Me quedo solo. Me paré en un recodo a esperarle. Tardó en llegar casi 10 minutos. Muy mala pinta. Seguimos juntos pero enseguida se descuelga. No puede. Aunque luego sí pudo. Una pastilla de magnesio, mucha moral, pundonor e importantes dosis de testiculitis le llevó a meta. Ese es el espíritu macedonio.


Total, que en el km 20 me encuentro totalmente solo con otros 50 kms más por delante. No quiero pensar, enciendo el mp3. Cuando la música que oyes y recuerdas tiene más de 30 años, te das cuenta de que ya no eres un chaval. Eso sí, algunos "clásicos" son incombustibles y levantan el ánimo a cualquiera.





La bajada, para olvidar. Mas piedras que en Atenas. Además, tiradas de aquella manera, como en Atenas. Había que ir con 100 ojos para evitar una caída o una torcedura.


Al final de la larguísima bajada, empiezo a notar dolores musculares. Esperaba que fueran pasajeros. Llego al avituallamiento del km 30 en Benisiva en 5:14 desde la salida. Y ¡como no¡, ¿Quién estaba allí?. Fausto que ya había recogido a varios Zumbaos que habían dicho basta.






El que iba a mi lado corrió con chanclas.....¡¡¡ainsss, que dolor¡¡¡.


Juanfran llegó justo detrás con ganas de retirarse pero Fausto lo "echó" al camino y no le quedó mas remedio que seguir corriendo.


Instrucciones de Fausto para el siguiente tramo. Mucho sube y baja pero con menos piedras. Y cuando el camino parecía el mas sencillo, empieza mi doble calvario. Dolores musculares en los sartorios y el calor.


Hasta no hace mucho, sartorio me sonaba a personaje de la antigua Roma, pero varios problemas en estos músculos de la cara interna de los muslos me los han puesto de moda. Notaba calambres que me hacían ralentizar mi marcha hasta, en algunos casos, hacerme parar. Gelocatil y sigo. Al menos el terreno era semillano, propicio para la recuperación.


El físico empieza a dejar paso a lo mental. Ante los dolores, doy vueltas a posibles soluciones. La primera, cambiar la pisada. Evitar pisar de puntera y cargar más de tacón. No hace milagros, pero mejora la situación. Es un apaño a corto plazo, por que si lo mantienes muchos kms, serán los isquios quiénes se resientan, y si me quedo sin isquios, no hay carrera posible.


Cambio la música. Pongo Barricada. Rememoro al "hombre blanco", la rabia me hace seguir. Mi móvil echa humo de los más de 40 guasás que recibo sobre un artículo de prensa sobre mi empresa. No miro ninguno. No es el momento.




Me tranquiliza darme cuenta que si bien es cierto que la situación muscular es preocupante, mi situación mental es inmejorable. Ni una duda, ni un cabreo. Convencido de seguir. Ha sido la mejor carrera a nivel mental de las que he participado.




El sol empieza a apretar. Sobrellevo muy mal el calor. Me cubro la cabeza con un buff para evitar una insolación. Bebo agua cada 5 o 10 minutos. Poco más puedo hacer contra Lorenzo.


Veo una población al fondo. Un pequeño puente y los Zumbaos esperando, me jalean al llegar. Es el km 39, avitullamiento de Benisili. Fausto me da crema solar para no quemarme el cuello y frío para las piernas. Llevo 6:52 horas desde la salida y tengo por delante lo que llaman "el cresteo".




Como mucho, no quiero desfallecer en la subida. El sol aprieta. Me mojo la cabeza, buff, guantes y todo lo que puedo. Fausto me dice que llevo a Jesús a 5 minutos, pero es que no doy a más. De hecho, viendo los pasos intermedios, casi todos los corredores fuimos en los mismos puestos desde casi el principio.


Salgo para la subida. Dura, pero que se me hizo muy dura. Lo era, aunque he "toreado" en plazas peores, pero los sartorios me estaban torturando. Tuve que hacer paradas cada poco tiempo. Una hora y 20 minutos en hacer cumbre y una vez arriba, me senté y puse las piernas en oblicuo para relajarme. Así aproveché para disfrutar de la vista durante 10 minutos.




El recorrido fue espectacular, mezcla de cumbres, paisajes, pequeños pueblos y el mar al fondo. Si a eso añades que estaba muy bien balizado para no perderse, éxito de la Organización.


El cresteo fue muy largo. En otra situación física lo habría disfrutado más, por que aunque había muchas piedras, había zonas donde trotar. Casi una hora después, empecé la bajada que casi fue peor que la subida y el cresteo. Literalmente, no podía ni dar un paso. Paré varias veces. Probé a correr de tacón, de puntera, de lado o haciendo el pino, pero el resultado era el mismo. No podía.


Cuando llegué al asfalto antes de la siguiente población, noté ya la mejoría. Y la cabeza, perfecta. Iba a acabar, ¡y lo sabes¡, pero a ver si puede ser sufriendo algo menos.


Benisiva, km 49, nuevo avituallamiento. Van ya 9:20 desde la salida. Fausto y los Zumbaos felizmente comiendo en una terraza en la cual servía Esteban. Sabiendo que iba muy justo, pregunto a Fausto, a sabiendas que no me va a dulcificar la situación. Un sube y baja y en otros 4 kms, mas avituallamiento.




Tengo claro que sin el apoyo de Fausto, habría llegado a meta, pero con su apoyo no solo llegué, si no que disfruté como un enano, dado que me indicaba exactamente lo que tenía por delante y junto con los Zumbaos, me animaba como si fuera en cabeza, no a horas del ganador.


Sin demora, salgo. Una pequeña subida, me dijeron, pero se me hizo muy pesada y eso que no debían llegar ni a dos kms. Felizmente en el 53 un nuevo avituallamiento en Benirrama. Por supuesto, Fausto y los Zumbaos, y Jesús al que doy alcance.





Me queda la última subida, un par de kms, escalonada en piedra. Me dicen que Richy viene por detrás, a ver si me alcanza y llegamos juntos, pero no pudo ser.



Salimos Jesús y servidor. En las primeras estribaciones me planteo como hacer para llegar a la cumbre. Cambio el paso. Adopto el paso del pato, con los pies muy abiertos. No es muy "atlético", pero si muy efectivo. Descargo por completo los sartorios. Subo ligero, de hecho, Jesús se va quedando. La mejor subida de todas, de hecho.




A lo lejos veo la cumbre y ¡regalo¡ de la Organización. La baliza me manda ya para abajo, no había que hacer cumbre. Bajo rápido. Es el tramo en el que más corrí. Además, aunque era un tramo irregular con piedras, surcos y mucha piedra, corro muy seguro.


Moral por los cielos. Veo al fondo el último avituallamiento en L´Atzubia, en el km 61, a 8 de meta. Ya solo una catástrofe me podría apartar de la meta.




Foto de recuerdo....



...madre mía, que viejo estoy.


Ya no me entra nada de comida. Me bebo el enésimo vaso de chispadelavida, como algo, pero el estómago dice basta. Fausto, cual Pepe Guardiola, me da las últimas indicaciones de las tres subidas que me quedan.


Salgo corriendo y supero consecutivamente las dos subidas, con sus consiguientes bajadas, sudando a mares, pero no ya por el sol, que nos dejó hace rato, si no por la acumulación de esfuerzos. Algunos tramos algo sucios y dejados, pero no importa. Diviso al fondo el castillo de Forna, la meta está ahí. Llevé mucho cuidado en estas últimas bajadas para no tirar por tierra todo el trabajo hecho.


Me junto con un corredor también en las últimas y hacemos varios  kms juntos hablando de .... ¡carreras¡.


Veo el castillo, ya iluminado, aunque todavía no ha anochecido del todo. Justo detrás de mi, un miembro de la organización de vuelta a meta, que no me quiere rebasar y me va dando palique. La senda nos lleva por detrás hasta la puerta del castillo, solo faltó que nos dejaran entrar a verlo. Bajo por la senda hasta la carretera.





Bajada triunfal. Forna a poco más de 800 metros. La meta se huele. Todo son ánimos y aplausos de los animadores. Feliz. Disfruto de la bajada. Veo no muy lejos a otro corredor, pero no hago el esfuerzo de adelantarlo. ¿Para qué? ¿Qué más da un puesto arriba que abajo?.


Cuando entro en el pueblo, están con la ceremonia de entrega de las medallas. Aún así, disfruto de esos pocos metros como si el esfuerzo previo y el sufrimiento pasado no hubieran existido. En el recuerdo, solo queda ese momento, pasajero, de triunfo. Y allí estaban los Zumbaos y Fausto para recibirme.


Meta. Me paro. El cansancio me cae de golpe. Me cuelgan la medalla, puro latón. Al poco veo a Salva, como una rosa, dos horas esperando, ya duchado y con siesta incluida.




Me acerco a las duchas. Me dicen que el agua está fría. No es la primera vez que me ducharía con agua fría, pero aún recuerdo la tiritona que sufrí en la GR10 durante una hora por ducharme con agua fría. Ni me acerco.


Salva, como un padrazo, me trajo la bebida y algo de comer. Algo bebí pero poco comí, no me cabía. Media hora después llegaron tanto Richy como Jesús. Adiós a Botamarges.


Aviso a casa. He terminado. Ahora voy.


Gran organización. Muy bien el recorrido, el apoyo de los voluntarios, los avituallamientos y el balizado. Por poner una pega, lo de la ducha, pero en Forna, por no haber, no hay ni pabellón. Y la ausencia de un punto donde dejar una mochila para posibles cambios de ropa, pero, por lo demás, excelente.


Mi reconocimiento a todos los Zumbaos que no pararon de animarme. Mi alegría por que Salva, Richy y Jesús hicieran meta y, a su manera, disfrutaran de la carrera. También por Juanfran, que pese a las quejas, no se dejó vencer. En el recuerdo los macedonios que no vinieron, Pepe, centrado en sus pruebas de asfalto y muy especialmente, Fernando, meses ya en el dique seco, al que espero llevar delante corriendo mas pronto que tarde.


Macedonia Ultratrail




Y mi enorme gratitud a Fausto, que hizo que el día fuera redondo. Gracias, esta te la debo.


Ahora a descansar. No tengo nada en mente, pero, quien sabe, antes o después aparecerá alguien con una idea.




¡¡  Roma Victrix  ¡¡