viernes, 7 de enero de 2022

Cantabria (VI), agosto 2021 💢

Verano 2021


Tercer viaje del año a Santander🌲🌲. En agosto, con mi hija Marta. Playa. Paseos. Helado. Y poco coche. Alguna ruta cercana, repetida para mí. 



Me encanta venir con mis hijas👧👧. Sé que no lo consigo, pero intento transmitirles mi amor por Cantabria. Aunque solo sea por que su padre, y la mitad de sus genes, son cántabros. No hay manera.

Faro del Caballo, Santoña. Fue cosa de Marta. Que se lo había contado nosequien. Todavía la oigo quejarse. Si las 1.500 escaleras son agotadoras, no lo son menos los kms de ida y vuelta desde Santoña por la pista pedregosa.



El necesario paseo y helado de Regma en Comillas. El Acantilado del Bolao. El paseo en barca a Somo. Los Urros. Que buena semana.

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En el puente del primero de noviembre, con Inmaculada👫. Llovió mucho. Poco pudimos hacer. Familia. Hotel. Tan sólo una ruta.




Camino de los Valles Pasiegos. Por la mañana había salido a correr y sufrí un pinchazo en el hueco poplíteo. Que no lo conocía, pero últimamente estoy aprendiendo a marchas forzadas. Casi dos meses he tardado en recuperarme.

Primera parada, Puente Viesgo, el llar de mis mayores, donde pasó la niñez mi madre, con los abuelos Faustino y Violeta, y sus hermanos.




Corvera de Toranzo, Ontaneda y Alceda. Donde pasó la niñez mi padre con los abuelos Alberto y Aurora. 

En dirección hacia Vega de Pas, cogimos la desviación hacia San Pedro del Romeral, pasiego a más no poder. Cuando llegamos, intentaba andar, pero poco más que cojeaba. En la entrada de la iglesia se debía haber reunido toda la feligresía local. Preguntamos a un niño que qué esperaban. ¡¡ Al cura¡¡, me respondió. Llega tarde de otra misa.




Seguimos hacia arriba, hasta llegar al Reloj Solar de la Peñuca, desde donde contemplamos los valles pasiegos.




Ya con hambre, aparcamos en Vega de Pas. Tuvimos que esperar, en el bar del Cruce, pero valió la pena. Cocido montañés, alubias pintas con chorizo, un platazo de morcilla y para terminar, quesada natural. Tripada. Casi reventamos.




Volvimos por la Braguía, Selaya y Villacarriedo. Estuvimos toda la tarde-noche digiriendo el banquete. Y barato.





Al lío, decía, navidades 🎁de 2021.

24/12:

El propio día de Nochebuena salí a primera hora desde mi casa. 841 kms por delante. !Que pereza!. Que poco me gusta conducir largas distancias. Ya no me hace falta llevar a las niñas sentadas detrás, sin llegar a Cieza ya me digo a mi mismo: " ¿Falta mucho? ". 

Puse el control de velocidad para evitar sorpresas de parte de Tráfico. Y a ver pasar kms. Música, Rock FM. RNE. Cuando me cansé, conecté el móvil al altavoz para escuchar los podcast de Nieves Concostrina, "Acontece que no es poco". Sesión continua. Desde la festividad de Sol Invictus, Sinatra o Médicos sin Fronteras hasta La Chata, Rasputín, la muerte de Disney pasando por el Concilio Vaticano II, Alfonso XII, Jardiel Poncela o cuidado con los apaches. Minutos de historia, contada de otra manera.

Primera parada por la carretera por Cuenca. Mensaje a casa. Un té rápido. Atravesar Madrid, pendiente del gepese para no perderme y acabar en la carretera hacia Badajoz. Pasado Madrid la parada que llevo queriendo hacer 28 años. 


Buitrago de Lozoya:

Parece ser que ya los romanos tuvieron allí un asentamiento pero no hay restos que lo demuestren. Las primeras referencias históricas fiables, 1.085, bajo el reinado de Alfonso VI, que ya está bien. Casi 1.000 años de historia. Durante la Alta Edad Media fueron los marqueses de Santillana los que ostentaron el Señorío de Buitrago, siendo Iñigo López de Mendoza el primer marqués, en 1.445. Los franceses terminaron con el Señorío tras su invasión en 1.808. Durante la Guerra Civil el centro histórico sufrió grandes daños.

No hay que perderse en una visita a Buitrago:

- Plaza de la Constitución, con la Torre del Reloj (la torre es del Siglo XIV, el reloj, del siglo XX).

- El Arco de la Nieves.

- La Muralla, cerrada por motivos Covid.

- Iglesia de Santa María del Castillo, del siglo XIV que se llevó la Guerra Civil por delante. Se restauró durante los años 80 del siglo XX.

- El Castillo de los Mendoza.

Paseé despreocupadamente. Disfruté de sus calles empedradas, de sus vistas al río Lozoya, entré en la iglesia adornado con un sobrio belén.








Sin haber anochecido, llegué a Santander. Antes de llegar a mi casa, paré en La Concha, para pasearme un poco, estirar la piernas, airearme e ir absorbiendo el espíritu de Cantabria.



Llegué a casa. Descargué las maletas. Las naranjas y mandarinas que mi cuñado Mariano me regaló para llevarle a mis padres. Besos. Abrazos. Los años van pasando. Y no he de faltar en estas fechas. Cenamos en familia.


25/12


Despierto a las 6:00. Siempre que vengo a Santander me sigo sorprendiendo de la diferencia horaria, amanece mucho mas tarde que en Murcia. Desayuné bizcocho con un té. Al coche.

Primera ruta. Senda Mitológica de San Felices de Buelna. 45 kms y 45 minutos desde Santander. Autovía de Palencia. Desviación para San Felices. Se coge la carretera en dirección al Alto de Hijas, abandonándola enseguida para cruzar Rivero y aparcar en Tarriba, poco más que un montón de casas.

Negro amanecer, pero no muy frío. Aparqué el coche junto a lo que parecía el centro del pueblo, al lado de un bar. Varios coches con perros de caza parecían esperarme.




Me cambié rápido los bambos. Lesionado desde el 01/11, estuve cinco semanas casi parado por el problema de rodilla. Así que empezaba mi pretemporada

El camino hacia la Senda Mitológica la comencé en el mismo Tarriba. Subida, p´arriba, en dirección a la Cuevas de Hornos de la Peña, cerrada, entre otros motivos, por el Covid19.

Cueva con marcas desde el Paleolítico Medio hasta el Neolítico, más de 30.000 años de cántabros antiguos. 

Información Cueva





Mañana de sol radiante. Primeros kms, la rodilla se quejaba tras la larga parada "técnica". Dejando a un lado la entrada de la cueva, pasé junto al área recreativa.




En 4 kms, comenzaba la senda mitológica. Que no es tal, dado que no hay un camino fijado. Al fondo Monte Tejas, entre varias laderas, serpenteando junto al río, sin señalización. Pero no tiene pérdida. Como un niño pequeño busqué casi a tientas cada figura, todas de madera, muy coloridas aún, por que el clima las respeta, todavía. Colección de figuras de la mitología de Cantabria.

Como todo, la mitología es un invento, pero me siento totalmente identificado con cada personaje. Mitología de Cantabria

Allí me estaban esperando la rubia Anjana, el feo Ojáncano, su muy fea esposa la Ojáncana, el Hombre Pez, la Osa de Ándara, el Trastolillo, etc. Todos. O casi. Yo me pido el Trasgo. Cuando dejé este valle de lágrimas, quiero convertirme en Trasgo y zascandilear por toda las casas de Cantabria.
















Que buen comienzo de vuelta a Cantabria. Un niño pequeño, con sus juguetes recién estrenados, no disfruta tanto como lo hice yo en esa hora de idas y vueltas alrededor del río.

Cuando estuve casi seguro de haber saludado a todos mis espíritus, la ascensión hasta el pico del Monte Tejas





Estupenda vista 360º. Aproveché tan mágico momento para hacer profesión de patria cántabra. Saqué el móvil. Viento del Norte a todo lo que dejaba el sonido. Una pelona vaca me miraba con ojos sorprendidos. ¡¡ Muu, mu, muuuhu ¡¡, le dije. Pues no debíamos hablar el mismo dialecto vacuno.




La bajada, alguna vuelta di, orientándome a ojo. La cuesta final, un camino en cemento, tremendo, los cuadriceps a reventar. La próxima vez la haré en sentido contrario, tramos a más de 15%.

De vuelta a casa, navidad, comida familiar, tarde de televisión. Pronto a dormir.


26/12


Segundo día. Dudas sobre si las piernas me aguantarían dos días seguidos de ruta. Comienzo de ruta, Isla, pero en la parte de la puebla antigua. Otros 45 kms, en este caso por la autovía hacia Bilbao, al lado de la coqueta iglesia de San Julián y Santa Basilisa.



Frente a ella, la loma del Monte Cincho.




Totalmente a ojo. Seguí varios caminos vecinales. Algo de campo a través para finalmente iniciar la subida al monte por la parte de Isla. No llega a 1 km, no existe posibilidad de equivocación. Ruta a El Nuberu. En la cima, pequeña torre, con escalera circular y vistas 360º sobre Isla, Noja, al fondo Santoña y Laredo, detrás Meruelo, al fondo, Alisas.






De bajada, camino de Arnuero, hasta el aparcamiento en la zona de subida por aquel lado. Rodeé el Monte Cincho por la carretera. A 4 kms de Isla, ví una senda que volvía a subir. Y ¡como no¡, si lo fácil era seguir la carretera y llegar ya al coche, pues cogí la senda.

Embarrada. Irregular. Tras 50 metros de subida, en una pequeña planicie, se acaba la ruta. Se cruzaron delante de mi unos corzos, a los cuales seguí con la vista como saltaban y se metían en la espesura. Lo suyo, darse la vuelta y volver por donde me había venido. No había más senda. Pues no, seguí la ruta de los corzos. Tras varias idas y vueltas, una ladera con decenas de colmenas de abejas.




Desandé lo andado, hacia la bajada. Pues cogí otra subida. Entre matojos. Una hilera de balizas de alguna antigua carrera parecía abrirme la ruta. Otro error.




La seguí, y la seguí, hasta que me vi perdido en mitad de ninguna parte, una bajada entre zarzas, musgo resbaladizo, pendientes imposibles. No, tampoco me dí la vuelta. Oía al fondo el ruido de coches así que, cabezón, seguí adelante. Una hora para bajar 500 metros. Aún hoy no puedo dormir del lado derecho del dolor en las costillas de un golpetazo contra un árbol. Que era eso, o romperme algún hueso en varios pedazos. Como mínimo.






Finalmente avisté la carretera. El pastor electrónico al borde de la carretera. Electrificado, como ya sabía, para evitar que el ganado salte a la carretera. Lo sabía. Y ahí fuí con toda la manaza a agarrarme para saltarlo. Latigazo para recordarme lo que ya sabía. ¡¡ Alta tensión ¡¡. Me estuvo bien empleado.

De vuelta a la civilización de una carretera, corrí los 4 kms de vuelta al coche. Muerto y casi matao por la bajada salvaje. Parada obligada en el mirador de la Ría de Cabo Queja.





Tarde muy lluviosa. Tarde en familia.


27/12


Otro madrugón. No me cuesta. Soy de acostarme pronto, pero de levantarme aún mas pronto.

Camino de la Ermita de las Nieves, en Guriezo. Carretera de Bilbao, casi 60 kms hasta Ampuero. Carretera hacia el Alto de Guriezo, fui buscando donde dejar el coche, tardé 4 kms. ¿Que como estaba la plaza? Ahí se quedó el coche.




Entre el km 6 y 7 de la carretera entre Ampuero y Guriezo hay una desviación hacia la ermita. Empecé a correr en el km 4. Mucho frío. Un río muy cerca y la humedad calaba los huesos. Subiendo

Tras dos kms corriendo, imagen que solo se puede ver en Cantabria. En mitad del monte, a más de 20 kms del mar, casa con....barca en la puerta. Debe ser el bisnieto de Noé.




La comarcal hacia la ermita, perfecta. Asfaltado reciente. No hacía falta llevar agua, riachuelos y corrientes a ambos lados de la carretera. Llegué a la Casa de la Virgen, donde dicen que vivía un ermitaño ya en mitad del siglo XIV, cuidando una ermita a la Virgen. Como siempre, la Virgen escogió a unos pastorcillos sin muchas luces, para aparecerse y pedirles que construyeran una nueva ermita en la parte mas alta. Como dice Nieves Concostrina, desde que existen móviles, la Virgen ya no se aparece. Ahí lo dejamos.




Pegado a la Casa de la Virgen, sube directo una senda hacia la ermita, que se hace de rogar. Tras varios cientos de metros, se la otea al fondo. Silencio absoluto. Ni un alma, ni una vaca. Estaba solo. 

Al pié de la ermita, área recreativa, con mesas y sillas, que supongo que en verano y sobre todo, en fiestas, se llenará.





La subida final, unos 300 metros, se pegan. Pero una vez arriba, la vista es espectacular. Me quedé asombrado. Nunca había subido. 








En el fragor del silencio, un ruido ensordecedor, como si un camión estuviera a punto de pasarme por encima. Busqué por toda partes. Nada. Miré al cielo. Arriba, lejano, muy arriba, un avión, pero entre el silencio, se escuchaba el reactor como si lo tuviera al lado.

Me demoré más de 20 minutos. La vista, espectacular. Tercer día. Y otra vez mejorando la ruta anterior.

Para bajar, lo fácil no era necesario. Cogí una pista forestal. Marcas de ruedas. Por ahí tenía que pasar circulación. Fango. Hasta llegar a un punto de derecha o izquierda. Increíble, pero tiré a derecha. Acerté, bajada por asfalto raído hasta Las Garmillas. Feliz por la ruta, las vistas y la paz. 




De vuelta desde Ampuero, Limpias, a escasos 5 kms. Otro pueblo por el que he pasado varias veces y nunca me había parado. Parada obligada

Limpias es un pueblo en dos partes. Una, junto a la ría. La otra, alrededor del famoso Cristo de Limpias.

Aparqué el coche al lado de la ría, frente al ayuntamiento. Un gracioso paseo corre paralelo a la ría. Las gaviotas cotillean desde las barcas. Los restos del crucero Almirante Cervera, lo que quedan de la armada nacionalista. Durante décadas el cañón de este barco estuvo expuesto en las cercanías del edificio Feygon, en Santander, así que fue grande mi sorpresa al verlo en el paseo de Limpias. Lo llamaban "El chulo del Cantábrico", por la impunidad por la que se paseaba por nuestras costas. 





En la parte interior de Limpias, comienza una carretera camino del Cristo de Limpias, donde mozas y mozos han ido a pedir. Por pedir que no quede.





Por la tarde, paseo por Santander, a la luz de la decoración navideña. Siempre está bien pasear por Santander.

28/12

¡¡ Que buenas tres rutas ¡¡¡ Iba a ser imposible mejorarlo. Y se mejoró.

Otro madrugón y camino de Liendo, en la carretera hacia Bilbao. 55 kms, hasta el aparcamiento de la Subida al Monte Candina. Hay una ubicación en el GPS. El destino, ruta circular Oriñon, Sonabia, Monte Candina y los Ojos del Diablo.

En el aparcamiento comienza una ruta de ida y vuelta a los Ojos del Diablo. No es fácil, ni ligera, pero es más rápida y más segura que la ruta circular. Y si, yo opté por la circular.

Saliendo del aparcamiento, un par de kms por una carretera nacional. Lo peor del recorrido. Esperé a que amaneciera del todo para ver y ser visto y evitar un atropello. Superados estos dos kms, crucé por debajo de la carretera y continué hacia Oriñón, cuya playa recorrí de ida y vuelta, fotografiando la desembocadura del río Agüera.





Otros dos kms camino de Sonabia. Al fondo, un saliente mas conocido como la Ballena. Intenté llegar hasta al punta, pero el oleaje me lo desaconsejó. Con el mar, poca broma.





Mirador de Punta Pilota, empezó a lloviznar. Pocos minutos. Playa salvaje de Sonabia.






Desde la playa, comienza la ascensión por la cara marítima hasta Monte Candina y los Ojos del Diablo. No tiene pérdida.




La subida, por la cara marítima, no es sencilla. Camino muy estrecho. Vertiginoso. En las alturas, los Ojos del Diablo. En un punto concreto, escalada vertical para rodear la Punta Las Presas.





Si la subida marítima es complicada, la segunda parte, con vistas a Santoña, no mejoran la dificultad. Tras un tramo amplio, una pedriza peligrosa hace cumbre. Un cresteo sobre un sendero duro, con piedras de puntas y poco espacio, para, de repente, un cráter, un circo, un paisaje circular que me deja mudo. Creo que ha sido la mejor ruta que he hecho en años. Me repito. Espectacular. Cada vez tengo mas claro la suerte que tuve nacer cántabro. Infinita.






La hoya, circular, va desde los Ojos del Diablo, Pico Candina, Pico Llandesagú  hasta Pico el Angulo. Subiendo desde el mar, enseguida a la izquierda, los Ojos del Diablo, que son dos, que mas de uno sube y se pierde el más pequeño.







Aproveché que había una pareja, para hacerme una foto. Rara vez me presto a aparecer en una foto. Felizmente. Soy la mota roja. Hablando con el fotógrafo, me aconsejó de hacer la ruta circular en la parte alta del cráter. No está al alcance de miedosos, torpes o cuerdos. Hice la ruta circular, pero algunos tramos, no aptos para sustos. Pero las vistas, valieron la pena.





Varias errores, idas y vueltas, hasta encontrar la ruta de bajada. Y, como todo el recorrido, preciosa. Pedregosa, peligrosa, incómoda, pero bien bonita.

Y en esa ruta, la que antes decía que era la ruta fácil de subida y bajadas desde el aparcamiento, me fui encontrando parejas y familias. Algunos con niños. Que creo que no es sitio ni lugar para ir con niños. Un riesgo innecesario.

La senda de bajada, embarrada, terminó conmigo junto al coche, extenuado tras 4 horas de ruta, un kg barro en cada bambo y el culo morado de un resbalón.

Feliz es decir poco. La mejor ruta en años. De ahí, al bar del Faro en Santander, donde se comen las mejoras rabas con la mejor vista de la ciudad. No fue su día, tarde, mal, lentos, servicio pésimo.

Tras una paseo por la tarde para estirar las piernas cargadas, pronto a dormir. Al día siguiente, de vuelta a casa.

Volveré, claro, y espero que el tiempo me acompañe para mapear a fondo Liébana y Valderredible.

Hasta pronto.







lunes, 23 de agosto de 2021

V Vuelta Macedonia al Mar Menor

07/08/2021


Cada año tiene fechas claves. Cumpleaños, aniversarios, aquella fecha especial, aquel recuerdo. Desde 2018 hay una cita ineludible, la Vuelta Macedonia al Mar Menor. Seguro que no es la mejor carrera, ni la más bonita, pero ya es una parada anual obligada junto con los hermanos macedonios. Este año, a última hora, se nos cayó de la convocatoria Ricardo. Dicen las malas lenguas que por miedo o que prefería picar en la cantera. Richy, ya tu sabes 1.

 


Antonio Kings, Pepe el Agüelo, SalvaPro, Frenado Pechoboi. Y servidor.

 


Sábado 6:45 recogí a Pepe, hacía meses que no coincidíamos. Muy corretero, correbirrero y le gusta demasiado perderse con el trío la-la-la. Bajamos a Murcia, a recoger a Salva, que con la Canfranc-Canfranc está tan obsesionado, entrenando sin parar, que se le olvida hasta coger la cartera. 

Cuando llegamos a Lo Pagán, punto de partida, no había forma de aparcar. Estuvimos más de 20´ dando vueltas. Al final, hubo suerte, lo dejamos relativamente cerca de línea de salida.

 

A las 8:00, agrupamiento general. No diré el nombre, pero justo al lado del Molino Quintín nos comimos unos bocadillos como primer avituallamiento. Pepe y yo compartimos uno de beicon y queso. Que beicon, pues habría, pero no lo catamos. Y el queso, debía haberse disuelto. Pan con pan.

 

Este año se me ocurrió, mea culpa, cambiar el recorrido, el sentido de la marcha. Desde el mismo punto de salida, retroceder al puerto de San Pedro, recorrer la playa de La Llana toda lo larga que es, cruzar los 300 metros de La Encañizada, que para quien no lo conozca es el espacio de mar que separa la punta de La Manga del Mar Menor de las playas de San Pedro. Agua salada. El resto de recorrido, el mismo de siempre, pero al revés. Que sí, que qué necesidad había de empaparse de salitre al comienzo, pero para opinar hay que saber.  No habrá una segunda oportunidad de recorrido inverso.




 A las 9:10, foto de inicio. Y empezando a anochecer, el momento de la verdad, a correr. Partí cargando una botella de 1,5 litros de agua dulce, un follón, pero todo tiene una explicación.

 


La zona de Lo Pagán, en el fin de semana de la Virgen de Agosto, a reventar, como era de esperar. Además, el más caluroso del verano. Humedad a cascoporro. No había líquido suficiente para calmar mi sed, para evitar la deshidratación. Sudamos lo que no estaba escrito. Punto para la organización🥳🥳.

 

Primero kms por la avenida del puerto, a la vera de las salinas. Pronto empezamos con las tonterías, que si los borbones, que si los virus, que si los políticos, ¡¡esos cómicos¡¡. Que sería de una quedada macedonia sin las controversias de siempre. Y como siempre, me quedé solo en mis postulados, pero a cabezón no me va a ganar nadie. Pero da gusto, todos respetamos la opinión del otro, sin ofensas, y esos hoy está muy caro, demasiada gente agota con su verborrea ofensiva e irrespetuosa, obsesionados en que su fanatismo venza, al precio que sea, incluso por encima de la verdad y la amistad.

 


Puerto de San Pedro, con la oscuridad, ni me di cuenta. La playa de La Llana, quien la ha visto y quien la ve. Queda la cuarta parte de la arena que tenía hace 25 años. A esas horas, sobre las 21:30, los turistas y bañantes en retirada con todo el equipo. Se me hizo eterna. Ya es larga de por sí, pero a oscuras, parecía inacabable.

 




Llegamos al punto crítico, cruzar la Encañizada, de noche tras cuatro ediciones con cruce diurno. Con la luz azul de Collados Beach como referencia en la otra orilla, nos pusimos a la tarea. Bolsas de basura con todo dentro excepto los calzones. El agua, caldete ardiendo, hacía más calor en el agua que fuera y mira que hacía calor fuera. Quince minutos tardamos en prepararnos para la odisea. Veinticinco minutos en cruzar. El terreno estaba fangoso, nos ralentizaba. No sé cómo pero nos fuimos desviando hasta acabar torciéndonos unos 100 metros. 100 metros no son nada?. Si lo son cuando sales descalzo, cansado, cargando con una bolsa llena y el suelo está con todas sus raíces que se te van clavando en los pies.

 


Tercer capítulo de la Encañizada, volver a vestirse. Sacamos todo de las bolsas a la luz de las tenues luces de los frontales. Cuando no te pinchabas un pie, perdías equilibrio. Ahora sí, la botella de agua dulce cumplió con el objetivo. Sí, aquel litro y medio con el que cargué desde la salida. Bañar aquello para evitar llevarlo en carne viva. Algo ayudó, aunque muy larga fue la carrera para hacer milagros.

 


Collados Beach, bonita piscina nocturna y la urbanización Veneziola que a vista de pájaro mejora la vista en superficie. Empezaba el tramo de La Manga. 16 kms que por primera vez afrontábamos descansados. Que espanto, hacía tiempo que no lo pasaba tan mal. Chorreando sudor es poco. Lo mejor es que tras dos kms, teníamos el avituallamiento en casa de Fernando. Abajo, en su coche, junto con su mujer, hijos y cuñados, además de unas buenas risas, comimos donuts, bocadillos, 2 chispa-de-la-vida y barritas.

 


Y como ruta diferente, con recorrido inverso, esta edición hasta contó con banda sonora. Cada uno aportó su canción, aunque al final, solo escuchamos la de Fernando. Y sin rencor, pero Fernando, ¿de verdad?, Pechobois…???. Amossssss. Gracias a Fernando y su familia, fue un gran momento.

 



Próximo avituallamiento, en 12 kms. Cada uno fue rumiando su desesperación. Salva, el pro del grupo, por sentir que no podía correr todo lo que quisiera. Pepe, por que querría correr más y lo demás no lo hacíamos. Fernando, que iba mal del estómago. Antonio, que llevaba tiempo sin correr tanto. Y yo, porque era un mar de sudor.  


Mucha gente, teníamos que ir sorteando personas y grupos. Muchos adolescentes y otros no tanto, sin mascarillas, ni distancia de seguridad. Nada. Mucho blablá, mucho quejarse de los políticos, para luego comprobar como mucha, demasiada gente, no cumple con su parte.

 

Playa Ensenada del Esparto y Puente del Estacio. Físicamente, de piernas, perfecto como casi todo el recorrido, pero ir chorreando sudor a mares me iba debilitando. Poco a poco me fui retrasando. Lo único que me salvaba es que los demás no iban tampoco muy pletóricos.

 


La larga Playa del Estacio hasta el Zoco, íbamos de coca, COrrimos y CAminamos, mal pensados. Nos cruzamos con decenas de quince-veinteañeros, con las hormonas dislocadas. Ellas, ya muy mujeres, ellos muy niños, ese momento desigual de la adolescencia. Todos hemos pensado alguna vez volver atrás. A la adolescencia? Ni loco. A los 35 si volvería, pero siempre y cuando me dejen llevarme todo lo que sé ahora. Mucho pedir?

 

Antes de la Encañizada de Marchamalo, el 24Horas de todos los años. Caímos a peso en las sillas. Derregandos. Chispa de la vida para todos. Un par cayeron y ya con un litro en el cuerpo. Fueron 15 minutos, pero me hicieron revivir. Sin ponerla, porque no estaba para bandas sonoras, debió sonar Thunderstruck, de AC-DC, la canción de Salva.




Media maratón llevábamos. Ya solo nos quedaba una maratón. Nada. 


Tramo desde el comienzo de La Manga hasta Los Alcázares. Todos los años se me atraganta, se me hace eterno, pero no en esta ocasión, esta vez fue mi salvación. No sé si fue más mental que físico, pero menos calor y con muchas ganas de correr.



 

Saludamos al faro de Cabo de Palos, siempre fiel escudero en todas nuestras rutas.


Playa del Vivero, Playa de los Alemanes, Playa Paraíso hasta Playa Honda. Corrimos mientras pudimos porque estaban repletas de quince-veinteañeros de marcha. Estoy seguro que yo también fui así, pero, con perdón, que edad más tonta. Ellos, machitos, los que más deben gritar. Ellas, adultas, las que más deben presumir. Tuvimos que soportar pitadas como si fuéramos un cuerpo de seguridad del estado con intención de disolver las concentraciones. Ni un policía vimos. Que le vamos a hacer. La parte buena de la enfermedad de la juventud es que se cura con los años. Aunque no siempre, conozco a más de uno que sigue anclado en sus 20 años.

 

En esta zona de la Vuelta se combinan zonas urbanizadas con zonas salvajes. En las primeras corríamos todo lo que podíamos, en las segundas, andábamos, más que nada porque no había mucha visibilidad.

 

Mar de Cristal, que no hace honor a su nombre, paseo algo oscuro, silencioso. Muy callados íbamos todos. Para evitar que alguno corriera de más, preferí ponerme en cabeza para controlar el ritmo, mi ritmo. Al que podía ir. De fondo se oía la canción de Pepe, del Boss, me sorprendió muy gratamente. Punto para Pepe.

 



Entre Mar de Cristal y Los Nietos, zona no urbanizada. Bien. Ya tenía excusa para no correr. Iba bien, con ganas y fuerzas. Antonio nos contó donde tenemos su casa para veranear.

 


En toda esta zona, ni un bar abierto, nada donde avituallarnos, hasta que encontramos un bar cerrando. Allí se fue de expedición Pepe para coger botellas de agua. Frías, como témpanos, que cortaban la respiración.

 

Mas kms y la obligatoria foto con el caballito de mar. Comentaba Antonio lo bien que estaba el baño en la zona para, al día siguiente, leer en la prensa la nueva catástrofe medioambiental. Espero que no fuera por cinco macedonios cruzando la Encañizada la noche anterior🎃.

 


De Los Nietos a Los Urrutias, con dos clubes marítimos gemelos. Nunca me aclaro cual es cual. Entre medio, mas arbustos, mas altos que otros años por las lluvias. Algo de barro, algún resbalón. Estrella de Mar y Los Nietos, paseo al borde de la playa, mas trote, pero las horas pasaban y no parecía tener fin nuestra ruta. Por mi parte, sin prisa, estaba disfrutando el momento. No sufro ya con el reloj, a veces se va mas rápido, a veces menos, lo importante es el camino y la compañía. Richy, nos faltó tu camiseta para hacernos un gabi, ya tu sabes 2.

 


El Carmolí, última zona urbanizada antes del nuevo giro. La fábrica de siempre, esta vez entramos por otra parte, corrimos por una pista que parecía de aeropuerto. Desde allí hasta Bahía Bella, lo mas complicado. El sendero, invisible. Nos pusimos en manos de Salva, pero aún así el camino desaparecía por momentos. Idas y vueltas. Acabamos saliendo a la carretera. Muy oscura. En fila india, mucho respeto por el tráfico, mala hora para andar por allí, aunque no vimos un solo coche.

 

Al son de Runaway de Bon Jovi, propuesta por Antonio, abocamos a la entrada a Los Alcázares. Parada en una gasolinera, mesas altas. Salva, con el gesto contrariado. Antonio, con evidentes signos de cansancio. Fernando, raner de esos, disfruta siempre incluso en las peores ocasiones. Y Pepe, que se te acababa el camino, corre que no hay más.

 


Siempre me ha gustado mucho el largo paseo de Los Alcázares de noche. Eso sí, Pepe, este año no nos contaste como veraneabas allí hace 50 años con tus padres, con el agua al borde de la casa. La edad.


Creo que fue de los mejores momentos, habría corrido sin parar hasta el final y mira que se veía lejano. Saliendo de Los Alcázares, el paseo continúa por Los Narejos


Cañizo y camino de madera, en algún punto debimos liarnos, otra vez acabamos en la carretera. Nos saltamos el aeropuerto de San Javier, un aeropuerto ya sin aviones, solo uso militar, creo. Rodeamos la base militar, en un estado penoso, no aguantaría ni la invasión del dispar ejército macedonio que conformábamos.



 

Larga, larguísima carretera. Todos hacíamos aguas, mayores la mayoría, ahahaha. Al tran-tran, con la rotonda de entrada a Santiago de la Ribera. Tiene un no-se-que de ochentero que me atrae. El paseo, tras la remodelación, lo han dejado de lujo, siempre y cuando sea a estas horas. De día, a reventar, es un zigzag. 




El sol asomaba en lontananza. Que bonitas fotos. La meta se acercaba. Y no podía faltar, aunque fuera in absentia, la canción de Richy. The Offsprings.

 


El cansancio ya se había cobrado la factura. Me dolían los pies, los bambos tenían más años que las falsas noticias de AS sobre el fichaje del Empapé, que seguro seguro que lo fichan este año, también. Y así desde hace cuatro años. Periodismo de altura.

 




El salitre, finalmente me alcanzó, y las rozaduras en salva sea la parte me hacían correr como si me acabara de bajar del caballo. 


Que momento tan especial, buena compañía, los paseos vacíos, el sol borrando la noche casa a casa. El molino Quintín, final de carrera. Como dice mi canción favorita, aquí estamos, vivos y pateando.

 


Nos cambiamos rápido. Un remojón en los grifos de la playa. Desayuno en el bar de al lado de aquel cuyo nombre no quise decir. En éste, el premio al mejor camarero del año. Agradable, simpático, dispuesto. Mister Sin Patía.

 

Se acabó la ruta. Una y no más, no habrá otra edición en sentido contrario, pero había que probarlo. Y una en invierno??? Ahahahah.

 

65 kms. 10:50 en todo el recorrido con sus paradas. El tiempo, pues el peor de las cinco ediciones anteriores pero que más da. Lo sufrí, pero lo disfruté, y al final estas son las cosas que dan sentido al día a día. 


Gracias a Antonio, Fernando, Pepe y Salva, sin vosotros esto no sería lo mismo, vamos, que no valdría la pena. Richy, no te olvidamos.

 

Macedonia Victrix





domingo, 13 de septiembre de 2020

IV Vuelta ¿Macedonia? al Mar Menor

 



Los meses van pasando y a todo nos acostumbramos. Lo hemos hecho para reducir las relaciones sociales, los viajes, el contacto personal....¡¡como no lo íbamos a hacer con las correr carreras¡¡. No digo que antes o después vuelva a colocarme un dorsal para participar en alguna ultra pero por ahora no sólo ha pasado a segundo plano, si no que no tengo nostalgia. No veo necesario participar en carreras para disfrutar corriendo y mucho menos con tantas normas y restricciones que las desnaturalizan. Cuanto mas tiempo pasa disfruto más de los entrenamientos y de retos los particulares. Y pasados tres meses desde la tercera Vuelta Macedonia al Mar Menor, me dejé embarcar en la cuarta, aunque de macedonia venía a tener poco. Mi camiseta y el abuelo Pepe, que ni tan siquiera portaba la bandera. Corrió con su camiseta naranja de correbirro.



Todo se forjó hace poco más de un mes desde el grupo de corredores de Cabezo de Torres. Las ganas de Pepe de repetirla se juntó con el ímpetu de Paco y la connivencia de Jaguar y José Antonio Megías. En la última semana el zamarro se borró por una inflamación de rodilla pero seguramente mas por vergüenza torera que por deseo deportivo, decidió hacerla, pero en bicicleta trayendo de compadre a otro cabezotorrense, Toledo, al cual no tenía el gusto de conocer hasta la fecha.


4:00 de la madrugada. Sábado 12 de septiembre. Tras una semana estresante de trabajo, me levanté para desayunar. Como siempre que voy a correr de mañana, zumo de pomelo y tostadas de pan integral con aceite.


5:00, cita previa de los cuatro corredores. Para cumplir con la nueva normalidad, dos coches y bien pertrechados de mascarillas.


6:00 llegamos al Molino Quintín en Lo Pagán, habitual punto de partida y llegada de la Vuelta al Mar Menor, la macedonia. Ya antes de empezar mi estómago no carburaba bien. Intenté, sin éxito, hacer un chelfi de los cuatro antes de salir. Y es que no lo consigo, cuando no es que no encuadro, es que me tiembla el pulso, o no enfoco, el caso es fracasar. Ni una foto de la salida.




Los compañeros de esta edición son mas duchos en asfalto y eso me daba yu-yu mucho yu-yu, por que no me van los ritmos altos. No me gusta apretar y mucho menos de salida. Prefiero ir de menos a mas. Ellos, en cambio, se les veía ligeros, sueltos. Primeros metros por los paseos al borde del Mar Menor. Playa de Villa Nanitos en Lo Pagán. Ni un ruido, ni un alma. De noche. Y como solo me había llevado las gafas de sol tuve que escoger entre correr a oscuras o a ciegas. Pues fue a oscuras. Cual ristomejide, me coloqué las gafas de sol desde el principio, prefería verlo negro a verme en el suelo.




La Puntica, con los restos del club marítimo quemado. En una valla me enganché la visera que llevaba colgada y la rompí, con esta edición, me ha rendido su último servicio. Largo paseo de Santiago de la Ribera. Primero grupitos de paseantes. Íbamos a buen ritmo, quizás demasiado, prefiero ir de menos a mas, correr por debajo de 6:30 o incluso a 7:00 para ir entrando en calor. Ya me conozco y sé que hasta que no pasan 20-30 kms, o voy al trotecillo, o sufro de más.




Es la cuarta edición pero sigo disfrutando de los largos paseos de Lo Pagán, Santiago de la Ribera, Ciudad del Aire, que mantiene el aroma del veraneo del siglo XX, que no viví en persona, pero que se puede ver en cada recodo, cada casa, cada balneario de madera. No muy bien, con dolores de estómago, me callo y troto.






Primera edición sin Salva el Sherpa, así que nos tocaba a Pepe y a mí hacer de cicerones pero mas concentrados en otras cosas, saliendo Santiago de la Ribera, absortos en las historietas de la mili de Pepe, nos pasamos la ruta, así que acabamos haciendo mas asfalto y menos senda. En aquellos restos de cuarteles pude imaginar a Pepe, más de 40 años atrás, echando mal de ojo a aquel capitán que le arrestó sin saber que acaba de firmar su triste destino en Sevilla. Pepe es mucho Pepe.




En la parte final del paseo, han debido echar miles de euros en cuatro o cinco réplicas en hierro-bronce-lo-que-sea, de modelos de aviones de la Patrulla Águila. Otra vez, con más tiempo, volveré para pararme a fotografiarlos, ver los modelos y su uso.




Pasando por la Academia General del Aire, km 5, observamos los restos de las construcciones que otrora acogieron a adolescentes aspirantes a pilotos que ahora Megías propone convertir en ¡¡campo de concentración¡¡. Yo no llegaré a tanto, pero es una pena la decrepitud de los edificios que podrían reutilizar de muchas maneras pero por esta desidia tan española de no hacer nada hasta que se viene abajo, pues acabará cayéndose a trozos de pura inacción. 




Más fantasmas, el aeropuerto de San Javier, sin movimiento. Mi estómago dijo basta y tuve que pararme a balizar. Al empezar a trotar, me dolía todo. Los tres galgos, muy tranquilos, iban a buen trote o yo iba hecho un ¿caracol?. Km 10, amaneciendo, primera parada para tomar un té que me vino muy bien, me sentó el estómago. Primer mensaje a mis pomelos. Todo bien. 




Retornamos a la carretera para, en seguida, coger los puentes sobre las cañas para entrar en el paseo eterno de Los Narejos y Los Alcázares, kms 12 a 15. De vuelta a 1970. Pepe, abuelo cebolleta, nos contó sus años de veraneo, cuando la orilla estaba 10 metros más arriba, justo al borde de las casas. A un lado, paseo, espigones de cemento y nuevo mobiliario urbano. Al otro, casas de veraneo de cuando Franquito era corneta. 




Saliendo de Los Alcázares, en lugar de coger la orilla como hicimos en las anteriores ediciones, cogimos la carretera directa hacia El Carmolí atravesando la Rambla del Albujón, recuperando en tiempo que perdimos en los kms de asfalto que cogimos por error. Y evitamos el fango, mosquitos y agua estancada que nos tragamos en la edición de junio. 




Km 21, Playa de Punta Brava. A partir de ahí, macedonia combinación de casas pequeñas, antiguas, horteras tal vez, con nuevos chalé con piscina, ventanales y playa a 20 metros. ¡¡Que viva la ley de costas¡¡...para el vulgo, no para los señoritos.




Paco empezó a dar señales de vida. Varias llamadas. Empezaron a las 8:00 desde Santiago de la Ribera. Poco a poco nos fueron acortando distancia. ¡¡Que viene el Zamarro¡¡.




Entre Los Urrutias y Estrella de Mar, un par de kms de tierra, algo de fango, un mucho de peste a agua estancada y buen ritmo de carrera. Para evitar abrasarme antes de tiempo, intenté controlar el ritmo, no muy rápido, que los 16 kms de La Manga luego se pegan y mas en esta ocasión, en la que además de humedad, hacía mas calor.






Segunda parada, primera chispa-de-la-vida. Sacamos los bocadillos. Pan integral con chorizo pamplonica. Me encanta. Los geles, para la ducha. El camero, muy simpático, nos dijo; "no se puede comer comida de fuera, por esta vez os vamos a dejar, pero no la próxima". Tomo nota...para no volver a pararnos allí. Será por bares. El bocata que cayó de lujo. El otro que llevaba, pues aquí de vuelta, a espera de que me lo meriende hoy. 




Km 26, comienzo de Los Nietos. Unificación del grupo. Paco y Toledo llegan a nuestra altura. Paco nos enseña un móvil Manzana que encontró tirado. 800-1000 €. Tirándose de los pelos estará el dueño. Con buen criterio, se lo llevó por si apareciera el dueño. Y hasta ahí puedo leer. Desde ese momento, Paco y Toledo, hicieron la goma, iban venían.


Tras los kms por la parte oeste del Mar Menor, entramos en la parte este, desde Los Urrutias hasta Cabo de Palos. Empecé a carburar. Y como cambia ese tramo. De hacerlo de noche, parece que Cabo de Palos no va a llegar nunca, a hacerlo de día, que si no te das cuenta, te lo pasas. De forma consecutiva Islas Menores, Mar de Cristal, Las Lomas, Playa Honda y Playa Paraíso. Y con restos romanos, para que nuestra legión rinda pleitesía a la ciudad eterna, el yacimiento de El Castillico. Cuarta ocasión y es la primera vez en que me doy cuenta de que Roma también estaba allí. Punto para Jaguar.




Entre el 32 y el 36, el giro desde Las Lomas al comienzo de La Manga, mi zona preferida del recorrido. A alguno ya se le empezaba a notar el cansancio. Megías, empapado en sudor, pedía cuartelillo. De forma consecutiva, Playa de los Alemanes que supongo que será por decenas de teutones cerveceros que invadan el arenal, Playa del Vivero hasta Puerto Bello, que no tanto. Por el club náutico, a la Goa de Marchamalo, atravesando el puente del mismo nombre hasta llegar al 24H en que siempre nos paramos, km 2 de La Manga.




Y estábamos tranquilamente almorzando cuando un treintañero, con camisa verde pistacho, fue directamente hacia Paco y preguntó: "Vosotros no habréis encontrado un móvil?". Paco, todo parsimonia, sin responder, abrió la riñonera y sacó el móvil Manzana. La cara de alivio del pistachero era un poema, todo alegría. Hablaba atropelladamente sobre como había perseguido la señal gps del móvil. Para que luego digan que el covid es un invento para controlarnos. ¡¡Si no les hace falta¡¡. Perla final, "podías haberlo dejado en un cuartel de la guardia civil". Con buen criterio, Paco calló y no dijo nada ante la sombra de la duda que quería hacer caer sobre él.


La Manga, 16 kms por delante de asfalto, gente, calor, vía única. Mejías reventó. Salimos del 24H corriendo. Pepe y yo marcábamos buen ritmo. Los primeros 4 kms a una media 5 o 5:30, quizás demasiado rápido y los gemelos de Megías dijeron que ¡¡hasta aquí¡¡. A partir de ahí, desde el 7 hasta el 18 anduvimos mucho mas rato del que corrimos. Pero esto es así. Si uno cae, los otros le esperan. Paco y Toledo fueron y vinieron varias veces. 






La Manga en sí, es un disparate urbanístico de juzgado de guardia. En una barra de arena de 20 kms de largo, por unos centenares de metros de ancho, se han dejado caer edificios, hoteles, casas y chalés por doquier. Sin orden, sin control. Pura especulación. Alguien se ha hecho muy rico, la naturaleza muy pobre. Los primeros kms, desde el Zoco hasta la Punta del Galán, insufrible de aglomeración. Mejora desde la Playa de Poniente hasta la del Pedrucho, con edificaciones a un solo lado, atisbando lo que debió ser la zona antes de los años 60. Megías sufriendo. Los demás, aguantando. Paco apareció con "flí" efecto frío. Playa de las Gaviotas y del Estacio. Playas estrechas, arena negra. Mucha gente tomando el sol, otros bañándose y demasiada gente sin mascarilla. Luego a quejarnos. 






Puente levadizo del Estacio, con las obras del pelotazo valcarciano del nuevo puerto que ahora la Justicia obliga a derruir pero que nadie va a devolver la mascá atesorada. Se intuía ya el final. Desde la Playa de la Ensenada del Esparto hasta el Veneziola, mucho mas espacio. Chalés de lujo, con piscina y jardín, pero tan adentro de La Manga, que solo pensar en el tiempo desde Murcia, no vale la pena ir salvo que vayas para quedarte varias semanas. Veneziola, esqueleto de lo que quisieron que fuera un mallamibich, torciendo a la derecha por el restaurante de lujo Collados Beach.




Y llega el momento de cruzar por la encañizada. Cada vez lo veo mas lejos. Nos quitamos la ropa, todo en bolsas de basura. En el primer tramo, mucha vegetación, se hundían los pies. Opté por una ruta en diagonal al ver al fondo, a la derecha, flamencos de pié. Con ello nos hundíamos como mucho hasta la cintura. Momentazo ver a Paco y Toledo cargando con la bicicleta. Al otro lado, una señora nos vio salir ojiplática. "Alguna vez habías visto algo así", le preguntó Paco. "No, y mucho menos cargando una bici".






Km 55. A cuatro kms de meta, sálvese quien pueda. Corriendo a tope con Pepe, en muchos momentos a 4:45. Llegamos a meta. Megías se recuperó y llegó a los 3-4 minutos. Y Jaguar, pues con su reportaje fotográfico. 




Otra vez, gran experiencia, que habrá que repetir. La próxima ocasión, en invierno. Encañizada incluida. Dorsales olvidados, ¡¡será por retos¡¡. Próxima parada, 17/10 I Ruta Macedonia de las Fortalezas. Para otra ocasión, ruta desde Cabo de Palos a Cartagena por la orilla. Como dice el bosnio, no digas que no puedes hacerlo....


¡¡¡ Roma Victrix  ¡¡¡