lunes, 25 de febrero de 2019

IX Trail Yecla - Monastrell - Febrero, 2019



Deshojando la margarita. 2019 es el año de borrar de la lista de pendientes varias carreras, la primera de ellas, Yecla y su Trail Monastrell de 58 kms que finalmente fueron 59,3. No dejé nada a la improvisación, desde mediados de diciembre empecé a prepararla. En enero más de 200 kms, casi todos por montaña, entre ellos la participación en el Trail Sierra de Orihuela de 23 kms. A comienzos de febrero, prueba en el Pico del Buitre de Moratalla y sus 32 kms. Todo preparado.





¿¿¿Perdonaaaaa??? ¿¿¿Preparadoooo????



Semana previa que hice los deberes, digamos, regular. Comí lo que debía pero en cantidad insuficiente. Me faltaron hidratos de carbono. La noche anterior a la carrera zumo y una tostada mientras veía un clásico en la televisión, Historias de Filadelfia, que quizás ahora parece una historieta de medio pelo, pero con mucho menos presupuesto y grandes actores, el guión le da mil vueltas a todas esas macroproducciones actuales que se lo dejan todo en explosiones y efectos especiales exagerados.



8:00, salida desde el Coto Salinas a las afueras de Yecla, al pie de la Sierra de Salinas, con la mejor compañía posible....¡¡ah, sí¡¡, y con mis hermanos macedonios Ricardo y Fernando. Habiendo salido de casa a las 5:00 de la mañana me confié pensando que algo tendrían de desayuno. Nada mas lejano de la realidad. Un vaso de leche que me dieron y cuatro galletas que llevaba. Mala pinta tenía el caniche.



En línea de salida, se supone que 150 corredores. Si fueron 125 muchos me parecieron. Coincidimos con un grande, Antonio de los Reyes. Pistoletazo de salida. Todo en su sitio. Como siempre cumplimos con la costumbre de salir los últimos. Primeros kms de calentamiento, mucha cháchara, con imágenes grabadas a vista de dron que espero poder ver. Para  verme será fácil, con mirar al final me encuentro enseguida.


Los primeros 10 kms eran muy corribles quizás demasiado. Muy peligroso cebarse por que el desnivel positivo era de 2.500. Gastarse al principio te condena al final. Pistas polvorientas en las que de forma inmediata se abren espacios entre los que corren mucho, los que corren menos y los macedonios. Primera hora muy divertida pese a la ristra de chistes malos que nos contamos mutuamente incluso alguno mío de tiempos añejos, que sigo sacando de vez en cuando para desesperación de Ricardo y Fernando.



Si, lo sé, muy malo, pero tenía este o el del perro Mistetas. 


Km 11, primer avituallamiento, Raspay. Bien surtido, con chuches, naranja, chocolate, galletas, membrillo, agua y chispa-de-la-vida. Un cartel marcaba ya el km 43 por que será parada de vuelta. Seguimos juntos los cuatro, Ricardo, Fernando, Antonio y un servidor. Desde casi la salida descubro mi mala elección de los calcetines. Por la prisas cogí unos compresivos que no fueron muy compresivos, mas bien lo contrario, no me comprendieron ni lo más mínimo. Me apretaban tanto los dedos de los pies que me provocaban calambres mas incómodos que dolorosos.



Saliendo de Raspay plato fuerte de la jornada, la Sierra del Carche, donde nos dejamos el 60% del desnivel del día. Primera subida al Collado Gaspar, no muy dura, larga y pesada. El pie ya me dolía de más por culpa del calcetín. Subí a rueda, sin mayores problemas. Como siempre, se hace la goma, entre los que suben mejor o bajan mejor o llanean mejor. En condiciones normales, subo bien, constante mas que rápido. En estos kms, dejamos atrás a Antonio que ya no volvió a reagruparse.


Km 16, nuevo avituallamiento. Me quité el calcetín del pie izquierdo para relajar la zona condolida. Dio resultado. Tuve alguna que otra rozadura pero la presión tendinosa se rebajó totalmente. Al principio corría como pisando uvas (por no decir una ordinariez) pero una vez cogido el ritmo me sentí mucho más cómodo. De hecho, unos kms después, me quité el otro calcetín y durante 20 kms de sube y baje lo hice sin calcetines. Si no fuera por las piedrecillas que te obligan a parar de vez en cuando y por las pequeñas rozaduras a lo mejor debería no usar calcetines nunca.



Desde este avituallamiento al 24, primer punto de corte, otro sube y baja muy corrible que hicimos ligeros. Allí nos alcanzó Antonio que nos dijo que abandona en ese punto. Al pie del Alto del Carche, avituallamiento algo escueto para el tremendo esfuerzo que teníamos por delante. Primer fallo de la organización. Debería haber habido algo contundente para insuflar energía al cuerpo. El km vertical es francamente duro. Terreno difícil, muy técnico, con cortados a pico, mucha exigencia física, sin descansos. Pese al avituallamiento tan escueto, sin desayuno y con una cena frugal, ascensión lenta pero constante. Ricardo se quedó en los primeros metros por unos problemas musculares que arrastra ya meses pero se mantuvo siempre a una distancia prudencial. Encabecé la subida con Fernando detrás. 40 minutos de subida, llegamos a la cima extenuados. Una pequeña bajada hasta la zona de las antenas en la cual tuvimos que poner mil ojos para evitar alguna caída más por el agotamiento que por el terreno. Esperamos a que Ricardo nos alcanzara unos 10 minutos después. Fernando se sentó en una ambulancia, luego nos confesó que en ese punto estaba liquidado. Pero en estas ocasiones es donde la testosterona y sobre todo la cabezonería la que te hace seguir.



Bajada desigual con malos síntomas. Mucho hambre. Me comí una pasta de avellanas que me aportó algo de fuerza pero el avituallamiento que carga un corredor encima es para un momento puntual no para aguantar toda una carrera. Empecé a sufrir un tremendo dolor de estómago, hambre, calambres y escozor en la garganta. La pájara se apoderó de mí. Me costaba seguir el ritmo, el mareo me hacía descoordinar y por miedo a una caída bajé el ritmo, a cola de grupo. Ricardo se recuperó, de hecho, a partir de ese punto fue el más fuerte y pudo haber acabado mucho antes si no se hubiera encargado de gestionar el geriátrico que llevaba a su lado. Fernando, por momentos, con su correr duro pero fiable.





Km 27, avituallamiento, en pájara, ¡¡¡ y no tenían nada de nada¡¡¡. Agua, algunas chuches y poco más. Viendo el perfil, camino de la Sierra de las Pansas, pensaba que si podía aguantar un poco, aunque fuera a base de chuches y alguna de las cosas que llevaba encima, sería suficiente. Me engañé. El perfil me engañó. La Sierra de las Pansas era mucho mas dura de lo que el perfil hacía creer. Subida muy larga, no muy exigente que se me hizo muy dura en las condiciones bajo cero en las que me encontraba. No es que Ricardo y Fernando me apretaran, es que yo no podía ni seguirles. Para no agobiarles, decidí descolgarme.





Solo, conmigo mismo, libré la auténtica batalla del día. "¡¡Que necesidad tengo de sufrir así¡¡", "¡¡No vuelvo a otra carrera más¡¡¡". "¡¡ Que quiero demostrar y a quién¡¡" y otras frases del estilo pasaron por mi cabeza infinidad de veces. Supe sufrir. El daño de la falta de alimentación ya estaba hecho, culpa mia durante la semana, culpa suya durante la carrera. No sé si es problema de desidia o avaricia pero en una carrera con 125 corredores, que al paso del que va el 85 no quede casi nada, es de juzgado de guardia.  Y no fue solo cosa mía, todos los corredores coincidimos en el diagnóstico. Los tiempos finales lo demuestran. Demasiados corredores por encima de 10 horas. La carrera es dura, está claro, pero el fiasco de la organización nos puso a muchos contra las cuerdas. Más de 40 abandonaron.


Bajada peligrosa camino del siguiente avituallamiento solo pensando en comer y comer. Peligrosa no por el terreno si no por la falta de control en mis movimientos por los dolores estomacales, el mareo y la angustia del hambre. Tras un aviso, Fernando se cayó, herida de regalo en un dedo. Pa´que más. Si Fernando que estaba mejor, se cae, pues en una de esas me estampaba como es mi costumbre. 



Km 34, nuevo avituallamiento. Premio, no había agua ni chispadelavida, solo un isotónico naranja que nada mas beberlo me dio arcadas. Un bocadillo pan piedra que no había forma de tragarlo y poco más. Otros 9 kms hasta el siguiente avituallamiento. Reunidos 5 o 6 corredores todos nos quejamos. Los voluntarios, con su mejor cara, intentaron disculparse, pero es que no. ¿¿Avaricia o desidia???



9 kms al siguiente avituallamiento, casi todo pista amplia, en bajada, pero no podía correr. Y era un terreno para correr y mucho. Pero en estado de pájara nada funciona y mucho menos si vas cabreado. Acabé con mi existencias de comida que ya eran exiguas. No se puede cargar con kgs de frutos secos, bocatas, etc. Desmoralización total. Cuesta abajo ¡¡cada km fue un calvario¡¡. Me volví a descolgar enseguida. Poco antes de llegar a Raspay, Fernando me está esperando. Literalmente me empujó a llegar.


Km 43. Otra vez Raspay. Tras 8 horas largas, primer avituallamiento decente. Espaguetis, membrillo, bocadillos, vamos, lo que debería ser normal. Ya no estaba ni para comer. Lo intenté pero cada tenedor de espaguetis me costaba minutos tragarlo. Me obligué. Algo de membrillo. Me descalcé. Algo de chocolate. No quería hablar con nadie. No pensaba abandonar pero Ricardo, a mi lado, me dijo: "O seguimos todos o nos retiramos todos".....¡¡será canalla¡¡. Con una frase así no me quedaba mas remedio que seguir. Menos mal que le escuché, si no fuera por ellos me habría retirado ahí mismo. Mandé un mensaje a mi medio pomelo. "Peor imposible". Ahora me arrepiento. Sin cobertura las siguientes tres horas, la puse nerviosa de más y no se merece pasar ningún mal rato y menos por una carrera.


Salimos camino de las dos últimas subidas. Entre medio, 9 kms de terreno corrible….para quien pudiera. La pájara iba remitiendo pero el daño causado ya no tenía solución. Algo corrí pero poco. Viendo pasar los kms, restando, ansiando la meta para acabar con el suplicio.



Km 52, empezaba la última subida al Pico Aguila de la Sierra de Salinas. Subida larga, que a las alturas del partido en la que estábamos cada paso fue un triunfo. Ricardo por delante se va y ya no le vimos hasta meta. Mantuve a Fernando a una distancia asequible. Fui de menos a mas. Para los números rojos con lo que empecé, hice cumbre en franca mejoría dentro de la miseria física.




Bajada de las que me gustan, quebrada, para ir brincando haciendo la cabritilla. Pero mi cabeza hizo el trabajo. "Hay que llegar, ahora de nada vale arriesgar, da igual 10:30 que 11.30". Aseguré. Me puse delante quizás para evitar dejarme llevar por el ritmo mas vivo de Fernando. Poco a poco fui recuperando fuerzas, pero sin alardes, lo justo para saber que iba a acabar.


No esperando encontrar otro avituallamiento nos encontramos uno en el km 55 donde pudimos tomar agua y chispadelavida. Si había algo de comida ni la vi. Aunque hubiera querido no me veía capaz de comer nada. Ultima pequeña subida y bajada final de 2 kms con muy mala baba, pies de plomo, para evitar la traca final.


Tras 11:08 horas y 59,3 kms hice meta. Lo primero, mensaje a mi pomelo, para tranquilizarla. Agua, comida si quería, pero no estaba ni para quejarme. Y eso lo dice todo. Me fui casi directo al coche por que tenía mucho frío, mas fruto de la debilidad que de la temperatura. Se pudo hacer mejor pero con las condiciones dadas es lo que se pudo hacer. A recordar, la fortaleza mental de no hundirme cuando me vi tan cascado y sobre todo, la compañía de Ricardo y Fernando




Domingo por la mañana, desayuné por dos. Almorcé un bocadillo viendo Rogue One, que pese a la críticas que tuvo, me parece de las mejores películas de la saga Star Wars de los últimos 20 años. Comí unas albóndigas en salsa con patatas fritas para chuparse los dedos y aguantando-aguantando, a las nueve en la cama, no podía más. 



Ahora a descansar camino del gran objetivo del semestre, 6 de abril, LXVII Millas Romanas de Mérida, tras los pasos de Gladiator, Marco Décimo Meridio, que tenía una villa por esos lares.





Hasta entonces.



Roma Victrix ¡¡






lunes, 19 de noviembre de 2018

Costa Blanca Trail 2018






Acaba el año rutero. Y acaba igual que empezó....mal. Si en diciembre pasado abandoné en el km 90 la Ultra Falco Trail por la mala gestión de la prueba por parte de la organización, este año termino con otra retirada aunque esta sin enfados. Esta vez puse por delante la cabeza al corazón. Me hago mayor, otros dirán cobarde, yo creo que madurando. El único hecho cierto es que en el último año he acumulado más retiradas que en todos los años anteriores y esto ya es sintomático. 






00:00 plaza de Finestrat, hora de partida para los 102 kms del Costa Blanta Trail, con 6.500 de desnivel positivo, una brutalidad. Tengo el convencimiento que la preparé bien, mejor que nunca. En los 3 meses anteriores entrené mucho. Varias tiradas largas como la I Vuelta Macedonia al Mar Menor y la I CCC Macedonia, con 60 kms cada una. La Murcia - Caravaca con 94 kms. Desnivel en el trail del Gavilán. Muchos entrenamientos macedonios en el Valle. Me he cuidado físicamente con estiramientos, control de las comidas grasas (especialmente las patatas fritas, frutos secos y galletas que me pierden). En línea de salida tenía la seguridad de haber hecho los deberes. Empezaba mejor que nunca y acabé como siempre últimamente.










A mi lado, mi hermano macedonio-montenegrino Fernando, con el cual he pasado grandes momentos este año. Me siento muy cerca de ti hermano, ¡¡y lo sabes¡¡, pero que corra el aire. Al fondo se escuchaban diversas canciones ya típicas en las líneas de salida de este tipo de carreras. La mía, premonitoria....Highway to Hell.

















Observando los dos o tres centenares de corredores había nivel, pero es que el Costa Blanca Trail es una prueba muy, pero que muy dura, para mákinas o descerebrados y yo de mákina tengo poco. No son solo los 6.500 de desnivel positivo si no también muchos tramos técnicos, complicados, duros y arriesgados. En esta ocasión se sumó a la fiesta la dureza de las condiciones. Los días precedentes lluvia que dejó el terreno embarrado y muy húmedo. Por añadidura durante la carrera, desde las cinco de la mañana, no dejó casi de llover. 






No anticiparé acontecimientos. Lo dicho, media noche, y salimos. 102 kms por delante y sin el mas mínimo calentamiento ya se puso cuesta arriba para atacar el Puig Campana con más de 1.000 metros de desnivel en poco más de 5 kms. Es el segundo pico más alto de la provincia alicantina con 1.402 mts. Los primeros dos kms por asfalto hasta llegar al parque natural fueron tranquilos, asegurándome de llevar todo en su sitio. Me situé detrás de Fernando para que marcara el ritmo de subida, su especialidad. Desde el primer momento iba bien, con buena marcha, pero los bambos me dieron una mala noticia, resbalaban y mucho. Me transmitieron poca seguridad y con el terreno en ese estado no era mala noticia, si no pésima. Cuando pisaba cualquier piedra o roca mojada, se me iba el pie. Con cada resbalón, mas caía mi confianza. Tras superar el primer tramo aguantando bien el ritmo de Fernando, me descolgué en el km vertical. Y cuando digo vertical, no engaño. Tramo muy duro, el más duro por el que he subido en todas mi carreras o rutas entrenando. Muy técnico, mucho desnivel. Es ese corte que se ve enmedio.












Pues si, por esa hendidura se sube y el final es muy duro. Resbalón a resbalón se me fue cayendo la moral, ¿adonde?, pues a los pies con los cuales resbalaba. Fui dejando pasar corredor tras corredor al comprobar que si no era el más lento al menos si el más inseguro. Los bastones, que ayudan lo suyo, en un tramo tan técnico y vertical fueron un estorbo. Como las desgracias no vienen solas, la humedad en el ambiente y la niebla me empañaban las gafas, así que resbalando en cada piedra, sin confianza, cargando con el estorbo de los bastones y para remate, casi a ciegas, se me hizo eterno. 






Si la subida fue y se me hizo dura, la bajada, húmeda, resbaladiza, con mucha piedra suelta y sin casi visión, fue demencial. Arriesgué lo justo y aún así me caí tres veces, en todos los casos por resbalones provocado por los bambos y mi falta de confianza. En la primera caída, rasponazo en la zona isquiotibial de la pierna izquierda que me dejó marcado. La segunda, herida en rodilla y tobillo, sangrando camino del avituallamiento. Justo antes de llegar al avituallamiento del Coll del Pouet, tropezón, caí rodando por el borde del camino justo a tiempo de agarrarme a un árbol para no arrastrarme por la pendiente. Aún así, iba a buen ritmo adelantando muchos corredores. En el avituallamiento me estaba esperando Fernando que ya casi había desistido de reagruparnos e incluso, pensando en abandonar para no seguir solo.















Mientras como algo y bebo agua, hago recuento de daños y sí, iba bastante magullado. Dos días después sufro los efectos de los múltiples y dolorosos golpes en ese tramo. Esa zona ya es complicada de día ni os cuento la dificultad de noche y con esas condiciones. En línea de meta hablamos con varias personas que tuvieron que abandonar en ese tramo por caídas sin solución de continuidad, nada más empezar.






Reagrupados partimos corriendo hacía el siguiente avituallamiento, Helipuerto de Polop. Tramo muy corrible y llevadero, con el miedo en el cuerpo tras las tres caídas en menos de 30 minutos. Por desgracia, soy un experto en caídas, lo cual también me sirve para recuperarme rápidamente. Parece que intuyo el momento y evito daños mayores en el momento de dar con mi huesos en el suelo. 














Desde el Polop empezaba un terreno de sube-y-baja que sin ser muy técnico iba minando las fuerzas. A partir de las 5 de la mañana empezó a llover. El parte metereológico avisaba lluvia a esa hora, pero poca y por poco rato. No acertaron. Desde esa hora hasta las 3 de la tarde llovió de forma casi ininterrumpida en mayor o menor cuantía. Esto provocó que donde había algo de barro y humedad se convirtiera en regueras, fango y poca visión. Justo la antítesis de las condiciones adecuadas para disfrutar de la montaña.






Pese a la poca luz, disfrutamos del paisaje que asomaba en lontananza. Farallones calcáreos surcados por sendas inverosímiles, perfiles a vista de pájaro, nostálgicos árboles trufados de hojas anaranjandas añorando el verde candor del verano. Al fondo, el colorido pantano de Guadalest, a mitad de su capacidad, huérfano de infantes correteros desaparecidos tras el periodo estival.












Subiendo el Pas del Comptador, recapacitamos. Barro, fango y piedras en el camino. Lluvia sin parar. Nos juntamos con otro corredor el cual nos dice que lo dejaba en el siguiente avituallamiento. Las condiciones se volvieron cada vez más adversas. De nada servía seguir si no lo íbamos a disfrutar. Lo importante debe ser el camino, no la meta.











Senda quebrada con subidas y bajadas cortas pero intensas en tramos muy enmarañados con mucho arbusto bajo, empapado, que no facilitaba el avance. Los kms no pasaban, el esfuerzo no cundía. En una bajada muy enfangada resbalé y caí a plomo sobre el costado izquierdo. Me costó levantarme, sabía que me había hecho daño de verdad. En ese momento tiré de paracetamol pero el daño ya estaba hecho. A lo largo del resto de la carrera, sobrellevé el dolor, cada vez mas intenso. Sigo con paracetamol.







Llegamos al avituallamiento del Coll de Pouet, con mucho frío y agua. Nos dijeron que si queríamos abandonar debíamos escoger entre bajar corriendo tres kms hasta la carretera y esperar que alguien nos llevara o seguir hasta el siguiente avituallamiento en Benimantell. Punto en contra de la organización, sí que las condiciones climáticas no se pueden adivinar pero que te digan, lloviendo y embarrados, que nos busquemos la vida, no es aceptable. Así que como físicamente podíamos, nos fuimos camino de Benimantell.













En este tramo nos adelantó un corredor que después supimos que era japonés, que le habían hecho la reserva de forma telefónica desde Japón. ¡¡Corría en mangas de camisa¡¡. En el avituallamiento les estaban esperando dos personas que le dieron una chubasquero. ¡¡¡Tenía coche escoba que le seguía para avituallarlo¡¡¡. Que profesional y nosotros con barritas, kleenex y pastillas de magnesio nada más.







Nuevo tramo quebrado, de esos que te confías y corres de más bajando y aprietas subiendo por rampas no excesivamente duras. Fernando a mitad de tramo se encuentra regular. El abandono se masca. Por mi parte, a mi marcheta, iba bien, sorprendentemente bien. Amanece que no es poco sobre el pantano de Guadalest. Subida larga, que nunca acaba. Fernando delante de mi, tirando. Le veo a lo lejos como una sombra, un alma en pena vagando por esos páramos yermos y desolados como en las novelas románticas del siglo XIX. Persigo a Heathcliff por aquellas cumbres borrascosas. Su lejana visión me anima a seguirle. Cuando hacemos cumbre le veo desencajado. Sube muy bien pero la subida le pasa factura. A lo mejor oteaba el panorama en busca de Catherine.






Justo en la cumbre nos alcanza un compañero de aventura que ya conoce la zona. Afirma querer retirarse dado que en esas condiciones, la bajada hacia Sella deberá ser infernal. Tomo nota.






La bajada hacia el avituallamiento de Benimantell se nos hizo larga y tediosa. Vista de postal, eso sí. Seis kms que apretamos más de la cuenta pensando en el abandono ya. ¿O no?. Empiezo a pensar que tras 7 horas espantosas, con cuatro caídas, de noche, repito, barro, fango, agua, lluvia, niebla y frío...."¿ahora que va a haber luz para ver bien el paisaje, ahora lo voy a dejar?". Lo fui madurando mientras Fernando seguía en modo abandono. 












Entrando a Benimantell, diluvia.  Pueblo coqueto, mejor desde lejos que en distancias cortas, con una piscina olímpica que en verano hará las delicias de los parroquianos. Desayunamos, ¡¡verídico¡¡, ensalada de pasta fría como el ambiente. Detrás de nosotros llegó un guiri de habla inglesa que, vía intérprete, dijo ser vegano. "¿Vegano?", respondió quien gestionaba el avituallamiento, "¡¡¡Claro¡¡¡, aquí tienes".....y le sacó lomo y paté. Ahahahahah, que bueno. El guiri le miró como si le hubiera ofrecido veneno. Con perdón, pero con el tema de la alimentación, a veces, solo a veces, me parece que alguno va más allá de lo ridículo, pero doctores tiene la iglesia.











Enfrente de nosotros, el japonés. Fernando le preguntó de donde venían. Vimos como el acólito sacaba el plan de carrera. Cambio de ropa. Así quiero yo una carrera. Me recordó cuando hice Botamarges en 2016 que me encontraba con Fausto casi en cada avituallamiento cercano a una población.







"Seguimos, Fernando", le afirmé. "¿Seguimos, seguro?", respondió. "Claro, ahora que hay luz, no quiero dejar de ver la zona" atajé cualquier intento de negativa. Algo refunfuñó, pero tampoco se hizo mucho de rogar. Salida de Benimantell con vistas al pantano de Guadalest, con Altea al fondo que parecía soleado, creándome la ilusión de que el clima podía cambiar. Mi gozo en un pozo, en la costa estaría soleado pero cuanto más nos internábamos en la sierra, peor tiempo hacía.












Camino de transición hasta el comienzo del Barranco del Canal. Preciosas estampas otoñales, disfruté de las vistas. Entré en modo zen mucho antes que en cualquier otra carrera. Sin apretarme mucho, tenía claro que tenía piernas para muchos kms por delante. No hice ninguna foto, no quería sacar el móvil de su rincón escondido, disfrazado como iba con el chubasquero que me cubría entero. Hizo su trabajo, me evitó una gran caladura, pero fue su última aventura, cuando llegamos a nuestra meta comprobé que estaba rajado de arriba a abajo. Fue un fiel guardaespaldas, pero nos despedimos para siempre en Confrides. Estos kms fueron momento de charla con Fernando, sobre lo divino y lo humano.






Avituallamiento del Barranco Canal comienzo de la Mallada del Llop. Cogemos fuerzas comiendo. Avituallamientos bien surtidos, pero siempre lo mismo. Con el precio que cuesta la inscripción se echa a faltar mas inversión en los corredores. 




Siete kms no muy duros pero muuuuuuy largos que el clima convirtieron en una batalla psíquica. Cada recodo parecía el último pero cada recodo traía otro nuevo. Senda escondida entre paredes que formaban una olla. Con sol, panorama espectacular. Por si no lo he dicho, barro y fango hasta los tobillos. Regueras heladas que empapaban los pies. Charcos convalidables con piscinas lacustres. Los calcetines repletos de todo tipo de chinas y piedrecillas, anegados de agua. No sentía los pies. Me puse en cabeza a petición de Fernando. Manejé la subida a ritmo tranquilo. Fernando la sufrió mucho. Sabedores que el siguiente avituallamiento estaba al otro lado, no nos cebamos en el ritmo. Cuando coronamos, el frío era gélido. La humedad en la ropa se cristalizaba. Tenía los dedos congelados, no siendo capaz de encontrar donde llevaba los guantes largos. Desde arriba, pues debe haber buena vista, pero no se veía nada de nada. 











La bajada, por fases. El perfil, como casi todo el descrito por las imágenes aportadas por la organización, engañoso. No era todo bajada, era un cresteo duro, con senda pedregosa. En la bajada refinitiva nos dejamos caer disfrutando de varias pedrizas. Fernando iba agotado. No había comido nada y se paraba cada pocos metros. Bajé el ritmo ya de por sí no muy rápido. 






La bajada por el Barranco del Monesillo, durísima, muy arriesgada, peligrosa, casi pisando huevos. Fernando dijo de abandonar en ese punto. Le respondí que creía que allí no podíamos. Pensé en ese momento, "puedo seguir, pero en estas condiciones, solo no sigo. No quiero sufrir la segunda noche solo, con la inseguridad que llevo en la pisada. No, así no". Y se lo dije a Fernando. Calló.






Llegamos al avituallamiento del 52 a 7 kms a Confrides. Fernando se hincha a comer. Me dijo de seguir para abandonar allí, km 60. "¿Vas a seguir?", me pregunta a su vez. "Solo no", les respondo. No hablamos más. Cogemos la ruta. Fernando sale corriendo como si no hubiera un mañana. Me dejé caer sabedor que es el último tramo, ¿para qué arriesgar?. Me paré por una necesidad que no podía esperar, aprovechando para quitarme una piedra que me estaba machacando el pie izquierdo. Parece ser que Fernando interpretó esa separación como que ya me "había ido" de la carrera. No era así, pero como tenía claro que Fernando iba a abandonar, tampoco me esforcé mucho. Bajada preciosa, para disfrutar con cuidado, mucha rama y piedra traicionera. También parece ser que Fernando me dijo que estaba muy recuperado tras comer. No me enteré. Como los malos matrimonios, falta de comunicación. Yo quería seguir, pero solo no, y pensaba que él tenía claro el abandono. El, que se había recuperado, no encontró eco en mí a su mejoría. Y de esto me enteré el domingo por la tarde, 24 horas después, hablando por el telegram.






Cuando llegamos a Confrides, comunicamos a la organización nuestro abandono. Perfecta reacción de la organización, dando ánimos. Tras tantas inclemencias, no me veía con ganas de otros 40 kms en esas condiciones solo. Es cierto que nos quedaba lo "más fácil" ¡¡o no¡¡. Llevábamos 4.400 de desnivel, nos quedaban los 2.200 de Aitana y en mi mente el comentario del compañero que nos encontramos en el Pas del Comptador sobre la peligrosidad de la bajada a Sella. No, solo no quería seguir. 





Fernando se dormía. Lo pensé y lo repensé. No, solo no. Me surgió el angel bueno de los dibujos animados, piensa en casa, no seas egoísta, no arriesgues más allá de lo debido. Al final lo que decidió es esa falta de ansia y épica que tenía antes, ese querer llegar a todo costa para, quien sabe, vanagloriarme de una gesta deportiva que francamente no lleva a ninguna parte. Me daba igual seguir o pararme. No seguí en el convencimiento de que tendría que hacerlo solo y solo no quería seguir en esas condiciones. Alguna vez leí de un corredor que corría para sentirse vivo. A lo peor fui yo quien escribió tan grande memez. Participar en estas aventuras me hace sentir tan vivo como al que le gusta pasar la tarde enganchado al mando de la televisión viendo películas o al que le gusta vaciar cubos de cuartos de cerveza con los amigos. Cada cual elige su forma de vivir la vida. Y esta mía no sé si ya me llena o no. Creo que sí, que me gusta la aventura, pero sé que he perdido el ímpetu de competir ni siquiera contra mi mismo. Es ahora, 48 horas después, y sé que podía haber terminado, con esfuerzo y lucha, pero terminado....y me da igual no haberlo hecho. Disfruté el momento hasta que decidí que tenía suficiente y esa es mi medalla, parece que he aprendido a decir basta cuando toca. Solo me falta por decidir si ese basta lo digo antes o después de lo que debo. Son esas mentales que seguro que a nadie le interesan.






Un secreto, el viernes, solo en mi coche, a una hora de empezar, a la espera de que llegara Fernando, solo esperaba que alguien o algo me diera la opción de ni tan siquiera empezar. Salí sin convencimiento, así era difícil llegar a meta. En todo caso, no me arrepiento de nada. Fui bonita la ruta mientras duró.






Tras muchos años de servicio en mi legión, puede estar llegando el momento de abandonar mi puesto en mi centuria, dejar a mis compañeros legionarios y retirarme a disfrutar de lo conseguido, de lo vivido. No lo sé. Por delante varias semanas de descanso y unos meses para pensar si quiero o no quiero verme en una línea de salida para un nuevo reto. Hasta entonces, hermanos macedonios, compañeros legionarios






Roma Victrix ¡¡¡



















lunes, 8 de octubre de 2018

90K Murcia - Caravaca de la Cruz 2018











Hoy no os voy a aburrir demasiado, creo. II 90K Murcia a Caravaca de la Cruz. Alguna historieta, reflexión, debate, risas y dolores pero sin mucho donde rascar. Ocasión especial para comprobar si mi carrera de ultrafondista tiene o no futuro. Llevo  casi un año con la mosca detrás de la oreja. Salvo en contadas excepciones, en ninguna carrera me he encontrado bien. Las dudas me están carcomiendo sobre si es el momento adecuado de decir basta ya o va a estallar.









Octava carrera del año. ¿Demasiadas carreras (con ésta, 100 en menos de 10 años), la edad me empieza a pasar factura, mi cuerpo se resiente, mas kms de los que necesito o menos calidad?. De todo habrá. Necesitaba buenas sensaciones. Creo haberla preparado bien, con varias tiradas largas. Sabía que no era mi tipo de carrera, muchos kms para correr, siempre para arriba, pero con pendiente pequeña, engañosa, que invita a correr....si las piernas te lo permiten.








Cuatro de la mañana, levantá. Desayuno no copioso, con zumo de pomelo y mandarina, y, dos tostadas de cereales. Cinco de la mañana, nos recoge Paco, que nos hace de guía hasta línea de salida. No la corrió pero nos hizo el gran favor de llevarnos hasta Murcia, añadiendo la motivación. Recién sentados en su coche enchufa la música....¡sin comentarios¡. Gracias Paco, hiciste que llegara a la línea de salida con una sonrisa.








Cinco y media, Plaza del Cardenal Belluga, Murcia, frente a la catedral que lleva ahí más de 6 siglos. No somos nada. Me abruma la Historia. Saber que por esas calles durante siglos han paseado sus alegrías, penas, miserias y cotilleos miles de personas de las que no queda ni el recuerdo me convence de que hay que disfrutar el aquí y ahora, porque no somos mas que sombras y cenizas.



En los aledaños saludé a varias personas, buena gente...no quiere decir que al que no saludara no lo sea, es que no tengo el gusto de conocerlo o conocerla...o no lo vi.








Manolo Rico, incombustible a sus taintantos. Jaguar y su peculiar peinado. Megías, así me lo presentaron, hola a la salida y saludo en la meta. Por allí coincidí con Antonio de los Reyes, Oscar Correbirras y alguno más. Y como no, no podía faltar algún hermano macedonio. Salva y Pepe (que iban disfrazados de esloveno y bosnio respectivamente), que me sacaron 1 y 2 horas....pero con final feliz. 







De los más de 1.500 que la corrieron el año pasado en su primera edición, en este, según la Organización, se entregaron 1.190 dorsales. Personalmente creo que en línea de salida no habría más allá de 500 personas. Van a tener que darle una vuelta a la carrera por que si no, será de las que sin mucho tardar acabará desapareciendo por falta de personal. 



Justo antes de empezar el estómago me pide paso. Así que empezó mi letanía, hasta el km 18, con cinco paradas para balizar. Increíble. Estuve mas tiempo ando que corriendo. La parte buena fue que a partir de ese momento, fui como la seda, sin ninguna molesta estomacal, que son harto molestas. Seis y diez, salida. Llego corriendo del balizado y salgo el último, detrás de todos los andarines. Primeros metros por el centro de la ciudad para coger enseguida la vereda del Río Segura. Noche cerrada. Obligatorio el frontal pero como había tanto corredor y iluminación externa de casas y barrios colindantes, no encendí el mío. 



Podría hacer una larga exposición de los 93 kms, pero lo principal se reduce al largo recorrido, aburrido en muchos casos, bien avituallado y bonito final. Sólo desde el principio, decidí marcarme un ritmo asequible, que no me exigiese de más. La cabeza funcionó bien y mantuve un ritmo constante casi toda la carrera. Media de 7:20 durante los 65 kms que corrí. Media de 9:40 los que anduve. Como llegaba a línea de salida con sobrecarga muscular por los entrenamientos previos, especialmente del isquio derecho, no forcé en ningún momento. A base de ibuprofeno y pastillas de sales minerales, pude navegar con los dolores justos. 







Primeros 30 kms, breves paradas en los avituallamientos, marqué ritmo diésel, que me vendrá muy bien como entrenamiento para los tramos corribles de las carreras de alta montaña, las que más me gustan. Con muchos corredores hacía la goma. Me pasaban, les pasaba. En la mayoría de los casos apretaban un rato y andaban otro tanto. Creo que es mala estrategia por que antes o después, ésto lleva al desfondamiento y a arrastrarse hasta meta o al abandono. Mejor un ritmo constante, incluso mas lento de lo que las piernas te pidan. 93 kms es una distancia muy larga para estar muerto en el 50. Pero, claro, es mi opinión. Resumiendo. Hasta Torre Alta donde ya amaneció, camino conocido. Sin problemas. Sin mucho calentamiento salvo los balizamientos. De Molina a Alguazas, algunos recodos graciosos, algún puente rojo sobre el río. Como tenía el estómago vacío, no dejé de comer algo en cada avituallamiento, pero sin excederme, De hecho, alguno me lo salté. Preferí tirar de mis geles, vamos, un par de bocadillos de chorizo de Pamplona. Mano de santo.



La zona Campos del Rio - Albudeite hasta Mula, fea hasta decir basta. Reseco, tierra blancuzca, camino sin vistas, el calor que empezaba a marcar. Me puse la visera y a sufrir. La parte mas dura para mí. Empecé con los cálculos, pensando en acabar en 15 horas por el ritmo más parsimonioso que el calor me obligaba a llevar. Dudas para nuevos retos, no así acabar, que me veía con piernas para hacerlo, aunque fuera todo andando. 








Fue el momento de conectarme la música para intentar evadirme y enseguida, Bella Ciao, que para aquellos que la cantan sin saber, no es la BSO de nada, 75 años de antigüedad. «È questo il fiore del partigiano, morto per la libertà!»








Me costó llegar al km 52, Mula, la bolsa intermedia, fisio y avituallamiento mas grande. La bolsa ni la abrí. La cogí y se la entregué a la Organización para que la subieran a meta. El fisio, pues lo pensé, pero también el tiempo que perdería, así que lo deseché. En cuanto al avituallamiento, esperaba algo mas sustancioso, pero como venía haciendo los deberes en los anteriores, comí poca cosa pero me faltaba algo.








Saliendo de Mula los macedonios me preguntaron como iba. Descubro que Salva y Pepe me llevan casi 2:15 de diferencia. Decepción. Sé que son más rápidos que yo, y más en ese tipo de terreno, pero entre el calor, el tiempo que parecía que me quedaba a meta y el dolor en la planta del pie izquierdo me desmoralicé un poco. Fui rumiando mi desgracia hasta El Niño de Mula, donde descubrí ese algo que me faltaba. Como me torcí de la ruta, un miembro de la Organización me chilló: "¿Donde vas?". "¡Al bar¡", respondí. Ese algo era una chispadelavida y una empanadilla. Salí con ambas y me las fui bebiendo y comiendo tranquilamente.








Casi enseguida me encontré con Alberto, "el Sombrilla", clásico de las carreras. Nos tiramos los siguientes 20 kms hablando de todo un poco. Política, deporte, religión, sociedad, no dejamos ningún palo sin tocar. Comprobé gratamente tener muchos puntos en común. Siempre gusta ver que tu forma de pensar tiene parangón en otras personas. Gratísimo recuerdo que me llevo de esas horas de charla. De hecho, sin darme cuenta, me vi en el km 80. En un momento dado hizo una parada y me encontré solo hasta meta. Gran persona Alberto "el Sombrilla". Una vez en meta, con las prisas por coger el autobús no le pude volver a ver para darle las gracias por su compañía. Me cambió toda la carrera. Ya tan cerca, tenía la moral por los aires al verme todavía fuerte pese a la tralla en el cuerpo.








Y he aquí que volví a echar a correr. Tras más de 11 horas de carrera, mis piernas respondieron. A un ritmo algo menor que al principio, pero acerqué la meta más rápido de lo esperado. De hecho, el km más rápido de toda la carrera fue el 84, a 5:50. El paisaje ayudaba, la zona más agradable del recorrido. Una lástima los que llegan a esa zona de noche. No diré que es un vergel, pero sí que entre las sombras del arbolado y los caminos al pie de las montañas, disfruté de los mejores momentos.








Cehegín, último pueblo antes de meta. Saliendo del avituallamiento, a mano izquierda veo un grupo de niñas de la edad de mi hija Julia, 10-12 años. Varias de ellas, con esa voz que solo puede salir de la inocencia me dijeron: "Holaaaa". No pude resistirlo, las respondí con el estribillo de la canción: "Mira que bien que estoy solaaaaa". Entre risas se arrancaron a cantar el resto. Me puse a bailar. Sus risas atronaban. Cuando salí de Cehegín llevaba cara de bobo de la felicidad de verlas reír diciendo: "Mirad como baila ese señor". ¡Ahahahah¡, gracias por recordarme que esto es aquí y ahora. Valió todo el esfuerzo por ese momento de candidez perdida. En tiempos de pacata autocensura moralista, recordar el valor de la sonrisa de unos niños no tiene precio.













Caravaca de la Cruz al fondo. No dejaba de rebasar corredores. Ultimo km, subida al Arco. Meta. Recibido por el mismo que me despidió, Manolo Rico. 










Mi objetivo eran 13-15 horas. A lo largo de la carrera pensaba que 15-16. Final apoteósico, corriendo. 13:24, que sin ser un tiempazo, si lo es para mi forma de correr. Subidón a mi moral maltrecha de ultrafondista. Finalmente Salva me sacó 2 horas y Pepe, una. De menos a más. No sé si será suficiente para que en noviembre, en la ultra de la Sierra de Aitana, la moral me lleve a meta, pero lo vamos a intentar. Ya veis, como os dije, no os iba a aburrir....demasiado.







ROMA VICTRIX ¡¡¡