lunes, 15 de septiembre de 2014

Ultra Sierra Nevada 13-09-14: ¿Corrible y Llevadero?

Cuando me propuso Richi a mediados de Mayo participar en la Ultra de Sierra Nevada, no supe decir que no, ni me lo planteé. Iremos, claro.



Hice los deberes. Entrené durante el verano en jornadas maratonianas. Pero a veces, solo a veces, algunas veces, bueno, casi siempre, no se debe dejar las cosas que "surjan". Al menos, en una ultra trail, no.

Cometí un error, gran error, y en mi caso, garrafal error. Y digo en mi caso, por que el que sufrió las consecuencias de él, fui yo mismo. No dormí la noche de antes.

Con una distancia de 86 kms por delante, y un desnivel acumulado de casi 10.000 metros, no se puede acercar uno a la línea de salida sobrestimando al rival: la montaña.

"Si tengo que estar en línea de salida a las dos, ¿para que un hotel?".

Intenté dormir un rato, pero, sin una cama decente, el descanso fue imposible.

A veces, solo a veces, algunas veces, bueno, casi siempre, me las doy de superhéroe. Me creo invencible. Me creo mas que humano. Y no, no lo soy. 47 años, en febrero.


Organización, 1 - Nacho, 0.


Dos de la madrugada, Plaza Nueva de Granada. Junto con Fernando, Salva, Richi y Pepe, preparados para salir. Hacía mucho frío. El pasillo que se formaba provocaba una corriente helada que calaba los huesos.




Al final del todo estaba, como siempre, salí el último.

Antes de salir, los efectos del cansancio ya me avisaban. Tras haberme levantado a las 6:30 como todos los días. Trabajado mis 7 horas en la oficina. Otras tres horas de coche, y, otras tantas de paseo y cena por Granada, lo menos que podía sentir en ese momento era cansancio.

Me senté en el suelo, que cosa rara, debido al fresco de la noche, estaba caliente. Si me dejan dos minutos mas, me duermo.

Tres de la madrugada, hora de salida.

Estampa para no olvidar. Granada, al pie de la Alhambra, los palacios nazaríes, el Albaicín. Judios, moros y cristianos, sus ecos nos retrotraen a una historia milenaria.




Pistoletazo de salida.

Según la Organización, la primera mitad del recorrido era "corrible"....bueno, si ellos lo dicen.


Primera etapa. Granada a Cerro del Sol (9,8 kms)



Atravesamos la Alhambra por un lateral, subiendo una cuesta de adoquines que ya nos rompe a sudar. Adiós al cortavientos.

Con el frontal como faro y las piernas del corredor de delante como única referencia, transitamos por una ruta que al pasar los kilómetros se transforma de un camino amplio a una senda angosta y en muchos tramos, de difícil tránsito.

Tan solo divisamos los perfiles de las montañas gracias a la luz de una gran luna, que ya en su decadente fase menguante, nos ubica en la sierra. Siguiendo la hilera de luces titilantes en movimiento de la cadena de participantes, podemos imaginarnos el recorrido, subiendo, subiendo, subiendo.

Tras casi una hora, primer avituallamiento. Esto va mas lento de lo esperado. ¿Corrible?. Si, algo se corrió, pero en muchos tramos, no tan solo por la pendiente sino mas bien, por un terreno quebrado, roto, arañado, con mantener la vertical, era suficiente. Tenías que vigilar cada paso para no irte al suelo.




Melón, sandía, plátano y poco mas. Esta fue la tónica de los avituallamientos. Para un recorrido muy exigente de dureza extrema, muy poca cosa fue. Eché en falta algo mas contundente, como frutos secos, bocadillos, chocolate, gominolas, vamos, hidratos y calorías para el cuerpo. ¡Error¡.


Organización, 1 - Nacho, 1.


Richi, el "chaval"...fue el alma de la prueba. De él surgió la idea. Es todo voluntad. Pese a no llegar entrenado, tuvo la testosterona suficiente para no dejarse amilanar, y con un corazón tan grande, ya tenía la medalla asegurada, aunque la Organización no se lo quisiera reconocer. Gracias por hacer posible esta aventura.


Segunda etapa: Cerro del Sol a Quéntar (12,6 kms)



La carrera se empina. La participación se disgrega. Pero nuestro grupo va bien.

Primeras dificultades de verdad. El camino se reduce a una senda de menos de un metro de ancha, sobre un precipicio...o eso parece.

Mucho polvo. Escuece la garganta. Dosifico mi agua y cada cinco minutos, un pequeño trago.

Mucho sube y baja. Zarzas, cruzamos riachuelos usando troncos de árboles como puentes.

Salva se cae. Primera de la noche. Se lleva un buen golpe, pero lo mas preocupante es un molesto dolor de cadera que dice, no lo deja correr.

Durante todo el trayecto vemos luces de pueblos, mudos, silenciosos, que no sabemos si son nuestra Meca particular, por que ya no hay Veleta o Pradollano en mente, solo el final de cada etapa.

¿Donde está Quéntar?. Se divisa al fondo, pero parece que damos vueltas y vueltas sin llegar. Dos horas y cuarto para la segunda etapa.

Nuevo avituallamiento, y aunque algo mas nutrido, sigue siendo demasiado pobre.

Eso sí, una fuente de agua, de esas de toda la vida, con un agua, que sabía a agua de verdad. Fría y limpia.

Me lavo la cara, me mojo la cabeza, y me bebo, sin exagerar un par de litros.

Vamos 22 kms.


Tercera etapa. Quéntar a Fuente de la Teja (9,3 km)


Salimos despacio. Salva probando su cadera. Le duele. Le doy un ibuprofeno para el dolor, pero le asaltan dudas de poder seguir. Que coraje, al final, llegó a Pradollano, y seguro que si no le freno, habría acabado.

 Al salir de Quéntar, musica de fondo durante horas. Está claro que a las personas les gusta la fiesta en cualquier punto de la geografía. No es necesario ser presuntuoso pensando que la diversión está solo en Madrid, Marbella o Cádiz. En Quéntar había fiesta para todos.

¿Corrible hemos dicho?. Empezamos a subir, y no lo dejamos de hacer durante casi dos horas. Pendiente dura, durísima, rematado con un cortafuegos a mas del 30% que te obligaba a usar las manos.

Amanece y tenemos casi coronado el Alto de los Jarales. No quise mirar para abajo, dado mi vértigo, seguro que no lo habría aguantado.

En la bajada, ya tengo los tobillos de plastilina. Tropiezo en varias ocasiones, caída incluida, pero mas por evitar las zarzas que por torpeza....por una vez.

Llegamos al avituallamiento. Ya llevamos 31 kms, primer mensaje a Pomelandia. Tras casi 7 horas, solo en el 31, mi medio pomelo preocupada, pero, claro, no había visto el recorrido "corrible".


Organización, 1 - Nacho, 2


Salva, el "analista"...no se altera, sopesa los pros y los contras. No dice una palabra mas alta que la otra, salvo cuando lo sacan de quicio....¡¡¡ese chófer¡¡. Equilibra al grupo. Es el compañero que siempre se necesita a tu lado. Creo, no, estoy seguro que estuvo muy tentado de llegar hasta el final...si Fernando hubiera llegado antes....ésta, te la debo. Gracias, Salva.



Cuarta Etapa: Fuente de la Teja a Güejar-Sierra (11,5 kms)


Iniciamos la última etapa antes de llegar a mitad de prueba. Nos cuentan que el terreno es mas suave, de subida al Alto del Calar.

Y en principio, así era. Camino amplio, con mucha vuelta y revuelta....vamos, "llevadero" dije....y todavía se están riendo mis socios de aventura.

Tras un par de kilómetros "llevaderos", se acabó lo bueno, y durante casi 5 kms no dejamos de subir y subir y subir hasta coronar el Calar. ¡Que no acaba nuncaaaaa¡.

No era una pendiente muy larga, pero se hizo eterna, una hora de subir y subir y subir....si, esto ya lo he dicho antes.



Eso sí, a plena luz del día, las vistas eran impresionantes. Entonces no lo valoré, pero los paisajes, los caminos y veredas, cada lugar recorrido, es algo que no se te olvida, te queda en el recuerdo.




Pasamos el control a mitad de la bajada del Calar. Aunque no sé para qué, por que, aunque "fiché" en todos los controles, mi ficha de meta está incompleta.


Organización, 1 - Nacho, 3.


Atrás se quedan Salva, Richi y Fernando. Richi está mal, se queda en la bajada. Al final de esta etapa, acabó su participación. No, me niego a llamarle abandono. Sencillamente, esa fue su carrera. Al ponerse en la línea de salida, ya había ganado.

Bajada rápida hacia Güejar Sierra, técnica, pero que a la luz del día era "llevadera". Entrando en el pueblo, cogemos un camino de tierra donde....¡caramba¡....¡¡¡Pablo Tudela haciendo fotos¡¡¡....fotertroter, o como sea. Gracias por el reportaje, chaval.




Tras una bajada sobre una carretera de cemento, matadora, entramos en el pabellón. Buenos, pues tras 8 horas, ya estamos a la mitad del recorrido. Maratón.

Se me acumulan los güasás. Respondo los que puedo.

Segundo error de la jornada. Alargué de mas esta parada. 45 minutos de reloj.

Si, nos reagrupamos, hablé con la gente, la Organización, pero mi cuerpo empezaba a pedir una cama, y la parada tan larga...¡¡¡¡error¡¡¡.


Organización, 2 - Nacho, 3


Eso sí, esperaba un avituallamiento con comida de verdad. Y además del consabido melón-sandía-plátano....alguna galleta, un poco de tomate, unos trozos de pan y lonchas de jamón de York de marca nisu....ni su padre la conoce.


Organización, 2 - Nacho, 4


Salimos a las 11:45....y yo tenía hambre.

Nuevo error, y van....tenía arándanos, almendras y orejones en la mochila y por pura vagancia, no comí ninguno.


Organización, 3 - Nacho, 4



Quinta Etapa: Güejar Sierra a Hotel del Duque (9,4 kms)


La mas bonita de todas. Cogimos la vereda del río, por donde antiguamente iba el tranvía de Sierra Nevada.

El río a un lado, túneles, puentes colgantes, agua, arboles, desfiladero. Lo dicho, lo mas bonito de recorrido. Tanto, que ensimismado como iba me salté una de las balizas e hicimos unos cientos de metros fuera de recorrido, ida y vuelta.




Cuando nos tocó subir, fue de verdad. Terreno innecesario no ya por duro, sino por su estado.

Plagado de zarzas, nos destrozamos las piernas. Sendero roto, muy peligroso, mojado y embarrado. Creo que no es necesario darle pistas al mal fario para buscarle la ruina a algún corredor. Se podía evitar estos tramos, pero, como me dijo uno de la Organización, esto es lo que había desde el principio.


Organización, 4 - Nacho, 4


Salva, con buen criterio, hizo esta segunda parte con bastones. Tomo nota para próximas pruebas.

A veces, algunas veces, muchas veces, bueno, casi siempre, cuando me veo en esta tesitura, me cabreo con el mundo. Me cabreo con la Organización por endurecer innecesariamente un recorrido ya duro de por sí. Me cabreo con la montaña, por ser tan dura. Y me cabreo conmigo mismo por dejarme convencer.

Pero esta vez, y este es mi gran premio, venció la mente sobre el corazón.

No fuí obligado. Sabía por el desnivel que iba a ser extremadamente dura. Así que me tocaba aguantar.

Avituallamiento del Hotel del Duque, mas de lo mismo, salvo otra fuente de fría y milagrosa agua de la sierra.


Fernando, el "volkswagen"...nunca tendrá un podium, ni saldrá en la foto de la élite, ni será nominado a premio al mejor corredor, pero es del todo fiable. Con sus altibajos, sabe aguantar lo que le echen, fiable como coche alemán, fue el único que se atrevió a cumplir, y cumplió. Fernando, gracias por dejarme acompañarte, tu eres nuestro campeón.



Sexta Etapa: Hotel del Duque a Dornajo (5,4 kms)


De largo, la etapa mas dura del recorrido. Casi todo en subida, con desniveles medios, seguro, superior al 30% a 35%, tardamos hora y media en hacerla.

No había senda, ni camino, ni vereda. Tan solo seguir las balizas por un montón de piedras deslizantes, raíces peligrosas, troncos y árboles partidos.



Si, sabía a lo que iba, pero, en el momento, me acordé de la madre de la Organización....como siempre, a día pasado, me da nostalgia recordar esos momentos. Si, es un sentimiento ambivalente. Odio sufrir tanto, odio que me machaquen tanto, que me pongan tanta traba en el camino, pero a todo pasado, sé que disfruté de cada momento. ¿Masoquismo?....espero que no, ya sufro demasiado con mi Rácing.

A partir de este momento, mirando el reloj, tengo claro que no voy a llegar a la meta del 86 con luz de día. Y la idea empieza a tomar cuerpo. No voy a llegar hasta el final.

Para colmo, en el avituallamiento de la etapa mas dura, tan solo agua.


Organización, 4 - Nacho, 5



Séptima etapa: Dornajo a Cruce A-395 (9,1 kms)


Terremo engañoso. Nos dicen en el avituallamiento que el terreno mejora.

Y si, lo hace. Camino ancho.

Fernando no se encuentra bien. Dice que necesita dormir, aunque sea media hora. Se nos queda, se nos queda.....al final, encontrará a otro corredor con quien, tras beberse un cola, subidón de azúcar, concluirá tras mas de 20 horas de esfuerzo.

Trotecillo de bajada...y la idea de coronar en Pradollano se asienta en mi mente.

Tras varios kilómetros, empezamos por un terreno que si no muy duro, machaca por el sube y baja, agachándome muchas veces para no clavarme unas zarzas.

Salva me va cantando cada kilómetro, pero aunque mis piernas aguantan, mi mente manda un mensaje claro. Basta. Todo tiene un límite, y no es necesario pasar la línea.

Etapa dura, pero mas que física, mentalmente.

Al llegar al avituallamiento, km 67, nos dicen que quedan cuatro kilómetros para la meta de la USN65, medalla y camiseta.

Me enzarzo en una discusión con la Organización, mas fruto del agotamiento que de otra cosa. Es cierto que era excesivo el castigo físico, pero, lo dicho nadie me obliga.


Organización, 5 - Nacho, 5


Pepe, el "abuelo", a su 58 años, me descubro ante él. Discreto como pocos. Nunca una mala cara, ni una mala palabra. Si le hubiera dicho de seguir, lo habría hecho, aunque ya me dijo en la etapa anterior que no podía más. De leyenda lo que hace con la edad que ya acumula. Gracias por estar al lado.


Octava etapa: Cruce A-395 a Pradollano (3,6 kms)


Comienza con una subida "criminal". Me arrastro, sigo ciego los pies de Salva.

Estómago vacío. Desfallecido.

Hago cálculos. Nos dicen que hace mucho frío y viento en el Veleta. No voy a llegar de día....y recuerdo. Soy muy dado al estudio de las casualidades. No existen, pero como las meigas, haberlas, haylas.

23 años atrás, otro 13 de septiembre, bajando en mi vespa hacia mi playa del Sardinero tuve un accidente. Me empotré contra un coche que le dió por dar marcha atrás sin mirar.

64 puntos debajo de la rodilla izquierda. Clavícula izquierda rota. Heridas por todas partes. Dos meses de recuperación.

Hoy hacía 23 años de mi segunda oportunidad....las casualidades no existen, pero, ¿y si....?.

No, hoy no es el día. Hoy si que no me voy a arriesgar. Será por carreras....

...hay que saber donde está el límite.

He hecho muchas carreras, en los últimos cinco años hasta 64, de ellas 7 ultramaratones y 7 maratones, y por primera vez, decido no llegar hasta el "infinito y mas allá".

Me voy a conformar con la medalla de plata. Algo me dice que no tengo que arriesgarme.



Y no solo es por mí, es por Inmaculada, mi compañera en esta vida, al que le debo mucho más de lo que sabré agradecerle. Es por Marta y Julia, mis hijas, que como todos, necesitan un padre, aunque el suyo, sea yo. Es por mis padres, hermanos y amigos. Seguro que no soy el mejor hijo, hermano o amigo, pero creo que no se merecen un disgusto así.

No, no es ser melodrámatico, pero hoy no me la juego. No me siento fracasado, no es fácil llegar a los 71 kms tras casi 15 horas. Para sufrir, lo dicho, ya tengo...




Decidido. Hago meta en la USN65. Es mi triunfo, no dejar que un arranque de testiculitis, soberbia o chulería venza a una decisión, meditada, que veo correcta.

Si, tu que eres corredor y lees esto, sabes que le sigo dando vueltas a por que no seguí. Que lo tendré clavado ahí, y que a lo mejor, o a lo peor, la carrera me da otra ocasión....¡¡o no¡¡...¡será por carreras¡¡...pero tengo la certeza, la total seguridad que hice lo que tenía que hacer.

Cumplí un reto, no el que me había marcado, pero sí el que mi cuerpo y me mente podía asumir.

De todo se sale, y de todo se aprende, y es necesario algo así para saber que estamos en esto por placer. No, tampoco es cuestión de abandonarse, pero hay que saber medir el riesgo.

Calleja, no, te repito, no se puede preparar una maratón en altura en 3 semanas. Tú lo sabes también como cualquier corredor. Yo iba preparado para todo. Eche muchas horas, y al final, la última etapa, otros 11,3 kms allí se quedó. Piénsalo la próxima vez que quieras hacer pedagogía barata.

Entrada en meta. Veo a Richi, y le digo que es el final. Recojo medalla y camiseta. Aviso a casa. Estoy bien, he terminado por hoy.



Final del partido.Empate. ¿Habrá partido de vuelta?

De momento, el 4 de octubre, Maratón Alpina de la Almudayna, en Caravaca, 42 kms nos espera, Pepe, habrá que recuperarse lo antes posible.


Roma Victrix¡




jueves, 31 de julio de 2014

El Abuelo

Veo pasar los años, corren, vuelan. Echando la vista a atrás, mi vida se va difuminando. Empiezo a olvidar muchos momentos. No sé si es por la edad o por esa facilidad del ser humano para dejar de lado lo que no es primordial. Pero es que para mi, esos momentos si eran primordiales. Y se me van olvidando. Eran parte de mi vida. Y se van.




En un ya remoto pasado veo a aquel niño que dibujaba con tiza un circuito para jugar con los ciclistas del "Pulgoso", para nada más terminar, tras largo rato de bregar, pringarse y arañarse las rodillas, comprobar como todo se iba al traste por el inevitable chubasco santanderino.




Aquel juvenil melenudo con pendiente que a lomos de su vespa negra se creía la beldad de la ciudad cuando no era más que un pobre proyecto de hombre a medio cocinar.




Aquel ilusionado trabajador de banca que pensaba cambiar el mundo. 30 años
 después, nada ha cambiado y si lo ha hecho, ha sido a peor.

Por entonces emprendió la gran aventura de su vida abandonando su amada patria cántabra por el amor de una mujer. De eso, nunca se arrepintió.





El enérgico treintañero, con el futuro profesional definido tras diversos vaivenes geográficos, que afrontaba el reto del matrimonio y de la paternidad.



El maduro cuarentón que empezaba a desengañarse de la vida. Fue consciente de cuanta razón tenían sus padres en todo lo que le decían de la vida. 

De joven no les quiso hacer caso pensando que eran "cosas de viejos". La vida os dio razón papá y mamá.




Llegando al cincuentón actual que ve pasar la vida, paralelo a su decaimiento físico que intenta esconderlo tras sufridas hazañas montañeras. Sabe que tiene perdida su lucha contra el reloj. 

Inexorable. Sentado delante de esta pantalla, deja la mente volar para volver a aquel agosto de 1980 en el que su abuelo Faustino le regaló la  Lección de su vida que nadie más le ha podido ofrecer:





El olor a hojas agostadas, las algas marchitas, el aroma de lluvia cercana, los coches de los turistas que iniciaban la vuelta a casa. 
Era una de esas tardes de verano, inusitadamente calurosa, que aventaba el otoño.


Aquel niño bajaba a paso tranquilo a casa de los abuelos. Mirando sin ver. Sin fijarse en los detalles. Solo caminaba. Mamá se lo dijo sin muchas explicaciones:


- Vete a ver a los abuelos y espérame allí hasta que vaya con Papá.



Caminaba. El bar del vasco con su peste a vino rancio. La tiendas de monedas extranjeras al lado del cine Roxy. La plaza del Ayuntamiento donde campeaba la estatua ecuestre de aquel viejo militar que murió cinco años atrás. Lleno de cagadas de paloma. Merecido destino el suyo.






Enfiló el túnel del Pasaje de Peña.  Como siempre, a mitad de camino no podía respirar por el humo de los tubos de escape de los coches y como siempre, el último tramo lo terminó corriendo. 


La Plaza de las Estaciones, bulliciosa de viajeros. El bar San Mamés, de tan futbolero recuerdo. Los Seat 1.500 negros en su parada de taxi. Llegó al portal y de puntillas llamó por el telefonillo.


- ¿Abuela?, abre, soy yo.





Subió las escaleras de tres en tres. La puerta de la casa estaba abierta. Nadie le esperaba. Extrañado, cerró la puerta con cuidado. Empezó a buscar. Finalmente entró en el dormitorio. Allí estaban todos alrededor del Abuelo.


El niño, curioso, se asomó entre la nube de batas. Lo vio en su silla. El Abuelo sudaba copiosamente. La tía Carmen lo abanicaba, pero no parecía hacerle efecto. El resto de sus tías estaban también en la habitación.






- ¡Acércate¡, - oyó que le decía, en un susurro.


Su voz, siempre firme e imperiosa, sonaba débil, entrecortada, lejana.  El niño se sentía actor dentro de uno de esos dramones, como los llamaba su padre.


- Acércate, repitió el Abuelo. ¿Cómo estás?.


- Bien, - respondió el niño, tan parco en palabras como siempre.


El Abuelo bebió un trago de agua del vaso que le puso en los labios la Abuela. Trabajosamente se pasó un pañuelo para secarse la frente perlada de sudor. 

El niño no reconocía a su Abuelo. Si, era él, pero no era el abuelo que él recordaba. Su Abuelo era eso que sus tíos llamaban un "hombre de orden". 





- ¿De orden?, se preguntaba el niño, si nunca le he visto dejar nada en su sitio, todo lo hace la Abuela. 


Ahora, ahí estaba, enfermo, en manos de las mujeres de la familia. Como si el Abuelo lo hubiera ordenado, en ese estilo suyo tan peculiar de mandar sin decir nada, se hizo un silencio.


- Chaval, recuerda siempre una cosa, llegado el momento, que llegará, sé valiente y muere como los toros bravos en medio de la plaza. Nunca sufras por cumplir años, piensa en la alternativa.





El Abuelo se calló. Mamá y Papá entraron en la habitación.


- Mamá, ¿que le pasa al Abuelo?,-  le dijo a bocajarro a su madre.


Toda la familia giró la mirada hacia su madre, con esa cara de "Esther, ¿no sabes hacer que tu hijo no hable a destiempo?".


- Nada, el Abuelo está un poco malito. Corre a casa, que tu hermana te dará la cena.


Dicho y hecho. No se sentía cómodo en ese ambiente claustrofóbico. No sabía el qué pero ahí pasaba algo raro. Se acercó a darle un beso al Abuelo. Antes de irse, cuando tenían ambas caras pegadas y en un nuevo susurro, el Abuelo repitió.


- Recuérdalo, como los toros bravos, en medio de la plaza.

- ¡Vale¡, pensó el niño.


 A la mañana siguiente, cuando bajó a desayunar, Mamá no estaba.


- Techu, ¿dónde está Mamá?, preguntó despreocupado.





 Su hermana-,  este-crío-no-se-entera-de-nada, - le respondió.


- Está en casa de los Abuelos, el Abuelo murió anoche



Pasaron los años y aquel niño sigue oyendo al abuelo Faustino constantemente. Consciente de su inmediato final, le regaló la mejor lección sobre la vida...como los toros bravos. 

Desde entonces, intento disfrutar del día a día, sabiendo que cada día pasado no vuelve, no se repite, cada día dedicado a ser infeliz es tiempo perdido que no volverá, porque, pese a lo que nos creamos, el Tiempo no pasa, somos nosotros los que pasamos. 

Sed felices.




viernes, 6 de junio de 2014

Madrid-Segovia 22.09.12

Los Pasos son los Pasos: De Muvi.

22 de Abril, Madrid, Plaza de Colón…inicio de mi primera maratón..

22 de Septiembre, un poco más allá, Madrid, Plaza de Castilla… ¿otra vez aquí? ¿y otra vez para darme una paliza corriendo?. Lo mío no tiene arreglo. Pero así es, aquí estoy. A escasos 15 metros veo a la “speaker” informando de los pormenores de la prueba, y digo veo, no me he equivocado, por que oír, lo que se dice oír, no se oía nada. Lástima de parrafada que se echó, pues más de 800 participantes no nos enteramos de nada.



¿Qué como estoy?. Pues parece que bien. Tras el viaje desde Murcia, que siempre cansa, foto de equipo y entrada en el apartahotel… (que digo que mal suena eso, Aparthotel. ¿Adónde tengo que apartarlo? ¿o es que no es un hotel y tengo que quitarlo de la lista de hoteles?)….¡uff¡, otra vez desbarrando…en resumidas cuentas, algo nervioso, pero bien, con mucho ánimo.

Tras el habitual paseo en metro como cada vez que voy a Madrid, acabamos cenando el típico bocata “madriñeril” de calamares en El Ideal, en una transversal de la Plaza Mayor. Que no fue bocata, sino bocata y medio que me supo a gloria y me sentó mejor si cabe.

Para cuando quise coger la cama, y lo que es peor, el sueño, ya solo quedaban cinco horas para despertarme, pero debe ser el síndrome del “pre-maratoniano”, no dormir la noche anterior.

Al lío, salida en Plaza de Castilla. Bien desayunado, bien todo lo demás, en suma bien. ¿He dicho que estaba bien?.  Pues eso, bien. Pistoletazo y a correr. Ahí estamos todos juntos, empieza el reto. Veo a Fausto, Salvi, Ginés, Oskar, Manolo, Edu, Juande, Rai, Pepe, Fernando, José Antonio, Pinchi, Richy y Dani, los de la “orla”…que esa historia, ya la contaré en otra ocasión.



100 kms de Madrid a Segovia, ahí es nada….bueno, que al final fueron 102. Si, para los “puristas”, ¿Qué más dan 100 que 102?. Pues cuando llevas 15 horas y media corriendo-andando-corriendo, sí, sí que importan, ¡¡cómo que se te van ya otros 15 minutos y nadie te lleva en brazos¡¡.

Primera etapa, de Plaza Castilla Fuencarral (de la salida al km 4), ruta totalmente urbana. Fue una suerte de “deja vú”, de ya haber vivido esta experiencia. Me retrotraje a la maratón de Madrid, me recordaba aquella experiencia, pero Richy ya me sacó de mi “horror”…”¡¡para nada¡¡, no pasamos por aquí”. Vamos, que con gps me pierdo en el pasillo de mi casa.

Todos parlanchines, todos bromistas, todos hablando del cochinillo que nos comeríamos en Segovia (yo, con lo poco “comiente” que soy, sabía, que como mucho, verduras). Todos, en el fondo, con la responsabilidad y porque no decirlo, con algo de digamos respeto-miedo ante el reto que nos habíamos propuesto. 100 kilómetros, muchos de nosotros, yo el primero, no había pasado nunca de la cincuentena corriendo.

A lo lejos ya divisábamos, por poco tiempo, a los corredores, a los de verdad, a los que correrían hasta la meta. A los que ya estarían duchados y cenados cuando nosotros no habríamos ni llegado a Cercedilla a por el arroz. Pero no adelantemos acontecimientos.

Segunda etapa, de Fuencarral a Tres Cantos (del km 4 al primer avituallamiento en el km 15,8). Tres Cantos, otro curioso nombre. Te hace pensar en cuentos de hadas, un castillo y un embrujo que tan solo se elimina con los “tres cantos” del príncipe…aunque casi seguro será por algo menos prosaico y tendrá que ver con “tres piedras”.

Poco llevábamos corrido, pero camino del primer avituallamiento, del grupo inicial ya se van desgranando grupos más pequeños. Cada uno adapta el ritmo a sus piernas. En estas carreras de tan larga distancia, y lo que es más importante, de tan larga duración, es importante las piernas, no cabe duda, pero mucho más, la cabeza.



Pinchi y Edu se descuelgan. Van a su ritmo, muy bien. Buena cabeza. Manolo ni se le vio desde el principio. El se planteó la prueba en 20 horas, y fiel a su planteamiento, así lo hizo.

Por el contrario Juande y Salvi, mucho más fuertes, echaron adelante. Venga, con ánimo.
Los demás, pues junticos. Ya por la primeras vías pecuarias (que
 no pecuniarias, como oí a uno. Eso hubiéramos querido nosotros, que nos pagaran por correr), paralelos a la autovía, disfrutando de los corredores que nos cruzamos. También mucho ciclista, alguno eso sí, de mal humor, “exigiendo” que nos echáramos al arcén….”muchacho, ¿vas a hacer con los corredores lo mismo que hacen los coches contigo?”.  Sin más comentarios, hay que saber disfrutar todos de la naturaleza, dejando a cada uno su espacio.

Primer avituallamiento, y de “regalo” pasamos un puente sobre la autovía. Oscar, como ya me daría cuenta después….con prisas, prisas….que nervios…Güasapman…agua, isotónicos, cola y sobre todo fruta. Nunca dejo pasar un avituallamiento. Por costumbre lo hago. Es cierto que en muchos casos ni hambre ni sed hay, pero no se debe dejar que sea el cuerpo quien te lo diga. Desde mi punto de vista, es un error no avituallarse, es la madera de la caldera. Sin hambre y sin sed, básico comer y beber. El cuerpo te lo agradece, sino, luego te castiga y el castigo es duro, muy duro.

Tercera etapa, de Tres Cantos a Colmenar Viejo (del km 15,8 al km 26,8). ¿Colmenar Viejo?, y digo yo, ¿hay un Colmenar Nuevo?. No lo he mirado, ¿pero éste es el pueblo donde viven la “abejas matusalem”, de ahí lo de viejo?.

A un cuarto del comienzo, ya empiezan a notarse los problemas. Una corredora hablando por el móvil, aparentemente con su pareja, llorando por los dolores. Pronto empezamos, pero aún así, la llegué a ver 60 kms después, así que hizo de tripas corazón y cumplió, seguro.

Fausto se nos va quedando. Su rodilla le dolía. Se va demorando. Busco en la mochila y saco paracetamol pero eeguía dolorido. Poco después le oigo alto y claro: “¡¡Nachooo¡¡”, me vuelvo. “¿Qué?”. “La biciiii”. Me vuelvo y veo un ciclista, con una camiseta de un club de Cabezón de la Sal, de mi patria cántabra, con el lábaro, el mismo que colgaba de mi mochila, mi homenaje a mi Tierra.



Mi rodilla izquierda me empieza avisar, solo es una molestia, pero, molesta. Como Güasapman luego nos meterá prisa en el siguiente avituallamiento, me adelanto algo con Richy, correteamos, hasta que vemos “aquella-cuesta-del-cementerio”…madre mía, el Tourmalet. Que me perdonen los difuntos de Colmenar, pero con esa cuesta, casi más valdría mandar los féretros con ruedas.

Llegamos al pabellón de Colmenar y ahí están esperando las acompañantes del equipo, las mujeres sin cuyo apoyo y ayuda, más de uno habríamos caído antes de la meta. Como tenía cinco minutos hasta que llegara Güasapman con prisas, me dio tiempo a quitarme las piedrecillas de dentro de los “bambos”, que fue algo constante, y a comer sandía como si me fuera la vida en ello. Pero la parada tan larga me pasa factura, la rodilla me recuerda que sola no va a mejorar. Cuando echamos a correr, no me encontraba bien, me costaba seguir hasta que entré en calor.

Cuarta Etapa, Colmenar Viejo a Manzanares El Real (del km 26,8 al km 41,8). Se acabaron los chistes, se pone el recorrido cuesta arriba, y mucho. Me consoló que iba a ver el Manzanares real, debe ser que el que pasa por Madrid es de mentira.

Cada vez quedamos menos. Fausto y Rai definitivamente han quedado atrás. Seguimos Güasapman Oskar, Fernando, Richy, Pepe, Ginés y este humilde relator. Durante el camino cogimos a Dani, lo está pasando mal. Problemas musculares

Afortunadamente la información que nos dieron no era verídica del todo, en una etapa tan larga, a mitad de camino, junto al Puente Romano, también teníamos avituallamiento.

¿Fue la etapa que encontramos por primera vez a Begoña, la “alicantina” de Madrid?. No estoy seguro, lo que sí recuerdo es que nos contó que era su segundo año en la prueba. Fue nuestra constante “compañera”, durante y después, y nos dio información muy valiosa. Alegre y jovial, siempre iba “pegando la hebra” con alguien. Saludos para ella y para su hija, de la que nos habló.

También fue el tramo en el que jugamos al “píllame” con los amigos de Guadalajara, ahora te cojo yo, ahora me coges tú. Bajando a Manzanares El Real, uno de ellos se cayó y se marcó toda la cara. Les vimos en Cercedilla, ya no después, pero no me cabe duda que llegaron. También para ellos nuestro recuerdo.

                Alcanzamos a Salvi, su lesión en el empeine no le dejaba continuar. Para él, final del reto 2012, pero comienza el de 2013. Alguno le dijo algún comentario fuera de tono en relación con su abandono, pero Salvi, al ponerte en la salida, ya habías triunfado, porque ganaste a mucha gente que nunca se atrevería ni a intentarlo, y tú, pese a la limitación que traías, lo hiciste. Lo demás, le pasa a cualquiera.

A la entrada en Manzanares El Real, vimos el embalse, con la “caló” daba ganas de darse un baño, pero hoy no…¡¡¡mañanaaaa¡¡¡. Impresionante la acogida de las correbirras…Pilar, Ana, Maribel, Yolanda, Merce y Juanpe (si, he dicho “las”, pero es que nombrando a 5 mujeres y un hombre, decir “los” me parecería muy machista). No sé si las hubo mejores, pero nadie animó y ayudó tanto como el equipo de seguimiento correbirrero.



Nuevo avituallamiento, y me comí plátano hasta reventar. Casi no me dio tiempo a mandar un mensaje a casa, a mi medio pomelo, Inmaculada, y mis niñas, Marta y Julia, a las cuales, y eso es lo que más siento, las tuve en vilo todo el día. Las eché mucho de menos, y quise ver en cada ánimo, en cada apoyo y en cada aplauso a cada una de las tres. Fue duro hacerlo sin ellas, pero pude hacerlo por ellas.

Quinta etapa, de Manzanares El Real a Mataelpino (del km 41,8 al km 49,4), que digo yo que quien ponía los nombres a los pueblos. ¿Mataelpino?....¿xenofobia forestal?.

Calor, que calor, y yo sin crema. Empecé a notar la cara arder y la rodilla ya me está empezando a dar la tabarra más de lo soportable. Me tomé un paracetamol. Por detrás, Richy empezó a sufrir. Como dicen los ciclistas, “hizola goma”, pero nos alcanzó para hacernos la foto en el cartel de entrada en Mataelpino…50 kms, ¡ya somos ultramaratonianos¡.



Eso sí, pregunté el nombre del alcalde del pueblo, porque, hay que ser poco misericordioso para ponernos la rampa que nos tocó subir justo antes de llegar.

Entrada en avituallamiento, y comí otra vez como si me fuera la vida en ello. ¡¡Membrillo¡¡…Irene, Carmelo estos 6 trozos van por vosotros, solo faltó el queso. Chocolate, refresco de cola…y la peña correbirrera por todo lo alto. ¿Pero cómo lo consiguen?. Cuando lleguen a Segovia van a estar molidos…tic tac tic tac…Güasapman nos llama, que se va, ¡¡esperaaaa¡¡¡.

Sexta Etapa de Mataelpino a Navacerrada (del km 49,4 al km 54,8). Etapa que se me hizo eterna, con una subida final, junto a Fernando, que no parecía acabar. Y mira que yo iba con ganas de abrir la nava esa que tienen cerrada por ahí. El equipo perdió definitivamente a Richy, pero luego demostró lo que hay que tener.



Momento de revisar ritmo. Me encontraba bien, incluso fuerte, pero el dolor de la rodilla era un aviso que no debía olvidar. Podría tirar más rápido, pero preferí ir junto a los compañeros. Intentar una aventura en solitario que a lo mejor me reducía el tiempo en una hora, o a lo peor me hace reventar, para luego pagarlo caro, va  a ser que no. Pensé, por una vez pienso, y creo, como luego me demostré a mí mismo, que más vale ir en grupo, que lo importante es llegar y hacerlo bien.

Empezamos a ver vacas, muchas vacas, y muchas “pistas” de vacas. Hasta fotos se echaron de las vacas, pero bueno, ¿no son esas cosas con cuernos que dan leche?. Bueno, nada, fotos.

Séptima etapa, Navacerrada a Cercedilla (del km 54,8 al km 64,4), donde se fabrican los cercedos…como los carpinteros hacen carpintos. Ya se huele el arroz. ¡¡Como no¡¡, salimos corriendo detrás de Güasapman. Etapa que se hizo más cómoda. La confianza y la certeza de que ya llegamos a Cercedilla, para repostar fuerzas, fue el gran aliciente. En un exceso de confianza quise tirar de más del grupo y la rodilla se resintió, la hinchazón aumentaba de forma alarmante. El dolor, aunque tolerable, no remitía.

Cuando llegamos al pabellón de Cercedilla, 25 minutos de descanso. Aquí sí que hubo que explayarse. Comí arroz, por comerlo, porque debía estar hecho desde hacía mucho rato, ciertamente, el único fallo de la organización (junto con la falta de avituallamiento en la meta). Si, eran hidratos de carbono. Y no, no esperaba una paella valenciana, ¡pero frío y duro¡. Eso sí, su efecto recuperador fue inmediato.



Entre la gente, sin buscar mucho, encontramos a las correbirras, ya con Salvi entre ellos (había abandonado), con la mejor de sus sonrisas y sus ánimos. En campeón. Con crema y unos guantes apareció mi “ángel salvadora”, un masaje a mi maltrecha rodilla. 48 horas después tengo la certeza de que sin aquel masaje, no habría acabado. Me dio fuerzas para la cumbre de la Fuenfría sin sufrir dolores. 

Recogimos el material nocturno. El frontal (que follón, no pude aguantarlo en la frente, lo llevé en la mano), la manta térmica (que como fue, volvió, ni la abrí), la luz intermitente (un balón pequeño que los sardineros regalaron a mi niña Julia) y el silbato. No cabía nada, algo había que dejar. Como no le había dado “bola” cogí la bolsa de los frutos secos y de los orejones, y los dejé en la basura, con el pesar que me supone tirar comida.

Etapa Octava, de Cercedilla al Alto de la Fuenfría (del km 64,4 al km 79,3). Como bien decía Salvi en Cercedilla, si se llama Fuenfría es por algo. En un día caluroso, cuando llegamos arriba, casi al anochecer, pelaba…sino, la habrían llamado Fuencaliente, ¿no Salvi?. 

Empezaba lo duro. ¿Begoña?, otra vez por aquí…la cuarta o quinta vez que nos vemos. Ginés dejó su impronta, y frase memorable, “los pasos son los pasos”, o así, que con mi mala cabeza, ya se me va olvidando todo, de aquí que lo escriba.

Para engañar, los primeros 500 metros cuesta abajo, pero enseguida se puso, como se dice en Santander, “pindio”, para arriba, unas cuestas largas y duras. En fila india, me puse a la cabeza, marcamos un ritmo bueno, ni muy duro ni muy lento. No era cuestión de reventar, pero tampoco de llegar al desayuno. Paisaje espléndido. Un pinar de decenas de kilómetros. Ahora se da uno cuenta del patrimonio que se pierde con cada incendio y porque los pirómanos deben pagar con cárcel sus desvaríos.

Como en un parque, oímos múltiples voces de niños, ya fuera de camping, de fiesta o de paseo. Nos encontramos numerosas personas andando o en bicicleta. Ante tan placentero entorno, no es de extrañar la cantidad de excursionistas que disfrutaban del día. Pero la subida cada vez más dura. Navacerrada, que en su momento pareció dura, ahora era un juego de niños. Quince kilómetros para llegar a la cima, algo más de 2 horas y media nos costó coronar. Encontramos un avituallamiento mediada la subida. Nos vino muy bien, máxime cuando en Cercedilla dijeron que no había nada hasta la cumbre.

El segundo tramo era más suave de pendiente, pero las piernas tienen, como todo un tope. Entre los pinos vimos lo que en su época debió ser una carretera forestal. “Mirad por donde sube una carretera”, exclamé, cual colegial de excursión escolapia. Fernando, bregado en mil batallas montañiles aseveró, “esa es para nosotros”. Viendo la lejanía dije: “No, no puede ser”. Fallé, nos tocó ir por allí.

A falta de un kilómetro para la cumbre empecé a notar una pájara, suave, pero pájara. Iba mareado, y ya solo podía andar mirando al suelo. Afortunadamente al coronar, un caldito me revivió, junto con dos magdalenas. Que vaya mezcla ¿no?. Mano de santo. Fue el momento de ponerse más ropa, para no congelarnos y encender los focos. Llamé a casa, hablé con Inmaculada. Va todo bien. Me duele saber a la familia pendiente y preocupada. Va todo bien. ¡¡Como decir que iba con una “pájara”¡¡. Vamos, viéndolo por donde lo vieras, sonaba mal. Eso sí, lo de la rodilla, se lo iba contando. Su ánimo compensó la mala media hora que había pasado.

Novena Etapa, Alto de la Fuenfría a la Cruz Gallega (del km 79,3 al km 91). ¿Cruz Gallega?. Y digo yo, ¿cómo llegó una gallega a aquel punto en medio de la provincia de Segovia?. Da igual, con lo oscuro que estaba, podía ser la Torre de Londres, que no se vería tampoco.



Bajada en la que intentamos trotar para aligerar tiempo, pero el terreno, con muchas piedras, era demasiado propicio a las caídas, como Pepe nos demostró, eso sí, discreto hasta para caerse. Por fortuna, con solo unos rasguños. Contactamos con Richy, iba con Dani. Se habían “recuperado”. ¡¡Bien por los valientes¡¡. Finalizaron. Fausto parece ser que seguía en carrera, sin confirmación “oficial”, no nos quedaban dudas que llegaría aunque fuera arrastrándose. Cuando el seguir se pone duro, los duros siguen.

Recorrido que provocó mucha ansia, a tan poco de la meta y con tanta oscuridad, la ausencia de “civilización” atenazaba de angustia. Nos cruzamos con un compañero de reto que iba zigzagueante, que faltó poco para verle caer por el borde del camino. “Voy bien de cabeza”, dijo, “lo que voy mal es de piernas”. Ese era su problema. Le pedimos que no fuera al borde, por que iría bien de cabeza, pero si le fallaban las piernas, la cabeza poco haría para evitarle una grave caída y entre bosques, sería difícil de encontrar. Espero que llegara sin problemas.

En la bajada agrupamos a dos compañeros de ruta que nos acompañaron hasta casi la meta. Avituallamiento de la Cruz Gallega, lo dicho, no se veía nada. Un poco de leche, magdalenas y galletas y ¡¡cuidado con la próxima bajada¡¡ nos avisaron.

Etapa Décima, Cruz Gallega a Segovia. Ahí ya nos confirmaron que no eran 100 sino 102 kms. Que sí, que qué más da, pero lo mismo pasaba si hubieran sido 98 que 100 y ya estábamos reventados. El primer tramo, después de 91 kms era atroz, con un “pedreguerío” que invitaba a “besar la lona”. Afortunadamente, sin incidentes. Algún valiente, al olor del acueducto, todavía nos adelantaba corriendo.

Fuimos viendo mucha gente, me imagino que de la organización, cantándonos la distancia a meta, esa suerte del “increíble hombre creciente”. A cada persona, más distancia. “Os quedan 6 kms”...”os quedan 7,2”…mejor no escuchar, por que el próximo nos dirá que estamos en Plaza de Castilla. Fue el tramo del saberse “finalizador” (que no ese anglicismo hortera de finisher, eso para los guiris), pero a la vez, doliente de cada paso, de cada recodo, de cada camino….¡¡¡¡cuando acaba esto¡¡¡.

Entramos en la ciudad. Paramos para “equiparnos” para la foto. La bandera del equipo y la camiseta de homenaje al compañero Gaby que se tuvo que quedar en Murcia lesionado (¿¿??). Ultimo esfuerzo, trotamos por las calles de Segovia. Recibimos el aplauso de los paisanos. Por esas cosas del destino, nos equivocamos de ruta y pasamos por el centro de la zona de cena y picoteo, viviendo un momento mágico entre decenas de personas aplaudiendo.

Los “pelos como escarpias”, atrás quedaron meses de entrenamiento. Madrugadas y noches de palizas. Horas y horas de correr solo. 15 horas largas de ruta. Esto llega a su fin. El reto, está aquí.



A la vuelta de una esquina, milenario, hiératico, impávido tras siglos y siglos de ver correr la vida. Romanos, godos, árabes, castellanos, todos estuvieron a sus pies. Ahora éramos nosotros quienes nos presentábamos ante él, para su juicio. Si, el Acueducto de Segovia nos reconocía nuestra gesta. Nos saludaba, parecía que hasta sonreía. Ahí están los correbirras de apoyo, aplausos, abrazos, besos. Acabé, llegué a la meta. Oskar, Gines, Pepe, Fernando y yo. Abrazos. Lo hemos conseguido. Gracias a los cuatro.



Historia. Ya es historia, reciente, pero lo es. Lo tengo fresco, este relato tendrá que recordarme en el futuro detalles que iré olvidando. Muchos otros los habré dejado en el tintero. Seguro que no son todos los que están, pero están los que son. Los demás también fueron acabando. Cumplieron su reto. No era una carrera, ni una competición. No existían enemigos, tan solo compañeros. Mi reto era contra mi mismo. El que ganó llegó hace más de 6 horas y después de mi, seguramente, llegaron decenas, quizás cientos durante horas. Todos ganaron, todos cumplieron su reto. Todos se llevaron su medalla en recuerdo de su gesta.

 Este pequeño relato lo quiero dedicar a todos aquellos que afrontan sus retos y que algunas veces los cumplen. Y no me refiero a los deportivos, que también. Si no a todas aquellas personas que día a día afrontan el reto de vivir, de sacar adelante una familia, de ayudar a sus amigos, de comprometerse con causas sociales, a los que regalan su tiempo a favor de otras personas. Todas y cada una de esas personas son héroes. Yo, solo he cumplido un pequeño reto, al alcance de todos o casi todos. Pero todos y cada uno de vosotros, los que afrontáis vuestros retos diarios ante la adversidad, merecéis la medalla de honor de la vida.


Y como no, gracias a Inmaculada, Marta y Julia. Sin su apoyo total sin reservas, esto no tendría sentido. Os quiero.