martes, 4 de abril de 2017

VIII Ruta de las Fortalezas - 2017










Hora de Salida: Sábado, 01 de Abril desde la Plaza Héroes de Cavite tras el tradicional izado de bandera e interpretación del himno español por la banda militar de turno.


Distancia: 53,2 kms., con 2.100 metros de desnivel positivo.


Tiempo máximo: 12 horas.


Número de Dorsal: 339.


Precio Inscripción: 36 €.


Total Inscritos: Había 3.800 inscripciones entre corredores y andarines.


Primer Clasificado: Alberto Plazas en 4:15:59.

                
Mi Clasificación: No buscaré excusas, pudo ser mejor, pero pudo ser peor, 7:45:00, puesto 868 de la general, 452 de mi categoría y 796 por sexo.

  
El Perfil, con algunos cambios, el de siempre.














Pues no sé que tendrá esta carrera que me engancha, heme aquí que por cuarta vez me veo en la línea de salida. Mi tercera RDLF a la que sumar la Ultra de las Fortalezas de 2015. Así que sorpresas, las justas.






El motivo de esta nueva ocasión en tierras cartageneras era reunirnos los seis "macedonios" para correr una carrera juntos dado que no coincidíamos desde la Ultra de los Bosques del Sur también en 2015.





He hicimos bueno el calificativo de macedonios, cada uno a su fruta. Pepe no pude venir, lesionado, aunque al día siguiente hizo podio en una carrera de 10 kms. Fausto, perdido de principio a fin, con una sospechosa camisa morada, "de los tuyos" me dijo. Salva, ¡¡ainsss¡¡, Salva, croata del todo. Además de guindillas, no sé que le han puesto a este crío en la comida que hay que ver lo que corre. Así que en línea de salida, como siempre los últimos, Richy, Fernando y un servidor. Aquí está el testimonio gráfico de que salimos los últimos.





Comenzamos el trote cochinero buscando a Fausto, para, al menos correr los primeros kms juntos. De Salva, pues nada, cuando nosotros salimos ya debía ir por el km 5, tan interesante y apasionante que iría.





En esta edición han realizado cambios que han "endurecido" la prueba, con mas subidas y bajadas. Aún así, para mi gusto, mucho, pero que mucho-mucho asfalto. Es una ultra, dura, larga, hay que hacerla, pero no, no es una carrera de montaña. Las subidas cortas y salvo la subida final a Atalayas, "corribles y llevaderas".





El primer cambio era salir en dirección al Castillo de los Moros, una tachuela en la barriada de Los Mateos. Grupo muy compacto, casi obligados a andar por la cantidad de gente. Oteábamos el personal por intentar ver a Fausto pero no había forma.




Tras un recodo en el que los vecinos de Los Mateos portaban una pancarta de apoyo a los corredores, nos dio alcance un grande del Ultramaratón, Amador, que nos contó parte de  sus proyectos, entre estos, su escalada por libre al Montblanc este verano. Enseguida se quedó con su grupo, nosotros bajamos en dirección a Santa Lucía.




Km 5, Cala Cortina donde antiguamente había un surtido avituallamiento, en este caso, líquidos. Vista de la cala y subida en dirección contraria a lo habitual al Castillo de San Julián. En este punto dimos alcance a Fausto, con cara de cansado antes de empezar. El y Fernando se quedaron cortados atrás. Salvo en puntos esporádicos no coincidimos. Me quedé solo con Richy.




Entre todos nos dedicamos a saludar amigos y compañeros, con los que compartimos minutos de cháchara hasta que "se montó". A media subida, el camino se estrechaba, obligando a los corredores a ir en fila india. Con ese don de la impaciencia de los españoles se abrieron varias líneas de avance que todas confluían en el mismo punto lo que provocó un tapón y un parón de casi 30 minutos, en los cuales, lo peor, era quedarse frío. Los cabreos y malos modos salieron a la palestra. No lo entendí. Si, era un follón, pero ¿íbamos a disfrutar o competir?. Eso sí, nota para la organización, para próximas ediciones, recordad de poner a alguien que controle y dirija el tráfico en ese punto.






Cuando se desenredó la madeja, subimos ligeros para llegar a la segunda cima, demasiado ligero. Bajamos camino del Calvario corriendo rápido. Si, ya sé que parece una redundancia decir "correr rápido", pero es que en estas carreras, lo mejor es correr "lento", para guardar fuerzas. Y en esta ocasión, cuando dijimos de correr, corrimos demasiado rápido para mi gusto, para mis fueras y me pasó factura. En este punto estaba el primer punto de control, para que a nadie se le ocurriera "atajar". Aquí aporto mi carné para demostrar que no me salté ni uno.






Al pié de la subida al Calvario nos cruzamos con Salva, ¡¡que ya bajaba¡¡, en 10 kms nos había metido ya media hora. Avituallamiento de sí pero no. Como casi todos. Tenía un recuerdo mas abundante de los avitullamientos de la RDLF. Agua e isotónicos, cero chispadelavida. Plátano y naranja. En algunos puntos frutos secos y barritas de cereales. Y a mitad de ruta, los clásicos donuts. Quizás me habré vuelto exigente de más, pero, algo pobres me parecieron algunos.




La subida al Calvario, trayecto algo diferente, pero a buen ritmo. Subir no fue el problema en ningún caso. Sin forzar, cumplí con todas a mi nivel. Fue una constante en toda la carrera y de lo que mas satisfecho me sentí al concluir, la fortaleza mental. En ningún momento tuve dudas, ninguna idea de "¿que hago aquí?". Pese a los fallos cometidos, la mente pudo sobre el físico.




Otra vez bajada rápida, "muy ráaaapida, Richy¡¡¡", ahora en dirección a la Batería de Sierra Gorda, innovación de esta edición, que ya conocíamos del Trail del mismo nombre que hicimos en enero, eso sí, con un recorrido mejorado, mas "montañero" que subimos en fila, junto a otro grande de la "zapatilla", Gabi, con el que nos hicimos foto al coronar cima.











De bajada, km 21, media maratón, nos cruzamos con Fernando. Solo nos llevábamos unos 10 minutos de distancia. "Vamos a bajar despacio a ver si nos alcanza", dijo Richy. Pero claro, para Richy ir despacio debe ser ir marcha atrás y a la pata coja.




Camino del avituallamiento de Vista Alegre, en el km 24, me noto vacío, hambriento y mareado. No puedo seguir a Richy. Como y bebo lo que pillo, pero subiendo una pequeña loma me doy cuenta, ... "atención, peligro"... ¡¡¡entro en pájara¡¡¡. Otra vez. No es la primera en las ultimas carreras y eso que intento comer, pero me noto el bajón de azúcar.






Aunque el recorrido por el que íbamos era de fácil carrera, no puedo ni dar una zancada, me limito a andar. Le digo a Richy que se marche, ni caso, me "castiga" con su compañía. Estoy seguro que podrían haber terminado como mínimo media hora antes que yo, pero nada ahí iba cargando con el veterano.




En Santa Lucía, en el primer bar que vemos, Richy me invita a una chispadelavida, que fue el remedio a mis males. Saliendo del bar, a trago rápido, nos colocamos a la par de Juanjo. Enseguida noto los efectos balsámicos del azúcar en vena. Sin correr de forma exagerada, la pájara queda va remitiendo.








Llegamos al avituallamiento intermedio, en la Universidad, km 29. Chute de azúcar adicional con dos donuts, barritas, isotónico, todo lo que pillé. Echamos el rato con Gabi y Juanjo, buena gente, compañeros ya de muchas batallas.






Al trote nos dirigimos al centro urbano. Toca la parte muscularmente mas dura, asfalto por doquier. Molinete, Teatro Romano (no deja de sorprenderme como apareció de la nada tras un derrumbe de viviendas), Calle Mayor, Calle del Carmen hasta la Rambla, pegados a la Muralla del Arsenal. Pedazo ambientazo el de esta carrera, de lo mejorcito que he visto en mi ya centenar casi de carreras. Anima mucho. Parece que no, pero los aplausos y palmadas, los niños que te chocan la mano y los mayores con "ya está hecho", te suben la moral. Y en este tipo de carreras, el físico es mucho, pero la mente es mucho más. ¿Qué será de Salva, Fernando y Fausto?.




Segunda tacada de baterías, Fajardo y Galeras, rodeando el puerto. Alternamos andar y correr, coca, correr y caminar. Me sabe mal ver a Richy esperándome, pero que conste en acta que le dije muchas veces que siguiera pa´lante y no me hizo caso. Aparece nuestro amigo Lorenzo, que en varias zonas, me fríe, de hecho, el lunes todo el mundo me dijo "lo moreno que estás".






Fajardo, corto, tranquilo, admirando las vistas del Faro de Navidad y del Castillo de San Julián al otro lado de la bahía. Día radiante, sin una nube.








Bajando Fajardo me encuentro francamente recuperado, de hecho, la subida de Galeras, la hacemos a pié, a buen ritmo pero pudo ser al trote, menos mal que la cabeza me impidió hacer esa locura que me habría fulminado para la subida final.






En ese camino de ida y vuelta a la Batería saludamos a mucha, mucha gente. A Antonio de los Reyes, un fenómeno, que pese a llevar mala cara, acabó y por delante. Chary, de la que curiosamente hablábamos minutos antes por lo mucho que hacía que no la veíamos, y fuimos a topárnosla. Fernando, nuestro Fernando, buscando el zen perdido. Pero es que eran tanto los participantes que al día siguiente me enteré de muchos nombres que fueron pero a los que no puede ni ver ni saludar.












Buena bajada de Galeras a Navantia. Esa recta no me gusta. Menos mal que este año la han reducido y nos subieron por una zona residencial para el último hito de la carrera, las Atalayas, con nueva subida esta edición.







A lo lejos saludamos al Roldán, que por motivos "ecológicos" ya no se sube. Lo siento, pero no puedo estar de acuerdo. Entiendo que hay que respetar el medio ambiente y lo comparto, pero parece que los seres humanos no tenemos ningún derecho cuando somos nosotros los que debemos mantenerlo y disfrutarlo. Es cierto que son muchas personas, que muchas de ellas no tienen cuidado (o sí), pero, ¿cuántas personas irán cada fin de semana?.






Llegamos al pié de las Atalayas a pocos kms para meta. El domingo anterior habíamos hecho reconocimiento del terreno así que no hubo sorpresas. Tras una corta zona de toboganes, se cogía una senda estrecha, en fila de a uno, en la que cogímos al Maestro Juande. Una vez más, coincidíamos con él a poco de meta. Así que ya nos soltó la cantinela "¿otra vez venís a adelantarme al final?".




La subida era exigente, marcaba mucho las piernas, no tanto por la dureza si no por el km en el que te cogía. Richy se fue por delante. No quise apretar. Cogí un ritmo asequible y coroné sin grandes destrozos, aunque empezaba a notar las tensión muscular.




La bajada de las Atalayas, se ha modificado, cogiendo lo que anteriormente era la subida. Se hacía peligrosa por la degradación física, por el amontonamiento de corredores y por el terreno. En un hueco, se me enganchó el tobillo y me dio un latigazo. Sin ser invalidante si que fue doloroso, así que bajo el ritmo para pillar a Richy al final de la bajada.




Solo quedaba el tramo de Tentegorra, en ligera subida, ¡¡que aburrimiento¡¡, máxime cuando pasas cercano a la meta y te hacen dar una vuelta adicional de 2 kms. Ya no era poder o no poder correr, era no querer.




Entramos en la base, ahí, para no dar mas disgustos a Richy, corremos para llegar a línea de meta. Antes de la meta, Salva, duchado, comido, peinado, hecho un dandy...que máquina. Por mi reloj, 7:42.







Recogida de medalla...de latón. Pero lo importante no era ganar, era terminar disfrutando. Con posterioridad llegaron Fernando y Fausto (aunque no lo vimos), póker macedonio.





Para la saca. En el haber, la perfecta gestión de mente. En el debe, una vez más, los problemas alimentarios y musculares.


Ahora sí que sí, camino del gran objetivo del año, Los 10.000 del Soplao, en mi tierra cántabra, 19 de mayo.




Ahora y siempre....



¡¡¡ ROMA VICTRIX ¡¡¡





domingo, 12 de marzo de 2017

Infern Trail 2017





Hora de Salida: Sábado, 11 de marzo 2017, 8:00 horas desde la Plaza Mayor de Orba, provincia de Alicante.


Distancia: 43,8 kms., con 1.900 metros de desnivel positivo.


Tiempo máximo: 8 horas.


Número de Dorsal: 86.


Precio Inscripción: 35 € para los federados.


Total Inscritos: 300, de los cuales 121 eran de mi categoría....veterano M....¿Mayor ya?.


Primer Clasificado: Pedro Martínez González en unos estratosféricos 3:59.

                
Mi Clasificación: Ahí estuve. En el kilómetro 1 el ganador "solo" me sacaba 1 minuto. Acabé en unos más que sufridos 7 horas y 26 minutos, en el puesto 212.

  
El Perfil, Si no fueran por los casi 6.900 escalones habría sido un "paseo"...











Aquí estoy, primer desafío "serio" del año. En Orba, para conocer y probar los miles de escalones que conforman el Barranco del Infierno.


4:10 de la mañana ya estoy levantado, la carrera empezaba a las ocho  y tenía casi dos horas de carretera desde Murcia. Con tiempo más que de sobra sobre las 7:10 ya estábamos Fausto y yo en el bar de la plaza del pueblo, desayunando. Está claro que no es un pueblo de masas por que con el "barullo" de 10 personas tuvimos que esperar 15 minutos para que nos sirvieran.


Tras el breve desayuno desisto de esperar a Fausto para ir a cambiarnos. En poco más de 300 metros se paró a saludar hasta a las farolas. Mas conocido que una estrella de cine.



El cambio final de la fecha del 25/02 al 11/03 no ha favorecido. De los 300 inscritos en primera instancias parecían faltar varias decenas, muchos de ellos ya comprometidos para esta fecha con un clásico del ultrafondo como es la Transilicitana y sus 104 kms.


Ocho de la mañana y ya hace buena temperatura, demasiado buena para la hora que era. Mal presagio.


A los acordes de Thunderstruck de AC-DC, clásico en las líneas de salida, empezó la carrera. Ocho horas como máximo, pero espero estar en meta en 6:30 a más tardar.








Primeras zancadas, vuelta al pueblo de Orba. Dos kilómetros que no aportaban nada, solo calentar, todo en esa búsqueda frenética por incrementar los kilómetros.



Como siempre, al principio, todos juntos. Observo al personal. Mucho les veo correr. Con el tiempo, incongruencias mías, me gusta poco correr....correr rápido...me gusta el trotecillo para no quemarme antes de llegar a la montaña.



Primer error. Primeros 10 kms camino del primer avituallamiento en la Casa del Pantano en "solo" una hora. Que sí, que es un tiempo tranquilo, pero a mí se me antojo algo rápido. Y para los que corremos por el monte, ir a 6 minutos el kilómetro, sin ser un ritmo muy vivo, a lo mejor es algo rápido al comienzo, máxime cuando lo duro estaba por llegar.



Primer 10.000 algo quebrado, sin mucha dificultad. Pequeñas subidas y bajadas. Carretera, pista y algún breve sendero. Me avituallo con agua y chispadelavida.....poco más había. Y fue la tónica de toda la carrera. Avituallamientos pírricos, muy escuetos, muy por debajo de lo necesario. Y en ese punto el sol todavía no había empezado a cobrarse su duro tributo.



Salgo del primer punto de vituallas para iniciar la primera subida. No muy dura, pero constante. Las subidas y bajadas en toda la carrera sin ser autopistas no eran de las mas duras en las que he corrido. Eso sí, terreno muy pedregoso y desigual que me hacía tener que ir vigilante para no caerme. 





Segundo avituallamiento, ya con sólidos, al menos eso decía la Organización. Agua, isotónicos, chispadelavida, plátano y trozos de barritas de cereales. Y el calor ya estaba apretando. Me paro para echar fotos a lo que creo que era Fleix.








Las cosas cambian, camino de la Font del Gel, comienza a apretar el sol. Aquí empieza mi "infierno".






Durante todo el trayecto vimos varias fuentes de agua natural, limpia y sobre todo muy fresca, pura medicina.




Hay gente que para correr le gusta el frío, a otros el calor...yo no soy de éstos. Tolero mal el calor en todo momento pero corriendo es un suplicio. En un marzo atípico como el que estamos viviendo e inmerso en un sobreesfuerzo como supone una carrera tan exigente que el sol caliente a más de 24 grados es una tortura. Y para muchos. Vi muchos corredores abandonar por el calor. Y aquí es cuando se demuestra si la Organización organiza o solo cobra.



Evidentemente los organizadores no pueden prever el clima pero si sus efectos. Con un calor inmisericorde, debieron redoblar sus esfuerzos por avituallar a los corredores para evitar deshidratación o desfallecimientos. Esos son los organizadores que organizan. Y luego están como los de la Infern Trail, que decidieron mantener incólume su beneficio no incrementando gasto alguno ni ofreciendo más de lo que tenían presupuestado. Felicidades a todos los voluntarios, desbordaron simpatía, pero los organizadores, los que tenían que manejar entorno a 10.000 euros de las inscripciones, miraron tanto la peseta que a alguno casi nos cuesta un disgusto.



Pensando bien podría pensar que fue un fallo, un error, pero con más de un compañero de carrera hablé que el año precedente pasó lo mismo, avituallamientos pobrísimos. Así que son reincidentes. Ya se está convirtiendo en una mala costumbre forajidos disfrazados de deportistas que desvalijan a los participantes de eventos deportivos. Por 35 euros...una camiseta (mientras costara 15 euros), un buff baratero, un llavero de madera ruin, algo de bebida, nula comida en el transcurso de la carrera y un fin de meta con dos salchichas y lomo o macarrones salados con boloñesa. Si, la culpa es nuestra por ir, por que alabar el recorrido es de no racionalizar la respuesta. El recorrido lleva allí cientos de años, cuando los moriscos corrían por los escalones huyendo de las mesnadas cristianas, cuando nada les hacía suponer que esas escaleras esculpidas con sangre y sudor iban a ser objeto de negocio.



Empezando ya a sufrir entro por la puerta grande en el protagonista de la carrera, objeto de mi deseo, que no era otro que conocer este peculiar paraje del Barranco del Infierno. El Forat de la Juvea nos traslada 900 años atrás...



Erase una vez......




El Barranco del Infierno está situado en el Valle de Laguar (Alicante), nombre que proviene de "Al-Agwar" que significa "las cuevas". Su origen data del siglo XII en los lejanos tiempos de guerras de frontera y reconquista.










La mesnadas cristianas lideradas por Jaime I "el Conquistador" empujaban hacia al sur alicantino el límite de su reino. Atrás iban quedando las poblaciones de moriscos, que ajenos a las guerras de los señores feudales, trabajaban y daban vida a las tierras de labor que durante siglos cultivaron sus antepasados. Viejas guerras de religión que nueve siglos después, con otras armas pero con las mismas justificaciones ciegas, siguen colmando de sangre los telediarios.








Cercados los moriscos, buscaron cobijo en los montes alicantinos, dirigidos por su adalid Al-Azrag mas conocido como el "Blau" (¿del Barça?). En estos pagos decidieron esculpir en la roca los 6.873 escalones que jalonan este Barranco del Infierno, para acceder a sus labrantíos e incluso llegaron a horadar el paso conocido como El Forat de la Juvea.












Cuales antepasados de los bandoleros "currojimenezcos" o del maquis tras la guerra civil, los moriscos iniciaron su "contra-reconquista", asediando la localidad de Alcoy. Pese a su victoria, perdieron en batalla a su  líder al-Azraq. No pudiendo defender la plaza, se encaminaron a su barricada defensiva.









Varios siglos de guerras de guerrillas fueron testigos de nuevas escaramuzas y sucesivos edictos coercitivos. Primero Carlos I obligándolos a bautizarse. Después Felipe II desarmándolos.  Nuestros irreductibles moriscos del Barranco del Infierno soportaron las acometidas cristianas hasta el reinado de Felipe III el cual promulgó en 1.611 un definitivo edicto de expulsión de las tierras españolas camino del norte de Africa.



Cuatro siglos después, vuelven a realizar el camino inverso, de regreso, en pateras o cargados de "kalashnikov". La intolerancia siempre nos ha de perseguir y hacernos repetir el pasado una y otra vez.








Atravesando el Forat acciono la máquina del tiempo. Oigo los sonidos metálicos de los picos y palas esculpiendo el paisaje. Moriscos huyendo de la persecución, repiqueteo de las herraduras de las tropas cristianas persiguiéndolos a mas gloria de Dios. No hace falta coger un avión, hacer decenas de horas de viaje, gastar miles de euros....visita España, un conglomerado de belleza, historia, historias, paisajes y diversión en menos de 1.000 kms en línea recta.






Primera bajada, el sol en lontananza. Pruebo diferentes formas de poner el pie. Borde o plano, salto o arrastro. Es difícil decidir. Finalmente adapto los pies a cada tramo, vigilando cada piedra para evitar dar con mis huesos en el pedragal.








Bajada feliz. Estaba donde quería ir, conocer y vivir la experiencia de correr por tan histórico recodo de nuestra historia. Enfrente diviso la cruz de la moneda, la próxima subida, al sol.





Tras atravesar lo que debió ser el cauce de un río, hoy un pedregal agresivo, inicio la subida mas dura. El calor era terrible, al menos para mí. Hice los deberes, bebí pequeños sorbos de agua cada poco tiempo, pero toda me parecía poca y quedaba mucho hasta el siguiente avituallamiento en el km 21. Empiezo a notar la falta de resuello, en algunos tramos me cuesta respirar. El "Lorenzo" no se apiada y me castiga por mi soberbia pretendiendo vencerle con poco más de dos pesadas piernas, unas gafas de sol, sin visera y hambriento.



Primer mensaje a Pomelandia: ¡¡¡Abrasadoooo¡¡¡





Cuando hago cumbre, entrando en pájara, solo la contengo comiendo de mi reserva alimenticia, mi siempre fiel compañero, ¡el chorizo de pamplona¡. Unos breves bocados y salgo como si hace 5 minutos no estuviera KO....hasta que 5 minutos después veo que era un espejismo. Empiezo a deambular por los senderos, pero sigo.




Rápida bajada intentado perseguir a una pelirroja, aunque solo para ir acompañado y dirigido en cada pisada, no estaba para mucho más. Nuevo cauce pedregoso y nueva subida. Pregunto a un miembro de la organización y me asegura que es dura pero mas corta que la anterior. Y por una vez, acertó. Estaba para pocas bromas. Km 21, avituallamiento de líquidos....¡¡¡¡y no les quedaba agua¡¡¡¡. Indefendible la Organización pidiendo disculpas. Varios corredores a la sombra desfallecidos, muchos quejándose. Con este calor, solo el agua te hace volver en ti. Imperdonable.




En otra situación climática el recorrido es duro, pero llevadero, pero con el calor sin el apoyo real de la organización fue una trampa para muchos corredores. Unos, digo, disfrutan del calor, pero otros lo sufrimos.



En este punto kilométrico abandonaron muchos, entre ellos Fausto. Yo seguí ruta, hasta el avituallamiento de Benimaurell eran solo 4 kms más. Terreno pedregoso pero no muy complicado. Delante mío una extranjera gemía y chillaba del dolor de los calambres. Inhumano su esfuerzo, que finalmente se vio recompensado con la meta. No sé como lo hizo, pero consiguió continuar. Yo tuve episodios de calambres que últimamente me castigan, sobre todo el sartorio izquierdo, que durante minutos me dejaban inmóvil y transido de dolor. No sé si son los estiramientos o la alimentación pero me preocupa que de un tiempo a esta tarde estos episodios de calambres se repitan con contumacia.


Km 25, se supone que el mejor avituallamiento y más de lo mismo. Agua, isotónico y chispadelavida, con plátano, membrillo y poco más. Muy poco, muy barato para la Organización. En las esquinas y a la sombra un decena de corredores derrotados por el calor. Entablo conversación con un veterano que ya la ha corrido y me da todas las pistas para abandonar, pero no, por testiculina va a ser que no. Las estoy pasando moradas para, encima, abandonar a mitad del partido.




Leo el cartel de la Organización, y por una vez les doy la razón y les felicito, la carrera es hoy, ahora, no el año que viene. Me levanto y sin recapacitar echo a correr rezando por encontrar el momento zen mas antes que después.




¡¡Que largos 10 kms¡¡. Siguiente avituallamiento en el km 35 y ni un maldito vaso de agua. Fracaso absoluto. A pleno sol, sudando a mares, expuestos a mareos e insolación la Organización se lo ahorró todo. ¡Cuantas vueltas le di a la cabeza¡. ¿Cuantas veces pensé por qué, por qué otra vez, por qué me sometía a esa tortura, que quería demostrar, a quién, por qué?. ¿Todo por poder luego contarlo en estas líneas.?. Quizás. Solo el que participa sabe que cuando llegas a meta todo lo vivido tiene un significado, todo el sufrimiento es un reto. Imprime carácter. Confieso que he pecado. Soy visceral, intransigente y egocéntrico. Seguramente seguiría con una lista interminable de mis defectos, pero una cosa me ha enseñado el ultra fondo...lo importante es el camino, aguantar, que lo bueno siempre está por llegar, no todo es ahora y ya, hay que tener paciencia, en cualquier lugar del camino hay una sonrisa.


A la salida del pueblo, me siento en una piedra. Dejo pasar unos minutos. Escucho hablar a dos parejas de extranjero de los muchos que me sorprendió ver en todo el recorrido. ¿Qué hago, me vuelvo o sigo?. Me levanto y arrastro un pie delante de otro. Asakoooo¡¡¡.



Recibo ánimos de Pomelandia. Bien, siempre es bueno saber que alguien piensa en ti. Recibo mensajes de mis hermanos macedonios, por ellos me había enterado que la aventura de Fausto terminó y que la de Salva en la Transilicitana empezó a las 10. Para todos las mismas respuestas, abrasado, achicharrado, machacado...pero sigo en el desafío.



La subida se me hace eterna, me van rebasando todos los corredores, me doy cuenta que estoy liquidado. No puedo ni levantar los ojos al cielo, pero me anima esa fe inquebrantable en terminar, en conseguir mi objetivo. Ese es el mayor regalo que estas experiencias deportivas me aporta, el convencimiento absoluto de que nadie está vencido hasta que decide dejarse vencer. Y hoy no es ese día.



Cumbre, empieza el "cresteo". Ya me comentó algo Fausto y recordé el que hice en mi última aventura en octubre, en Botamarges, pero ayer, además del pedregal, el sol en lo alto hizo que 2 kilómetros de sube y baja en un terreno infernal, nunca mejor dicho, me macharan mentalmente. Creo que si hubiera habido un punto de abandono, lo habría dejado...o no?.



Que harto acabé del "cresteo". Bajada resbaladiza camino del avituallamiento del 35 que coincidía con el primer avituallamiento en la Font del Gel, con lo cual ya sabía lo que había. Nada. Menos mal que la fuente me dio agua a necesidad, para beber y lavarme la cara en todos los sentidos.



Últimos 7 kms. Solo quedaba una pequeña subida. Y mas vale tarde que nunca el zen vino a verme. El lavado de cara me vino de perillas. Cogí un ritmo de 6 por km y ya no lo dejé hasta meta. En algunos tramos, para no quemarme, andaba, utilizaba la CoCa. Correr y Caminar. Llegó mi momento, el momento de alcanzar y rebasar corredores, llegó el zen, te duele todo, pero no sientes nada, sigues y sigues hasta el infinito y más allaaaaa.



Miro el reloj, casi 7:30, una hora más de lo previsto, pero el calor de hoy no estaba en el planteamiento. Llego a meta y me quedan ganas de esprintar por las calles de Orba. Meta, abrazo con Fausto, famélico, esperándome para comer....en los huesos estaba. O casi.






Lo mejor, como siempre, la compañía, en este caso, el hermano macedonio Fausto.



Lo positivo, la capacidad de superación del sufrimiento. Sé que suena a filosofía barata, pero imprime carácter. Ante el día a día, veo los desafíos con otra perspectiva. La resiliencia, esa capacidad de resistir mas allá de lo previsto. Pero claro, siendo del Racing....





Lo negativo, pues, ¿está claro no?. Pésima la organización. Sobresaliente el conjunto de voluntarios, no pueden ser responsable de lo que NO hacen otros. Por mi parte, la incapacidad de correr con calor, un problema cuando vives en Murcia, y la persistencia de los problemas musculares.


Próxima parada, Ruta de las Fortalezas. Tercera participación, la hace la mas repetida de mi "currículum". No tenía intención de volver pero es por una buena causa, por primera vez en mucho tiempo, si no hay contratiempos, reunirá a todos los macedonios y esa nos la tomaremos con pachorra. Único objetivo, intentar llegar juntos los seis.


1 de abril, hasta entonces.








miércoles, 8 de febrero de 2017

IV Maratón Ciudad de Murcia




Hora de Salida: Domingo, 29 de enero, a las 8:45...¡¡15 minutos tarde¡¡.

Distancia: Pues 42, 195 kilómetros, vamos, lo que viene siendo una maratón.

Número de Dorsal: 668.

Precio Inscripción: Fui de gratis, "patrocinado" por mi amigo Ricardo

Total Inscritos: Algo más de 700, esto va de capa caída.

Primer Clasificado: Fernando Villegas Jaén en 2:30
                
Mi Clasificación: Que vale, que tengo que entrenar más en asfalto...¡¡o no¡¡...acabé en 4:09...pero acabé. Mi peor marca de siempre.




Pues sin comerlo ni beberlo y lo que es peor, sin entrenarlo, me encuentro en la línea de salida para la IV Maratón Ciudad de Murcia. Creo que ya voy pasado de rosca por que no es normal que de la noche a la mañana decida ponerme a correr 42 kilómetros sobre asfalto, pero claro, no podía rechazar la oferta de mi hermano macedonio, Richy, al cederme su dorsal.



Siendo mi gran objetivo del primer semestre correr los 112 kms del Ultra Trail Los 10.000 del Soplao en mi tierruca, todos los kilómetros que entrene, suman. Sí, ya sé que parece una "sobrada" hablar de entrenamiento correr una maratón, pero es que no podía ser más. Hace años que no corro en asfalto. He perdido el ritmo de correr tal distancia de continuo y sobre una superficie dura que castiga mucho. Vamos a confiar en el "fondo de armario" que suponen las horas de entrenamiento.


En línea de salida coincido con mi hermano macedonio Pepe, con Jaguar, con Paquito, con Paco Bravo y el escoba del evento, mi hermano macedonio Fausto. Quince minutos de espera antes de salir. Con toda su buena intención, esta carrera va de retirada, con varios cambios de fecha en sus cuatro ediciones y con una merma del 50% en el total de atletas en línea de salida.







Pistoletazo de salida y salgo bien tranquilo. Sé que no estoy para la distancia, que tengo que ir "km a km". Atrás queda mi marca en la misma prueba de 3:37 hace cuatro años. Entonces entrenaba, y mucho, en asfalto. Ahora, nada de nada. El asfalto es duro, castiga mucho las articulaciones y los músculos. En los momentos de agotamiento, tiene que mandar la mente para llevarte hasta línea de meta.


Recorrido que empezamos por la Gran Vía y ya desde el primer momento, me descuelgo a los últimos puestos. Se que es una locura participar en mis condiciones, pero también tengo una cosa que solo dan las horas y kilómetros corriendo por los montes: Paciencia.


Enseguida me pongo a la par de los Zumbaos. Rai, Córcoles y Jesús. Cargando con el globo de las 4:30. Hombre, me digo, a tanto no llegará. Jijiji, poco faltó. Aquí voy "de paseo".




Jesús y yo nos vamos por delante. Tranquilos. Conocedores ambos que lo importante es llegar y, en estos casos, intentar sufrir lo menos posible. Ritmo lento, de ultramaratón, mi ritmo. Ahora me pongo a pensar como he podido hacer 3:27 en esta distancia, a una media de 4:50. No me lo creo.


Durante un buen rato se nos pone a la par Gabi, corredor de 1000 carreras al año, que no dejó por saludar a nadie, hasta los árboles le levantaban la mano.




En los primeros kilómetros nos llevan por la zona de La Fama y La Flota, vacío de gente. Deprimente. Volvemos por donde vamos, en una suerte de recorrido de ida y vuelta. Cruzamos el puente, km 6 y ¡¡qué pocas ganas me quedan de asfalto¡¡. Pero ahí vamos. Nos cruzamos con Antonio de los Reyes, gran tipo, terminó seguro.





Llegando por el km 12 Gabi se descolgó. Casi seguro que siguió saludando a las farolas, a las papeleras...que gran tipo y no sólo de tamaño. Eso sí, hizo meta como un campeón.


Torcemos hacia el Infante Juan Manuel, avenidas largas, para correr, el que tenga ganas, claro. Pepe y Jaguar se hartaron.


Paso elevado y venga a cruzarme gente....¡¡¡pero si es Salva López¡¡¡...otro macedonio en carrera. Este un fiera, una máquina, pero claro, con esa vida tan interesante y apasionante ya podrá. Dopado de testosterona en su segunda juventud.




Las avenidas se me hacen larguísimas. No me gusta nada correr por ellas, viendo como otros vienen y a mi me falta mucho para acabar de ir.


En la vuelta por el paso elevado, Jesús hace un alto. El señor Roca le reclama. Me veo solo y me vengo arriba. Corro los mejores kilómetros de toda la prueba. Bien, sin ir muy ligero, pero sin sufrir. El ritmo fue bajo, pero en ningún momento tuve dolores musculares ni articulares. Buen síntoma....hasta que me acordé que tengo plantas en los piés.


km 14 y mi estomágo me manda el mensaje de parar. Voy mirando a todas partes pero no veo aseos portátiles para los corredores. Error. Así aguanté hasta el km 18, en una bar enfrente del Zig Zag hice mi primera parada de 5 minutos. Ya no podía más.


Mas "relajado", vuelvo a la carrera subiendo por la avenida Juan Carlos I. Ya bajando veo a Jesús. "¿Qué ha pasado?", me dice. "¿Si ibas por delante?". "Si", le respondo, "pero he tenido que parar a "descargar". Ahora te cojo", le digo sin fe.





Giro km 19 y emboco la avenida hasta la Plaza Circular. Por mi, ya está bien, he corrido suficiente. Empiezan a dolerme, y mucho, las plantas de los pies. Tras años sin correr por asfalto, la falta de hábito me pasa factura. El dolor persiste y lo soporto por que voy camino de medio maratón, el tramo mas animado.


Empieza la segunda vuelta. No me gustan las carreras se repiten, por que no tengo nada nuevo que ver, además, el recorrido me parece eterno, como he dicho, está muy bien para los que quieren "correr", pero a mí me agota. Si, sé que es un perogrullada, pero es así.


Km 22 me cruzo otra vez con Pepe y Salva. Ya voy runfando y me quedan otros 20 kms. El dolor de las plantas de los pies me está matando.


La Fama ida y vuelta. Pasando por el puente, avenida y llegando al km 28 decido que basta ya. Ya vale como "entreno". El dolor de las plantas de los piés es insoportable. Me da mucha rabia, por del resto me encuentro perfecto, incluso, con más fuerzas de las esperadas pero es que cada pisada es una tortura. 42 kilómetros de pisadas, supongamos 35.000 como mínimo. Si estoy en el km 28, que menos que me queden otras 12.000. Aaaaadioooosss¡.



Me paro y como no puedo ni andar del dolor, me quito lo bambos y las medias. Me pongo de nuevo los bambos sin medias y echo a andar camino de mi casa. "Pues vaya, si ahora parece que no me duelen tanto", me digo. Tras 10 minutos parado, sin medias, pies desnudos sobre los bambos....¡¡dedico seguir¡¡. El irreductible cántabro que hay en mi se niega  rendirse...




... en el 36 no me haría tanta gracia. De frenopático. De hecho, no es solo que siga, si no que me veo bien físicamente y aprieto.


Camino del paso elevado, voy saludando desde cola del grupo. Feliz. Corro, me duelen algo, pero me veo bien.


Entro de nuevo en la zona del centro, km 36 y el muro me pasa factura. Sin problemas físicos ni musculares, no me quedan ganas de seguir. Aún así sigo gracias a la cabeza que ha decidido que hoy no es día de retirarse.


Km 37, me cruzo con Pepe que va disparado camino de la meta. Bajando por la Gran Vía, desoladora imagen de unos pocos cientos de animadores. Jardines del Salitre, ya descontando metros. Solo sigo por "güevos" no por ganas.


Km 39, enfilo la subida de Juan Carlos I. Veo el bar de la "descarga", ¡¡que bien me vendría una chispadelavida¡¡. Los avituallamientos, no estaban mal, pero algo anodinos.


Km 40, ya camino de la meta y veo a Salva con su Inma subiendo....no contento con correr la maratón por debajo de 3:30 se fue a buscarla para acompañarla a meta....¡¡¡eeeellll amorrrrr, es el huracaaaaán¡¡¡.


Km 41 y ahí está el ultramaratoniano. Me duelen los pies, sin calcetines, sin comida, decido apretar. Ultimo kilómetro en 4:25 fue el puntazo. Adelanto a muchos corredores, a ritmo rápido. Gran Vía, veo el final en la plaza del Cardenal Belluga.


Meta.


Se pudo hacer mejor, se pudo hacer mejor, pero con lo que había, se hizo bien. Falto de ritmo y entreno de la distancia, saqué varias conclusiones. Para competir en esta distancia, hay que entrenar. Para participar, como fue mi caso, al menos, prepararla un poco. Lo mejor, la capacidad de sufrimiento. El excelente estado físico sin dolores. Y ese kilómetro final de velocidad que me da muchos ánimos.


Ahora, a por la próxima, la Infern Trail, en Orba. 43 kms y ya en mi terreno, la montaña.




¡¡Roma Victrix¡¡