martes, 10 de marzo de 2020

XIII El Valle Trail - 2020


Primera gran carrera del año. Tras dos para ir cogiendo forma, la primavera me trae un calendario interesante y apasionante de experiencias traileras. ¡¡Cuantas veces en mitad del monte me arrepiento y me digo a mi mismo que es la última vez¡¡¡. Al pasar de los días, olvido los malos momentos, que los hay y muchos, para tan solo recordar la sensación de triunfo al llegar a meta aunque sea horas después del ganador. Hoy tocaba correr en casa. Y cuando digo en casa, es por que la XIII El Valle Trail se desarrolla por sendas, pistas y caminos que he recorrido en decenas de ocasiones, entrenando, ya fuera solo o acompañado por algún hermano macedonio. Aún teniendo trillado el Valle, la ruta de la carrera me ha descubierto dos tramos que no conocía los cuales añadiré a los entrenamientos.
Casi cuatro meses desde mi última ultramaratón, en la Sierra de Aitana, en la provincia de Alicante. Desde entonces he entrenado mucho. Mas que nunca. Pero en carrera en sufrido mucho por problemas físicos. Espalda. Planta del pie izquierdo. Isquiotibiales. Sartorios. Ya no sé si por exceso de entrenamiento o por falta de fisio o estiramientos, pero ciertas molestias ya son demasiado recurrentes. Me cabrean. He entrenado como nunca para sufrir como siempre. Y el perfil del día no estaba para jugársela.




5:30 de la mañana. Aunque tenía puesto el despertador para las 6:00, mi despertador interno ya me tenía en duermevela desde las 5:00. Cansado de dar vueltas y no queriendo molestar a mi medio pomelo, me levanté a desayunar. Durante toda la semana hice los deberes. Creo. Comí pasta. Arroz. Mas pasta. Así que el desayuno del sábado me costó tragarlo. Metí el pan a la tostadora. Y por dos ocasiones saltaron los plomos. Mal rollo. Unté el pan de nocilla y me lo comí sin calentar con un zumo de pomelo. Y no, no me devoro a mi familia. Estos son pomelos frutales. Son ásperos de sabor pero tienen muchas más propiedades que las naranjas y mucha menos azúcar. Le he cogido el gusto al sabor y gracias de mi cuñado Mariano nunca me faltan para los desayunos.
Tras un par de visitas al Sr Roca cogí el coche para ir a la zona de salida, en el campo de fútbol de La Alberca, a 15 minutos de mi casa. En la entrada de la autovía, me paró la policía para hacerme soplar. Paso por ahí casi cada domingo, me paran muchas veces, pero viendo a un cincuentón en ropa de deporte y mal afeitado deben pensar que el alcohol es la última de mis aficiones. Pues hoy, sábado, no solo me pararon, si no que me hicieron soplar. Tras lo de las tostadas, empezó a rondarme teorías cospiranoicas. Cero. Como bien saben los que me conocen, nunca bebo alcohol. En 52 años ni una copa, ni una cerveza, ni un vino. Nada.
Zona de salida, vi de lejos a mis hermanos macedonios Richy y Fernando, mis inseparables compañeros de carreras en los últimos años. Sin mirar mucho, aparqué el coche. ¡¡Has aparcado en zona de minusválidos¡¡. Ni me había dado cuenta. Di marcha atrás y lo aparqué en la otra acera. Richy, a voz en grito me dijo, ¿¿no miras nunca las señales??. Lo había aparcado en una parada de autobús.
Ya bien aparcado fuimos en busca de algún sitio donde tomar algo. Tras un paseo infructuoso a la entrada de La Alberca, acabamos tomando el café en la gasolinera. Me pedí un té con limón....¡¡¡y no tenían limón¡¡¡...¡¡¡en Murcia¡¡¡. Saltan los plomos, me para la policía, no hay limón en Murcia...¡¡ayayayayay¡¡.
Nos acercamos a la zona de salida. Según nos dijeron, en nuestra distancia marcada como 50 kms, sólo participaban 99 corredores. Y en este tipo de carreras acaban yendo los mismos. Además de estos tres macedonios, nuestro hermano transnacional macedonio-eserre Salva con algún SR como Carlos y Amalio. Gemelas y sus patatas Acho. Los incondicionales e inseparables Juande y Esther. Foto de grupo.

8:00 Salida Urbanización Montevida - La Alberca

Día radiante. Tenía cierta aprehensión por el calor pero salvo en momentos puntuales, no lo sufrí. Mucho viento, molesto, que me resecaba la garganta que sumado a un subidón de la alergia a-lo-que-sea, me dejó noqueado. Pese al entrenamiento, en ningún momento me sentí totalmente cómodo. La espalda no me dio tregua. Es cierto que el recorrido es un sube-y-baja técnico y muy exigente pero el dolor no se mitigó pese al pastillazo de paracetamol. Hacía meses que no tenía problemas con los sartorios, pues desde mitad de la carrera amagos de calambres. La planta del pie izquierdo, a la altura de los dedos anular y corazón, con dolor. Los isquios, de los cuales no había tenido queja en años, se sumaron a la fiesta. Desconozco los porqués, pero con dos ultras en los dos próximos meses, me preocupa.
Salimos atrás, como siempre. Tranquilos. Primeros dos kms y en la primera subida, el mundo al revés, Richy y Fernando se quedan atrás. Y ya no los volví a ver. Me quedé solo desde el principio. Error. Las carreras son para disfrutarlas en grupo. Si no, no valen la pena. Tomo nota.

Area Recreativa "El Valle Perdido"


Tras atravesar la zona del Valle Perdido, empezaba la primera subida que se iba agarrando metro a metro. Cada subida y cada bajada, cogida por separado, son llevaderas, duras pero no tienen una distancia tal de suponer una cuota insalvable. Lo duro de esta carrera es la suma de subidas y bajadas sin descanso. Primera cota, el Cabezo del Puerto.

Depósito de Agua
Primera subida que superé sin contratiempos. A buen ritmo, pero sin cebarme. Adelanté a Carmelo con su inconfundible sombrero. Una ventaja de mi parte, conocía casi todos los tramos. Sabía de su intensidad y sobre todo, su duración. Cuando llegaron las curvas, adapté el paso a la distancia y el nivel. Primera bajada por pista amplia, dejando a la derecha el Depósito de Agua. Pista quebrada por las lluvias, hasta el cruce inferior de la autovía. Casi al pie, una antigua cantera donde yacen los restos de las casetas usadas por los canteros que la explotarían por cuenta ajena. Atravesé el túnel para coger la rambla en una zona de humedal, con algunos charcos hasta llegar al primer avituallamiento.
Km 7 - Avituallamiento

¿Los avituallamientos?. Monótonos. Siempre lo mismo. Plátano, naranja, chocolate, chucherías y frutos secos. Salvo en El Relojero en todos lo mismo. Con el castigo que supone el recorrido, el esfuerzo de la organización en este aspecto fui pírrico. Eché a faltar mas contundencia y variedad. Y esto ya es tónica general en muchas carreras, ahorrarse presupuesto en algo tan vital como la comida para los corredores. Con esta carencia de avituallamiento, ellos hacen caja y nosotros sufrimos de más. ¿Para cuando se volverán a organizar carreras para disfrutar del recorrido y no para que algunos saquen beneficios?. Difícil. El año pasado ya taché la Tomillo Trail de Yecla por su indecente falta de avituallamiento que parece que este año han repetido sin vergüenza. La única forma de acabar con esto es gastarse el dinero en inscripciones con organizaciones que trabajen para los corredores, no para sus contables.
Desde este avituallamiento, subida hacia el Castillo de la Asomada, donde dicen que lleva ocho siglos enterrado el Rey Lobo https://www.descubriendomurcia.com/rey-lobo/.


Subida pindia, segunda de la jornada, que se me agarró a los riñones. Sabiendo que no era muy larga, no apreté mucho. Durante este tramo entre el km 7 y el 28, Amalio y yo jugamos al gato y el ratón. Tan pronto lo llevaba delante como le dejaba detrás. Subí tranquilo sabedor que en unos cientos de metros estaba la Senda del Lagarto que rodea la peña sobre la que se alza el castillo. Buen tramo, un par de kms para estirar las piernas y recortar distancia a la prueba.

Km 11 - Castillo de la Asomada
Dejando de lado la Cueva del Gragon, la carrera subía por la senda directa hacia los restos del castillo, que nunca fue tal, dado que lo que se ve es lo que construyeron. Nunca llegó a ser terminado.

La bajada desde el castillo, en sus primeros 200 metros, es peligrosa. Hay que esta atentos a donde se pone el pie. Aun conociéndolo, un mal paso y acabas en el suelo. No fue el día. Felizmente, ninguna caída. Algún traspiés donde te dejabas medio isquio en el camino, pero no besé la lona. Tras la bajada, un cortafuegos de sube y baja con pendientes muy duras. En las bajadas los cuádriceps aguantaban sin molestias pero en las subidas, la espalda, ¡ay, la espalda¡. Pese al rompepiernas, tramo que no conocía que disfruté mucho hasta llegar al avituallamiento al lado de las Pozas de la Rambla.


Km 13,5 - Avituallamiento Area Recreativa Castillo del Portazgo


Segundo avituallamiento de masdelomismo. No me entretuve mucho, no me quería quedar frío y sabía que la subida que tenía por delante era dura. ¡¡Y vaya que si lo fue¡¡. Habré subido por allí decenas de veces pero nunca deja de sorprenderme. Primer tramo llevadero hasta llegar a la zona donde están los restos de las trincheras de la Guerra Civil. Afino el oído, aún escucho los gritos y silbidos de las tropas republicanas en su postrer defensa de la legalidad, frente a las  sublevadas tropas nacionalistas dirigidas por los traidores militares africanistas. Si, lo sé, pasó hace mucho tiempo pero nos robaron la Historia. Nos retornaron a una España clasista, autocrática, antidemocrática, misógina, injusta y atrasada. Murcia fue la última provincia en caer en manos de las tropas franquistas. 80 años después, los herederos políticos de aquellos rancios militares que se paseaban bajo el palio crepuscular de la iglesia militante, vuelven a para darnox leccionex de democraciax. No pasarán.
Dejé atrás … a las tropas anarquistas, comunistas, socialistas y brigadistas discutiendo por sus pequeñeces ideológicas que facilitaron la autodestrucción de la democracia republicana y demoraron otros cuarenta años la entrada de España en la lista de países desarrollados ... para la subida final hasta la antena, sin olvidarme de saludar a los vigías fantasmas que desde los restos del bunker vigilaban el avance nacionalista. Salud y República, compañeros.
Cuando hice cumbre, me temblaban las piernas. De bajada, pista forestal, el camino del ONO durante un par de kms. No me encontraba cómodo. Es cierto que corría sin problemas. En entrenamiento tenía que servir para algo, pero cuando la cosa no va, no va. Cuando no me tiraba el isquio, eran las lumbares. Tuve que tomar muchas pastillas de sales minerales para, al menos, contener a los enemigos que me querían derrotar.

Km 17,5 - Avituallamiento Venta del Civil
Nuevo avituallamiento. Mas gente que en los anteriores, con su animador particular. Un zagalico de escasos 10 años que retransmitía la jugada con un micrófono y un amplificador. Me senté en una piedra para quitarme piedrecillas y demás hojarasca seca. Cuando me levanté, me dolía todo. Km 17 y ya estoy acartonado. Mal rollo. Bajé los cientos de metros hasta la Venta del Civil, rumiando mi situación. Aproveché para un chelfi.


¡¡Con lo bien que iría con mis hermanos macedonios¡¡, nos reiríamos, vacilaríamos, nos contaríamos las penas. Una y no más. A volver a jugar con los tiempos de corte.
Pasada la Venta del Civil, subida hace Peñas Negras. Dejando a un lado los resto de la antigua casa de la OJE, que si no sabes lo que es la OJE es que no eres tan mayor como yo. Senda de Dorian. Una vez más, Amalio pa´rriba, Amalio pa´bajo. Coroné Peñas Negras, para coger la pista que, tras ver un monolito de azulejos típico del Valle, en varias cuestas consecutivas coronar el Cerillar. Al fondo, El Relojero. Yo pasaba en ese momento por el km 21, me quedaban 20 kms para volver allí. 20 kms que se me hicieron eternos. En los primeros 20 kms, tarde 3 horas, en los siguientes, 4 horas.



Al pie de la cara sur de El Relojero, sendero intermedio hasta coger la senda quebrada hasta Los Puros. Esta zona la pateamos Fernando y yo el domingo anterior. Pero ni punto de comparación. Entonces apreté de lo lindo en la bajada, ligero, confiado. En este momento, con mucha precaución, para evitar un traspiés e irme de morros al suelo. Tal era mi estado de cansancio y falta de confianza.
Km 23 - Avituallamiento Casa de Oración
Que decir, mas y más de lo mismo.
Recuerdo hace tiempo, con mi hermano macedonio Pepe, llegando a la Casa de Oración nos salió una mujer, monja o lo que sea, que nos vino a decir que por ahí no podíamos pasar. A lo que yo respondí, que sin señal de propiedad privada con el registro correspondiente, el monte era de todos. Seguramente para no importunar, la carrera cogía un senda antes de llegar allí. Desde lejos vi como dos corredores no veían la ruta y seguían de largo, uno de ellos Amalio. Uno de los que me antecedían les dio el alto para que volvieran a la senda. Un para de kms de senda estrecha, con mucha curva, pequeños sube y baja. Recuperé algo de tono físico. Entonces, Fernando y yo cogimos la senda que no era y acabamos haciendo senderismo extremos para encontrar la rambla y la subida a la Cresta del Gallo. Seguí por la ruta que sabía que llegaba a la rambla pero tengo esa necesidad cansina de probar rutas nuevas que me acaban encerrando en callejones sin salida.



La rambla al pie de la cara este de la Cresta del Gallo tenía un km, no muy corrible, irregular y pintiparada para dejarte un tobillo en una torcedura. Una vez más, a la par de Amalio. Alcanzamos a una corredora de azul y a un corredor parado con un problema de calambres.  Empezamos la subida hacia la Cresta del Gallo, por otra senda que ya conocía de otras veces, la ultima también el domingo con Fernando. No es muy dura pero si larga. Tengo muchas manías, y cuando corro, no me gusta sentir los bufidos de nadie a mi espalda. Por eso me gusta cerrar el grupo. La corredora de azul, con todos mis respetos, bufaba como si no hubiera un mañana. Me irritaba así que me descolgué en la subida. Adiós a Amalio. Ya no lo volví a ver.

Km 30, Cresta del Gallo



La senda desde la rambla acababa en la pista de los forestales. Bajada muy larga. Sabía que al final había una subida hasta la Cresta del Gallo, pero mucha distancia me parecía. Al igual que en la pista del ONO, corría, pero sin mucha convicción. Dándole vueltas al tema, vi una señal de cambio de senda, de repente para arriba. El corredor que llevaba delante, el del tirón, se lo pasó. Le tuve que pegar varios berridos para que volviera. Muy agradecido, pasó delante de mi.
La subida, muy-muy dura, muy radical, empezó mi gran tortura, los calambres en los sartorios. Nunca llegaron a ser invalidantes pero me hacían parar cada cierto tiempo. Km 31, me quedaban 18 a meta, por delante las subidas de la Rambla del Sordo y de El Relojero. Se me hizo eterna. Al llegar al pie de la Cresta del Gallo, sabedor que atajo que me llevaría al avituallamiento tuve la tentación de acortar. Y la tentación me acompañó hasta el final del recorrido. Podía haber tirado recto por muchos caminos para evitarme el sufrimiento, pero engañaría a todos menos a mí. Y no hay nada peor que vivir en la cárcel del propio yo.
Coroné a malas penas la Cresta del Gallo, bajé por el zig-zag hasta el área recreativa para un nuevo y aburrido avituallamiento. Comí por que sí, harto de solo plátano, naranja y chocolate. De los frutos secos, casi ni los probé, cuando yo llegaba, solo quedaba maíz frito, no estaba para tanto mordisqueo.



Saliendo de la zona de la Cresta del Gallo, sube y baja, paralelo a Las Navetas. Ya me costaba trotar, no digamos correr. A mitad de Las Navetas, atravesamos por la casa para coger la bajada por la senda de los hornos árabes de yeso de Algezares. Hacía mucho que no iba por allí y no recordaba lo complicado del recorrido. Con mas cabeza que piernas, bajé el ritmo, controlando, hasta llegar al Santuario de la Fuensanta, hogar invernal de la Virgen, que la suben y la bajan cada año. Pobretica, venga mudanzas.



Km 36,5 - Avituallamiento santuario de la Fuensanta
No soportando ya el dolor en el pie izquierdo, me paré a quitarme el calcetín, para darme holgura dentro del bambo. Algo mejoró, pero con los calambres, doblar la piernas para desatarme el bambo fue una odisea. Al salir del aparcamiento del santuario, la senda en dirección a Los Teatinos. Tres de la tarde y vi cinco o ser personas, sentados alrededor de una cruz rezando no-se-que letanías. Turbios es decir poco. Mal rollo. Bienvenidos a la nave del misterio.




Rambla del Sordo en dirección sendero del Espíritu Santo hasta el mirador de Las Navetas. Lo mas duro del día. Físicamente destrozado, anímicamente hundido, arrastraba los pies. Los dolores musculares, en aumento. Cada pocos paso tenía que pararme para evitar los pinchazos. Lo único que mantenía es la certeza de saber que era poco más de un km de subida, pero ¡¡que subida¡¡. Si ya de normal se pega, en ese estado, desesperaba. Me dejé adelantar por dos o tres corredores. Ni quería ni podía acompañarlos. Cuando en la distancia vi el mirador de Las Navetas, me sentí revivir. Una vez arriba, otra vez un pequeño demonio sobre el hombro me azuzaba a atajar la subida, pero no, solo quedaban 10 kms. Atravesé el mirador para coger la arista subiendo hacia El Relojero. Entorno a las 3 de la tarde, viento, calor, sudor, garganta reseca e irritada, ¡¡¡alegría, alegría¡¡¡. Pero al fondo las antenas, esto está hecho. Subidón de moral, hundimiento general de medios físicos. Paso a paso, me acerco a la cima.



Km 41,5 - Avituallamiento El Relojero
Punto mas alto de la carrera. Primer avituallamiento con variedad. Unos minibocadillos de pan-piedra con algo parecido al jamón. Ni los probé. ¿Qué me quedaba?. Ocho kms con una pequeña tachuela subiendo. La conocía, sabía cual era la tachuela.



Bajé al trote, en momentos a 5 minutos el km que para el punto de la carrera estaba muy bien. Llegaba a meta seguro. Empecé a disfrutar de verdad. Atrás quedaban las quejas, llorinas, tentaciones y dudas. Pasé junto a la casa forestal del Sequén, para justo a continuación torcer por una senda pedregosa y complicada hasta la rambla del Camino Viejo del Sequén, al pie la tachuela.



La tachuela eran poco más de un km de subida, sin mucho desnivel. No voy a reproducir mi vocabulario de esos 15 minutos. Me vino a la mente otra carrera, también en el Valle. Me caí en el km 18, me hice una pequeña fisura en una costilla, pero seguí el camino. Aquella tachuela fue mi calvario. Richy, a mi lado, me pastoreaba cuesta arriba. En esta ocasión, los dolores son los gajes del oficio. Cuando aboqué a la Senda de las Columnas  estaba chupau. Todavía les dio tiempo a ponernos dos o tres lomas de final de carrera que nunca he entendido la necesidad de torturar a los corredores a falta de pocos kms de meta. En la última loma, Pablo Fotertroter. "Espero que le des caña a la organización", que últimamente empalagas. Cumpliendo.

Pues buen balizado, bonito recorrido, pero avituallamientos muy mejorables, mucho. Y esto es pecado mortal.

Tras la última loma, cuesta abajo hasta llegar a la meta. Estaban entregando los premios así que no me hicieron ni caso al llegar y casi me tuve que poner la medalla yo solo. Cogí el trozo de madera que llamaban medalla y sin parar, literal, corriendo, me fui al coche y de vuelta a casa.




Finito. Sacando las cuentas, lo mejor la marca, 7:50. Si con todos los problemas físicos hice una, para mí, marca tan buena, ¡¡que habría sido sin problemas¡¡. Lo peor, la soledad. Sé que esto me va a costar el vacile durante meses o años de mis hermanos macedonios....¡¡¡pero que necesidad había de ir solo¡¡¡.


Otra carrera para el recuerdo. Próxima parada, 18 de Abril, los 105 kms del Desafío Calar Rio Mundo.


¿Qué falta? ¿Algo se me olvida? No sé, que será. Engaaaa……






domingo, 12 de enero de 2020

Un día



12 de enero de 2020, un día cualquiera. Un día más. Dentro de poco cumpliré 52. Ya no soy un chaval. He visto pasar el tiempo demasiado rápido últimamente. Dicen los expertillos que cuando se es muy joven o muy mayor, la sensación del paso del tiempo es la mitad que la real, el tiempo pasa muy lento. El resto, desde la edad adulta hasta llegar a la vejez, la sensación del paso del tiempo es el doble. El tiempo pasa volao. Desde que cumplí los 40 ha sido una cuesta abajo sin frenos. De navidad, a mi cumpleaños el 18-2, semana santa y ya el calor del verano, que cuando acaba huele a turrón enseguida. Y así están pasando los años, sin casi darme  cuenta.




También dicen que nuestro sistema solar tiene unos 4.5 mil millones de años. Y le quedan otros tantos. Así que unos 70-80 años de vida media de un ser humano es menos que un suspiro. Como especie nos creemos el no va más. Comprimiendo esos 4,5 mil millones de años en un año, los seres humanos aparecimos en los últimos minutos del año. Nada.




Nada somos. Nada soy. Un día todo se parará. La vida seguirá, !como no!, pero ya no lo veré. Espero que dentro de mucho pero a lo mejor, tú que lees esto ahora, nieta o bisnieta mía, ni sepas quien fui, que pensé, que hice en mi vida. Quiero creer que este blog sobrevivirá mucho después de mi marcha. O no. Mientras alguien me lea, se acuerde de mí, no habré muerto del todo. Pero ineludiblemente los años pasan muy rápido. Recuerdo como si fuera hoy a mi abuelo Faustino en su último día de aquel ya lejano 6 de agosto de 1980 y ya han pasado casi 40 años. Susurrando le dijo a aquel niño de 12 años: "Disfruta de cada día como si fuera el último. Y recuerda, cuando llega el final, despídete como los toros bravos, en medio de la plaza".




Como el tiempo pasa muy rápido, quiero dejar escrita mi última voluntad. Ni soy tremendista ni agorero, pero llegará. Y ni yo ni nadie podrá evitarlo. Así que llegada la hora oscura, solo os pido que:




- En caso de enfermedad irreversible, no me mantengáis conectado a máquinas para evitar mi muerte. No quiero que mis últimas horas, días, semanas o meses sean una sucesión de sufrimiento innecesario para mi cuerpo. Ni quiero sufrir sin opción de supervivencia ni quiero tener esclavizado a nadie a mi lado, velando un cuerpo que no se sobrepondrá.

- Tras la hora más oscura, no quiero que mis restos sean expuestos en un tanatorio o donde sean depositados. Prefiero ser recordado por mi familia como fui en vida, no un cuerpo inerte, grisáceo, inanimado y camino de la putrefacción.

- Nunca fui religioso. Muy a mi pesar no creo en la vida más allá de la muerte. Y digo a mi pesar porque durante toda mi edad adulta he sufrido la angustia de tener claro que llegará el día que con la muerte se acabará todo. A la mayoría que piensa igual que yo, parece que les da igual el después. Evidentemente el después no existe pero a mi me causa angustia pensar el que llegará un día en el que no existiré.

- Como no he sido religioso, no quiero que se den misas por mi eterno descanso ni misas anuales. Quiero ser consecuente con mi forma de pensar. No soporto los funerales. No tan solo por la pérdida humana que representan si no también por esa fraseología vacía, abracadabrante e incomprensible que destilan los curas. Ni creo que el tiempo que vivo sea un valle de lágrimas ni creo que tras la muerte me voy a reunir con nadie. Se acaba y ya está.

- Espero morir muy, pero que muy viejo, deseo que se done cualquier órgano que pueda ser de utilidad. A mi ya no me harán falta. Mi cuerpo estará ya muy gastado pero no por ello quiero ser pasto. Deseo que mis restos sean incinerados. 

- Quisiera que mis cenizas sean esparcidas en la orilla de la Primera Playa del Sardinero, en Santander. He viajado mucho, no tanto como quisiera, pero no debo quejarme. Espero haber viajado mucho más antes. Para mi viaje final, quiero volver a mi rincón favorito. Vuelta a casa para siempre.





- En ese momento tan solo quisiera que sonara Viento del Norte. Ningún rezo, ni discursos, nada. 




Marta y Julia. De toda mi vida, vosotras sois de lo que mas orgulloso me siento. Os quiero. La vida tiene sentido solo por veros crecer.  Espero que seáis muy felices, disfrutad de cada día como si no hubiera un mañana. No perdçeis tiempo en ser infelices. Cada día pasado, no vuelve, no os dan opción a repetirlo. Dejad a un lado lo malo y coged con la mano lo que os haga felices. No tengáis prisa, os espero eternamente.

 Inmaculada, te amé, te amo y te amaré siempre, incluso después.

Me veo en la Travesía Tantín, en los años setenta del siglo XX, jugando en la portilla con mi hermano Jose, subiendo a comprar luzmelas en el Obrador de Cipriano y Vicentón, escuchando Felicite con Música en la radio, leyendo aquellos novelucas de Enid Blyton de la serie Misterio con Fatty y los Cinco Pesquisidores y el tiempo pasó. Sombras y Cenizas. Haced que cada día valga la pena ser recordado. 




Disfruta de la vida hoy: el Ayer se fue y el Mañana quizás no exista.


viernes, 27 de diciembre de 2019

Cantabria (IV), Diciembre 2019 💢






 
Como el turrón, vuelvo a casa por Navidad. Es momento de que la familia se vuelva a juntar, nunca se sabe hasta cuando por eso no debemos dejar pasar la ocasión. Esta vez me tocó ir solo. Los exámenes universitarios, justo después de las fiestas, hizo imposible que viajáramos los cuatro. No quise dejar a nadie atrás, cogí el coche y me fui solo. Mis pomelos, se quedaron juntas, en casa.

 
 
20-12
 

 
Tras dejar a Julia en el colegio, puse rumbo hacia Santander. Recuerdo cuando hace 25 años no me costaba nada conducir, es más, hasta me gustaba. Ya es historia. Cuando no me duele la espalda, es la pierna, o el culo, pero se me hace eterno el viaje. La parte buena, como iba solo, coloqué el control de velocidad, escuchando la radio, dos paradas de poco más de 10 minutos y en ocho horas, ya estaba en Santander, cuando normalmente no baja de nueve horas. Fue un viaje tranquilo, sin mucho tráfico, con algo de lluvia y un luminoso arco iris atravesando Buitrago de Lozoya, en la provincia madrileña.
 
Cuatro meses después, pude abrazar y besar a mis padres, que ya están mayores pero a los que tengo, quiero y debo ir a ver cada pocos meses pese al esfuerzo físico que ello me conlleva. Un trozo de riquísima tortilla de patatas con chorizo me estaba esperando. Sin pararme mucho, cogí el abrigo y salí a pasear para estirar las piernas tras las largas horas sentado. Bajo un pertinaz calabobos, recorrí el centro de Santander. Amo mi ciudad pero debo reconocer que la decoración navideña es mejorable. No tardé mucho en volver a casa. Estaba cansado y tenía ruta para el día siguiente.
 
 
 
21-12
 
 
 
 
6:00 sonó el despertador. Sigilosamente me puse la ropa de deporte. Desayuné té con bizcocho de chocolate y guindas, un pastel que lleva haciendo mi madre 50 años o más, al que no me quiero resistir.
 
6:30, en el coche. No recordaba la diferencia horaria solar entre Murcia y Santander. Tarda casi media hora más en amanecer. Me dirigí hacia el Valle del Asón, en concreto a Bustablado, un pequeño pueblo desde el cual se sube al puerto de Los Machucos. En las últimas ediciones de la vuelta ciclista había visto a los ciclistas subirlo y no quería dejar pasar la ocasión de hacerlo en persona. Mientras esperaba a que amaneciera me comí un plátano, aparcado en la plaza del pueblo frente a la iglesia de San Iñigo.
 


Con las primeras luces, empecé a correr, bueno, digamos que a andar deprisa. La subida, en tramos escalonados, es durísima. Tiene rampas al 28%. Parece increíble que por esas cuestas pueda subir alguien pedaleando. Tras un primer km con aire helado, al girar hacia el sur, el viento caliente me rompió a sudar. Ocho kms de subida flanqueado de farallones. Decenas de fotos. En la subida tan solo vi un cuatroruedas que me pasó demasiado pegado, un coche de la guardia civil y vacas, muchas vacas que me observaban con cara sorprendida, como pensando: "que hace este por aquí?".

Bastante bien llegué a la zona del mirador, con el Monumento a la Vaca Pasiega y vistas lejanas de Santander, bajo un soleado amanecer. No es el punto más alto, así que busqué la forma de coronar el pico. Sin camino, opté por la típica senda abierta por animales que como era de esperar estaba repleta de barro y bosta. En la parte mas alta, el viento soplaba peligrosamente fuerte. Para hacer fotos o grabar tuve que sujetar bien el móvil para evitar perderlo y lo más importante, para no caerme o ser arrastrado al vacío. Las sombras en el video, son mis dedos apretando el móvil para no perderlo. 


 
Justo al comienzo de la bajada, me crucé con un hombruco que subía andando con su perro. "Ya de vuelta?", me preguntó con su típico acento de tierra adentro. "Si", le respondí. Estuvimos hablando unos minutos. Justo antes de despedirnos me dice, "tu coche es uno oscuro en Bustablado?". "Si", volví a responder. "Claro", me dijo, "es que no lo conocíamos". Pasiego a más no poder. Con lo pequeño que es Bustablado, supongo que un coche diferente debe llamar la atención.


 
Si la subida es muy dura, la bajada también tiene su miga por el desnivel, tenía que frenarme para no caerme. A medio camino una ruta a la derecha subía hacia Buzulacueva, camino de Arredondo. No teniendo muy claro los kms totales, en el alto paré a echar fotos para retornar por el mismo camino. Cuando me quise dar cuenta, ya había metido todo el bambo en una bosta. Si es cierto que da suerte, me fui preparado para el premio gordo de la lotería.
 
Tras 23 kms, de nuevo en el coche. Me acerqué a Arredondo, mas conocido por sus paisanos como la capital del mundo, cruzado por el río Asón. En este pueblo vivieron muchos indianos, cántabros que emigraron a hacer las américas y que volvieron con mayor o menor fortuna, a disfrutar de sus últimos años en casa. Un indiano de éstos, Antonio Gutiérrez Solana, pagó la construcción en 1860 de la actual iglesia neoclásica del pueblo, con su peculiar campanario sobre un torre exenta circular.
 


 
A poco más de dos kms, Socueva. Senda que por una pista asfaltada que sube hasta la ermita rupestre de San Juan, del siglo X, pero que su primera construcción fue visigoda, del siglo VII. Es muy pequeña, los accesos son difíciles y amenaza ruina. Deberían hacer algo para evitar que este pedazo milenario de historia se venga abajo.
 
 
 
Por la tarde, en la hora de la siesta, descanso, acabando el libro sobre los Gordianos y Maximino el Tracio que ya me acompañó a Bélgica. A las ocho, partido del Racing. Ni el Barça ni el Madrid, el Racing que es de aquí. Mala temporada llevamos, mala pinta tiene el equipo. Mal partido, 1-1, incapaces de ganar a un Oviedo plano. Pero la emoción de volver a cantar la Fuente de Cacho en El Sardinero no tiene precio. 41 años de socio. Tras tantos buenos y malos ratos, no caminarán solos.
 
 

 
22-12

 
 
6:00 otra vez madrugando. Hoy, Santoña y el monte Buciero. El camino hasta allí, casi todo por autovía. Llegué de noche cerrada. Esperé un rato a ver los primeros rayos de sol. Mientras, me repasé la ruta. Santoña está al pie del monte Buciero, al borde del mar. Justo enfrente, en la bahía, Laredo, separados por escasos cientos de metros. A la espalda del pueblo, la playa de Berria y el penal del Dueso. Soy mas santoñero que laredero. Santoña es más marinero, más cántabro. Laredo está invadido por miles de vascos, turistizado salvajemente.
 


 
Con las primera luces, de ruta. Camino muy húmedo, embarrado y, por zonas, resbaladizo. El monte está rodeado de restos de fortalezas de tiempos napoleónicos, en regular estado tirando a mal. Desde el final del paseo, donde está el Fuerte de San Martín, se puede trotar por la continuación del paseo hasta el Fuerte de San Carlos. Justo antes de llegar, hay un cruce a la izquierda, yo subí por el camino de tierra, ayudado de las cuerdas para no resbalar.
 
Senda amplia, pedregosa, en la que un macho cabrío me fue marcando parte de la ruta. Llegando al cruce de Cuatro Caminos, bajé para ver el Faro del Caballo y la Cueva de Peter Pan. La bajada, unos 700 escalones muy verticales, no son aptos para vértigos. Hay de continuo un cableado a la altura de la mano para evitar caídas que no tendrían final feliz. Las vistas son espectaculares. Los acantilados, mezcla de mar y montaña, olas y gaviotas, son dignos de ser visitados y fotografiados. El faro en sí, está muy dejado. La bajada final hasta la cueva Peter Pan, muy mal, pero casi mejor. A más de un aventado se le ha ocurrido tirarse al mar desde allí con claro riesgo de lesión cuando no de muerte. El mar, a escasos metros, te advierte de que no está para juegos.
 
 
 
La subida, agotadora, incluso para alguien físicamente preparado. Una vez arriba, opté por seguir la ruta paralela al mar. Hay otras que cruzan el monte en dirección a las diferentes peñas, ya las haré en otra ocasión. El camino de bajada, verde brillante, marrón naturaleza, azul celeste, una mezcla de marymontaña comparables con pocos lugares. La bajada desemboca en el Faro del Pescador. Día muy soleado, se podía ver el litoral cántabro hasta el infinito y más allá. Camino asfaltado hacia la Punta del Águila, la playa de Berria en cuyas dunas se asienta el cementerio con mejores vistas que conozco. Vas a la playa a darte un baño de sol o de mar, con tus abuelos y bisabuelos descansando en paz a tu lado. Detrás, el penal del Dueso. Debe ser desmoralizante tener un paraíso natural tan cercano y tan lejano. Me dejé llevar por la ruta circular hasta el coche.
 
 
 
 
Como no puede ser de otra manera en Santoña, cumplí con la tradición de comprar anchoas. Empezó a llover. De vuelta a Santander, opté por la carretera de la costa.  Argoños a Galizano. Subiendo, pegado a la playa, está la cueva Cucabrera, con sus bancos de piedra. Hacía mucho viento y el oleaje llegaba a la altura de mis pies. Langre y sus dos playas, la grande y la pequeña. Loredo, plagado de edificios, aún lo recuerdo la última vez que pasé por allí, hace unos 30 años, entonces eran diez casas, ahora es una urbanización también turistizada. Somo, Pedreña y de vuelta a casa.
 
 
 
Por la tarde fui de compras regias magas, pero no hubo suerte. Lo que llevaba apuntado, no lo tenían. Tarde en familia hasta la hora de dormir que tras dos días de ruta, fue pronto.

 
23-12

 
 
Bastante cansado de las rutas por Los Machucos y Monte Buciero, decidí de bajar un poco el pistón. Aún así, me levanté bien pronto. Desayuné con mi hermana Techu y salí a andar por Santander. Desde la Segunda Playa del Sardinero hasta la salida de la ciudad en San Fernando, Cuatro Caminos. Disfruté de mi ciudad. Si, soy muy pesado, pero con cada visita cada vez tengo más claro que de todos los viajes que pueda realizar, no habrá destino más deseado que volver a Santander. Llevo años intentado convencer, sin mucha ansia ni mucho éxito, a mi pomelo de buscar algo para pasar temporadas en Santander cuando nos hagamos mayores. No lo he conseguido, tampoco lo que he intentado con mucho ímpetu, pero con cada viaje tengo mas claro que a Santander quiero volver.
 


Desde la Segunda Playa del Sardinero a los Jardines de Piquío, que están igual que cuando yo tenía 40 años menos y nos hicimos los seis (mis padres y mis tres hermanos) unas fotos que todavía están en lo álbumes de fotos en mi casa. La Primera Playa del Sardinero, mi rincón favorito de la ciudad. En sus orillas me meceré eternamente. La península de la Magdalena, con su minizoo de focas, pingüinos y leones marinos, el palacio en obras y sus arboles. Las playas de Bikinis, los Peligros y la Magdalena, donde recogí conchas, como en cada viaje. Recojo 15-20 conchas y me las traigo. Las meto en botes de cristal adornando mis estanterías. Es una forma de tener presente Santander. La zona marítima, el Paseo Pereda hasta la Catedral. La estación y el pasaje de Sotileza para subir a la Calle Alta. Al fondo, Cuatro Caminos y San Fernando. Vuelta por las calles céntricas, repletas de compradores navideños compulsivos. Tras comer, nuevo paseo. Las piernas ya me pesaban. Por la noche, cena familiar en casa, ese era el objetivo, estar con papá y mamá.
 
 

24-12

 
 
Otra vez a las 6:00 en pie. Hoy, Vega de Pas, los valles pasiegos, las tierras de mis mayores. Mi generación, la de mis hermanos y mía, es la primera de santanderinos. Mis padres, abuelos y bisabuelos pasiegos. Y así, por lo menos, hasta el siglo XVII, mas atrás, suponemos que también, pero no quedan registros escritos. Volví a recorrer mis lares familiares.
 

Aparqué el coche en la plaza de Vega de Pas. Silencio absoluto. Era el día de Nochebuena y nadie parecía tener prisa. Por consejo de mi hermana Marta, cogí una ruta paralela a la carretera. Al principio me costó un poco, dado que la senda, pese a tener las marcas blancas y amarillas de las PR, está algo confusa. Por dos veces me volví a ver en la carretera. Cuando llevaba dos kms, ya cogí la senda y no la dejé hasta llegar al final. Senda estrecha, empapada, embarrada, pero preciosa paralela al río Yera. Cada pocos cientos de metros, parada y fotos. Puentes de piedra recubiertos de brillante musgo verde. Hayedos despeluchados y tristones que corrían con las raíces heladas por las orillas del río. Más silencio absoluto. En cada recodo esperé encontrarme con la Anjanuca, la Ojáncana, el Trenti.
 


 
 
Casi al pie del farallón de las Estacas de Trueba me vino a la cabeza la cacareada cumbre del clima. Los humanos somos una raza condenada a la extinción. Por aquellas tierras pasiegas corrían felices todo tipo de animales hace varios cientos de miles de años, hasta que hace poco más de unas decenas de miles de años (anteayer en términos evolutivos) un mono con ínfulas de sapiens, empezó a atacar a la Naturaleza. Nos estamos cargando tanta belleza, dejamos que políticos y empresarios carcamales den patadas para delante evitando tomar decisiones drásticas que al menos paren el cambio climático, todo ello para que no afecte a sus repletos bolsillos que no podrán llevarse a la tumba. Que especie mas tonta. No nos damos cuenta que la propia Naturaleza se vengará y acabará con nosotros. Dentro de otros varios cientos de miles de años, pasado mañana en el calendario de nuestro planeta, habrá recuperado todo lo que le estamos arrancando por nuestra incapacidad para convivir con nuestro entorno. Nuestro planeta es un conjunto de paraísos cercanos que estamos machacando. Tenemos bien merecido pagar con la extinción nuestra soberbia de creernos dueños de todo. Estúpidos animales sapiens??.
 




 
Al final de la senda, en el último puente, resbalón y me caí lo largo que soy sobre el barro. Felizmente, tanto barro, estaba acolchado. Subiendo la senda, el Túnel de la Engaña, ahora silencioso, oscuro, tétrico, albergando los espíritus de tantos obreros que dejaron allí su vida. Terminada la guerra civil, en 1941, el régimen franquista quiso cumplir con un sueño del siglo XIX, construir un túnel que uniera el puerto de Santander, donde se descargaban las mercancías de los barcos con origen en los puertos europeos atlánticos, con destino al Mediterráneo.
 

 
Construyeron una estación en Yera, hoy abandonada. Un kms hacia la montaña, las casas de los obreros, hoy en esqueleto. Varios túneles pequeños hasta llegar al último y gran túnel, con casi 7 kms de largo, el tercero mas largo de España. Proyectada su construcción para poco más de cuatro años, tardaron 18 años en acabarlo. Unos por el lado burgalés, otros por el lado pasiego. Fueron empleados hasta 700 trabajadores, la mayoría presos republicanos forzados a trabajar. Sin llegar a usarse, se clausuró la obra en 1959 por la presión de los empresarios vascos que veían peligrar su puesto de niña bonita del régimen si el movimiento de mercancías se desplazaba de los puertos vascos hacia Santander. Y luego, vascos y catalanes, los niños mimados del fascismo franquista se quejan de agravios históricos. Muchos de los presos obreros dejaron su vida allí, para nada. Durante un tiempo fue usado por los camioneros para cruzar a la zona burgalesa cuando el puerto del Escudo estaba cerrado. Incluso lo recorrían ciclistas. Hasta que en 1999, la falta de mantenimiento provocó un derrumbe que imposibilita el paso. Ahora, Revilla, dice que lo quiere reabrir. Veremos. Mucho habla.
 

 

 
 
Pasé un buen rato en las viviendas de los obreros. Silencio absoluto. Algún aullido lejano. Aves rapaces a la búsqueda de comida para sus polluelos. El ulular de alguna ave nocturna con insomnio. Algo de aprensión, no digo miedo, pero quizás las almas de aquellos republicanos cuyo único delito fue pensar diferente vagaban, acompañándome. Asentí. Sabían que era uno de ellos. Me acompañaban, no me seguían. Salud y República.
 
De vuelta, cogí la carretera para ver la senda desde arriba. Poco antes de Vega de Pas,  paré a coger agua. Muy fría pero limpia y pura. Ya en el coche, regresé por La Braguía. Cada paellera, parada y foto. Día brillante. Bajada camino de Selaya, corazón del sobao pasiego. También hacía más de 25 años que no iba por ahí. No estaba mentalizado para ver en que se había convertido aquel puebluco al que nos llevaban mis padres a comer sobaos y quesada. Edificios de 4 o 6 alturas. La calle principal plagada de tiendas donde vendían sobaos de todas las marcas. Villacarriedo, ya casi unido a Selaya, donde nos llevaban los curas escolapios de excursión, al colegio amigo, donde destinaban a los alumnos difíciles, era el penal escolar en los 70.
 
 
Sarón, que era un pequeño cruce, se ha multiplicado por diez. Con el encarecimiento de la vivienda en Santander y sus buenas comunicaciones, nudo de carreteras, muchos santanderinos ha emigrado a 20 minutos de la ciudad, a Sarón, para tener una vivienda al alcance de su presupuesto.
 
La tarde de la vigilia de navidad, paseo corto hasta el Faro de Cabo Mayor. Las mismas fotos disparadas decenas de veces en decenas de viajes en los últimos 26 años viviendo en Murcia. Nochebuena tranquila, sin demasiados excesos, con papá y mamá, aunque con la pena de no tener a mis tres pomelos a mi lado. Pero esto es lo que tocaba.
 
  

 
25-12


 
Quinto día a las 6:00 en pie. Otra vez en ruta, hoy al corazón del valle del Asón y del valle de Soba. Misma carretera hacia Arredondo del primer día. Solares, con su agua famosa. La Cavada, con su puerta de Carlos III. Barrio de Arriba, así se llama el siguiente pueblo. El puerto de Alisas, con curvas imposibles. En Arredondo, desviación hacia los Collados del Asón, a oscuras, hasta llegar al Mirador.
 
 
Comí un plátano y con las primeras luces, empecé la ruta. Del libro Rutas por Cantabria II editado por El Diario Montañes, cogí la ruta desde el Collado del Asón al Hondojón. Con los puntos de referencia garabateados en papel para no perderme, empecé a subir, saludando a una potranca que había en un cercado. Día sin nubes. Miré repetidamente al cielo, no quise cometer ese error tan típico de otros ruteros, menospreciar a la naturaleza. En estas alturas es muy fácil que la niebla cubra el terreno y se pierda tanto la senda como el sentido de orientación. Muy peligroso.
 


Ruta espectacular. En momentos así me siento especialmente orgulloso de haber nacido cántabro, tuve esa suerte. Las rutas que hice en estos días eran exigentes, especialmente Los Machucos y Vega de Pas-La Engaña, pero ésta en cuestión no está al alcance de personas no preparadas tanto física como sicológicamente. Hay que tener entrenamiento y saber mantener la cabeza fría para no perderse y no desesperarse cuando no se consigue atinar con la ruta.
 


  
Pista forestal empedrada dejando los Collados del Asón, con sus verticales paredes, a la derecha y el Alto de la Posadía a la izquierda. Tras un pequeño cambio de rasante, una planicie muy fría, Brenavinto, alfombrada de hierba blanquecina por la helada nocturna, surcada por numerosos regatos que tuve que ir sorteando para no chapuzarme. Sube y baja siguiendo las marcas del PR S  66, una casa en mitad de la nada con su propio panel solar.
 




Nueva planicie con un riachuelo serpenteante desde donde se inicia desde el paraje de Brena Román la subida a la Cabaña del Pozo, entre hayedos, senderos asfaltados de hojarasca y los picos de los Castros de Horneo, Colina y Carrió. Desde la Cabaña del Pozo, camino de ida y vuelta al punto mas alto, Los Campanarios, con restos del glaciar que hace miles de años debió cubrir aquellos parajes. Bajada hasta el Hondojón por un senda con medio metro de barro en algunas zonas hasta llegar a un gran circo al pie del Picón del Fraile y las Motas. De vuelta, pista amplia. Vacas, caballos, alguna cabra, esa fue mi compañía. Nací cántabro, tuve esa suerte.
 


 
Cogí el coche y bajé al valle de Soba hasta Gándara, para asomarme en su mirador hacia el nacimiento del río del mismo nombre. Saliendo del pueblo, me adentré en la Soba mas profunda para llegar a Villar, el regalo que me trajo Santa Claus.
 

 

 
Se me hizo algo tarde. Tenía que volver a subir a los Collados del Asón, bajar y fotografiar la catarata. Arredondo. Alisas y sus curvas imposibles. Hasta llegar con el tiempo justo para la comida familiar de Navidad.
 
 
 
Tarde familiar de té, sofá, Mujercitas, aguantando a malas penas los ojos abiertos tras más de 110 kms en las piernas en las cinco rutas matutinas.
 
 
26-12
 
 
Ya sin despertador, a las 6:00 otra vez despierto. Me lavé, vestí, desayuné y sin despertar a nadie, al coche. 845 kms, 8 horas de carretera son muchas para dejarlo para más tarde. Ya en casa, feliz, junto a mis pomelos, siempre presente mi patria Cantabria. Seguiré volviendo para seguir recorriendo cada rincón. ¿Te apuntas?.