martes, 3 de septiembre de 2019

Cantabria (III), agosto 2019 💢



¡¡¡ Vuelveeeee, a casa vuelveeee…..en agostoooo ¡¡¡. De vuelta a casa, un verano más a visitar a la familia y recorrer mi querida tierra cántabra. Y por segunda vez, acompañado únicamente por mi hija Julia, ¿¿que mejor compañía???. Con 12 años, su niñez se me escapa entre las manos. Ya tuve que dejar ir a mi otra hija, Marta, con casi 19, con ganas de volar sola, como deber ser. Arranqué el coche el lunes 19 con la intención de malcriarla todo lo que me dejara y hacer lo que ella quisiera. Son mis niñas y pese a que hay días en que me vuelven loco, no quiero dejar de pasar ninguna ocasión de disfrutar a su lado.



Van pasando los años, 26 ya desde que dejé Santander para venirme a vivir a Murcia, y lejos de olvidar mi tierra, cada vez la añoro más. Debe ser que como me van cayendo los años, cada vez estoy mas nostálgico. En Murcia vivo y soy feliz, pero nada como Cantabria. Nunca dejará de ser mi patria y cada nueva vuelta a casa, mas orgulloso estoy de haber nacido cántabro. Sé que es una casualidad. Nací cántabro como lo podía haber hecho albaceteño, chino o sordo. Es una gran memez el ultranacionalismo actual. Pero de todos los lugares en los que podría haber nacido, ninguno mejor que la patria cántabra.

En esta ocasión, no os aburriré con filosofía barata, al lío, os enseñaré nuevos recodos cántabros.


Martes, 20-08


Bostronizo y la iglesia mozárabe de San Román de Moroso.

¿Como llegar? 45 kms desde Santander. Cogiendo la autovía Santander-Torrelavega-Palencia, salida de Arenas de Iguña, atravesamos el pueblo y subimos a Bostronizo, 5 kms de carretera comarcal. Atravesamos este pueblo. Una señal indica el comienzo del camino.



Escondida entre los bosques del Valle de Iguña, casi cuatro kms paseando por pistas forestales desde el pueblo de Bostronizo, nos recibe en una arboleda enclavada en una hondonada la ermita mozárabe de San Román de Moroso.



Parece ser que sus orígenes datan de nada menos que del siglo X, aunque no es hasta el siglo XII cuando se tiene algún testimonio escrito, en concreto en 1.119, cuando la reina Urraca cede su propiedad al monasterio de Santo Domingo de Silos. Más de mil años de ver pasar el tiempo a su alrededor, ahí es nada. 



Son 8 kms de ida y vuelta. Se puede hacer una ruta circular pero es mucho más larga. Importante, llevar una mochila con agua y algo de comer. Es impagable un almuerzo o merienda en el banco frente a la ermita. Si se escucha el silencio, se oyen 1.000 años de historias de la Historia.


Arenas de Iguña, Iglesia de San Jorge, Las Fraguas y Palacio de los Hornillos


¿Como llegar? Volviendo desde Bostronizo, camino de Arenas de Iguña, a la derecha según se baja, nos lo tropezamos.

En Las Fraguas, superando Arenas de Iguña, está la finca mas grande de Cantabria. Cuenta con La Casona, del siglo XVIII. Con posterioridad, a comienzos del siglo XX, el duque de Santo Mauro construyó el Palacio de los Hornillos. Vivienda ducal, se utiliza para celebraciones y eventos. Es famosa por ser el lugar donde se rodó, entre otras, la película de Amenábar, "Los Otros".

Desde la verja se ve el gran palacio, del mismo estilo que el Palacio de la Magdalena de Santander, con un gran estanque alrededor del cual sesteaban una docena de tranquilas vacas.


A su izquierda, la sorprendente iglesia de San Jorge, construida por los duques como iglesia particular en 1.890 que posteriormente fue donada a la población de Las Fraguas. Y digo sorprendente porque, conocido como El Partenón, es una iglesia con plante de templo griego en mitad de los valles cántabros. Me imagino que su origen es esa afición de las clases altas por llamar la atención a través del dispendio de sus fortunas sospechosamente acumuladas tras siglos y siglos de atesoramiento de lo propio y de lo ajeno.


Miércoles, 21-08


Cabezón de la Sal y su bosque de secuoyas

¿Como llegar? 40 kms. Cogiendo la autovía Santander-Torrelavega-Oviedo, tomando la salida de Cabezón de la Sal. En la primera rotonda hay una desviación hacia Comillas. A poco más de dos kms desde la rotonda, a mano izquierda según se sube, no tiene pérdida. Está indicado y la cantidad de coches aparcados así como un carril coloreado para los viandantes, te lleva a la puerta.




Aun recuerdo 40 años atrás recorriendo una y otra vez esa carretera en el 850 amarillo de mis padres. Entonces era una carretera estrecha, boscosa, con mucho árbol invadiendo el camino. Nada nos hacía pensar que sería un punto de obligada parada para turistas décadas después.


Las secuoyas no son originarias de Europa, sino de América. En 1.940, a comienzos de la dictadura franquista en plena guerra mundial, olvidados por unos y otros, España dependía de si misma. Necesitando madera para construcción y la industria, se les ocurrió la idea de plantar secuoyas, eucaliptos y pinos que crecen relativamente rápido. Las secuoyas, en concreto, entorno a 1,80 metros al año. Para cuando las secuoyas alcanzaron una altura adecuada, ni hacía falta tanta madera, ni había franquismo. Pero allí quedó el bosque de secuoyas, 848, en el Monte de las Navas. Tuvieron que pasar varias décadas hasta que alguien supo valorar el tesoro natural que allí reposa. Se limpió el monte de arbustos. Se colocaron un par de pasarelas y escaleras de madera, y el mayor bosque de secuoyas europeo al alcance de cualquiera, y gratis.


Monte Corona y la Ermita de San Esteban


¿Como llegar? 10 kms desde el bosque de las secuoyas. Tras salir del bosque de secuoyas, hay que seguir la carretera en dirección a Comillas. Arriba de la cuesta está el pueblo de La Hayuela. A mano izquierda se abre una comarcal, en bastante mal estado por cierto (Revilla menos tv y mas trabajar). Despacio, sin dejar el camino, hasta la ermita.


Otra vez, vuelta atrás 40 años, en el 850 o en el posterior y modernísimo 124 con parrilla frontal. ¿Cuántas veces nos bañamos en la playa de Comillas y acabamos yendo a comer bocadillos de tortilla de patata a la ermita?. Quizás hayan pasado 35 años desde la última vez que estuve allí, pero aún recuerdo a mi padre metiendo el 850 en una pista forestal del cual no podíamos sacarlo. Vimos sentados a unos hombres musculosos, comiendo en una de la muchas mesas de piedra del merendero. Allí que fue mi padre. "No, papá, a esos no", le íbamos diciendo. Ni caso, se lo dijimos varias veces, pero insistió a pedirles ayuda. "Perdonad", dijo mi padre, "¿nos podeis ayudar a sacar el coche, vosotros que se os ve jóvenes y fuertes?". Sin enfadarse, al darse cuenta de la buena fe de mi padre, les respondieron, "ya quisiéramos", mientras giraban sus ¡¡sillas de ruedas¡¡. No le miré la cara a mi padre, pero seguro que si hubiera sido un avestruz, habría escondido la cabeza para pasar el mal trago.

Poco ha cambiado el Monte Corona y la ermita de San Esteban. El asfalto y el aparcamiento está calamitoso, Revilla. Pero la zona cercana a la ermita está bien acondicionada y limpia. La vista de siempre hacia la costa, desde San Vicente de la Barquera hasta Cóbreces, permanece indeleble. Recorrimos la zona. Y sí, me escuché gritando, corriendo con el balón cuesta abajo (¡cuantas veces nos dijeron nuestros padres que ahí no se debía jugar a la pelota¡). Que buenos momentos. Que pena como se pasa la vida de rápido y no sabemos que pasa mientras no hacemos más que quejarnos por todo. Todavía, (o ya), tengo 51, pero ya echo de menos todos esos muchos momentos dedicados a ser infeliz por vaya-usted-a-saber-qué....y esos momentos no vuelven.



Hay otra ermita cercana, la de San Antonio, pero tiene mala ruta desde allí. 



Comillas

¿Como llegar?. 15 kms desde la ermita de San Esteban. Retrocediendo el camino recorrido hasta La Hayuela, cogiendo la carretera de bajada. 

Siempre vuelvo. En los últimos años me propuse revisitar cada rincón de Cantabria. Tras muchos años criando, en los que las visitas se circunscribían a Santander y la familia, la nostalgia me obliga a volver a todos aquellos sitio de mi niñez e incluso a aquellos que nunca visité. Ya se sabe, no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde. 

Comillas es de esos sitios que siempre quiero volver a visitar aunque en verano esté sobresaturado de turistas. Que no hay sitio donde aparcar, pero es lo que hay. Para aquellos que solo pueden veranear, Cantabria tiene otro encanto distinto en otoño e invierno. Seguro que el clima es desapacible pero recorrer sus valles y pueblos fuera de temporada estival te aporta el sabor de lo auténtico.


Aún así, Comillas, con su playa (me sigue pareciendo increíble que haya que pagar para aparcar allí, Revilla), su cementerio con su ángel vengador, los jardines frente a la casa de Mary Poppins, el centro del pueblo en derredor de la iglesia, el capricho de Gaudí, el palacio de los marqueses o la universidad pontificia, es siempre un destino obligado. Nos paseamos por sus calles comiéndonos un sabroso helado.


Ermita de los Remedios

¿Como llegar? 5 kms desde Comillas. Saliendo del pueblo en dirección a Ruiloba, camino de Liandres. A pocos kms, a mano izquierda, una breve subida lleva a la ermita con unas espectaculares vistas al mar. 


La ermita, muy pequeña, es del siglo XIX. Aquel alevín que era hace 40 años veía siempre el fantasmico colgado de la cruz. Me ha costado 4 décadas saber que no es mas que una tela esculpida para cubrir la cruz. Hay un cercano mirador con vistas al mar. Al pie de la ermita, un merendero con mesas exteriores que tendremos que disfrutar en otra ocasión.


Jueves, 22-08



Fuente del Francés

¿Como llegar? 20 kms desde Santander. Cogiendo la autovía Santander-Bilbao. Salida Hoznayo, tras pasar Solares. En la rotonda, hay una señal que pone Aguas de Hoznayo. Bajando un camino, a pocos cientos de metros. Aunque parece que te has equivocado, pues no, es ahí, al comienzo del arbolado.


Parece ser que tras la revolución francesa, un cura franchute huyendo de las hordas revolucionarias, acabó por estos lares. El buen fraile tenía problemas de vista. Acostumbraba a lavarse con agua del manantial cercano, mejorando ostensiblemente. A lo largo del siglo XIX las aguas del manantial fueron usadas por las gentes del lugar por sus cualidades curativas. Algún avispado vio las posibilidades del lugar y allí construyeron un balneario, un molino y un pequeño hotel. 




En 1980 se cerró todo y desde entonces está abandonado. La naturaleza lo ha ido invadiendo. Y aunque de aquello no tiene la culpa, Revilla, ¿darás lugar a que se convierta en otro desastre?. 

El entorno es precioso. Con un simple trabajo de limpiar de arbustos, ramas y escombros, la zona mejorará ostensiblemente. Por el balneario poco va a poder hacerse, lo mejor sería derruirlo o asegurar lo que queda, limpiando las sendas. La Gruta del Diablo está pidiendo a gritos visitantes. Aunque, a lo peor, si lo acondicionan demasiado, las nuevas hordas revolucionarias, los turistas, destrozan este rincón.



Solares y la finca del Marqués de Valdecilla



¿Como llegar? Volviendo hacia Santander, a 5 kms de la Fuente del Francés


Ibamos buscando la Mina Pepita, con figuras de la mitología de Cantabria y nos encontró la finca del Marqués de Valdecilla, en la parte mas alta del pueblo.




El Marqués de Valdecilla, Ramón Pelayo, fue un indiano nacido en 1850. Indiano es como se llamaban a los cántabros que se marchaban a hacer las américas. Mi abuelo Faustino lo fue. Viajó entre los años 10 y 20 del siglo XX a México. Sigo esperando que venga un tío mexicano millonario que nos quiera conocer y mantener. 

Ramón Pelayo parece que hizo mucho, pero que mucho dinero, con el azúcar. Ya muy mayor, con 70 años, volvió a casa y entre otras cosas, donó dinero para levantar el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en Santander, uno de los mas importantes hospitales del norte del estado español.


En la finca de Solares hay unos muy cuidados y floridos jardines así como varias construcciones, entre ellas, la Casa Blanca, museo dedicado al marqués; La Casuca, donde vivieron sus herederos; San Rafael, la casa de invitados; La Solana, la casa de los guardeses, que para mi quisiera; La Cabaña, donde estaban las cuadras; y El Garaje, donde tenían las cocheras. Y unos jardines de preciosas flores de colores. No yendo en su búsqueda, nos encantó el paseo por la finca.


Lierganes

¿Como llegar? 15 kms desde Solares a través de La Cavada. 40 desde Santander cogiendo primero la autovía Santander-Bilbao y después la que va hacia Torrelavega.


Uno de los mas bonitos pueblos de Cantabria y quizás menos conocidos en el exterior. Puerta de entrada hacia los valles de Soba y Asón, en pleno valle del Miera, sus casonas relucen montañesas a la sombra de los montes Marimón y Cotillamón, popularmente conocidos como las Tetas de Lierganes.




Atravesado por el río Miera, que bajaba con poca agua, su cauce cuenta con varios puentes, el mas famoso el Puente Romano, aunque su origen es 1587. 


A sus pies, la estatua del hombre-pez. Cuenta la historia-mito-leyenda, representa a Francisco de la Vega Casar, nacido en 1658, que desde muy pequeño se pasaba las horas muertas en el agua. Aprendiz de carpintero, hurtaba cada momento que podía para zambullirse. Una noche de San Juan se lanzó al mar y su cuerpo no apareció. Olvidado por los vecinos, dicen que 5 años después apareció en la bahía de Cádiz, con escamas en el cuerpo y membranas entre los dedos. Devuelto a Liérganes, no pudiendo soportar la vida en tierra, se lanzó al río Miera y nunca más se volvió a saber de él, pasando a la mitología como el hombre-pez.




Además del paseo por el río Miera y su molino de agua, las calles empedradas están jalonadas de casonas de piedra. En la salida del pueblo, el balneario, donde dicen que una vez estuvo de pasada Alfonso XIII. Conociendo las costumbres borbonas, a alguna iría a rondar.

En dirección hacia Soba, justo a la salida, en un pequeño altozano está la iglesia de San Pantaleón, del siglo XIII, con trazas de iglesia románica. La vista sobre Liérganes es completa.


Viernes, 23-08


Ajo, Cabo Quintres y la Ojerada


¿Como llegar? 30 kms desde Santander. Autovía Santander-Bilbao, cogiendo la salida de Ribamontán al Mar, en la rotonda, la desviación hacia Ajo

Ajo, una de las Siete Villas marineras, capital del municipio de Bareyo, con una larga historia, ya se la menciona en el 923. El pueblo, con la iglesia de San Martín de Tours, del siglo XVII ha crecido de forma exagerada por el turismo invasor vasco. Lo más bonito, sus acantilados.


El pueblo está tierra adentro. A dos kms, las playas y el faro. En un rotonda pequeña se separan los caminos. Izquierda, abajo, playas. Derecha, arriba, faro. Aparcando en su puerta, hay que pagar 1 euro para entrar en el parque del faro, siempre y cuando tengas más de 14 años. Así que mi hija no pagó, yo casi.

Faro pequeño, pero con preciosas vistas al Cantábrico. Quisieron construirlo igual que el faro de Cabo Mayor, en Santander, pero finalmente quedó como su hermano pequeño, inaugurado en 1930. A la derecha un mirador hacia Galizano y Langre. A la izquierda, pequeño sendero hacia Cabo Quintres.

A la salida, cogimos el coche, para por una comarcal muy estrecha llegar hasta La Ojerada, zona rocosa que las cosas del clima, las tempestades y la erosión, han excavado dos cavidades casi juntas que parecen unos prismáticos para ver bien el mar. A su espalda, la playa del Arenal. Desde allí fuimos a Güemes, a casa de mi hermano, pero esa es otra historial.



Sábado, 24-08



Santander


Todas esta rutas fueron de tarde. Por una vez tuvimos suerte y nos hizo sol de verano. Pudimos ir a la playa. Como la más cercana a la casa de los abuelos es la Segunda del Sardinero, allí que fuimos, salvo la mañana del sábado, que nos acercamos a mi recodo favorito. Hemos viajado un poco pero mucho menos de lo que me habría gustado. Hemos conocido lugares para recordar. Roma, París, Londres, Viena, Lisboa...pero en ningún sitio me encontraré más a gusto que sentado en mi recodo favorito de la Primera del Sardinero. Un día, espero que muy, pero que muy lejano, volveré por ultima vez para descansar allí cada día. Los días de sol y los de lluvia; los de galerna, y los de surada; los de frío invierno, y los playeros de verano. Eso también será otra historia.

Poco paseamos estos días por Santander. Subimos al Museo de Botín que parece correr peligro de convertirse en un carísimo mirador desde donde hacerse fotos, con la bahía de fondo. La feria del disco enfrente de Correos, la Catedral para acabar en Río de la Pila comiendo unas rabas en el bar Cantabria.



Por la tarde, la basílica de verdad. Partido del Racing. Tras 4 años más uno en el rincón más infecto de la caldera más repugnante, de vuelta al infierno de segunda. Esperemos que para no volver. 51 años, empieza mi año 41 como socio del Racing, los 26 últimos viviendo en Murcia. Verdiblanco es el color de mi corazón. Es algo más que un equipo, es un sentimiento. Sobró un minuto, en el 94 nos empataron los almerienses, 1-1.




Domingo, 24-08



Virgen del Mar y Liencres


¿Como llegar? Carretera de Liencres, a 10 kms de Santander.

La Virgen del Mar es la patrona de Santander desde 1.979. La talla de la Virgen parece ser que es del siglo XIII o XIV. Dicen que en 1.590 la robaron unos piratas pero no debió gustarle mucho que cayó o la tiraron por la borda. Flotando apareció en nuestras costas para la cual se construyó la ermita como casa.


La zona de la Virgen del Mar lo tiene todo. Prados, playa, ermita, mar y hasta el cementerio de Ciriego muy cerca. Hay una senda que desde el faro de Cabo Mayor en Santander hasta Liencres recorre toda la Costa Quebrada.

Empezando a chispear nos fuimos camino de Liencres y su playa y su zona arbolada de Valdearenas. Por el camino están las playas de La Arnía, Covachos, Somocuevas o San Juan de la Canal, pero no hubo tiempo para tanto.



Antes de volver a casa no podía falta nuestra visita al chiringuito del faro de Cabo Mayor a comer unas rabas. No sé si las mejores, pero entre las vistas, el ambiente y su calidad, no hay otras iguales.


Virgen del Mar y Liencres


¿Como llegar? 40 kms desde Santander. Autovía Santander-Bilbao, salida Noja e Isla. La primera salida, atravesando Beranga, solo seguir la carretera hasta la playa. 

Noja es otra de la Siete Villas marineras, en la costa oriental de Cantabria. Otro de esos pueblos invadidos por el turismo vasco, tiene una historia milenaria. Al menos desde 927 se tiene conocimiento de este pueblo. En la zona mas antigua hay varias ermitas centenarias pero por encima de velas e incienso, la playa del Ris con sus rocas es lo mas bonito.




En Noja tenía cita para una nueva carrera. Este año me había propuesto sacarme el Gran Slam Cántabro, consistente en correr en el mismo año una milla, 5 kms, 10 kms, media maratón, maratón y ultramaratón. Y a esta fecha solo me faltaba la Milla. Desde luego no es mi tipo de carrera, por que esta distancia es de correr mucho y a mi me gusta más el ritmo de ultra. Allí que fui con mi Julia. Vimos las carreras de los mas pequeños, tan tiernos, tan bonicos. Y cuando llegó mi momento, pues a no quemarme. Sin risas, pero al ritmo que corrían los primeros, mi único objetivo era que ni me doblasen y no llegar el último. 6:38 para la milla, no me doblaron y no llegué el último...pero casi.

Lunes, de vuelta a casa. A la auténtica, a la que compartimos los cuatro. Sin pena. Sé que volveré a mi tierra mas pronto que tarde. Y entonces revisitaré otros lugares cántabros a los que hace décadas que no voy. El Faro del Caballo y el Monte Buciero en Santoña. La ruta romana entre Bárcena de Pie de Concha y Pesquera. O el bosque mitológico en el Monte Hozarco, en Peñarrubia.

Hasta pronto










domingo, 4 de agosto de 2019

II Vuelta Macedonia al Mar Menor - Julio 2019




¡¡¡ Como pasa el tiempo ¡¡¡ ¿¿ O somos nosotros los que pasamos ???. Hace...nada...estábamos contando la primera edición de la vuelta nocturna al Mar Menor y en un pispás, ya estamos con la segunda.



Primer paso, buscar la fecha. Fue más fácil de lo previsto por que el sábado 27 de julio era la única fecha en la que todos podíamos.

¿Participantes?. Pues casi los mismos. 

Salva, el esloveno, el tántrico. Debe ser que no tenía bastante con los 60 kms de la Vuelta al Mar Menor que a las ocho de esa misma tarde se fue a correr a Cabo de Palos, solo 6,5 kms. Es la liebre del grupo. Mientras otros vamos cuesta abajo y sin frenos en cuatro años él ha mejorado mucho. No sé si es por entrenar poco con los macedonios y entrenar mas y mejor con los eserres. No sé si es por tanto tantra y más allá. Pero el caso es que hace tiempo que nos da mil vueltas.  A mi dos mil. La vida le ha brindado una segunda oportunidad y la quiere aprovechar.

Pepe, el macedonio auténtico, el abuelo. Ya firmo ahora mismo estar como él con su edad. 12 mayor que yo y cuando empieza a zapatear no hay quien lo pille. Dicen por ahí que va a vender al peso todas las copas y medallas que ha ganado últimamente para poder jubilarse ya. El mas callado, no deja escapar un comentario mas alto que el otro. Solo su habitual … ¡¡¡quiero correr¡¡¡.

Ricardo, el croata, el literato. Benjamín del grupo con sus 41 años, nos anima para todos los eventos. Si no fuera por él, nos veríamos mucho menos y mira que nos vemos poco. Otro al que la vida le ha puesto ante otra oportunidad y está en el camino de buscar de nuevo su felicidad.

Fernando, el montenegrino, el filósofo. Lleva varios años de lesiones, cuando sale de una entra en otra. Piensa mucho, quizás de más, yo le animo, la vida debe ser mucho más sencilla, aunque a lo mejor el problema es mío que lo simplifico todo. Las cosas las veo blancas o negras. El busca los matices y encontrarlos no es nada fácil.

Fausto, el bosnio, el indurain. Tras una colección sin fin de lesiones y decepciones en las carreras, ha optado por la bicicleta. Como el dice, un día estás y otro no. Correr debe ser una placer, algo para disfrutar, y varias lesiones superpuestas se lo impiden. En el camino sin saber todavía si va o vuelve.

Nuevo en la plaza, Juan, que hasta que pueda demostrar el gen macedonio, lo dejamos en albano, el matasanos. Aunque ya hemos coincidido con él en algunos entrenamientos, primer ocasión de larga distancia. De momento corre mucho, así que el gen macedonio no lo cumple. Hay que correr mucho menos y quejarse mucho más.

22:00, todos reunidos en el bar Paloma, para cenar algo antes de empezar. Salva llegó el último junto con Inma y otro amigo que si no recuerdo, también se llamaba Juan. Los macedonios comimos bocadillos menos Salva, apuntado a la pizza. Me pedí un bocadillo Light, que de light solo debía tener el nombre. Beicon, queso y cebolla. Buena gasolina.



23:15 hora de salida. Mas tarde que el año anterior. Una hora y cuarto más tarde. Para evitar bajones, antes de empezar primera pastilla de sales.

Punto de inicio, el molino Quintín, en Lo Pagán. Primeros kms hasta La Puntica sorteando personas, bancos, atracciones de feria y perros. El paseo a reventar. Fuimos esquivando a todos los turistas y vacacionantes que se volvían a mirarnos extrañados. Son bomberos, pensaban unos. Son militares, nos decían otros. Cinco con la camiseta macedonia y el albano Juan de blanco, mas bien parecíamos sus guardaespaldas. 



Durante muchos kms voy recordándoles los tiempos por km. Salva enseguida se embaló, acostumbrado a zapatear mucho. Sorprendentemente Pepe se mantuvo casi todo el recorrido a cola de pelotón, quizás no queriendo forzar por que el fin de semana siguiente tenía la Subida al Veleta. Ricardo hizo pomada con él y casi no coincidimos. Y mira que fueron kms.

Intentando que nadie fuera más allá de 6:00 minutos el km, pese a los 130 kms que tenía en las piernas de los últimos 7 días de viaje, al principio iba bien. Siempre con las dudas de saber si sería capaz de aguantar. Cada vez me veo más bajo de forma o quizás con menos ganas de sufrir corriendo. Esta sensación me viene acompañando ya mucho meses y bien saben los macedonios que solo fui a la Vuelta al Mar Menor por juntarnos, no por ganas de correr.

Hasta Santiago de la Ribera, mas gente todavía. Ritmo algo más rápido del deseado pero tras tantos meses de no juntarnos teníamos muchas cosas de las que reírnos, así que nos dejamos llevar por el momento.

Academia General del Aire y el final de paseo, ya confirmamos que vamos más deprisa que el año anterior. El Pepito Grillo de turno les iba recordando que debíamos bajar ritmo para evitar petar. Que ya no tenemos edad.

Entre La Ribera y Los Narejos, primeros kms en los que teníamos que ponernos el frontal. Pese a que había luz aunque fuera lejana, el arcén por el cual corríamos era muy oscuro y la carretera muy concurrida. Mejor asegurar y dejarnos ver. Más de un coche con el que nos cruzamos nos lanzó pitos y chillidos de ánimo.



Poco antes del aeropuerto de San Javier, cogimos la primera desviación por camino de tierra. El recorrido es cosa de Salva, que es el que mejor se lo conoce. Si tuviera que repetirlo solo, me perdería en algunos tramos. Mas o menos está claro, seguir pegados a la orilla para darle la vuelta entera al Mar Menor, pero una vez en harina, el macedonio propone y el recorrido dispone.

Al paso por el aeropuerto, soledad, oscuridad y silencio. El año pasado vimos algún avión en sus pistas. Con la apertura del aeropuerto de Corvera, San Javier ha pasado a engrosar la ya ominosa lista de aeropuertos sin aviones, demasiados, prueba palmaria de la desfachatez de aquellos que gastan los impuestos en cosas innecesarias para provecho...de los de siempre.

Nos quitamos los frontales, entramos en Los Narejos y Los Alcázares. Primera parada, primeras chispa-de-la-vida. Cayeron unas cuantas, pero para nuestra sorpresa, no encontramos tantos chiringuitos abiertos como en 2018 y eso que, aunque pasamos algo mas tarde, tampoco era tan tarde.

Abandonando Los Alcázares divisamos a unos 5 kms El Carmolí, con sus fila indiana de luces anaranjadas. Pasado el puente, sin aviso, sin señal más allá de la amarilla-blanca de la GR, saltamos un guarda-rail para entrar en zona arenosa. Salva al frente, el guía. Fernando, justo detrás, colaborando con el gps. Juan, el más joven, con ganas y fuerzas de correr. Servidor, en medio, como el jueves, notando ya la pesadez en las piernas y tan solo llevábamos 20 kms. Ricardo y Pepe, cerrando, como toda la noche.

Tras unos primeros kms, la senda se cerró. Quizás por un invierno algo más húmedo, quizás por que nadie hace limpieza en la zona, nos encontramos en mitad de la nada, con El Carmolí a la vista, pero sin una senda clara. Dimos varias vueltas, varios intentos de recuperar la ruta, pero tras 15 minutos y un pie zampamillero apestando a cieno, optamos por subir hasta la carretera para llegar al objetivo.



Nueva parada, en este caso, al borde de la playa, para lavarnos la cara y quitarnos las piedras de los bambos. Empezó mi lucha interna. El cansancio acumulado me empezó a pasar factura. Cuádriceps muy cargados. Piramidal que me iba soltando punzadas muy molestas. Intentando seguir el ritmo, enseguida me retrasaba. Sabía que no debía haber ido, pero, como les dije, "os lo avisé, así que ahora, a mi ritmo".

Las zonas de tierra, las llevaba mejor, dado que el ritmo, por mor del terreno y la falta de luz debía ser menor, pero los paseos, intentando seguir el ritmo, me iba quedando atrás.

Ni una sombra. Casas cerradas. Ni un bar. Necesitando más chispa-de-la-vida y no encontrándola. Si éramos pocos, un terrible dolor lumbar me llevaba mártir. Tuve que tirar de farmacia. Nueva pastilla de sales y un paracetamol que tardó en hacer efecto. 

No queriendo dar la nota de ser el freno, aprovechando el romance a cola de pelotón entre Pepe y Ricardo, me quedé solo en medio. Fernando, Salva y Juan delante. Yo rumiando mi aburrimiento. El convencimiento de que no tenía necesidad de seguir corriendo. La verdad, que no tenía ganas.

Los Urrutias, Estrella de Mar y Punta Brava. Nos cruzamos con algunos grupo de personas que iban de vuelta a casa. Miré el reloj y solo de pensar que nos quedaban 30 kms y quien sabe si 5 o 6 horas, me deprimía. La única buena noticia, que al ritmo que íbamos, y recordando lo mucho que andamos por La Manga en 2018, íbamos en hora para acabar con el mismo tiempo del año anterior.

Zona de senda entre Los Urrutias y Los Nietos, nuevamente perdimos algo el rumbo. Mejor, así con la excusa de andar, intentaba recuperarme. Miraba a los demás y los veía como si tal cosa, como si llevar 35 kms en las piernas y tener otros 25 por delante fuera la cosa mas normal.

Los Nietos, con su club marítimo clonado del de Los Urrutias. Playa ínfima, de poco más de 2 metros de ancho, arena oscura, agua casi estancada. Al fondo, música. Parada para unas nuevas chispa-de-la-vida. Una banda tocaba y cantaba éxitos de ayel-hoy-y-sienepre, de Chayane y Civera. Las parejas de viejos, arrimándose para ver si pillaban algo, aunque fuera un sofocón.

En el tramo desde Los Nietos hasta Mar de Cristal y Playa Honda, toqué fondo. Me pesaban las piernas. Cabo de Palos en la lejanía parecía cada vez mas lejos en lugar de acercarse. "¿Cómo vas?", me preguntó Salva. "Muerto", le respondí. Su cara, un poema. No podía dar crédito. "¿Y?". Pues despacito y buena letra, a ver si me recupero algo.

Que envidia daban los demás. Seguramente iban ya tocados, pero la impresión mía es que iban sobrados y eso me hundía cada vez más. A por el chiringuito 24 horas. Sin pensar en nada más.

Playa Paraíso, a la entrada de La Manga, es la zona que mas me gustó, mas que nada por que al estar al comienzo de la línea recta hasta La Puntica, sabía que ya era el punto para empezar a restar km a km.


Poco después de cruzar el puente sobre la encañizada del Marchamalo, parada y fonda en la tienda 24 horas. Dos chispa-de-la-vida y agua fría. El estómago ya inflado de tanto gas, pero necesitaba el azúcar. Nos sentamos en el bordillo de la acera. Tras ver a Ricardo refrescarse las piernas con el agua, le imité. Mano de santo. No hizo milagros, pero me bajó mucho la tensión muscular. Los 15 minutos sentados me vinieron de perlas para los dolores lumbares. El bocadillo de jamón y queso, también. Cuando me levanté, me costó ponerme en movimiento, pero sabía que había entrado en modo zen.


A partir de aquí fuimos restando. Recorrido marcado por tablas de surf con la indicación de cada km. Para no demorarnos, decidimos hacer un km andando y otro corriendo. Ricardo y Pepe se quedaron por detrás y pronto el grupo se había partido. Cuando nosotros corríamos, ellos andaban, y viceversa. Nos íbamos rebasando mutuamente. En una de esas, Juan se unió a Pepe y Ricardo. Fernando, Salva y yo, seguimos por nuestro lado.

Tras varios kms de coca, correr y caminar, me encontré muy bien y empecé a tirar de mi grupo. Como veía ambos grupos desacompasados y lo que quería es que fuéramos juntos, corríamos 2 kms o más y descansábamos uno. Tardamos en reunificarnos.

A ritmo de 5:30e incluso menos, vimos pasar Plaza Bohemia, el Zoco, la Escuela Náutica hasta llegar al Paquebote y al puente del Estacio donde recuperé mi mejor forma y llegamos a correr por debajo de 5 durante más de un par de kms pese a que llevábamos y más de 50 en las piernas.

A la altura de Puertomar, intento de reunificación que se concretó casi llegando a Veneziola.

Momento de buscar por donde cruzar. Segunda experiencia náutica. El año pasado, como un perruco, arrastrando la bolsa. En este, dimos varias vueltas para buscar el punto de cruce. El terreno, muy enfangado, no facilitaba la labor. Más de 15 minutos de recovecos hasta encontrar el lugar. 


Operación Kaiser. Quitarnos la ropa, menos los pantalones. Lo de cruzar desnudo por ese fangal, como que no. En las bolsas, todo lo demás. Desde las gafas, bambos y calcetines, hasta la mochila con el agua y la comida. Anudamos las bolsas y al agua. No estaba muy fría. Casi la mitad del camino la hicimos a pie, pero hundiéndonos hasta mas arriba de los tobillos. Cuando las piernas se clavaban hasta las rodillas y el nivel del agua era algo más alto, el cuerpo de viejos pastores alemanes, con sus ademanes perrunos para nadar y empujando las bolsas se lanzó en pos de la otra orilla. 

Si bien es cierto que perdimos mas tiempo en buscar el punto de partida, este año cruzamos mas rápido. Eso sí, al otro lado estuvimos un buen rato limpiándonos, especialmente los más pulcros señoritos que tenían que enjuagárselo todo, y cuando digo todo, es todo. Película S para no recordar. Y siempre nos quedará Ricardo que se limpiaba un pie y se manchaba el otro.


Tras más de 20 minutos de acicalamiento, a por los últimos kms. Saliendo de la Punta de las Algas, trotamos ligeramente. Dejando las dunas y la playa de La Llana a la derecha, corrimos hasta el Molino Calcetera desde el cual ya solo quedan 2 kms hasta la meta en el punto inicial.

Tras 9 horas y cinco minutos, casi una hora menos que el año anterior. Meta. En ese momento, si nos dicen que teníamos que correr otros 20 kms, pues casi seguro que los habríamos hecho, pero sabiendo que era el punto final, fue pararse y todo el cansancio me cayó encima. Ni a empujones correría 100 metros mas.


Foto de grupo, felices por la experiencia macedonia. Desayunamos. Todos con sus tostadas y café. Tras tanta chispa-de-la-vida, era incapaz de comer nada así que aunque fueran las 8:30 de la mañana, me comí helado, té con limón y tan pancho.

Salva, sobrado. En estos 4 años macedonios he visto como su vida ha cambiado, para mejor, al menos es mi impresión. Se le ve centrado en disfrutar, no dejando que nada ni nadie le amargue el día a día. Seguro que no fue fácil.

Fernando, cansado. Sé que quiere, pero quizás ya no puede tanto. Fuerza de voluntad no le falta. Con sus horarios, buscar momentos para entrenar no es fácil, pero nunca se cansa de macedoniar.

Pepe, makina. Cuando quiso apretar, apretó. En busca de sus mil y un podios, corriendo que la vida corre muy rápido y nunca sabe cuando no podrá seguir a este ritmo.

Ricardo, callado. Sorprendentemente callado, el sigue en su propio túnel, todavía no parece haber visto la luz como Salva, pero algo cuenta siempre de su parte, su fe inquebrantable en si mismo.

Juan, novato. Corría mucho, seguramente mas que nosotros, empezando a comprobar que ser macedonio es otra cosa. Ni mejor ni pero, distinta.

Fausto, ausente. Esperando que se aclare sobre que puede ser de mas mayor. Le echamos de menos.




Me encanta ser macedonio. Ningún dorsal mejora las carreras macedonias.

Fin a la II Vuelta Macedonia al Mar Menor, para 2020 habrá novedades por que hemos pensado en hacerla diurna, con lo cual tendrá que ser antes de que empiece el calor, a poder ser no antes de Febrero y no mas tarde de Abril. Empieza la cuenta atrás para la III Vuelta Macedonia. Todos quedáis invitados, con la única condición de que la vuelta es macedonia, con todo lo que conlleva de no competitivo, lenta, tranquila, bulliciosa y parlanchina.



Macedonia Victrix