domingo, 12 de marzo de 2017

Infern Trail 2017





Hora de Salida: Sábado, 11 de marzo 2017, 8:00 horas desde la Plaza Mayor de Orba, provincia de Alicante.


Distancia: 43,8 kms., con 1.900 metros de desnivel positivo.


Tiempo máximo: 8 horas.


Número de Dorsal: 86.


Precio Inscripción: 35 € para los federados.


Total Inscritos: 300, de los cuales 121 eran de mi categoría....veterano M....¿Mayor ya?.


Primer Clasificado: Pedro Martínez González en unos estratosféricos 3:59.

                
Mi Clasificación: Ahí estuve. En el kilómetro 1 el ganador "solo" me sacaba 1 minuto. Acabé en unos más que sufridos 7 horas y 26 minutos, en el puesto 212.

  
El Perfil, Si no fueran por los casi 6.900 escalones habría sido un "paseo"...











Aquí estoy, primer desafío "serio" del año. En Orba, para conocer y probar los miles de escalones que conforman el Barranco del Infierno.


4:10 de la mañana ya estoy levantado, la carrera empezaba a las ocho  y tenía casi dos horas de carretera desde Murcia. Con tiempo más que de sobra sobre las 7:10 ya estábamos Fausto y yo en el bar de la plaza del pueblo, desayunando. Está claro que no es un pueblo de masas por que con el "barullo" de 10 personas tuvimos que esperar 15 minutos para que nos sirvieran.


Tras el breve desayuno desisto de esperar a Fausto para ir a cambiarnos. En poco más de 300 metros se paró a saludar hasta a las farolas. Mas conocido que una estrella de cine.



El cambio final de la fecha del 25/02 al 11/03 no ha favorecido. De los 300 inscritos en primera instancias parecían faltar varias decenas, muchos de ellos ya comprometidos para esta fecha con un clásico del ultrafondo como es la Transilicitana y sus 104 kms.


Ocho de la mañana y ya hace buena temperatura, demasiado buena para la hora que era. Mal presagio.


A los acordes de Thunderstruck de AC-DC, clásico en las líneas de salida, empezó la carrera. Ocho horas como máximo, pero espero estar en meta en 6:30 a más tardar.








Primeras zancadas, vuelta al pueblo de Orba. Dos kilómetros que no aportaban nada, solo calentar, todo en esa búsqueda frenética por incrementar los kilómetros.



Como siempre, al principio, todos juntos. Observo al personal. Mucho les veo correr. Con el tiempo, incongruencias mías, me gusta poco correr....correr rápido...me gusta el trotecillo para no quemarme antes de llegar a la montaña.



Primer error. Primeros 10 kms camino del primer avituallamiento en la Casa del Pantano en "solo" una hora. Que sí, que es un tiempo tranquilo, pero a mí se me antojo algo rápido. Y para los que corremos por el monte, ir a 6 minutos el kilómetro, sin ser un ritmo muy vivo, a lo mejor es algo rápido al comienzo, máxime cuando lo duro estaba por llegar.



Primer 10.000 algo quebrado, sin mucha dificultad. Pequeñas subidas y bajadas. Carretera, pista y algún breve sendero. Me avituallo con agua y chispadelavida.....poco más había. Y fue la tónica de toda la carrera. Avituallamientos pírricos, muy escuetos, muy por debajo de lo necesario. Y en ese punto el sol todavía no había empezado a cobrarse su duro tributo.



Salgo del primer punto de vituallas para iniciar la primera subida. No muy dura, pero constante. Las subidas y bajadas en toda la carrera sin ser autopistas no eran de las mas duras en las que he corrido. Eso sí, terreno muy pedregoso y desigual que me hacía tener que ir vigilante para no caerme. 





Segundo avituallamiento, ya con sólidos, al menos eso decía la Organización. Agua, isotónicos, chispadelavida, plátano y trozos de barritas de cereales. Y el calor ya estaba apretando. Me paro para echar fotos a lo que creo que era Fleix.








Las cosas cambian, camino de la Font del Gel, comienza a apretar el sol. Aquí empieza mi "infierno".






Durante todo el trayecto vimos varias fuentes de agua natural, limpia y sobre todo muy fresca, pura medicina.




Hay gente que para correr le gusta el frío, a otros el calor...yo no soy de éstos. Tolero mal el calor en todo momento pero corriendo es un suplicio. En un marzo atípico como el que estamos viviendo e inmerso en un sobreesfuerzo como supone una carrera tan exigente que el sol caliente a más de 24 grados es una tortura. Y para muchos. Vi muchos corredores abandonar por el calor. Y aquí es cuando se demuestra si la Organización organiza o solo cobra.



Evidentemente los organizadores no pueden prever el clima pero si sus efectos. Con un calor inmisericorde, debieron redoblar sus esfuerzos por avituallar a los corredores para evitar deshidratación o desfallecimientos. Esos son los organizadores que organizan. Y luego están como los de la Infern Trail, que decidieron mantener incólume su beneficio no incrementando gasto alguno ni ofreciendo más de lo que tenían presupuestado. Felicidades a todos los voluntarios, desbordaron simpatía, pero los organizadores, los que tenían que manejar entorno a 10.000 euros de las inscripciones, miraron tanto la peseta que a alguno casi nos cuesta un disgusto.



Pensando bien podría pensar que fue un fallo, un error, pero con más de un compañero de carrera hablé que el año precedente pasó lo mismo, avituallamientos pobrísimos. Así que son reincidentes. Ya se está convirtiendo en una mala costumbre forajidos disfrazados de deportistas que desvalijan a los participantes de eventos deportivos. Por 35 euros...una camiseta (mientras costara 15 euros), un buff baratero, un llavero de madera ruin, algo de bebida, nula comida en el transcurso de la carrera y un fin de meta con dos salchichas y lomo o macarrones salados con boloñesa. Si, la culpa es nuestra por ir, por que alabar el recorrido es de no racionalizar la respuesta. El recorrido lleva allí cientos de años, cuando los moriscos corrían por los escalones huyendo de las mesnadas cristianas, cuando nada les hacía suponer que esas escaleras esculpidas con sangre y sudor iban a ser objeto de negocio.



Empezando ya a sufrir entro por la puerta grande en el protagonista de la carrera, objeto de mi deseo, que no era otro que conocer este peculiar paraje del Barranco del Infierno. El Forat de la Juvea nos traslada 900 años atrás...



Erase una vez......




El Barranco del Infierno está situado en el Valle de Laguar (Alicante), nombre que proviene de "Al-Agwar" que significa "las cuevas". Su origen data del siglo XII en los lejanos tiempos de guerras de frontera y reconquista.










La mesnadas cristianas lideradas por Jaime I "el Conquistador" empujaban hacia al sur alicantino el límite de su reino. Atrás iban quedando las poblaciones de moriscos, que ajenos a las guerras de los señores feudales, trabajaban y daban vida a las tierras de labor que durante siglos cultivaron sus antepasados. Viejas guerras de religión que nueve siglos después, con otras armas pero con las mismas justificaciones ciegas, siguen colmando de sangre los telediarios.








Cercados los moriscos, buscaron cobijo en los montes alicantinos, dirigidos por su adalid Al-Azrag mas conocido como el "Blau" (¿del Barça?). En estos pagos decidieron esculpir en la roca los 6.873 escalones que jalonan este Barranco del Infierno, para acceder a sus labrantíos e incluso llegaron a horadar el paso conocido como El Forat de la Juvea.












Cuales antepasados de los bandoleros "currojimenezcos" o del maquis tras la guerra civil, los moriscos iniciaron su "contra-reconquista", asediando la localidad de Alcoy. Pese a su victoria, perdieron en batalla a su  líder al-Azraq. No pudiendo defender la plaza, se encaminaron a su barricada defensiva.









Varios siglos de guerras de guerrillas fueron testigos de nuevas escaramuzas y sucesivos edictos coercitivos. Primero Carlos I obligándolos a bautizarse. Después Felipe II desarmándolos.  Nuestros irreductibles moriscos del Barranco del Infierno soportaron las acometidas cristianas hasta el reinado de Felipe III el cual promulgó en 1.611 un definitivo edicto de expulsión de las tierras españolas camino del norte de Africa.



Cuatro siglos después, vuelven a realizar el camino inverso, de regreso, en pateras o cargados de "kalashnikov". La intolerancia siempre nos ha de perseguir y hacernos repetir el pasado una y otra vez.








Atravesando el Forat acciono la máquina del tiempo. Oigo los sonidos metálicos de los picos y palas esculpiendo el paisaje. Moriscos huyendo de la persecución, repiqueteo de las herraduras de las tropas cristianas persiguiéndolos a mas gloria de Dios. No hace falta coger un avión, hacer decenas de horas de viaje, gastar miles de euros....visita España, un conglomerado de belleza, historia, historias, paisajes y diversión en menos de 1.000 kms en línea recta.






Primera bajada, el sol en lontananza. Pruebo diferentes formas de poner el pie. Borde o plano, salto o arrastro. Es difícil decidir. Finalmente adapto los pies a cada tramo, vigilando cada piedra para evitar dar con mis huesos en el pedragal.








Bajada feliz. Estaba donde quería ir, conocer y vivir la experiencia de correr por tan histórico recodo de nuestra historia. Enfrente diviso la cruz de la moneda, la próxima subida, al sol.





Tras atravesar lo que debió ser el cauce de un río, hoy un pedregal agresivo, inicio la subida mas dura. El calor era terrible, al menos para mí. Hice los deberes, bebí pequeños sorbos de agua cada poco tiempo, pero toda me parecía poca y quedaba mucho hasta el siguiente avituallamiento en el km 21. Empiezo a notar la falta de resuello, en algunos tramos me cuesta respirar. El "Lorenzo" no se apiada y me castiga por mi soberbia pretendiendo vencerle con poco más de dos pesadas piernas, unas gafas de sol, sin visera y hambriento.



Primer mensaje a Pomelandia: ¡¡¡Abrasadoooo¡¡¡





Cuando hago cumbre, entrando en pájara, solo la contengo comiendo de mi reserva alimenticia, mi siempre fiel compañero, ¡el chorizo de pamplona¡. Unos breves bocados y salgo como si hace 5 minutos no estuviera KO....hasta que 5 minutos después veo que era un espejismo. Empiezo a deambular por los senderos, pero sigo.




Rápida bajada intentado perseguir a una pelirroja, aunque solo para ir acompañado y dirigido en cada pisada, no estaba para mucho más. Nuevo cauce pedregoso y nueva subida. Pregunto a un miembro de la organización y me asegura que es dura pero mas corta que la anterior. Y por una vez, acertó. Estaba para pocas bromas. Km 21, avituallamiento de líquidos....¡¡¡¡y no les quedaba agua¡¡¡¡. Indefendible la Organización pidiendo disculpas. Varios corredores a la sombra desfallecidos, muchos quejándose. Con este calor, solo el agua te hace volver en ti. Imperdonable.




En otra situación climática el recorrido es duro, pero llevadero, pero con el calor sin el apoyo real de la organización fue una trampa para muchos corredores. Unos, digo, disfrutan del calor, pero otros lo sufrimos.



En este punto kilométrico abandonaron muchos, entre ellos Fausto. Yo seguí ruta, hasta el avituallamiento de Benimaurell eran solo 4 kms más. Terreno pedregoso pero no muy complicado. Delante mío una extranjera gemía y chillaba del dolor de los calambres. Inhumano su esfuerzo, que finalmente se vio recompensado con la meta. No sé como lo hizo, pero consiguió continuar. Yo tuve episodios de calambres que últimamente me castigan, sobre todo el sartorio izquierdo, que durante minutos me dejaban inmóvil y transido de dolor. No sé si son los estiramientos o la alimentación pero me preocupa que de un tiempo a esta tarde estos episodios de calambres se repitan con contumacia.


Km 25, se supone que el mejor avituallamiento y más de lo mismo. Agua, isotónico y chispadelavida, con plátano, membrillo y poco más. Muy poco, muy barato para la Organización. En las esquinas y a la sombra un decena de corredores derrotados por el calor. Entablo conversación con un veterano que ya la ha corrido y me da todas las pistas para abandonar, pero no, por testiculina va a ser que no. Las estoy pasando moradas para, encima, abandonar a mitad del partido.




Leo el cartel de la Organización, y por una vez les doy la razón y les felicito, la carrera es hoy, ahora, no el año que viene. Me levanto y sin recapacitar echo a correr rezando por encontrar el momento zen mas antes que después.




¡¡Que largos 10 kms¡¡. Siguiente avituallamiento en el km 35 y ni un maldito vaso de agua. Fracaso absoluto. A pleno sol, sudando a mares, expuestos a mareos e insolación la Organización se lo ahorró todo. ¡Cuantas vueltas le di a la cabeza¡. ¿Cuantas veces pensé por qué, por qué otra vez, por qué me sometía a esa tortura, que quería demostrar, a quién, por qué?. ¿Todo por poder luego contarlo en estas líneas.?. Quizás. Solo el que participa sabe que cuando llegas a meta todo lo vivido tiene un significado, todo el sufrimiento es un reto. Imprime carácter. Confieso que he pecado. Soy visceral, intransigente y egocéntrico. Seguramente seguiría con una lista interminable de mis defectos, pero una cosa me ha enseñado el ultra fondo...lo importante es el camino, aguantar, que lo bueno siempre está por llegar, no todo es ahora y ya, hay que tener paciencia, en cualquier lugar del camino hay una sonrisa.


A la salida del pueblo, me siento en una piedra. Dejo pasar unos minutos. Escucho hablar a dos parejas de extranjero de los muchos que me sorprendió ver en todo el recorrido. ¿Qué hago, me vuelvo o sigo?. Me levanto y arrastro un pie delante de otro. Asakoooo¡¡¡.



Recibo ánimos de Pomelandia. Bien, siempre es bueno saber que alguien piensa en ti. Recibo mensajes de mis hermanos macedonios, por ellos me había enterado que la aventura de Fausto terminó y que la de Salva en la Transilicitana empezó a las 10. Para todos las mismas respuestas, abrasado, achicharrado, machacado...pero sigo en el desafío.



La subida se me hace eterna, me van rebasando todos los corredores, me doy cuenta que estoy liquidado. No puedo ni levantar los ojos al cielo, pero me anima esa fe inquebrantable en terminar, en conseguir mi objetivo. Ese es el mayor regalo que estas experiencias deportivas me aporta, el convencimiento absoluto de que nadie está vencido hasta que decide dejarse vencer. Y hoy no es ese día.



Cumbre, empieza el "cresteo". Ya me comentó algo Fausto y recordé el que hice en mi última aventura en octubre, en Botamarges, pero ayer, además del pedregal, el sol en lo alto hizo que 2 kilómetros de sube y baja en un terreno infernal, nunca mejor dicho, me macharan mentalmente. Creo que si hubiera habido un punto de abandono, lo habría dejado...o no?.



Que harto acabé del "cresteo". Bajada resbaladiza camino del avituallamiento del 35 que coincidía con el primer avituallamiento en la Font del Gel, con lo cual ya sabía lo que había. Nada. Menos mal que la fuente me dio agua a necesidad, para beber y lavarme la cara en todos los sentidos.



Últimos 7 kms. Solo quedaba una pequeña subida. Y mas vale tarde que nunca el zen vino a verme. El lavado de cara me vino de perillas. Cogí un ritmo de 6 por km y ya no lo dejé hasta meta. En algunos tramos, para no quemarme, andaba, utilizaba la CoCa. Correr y Caminar. Llegó mi momento, el momento de alcanzar y rebasar corredores, llegó el zen, te duele todo, pero no sientes nada, sigues y sigues hasta el infinito y más allaaaaa.



Miro el reloj, casi 7:30, una hora más de lo previsto, pero el calor de hoy no estaba en el planteamiento. Llego a meta y me quedan ganas de esprintar por las calles de Orba. Meta, abrazo con Fausto, famélico, esperándome para comer....en los huesos estaba. O casi.






Lo mejor, como siempre, la compañía, en este caso, el hermano macedonio Fausto.



Lo positivo, la capacidad de superación del sufrimiento. Sé que suena a filosofía barata, pero imprime carácter. Ante el día a día, veo los desafíos con otra perspectiva. La resiliencia, esa capacidad de resistir mas allá de lo previsto. Pero claro, siendo del Racing....





Lo negativo, pues, ¿está claro no?. Pésima la organización. Sobresaliente el conjunto de voluntarios, no pueden ser responsable de lo que NO hacen otros. Por mi parte, la incapacidad de correr con calor, un problema cuando vives en Murcia, y la persistencia de los problemas musculares.


Próxima parada, Ruta de las Fortalezas. Tercera participación, la hace la mas repetida de mi "currículum". No tenía intención de volver pero es por una buena causa, por primera vez en mucho tiempo, si no hay contratiempos, reunirá a todos los macedonios y esa nos la tomaremos con pachorra. Único objetivo, intentar llegar juntos los seis.


1 de abril, hasta entonces.








miércoles, 8 de febrero de 2017

IV Maratón Ciudad de Murcia




Hora de Salida: Domingo, 29 de enero, a las 8:45...¡¡15 minutos tarde¡¡.

Distancia: Pues 42, 195 kilómetros, vamos, lo que viene siendo una maratón.

Número de Dorsal: 668.

Precio Inscripción: Fui de gratis, "patrocinado" por mi amigo Ricardo

Total Inscritos: Algo más de 700, esto va de capa caída.

Primer Clasificado: Fernando Villegas Jaén en 2:30
                
Mi Clasificación: Que vale, que tengo que entrenar más en asfalto...¡¡o no¡¡...acabé en 4:09...pero acabé. Mi peor marca de siempre.




Pues sin comerlo ni beberlo y lo que es peor, sin entrenarlo, me encuentro en la línea de salida para la IV Maratón Ciudad de Murcia. Creo que ya voy pasado de rosca por que no es normal que de la noche a la mañana decida ponerme a correr 42 kilómetros sobre asfalto, pero claro, no podía rechazar la oferta de mi hermano macedonio, Richy, al cederme su dorsal.



Siendo mi gran objetivo del primer semestre correr los 112 kms del Ultra Trail Los 10.000 del Soplao en mi tierruca, todos los kilómetros que entrene, suman. Sí, ya sé que parece una "sobrada" hablar de entrenamiento correr una maratón, pero es que no podía ser más. Hace años que no corro en asfalto. He perdido el ritmo de correr tal distancia de continuo y sobre una superficie dura que castiga mucho. Vamos a confiar en el "fondo de armario" que suponen las horas de entrenamiento.


En línea de salida coincido con mi hermano macedonio Pepe, con Jaguar, con Paquito, con Paco Bravo y el escoba del evento, mi hermano macedonio Fausto. Quince minutos de espera antes de salir. Con toda su buena intención, esta carrera va de retirada, con varios cambios de fecha en sus cuatro ediciones y con una merma del 50% en el total de atletas en línea de salida.







Pistoletazo de salida y salgo bien tranquilo. Sé que no estoy para la distancia, que tengo que ir "km a km". Atrás queda mi marca en la misma prueba de 3:37 hace cuatro años. Entonces entrenaba, y mucho, en asfalto. Ahora, nada de nada. El asfalto es duro, castiga mucho las articulaciones y los músculos. En los momentos de agotamiento, tiene que mandar la mente para llevarte hasta línea de meta.


Recorrido que empezamos por la Gran Vía y ya desde el primer momento, me descuelgo a los últimos puestos. Se que es una locura participar en mis condiciones, pero también tengo una cosa que solo dan las horas y kilómetros corriendo por los montes: Paciencia.


Enseguida me pongo a la par de los Zumbaos. Rai, Córcoles y Jesús. Cargando con el globo de las 4:30. Hombre, me digo, a tanto no llegará. Jijiji, poco faltó. Aquí voy "de paseo".




Jesús y yo nos vamos por delante. Tranquilos. Conocedores ambos que lo importante es llegar y, en estos casos, intentar sufrir lo menos posible. Ritmo lento, de ultramaratón, mi ritmo. Ahora me pongo a pensar como he podido hacer 3:27 en esta distancia, a una media de 4:50. No me lo creo.


Durante un buen rato se nos pone a la par Gabi, corredor de 1000 carreras al año, que no dejó por saludar a nadie, hasta los árboles le levantaban la mano.




En los primeros kilómetros nos llevan por la zona de La Fama y La Flota, vacío de gente. Deprimente. Volvemos por donde vamos, en una suerte de recorrido de ida y vuelta. Cruzamos el puente, km 6 y ¡¡qué pocas ganas me quedan de asfalto¡¡. Pero ahí vamos. Nos cruzamos con Antonio de los Reyes, gran tipo, terminó seguro.





Llegando por el km 12 Gabi se descolgó. Casi seguro que siguió saludando a las farolas, a las papeleras...que gran tipo y no sólo de tamaño. Eso sí, hizo meta como un campeón.


Torcemos hacia el Infante Juan Manuel, avenidas largas, para correr, el que tenga ganas, claro. Pepe y Jaguar se hartaron.


Paso elevado y venga a cruzarme gente....¡¡¡pero si es Salva López¡¡¡...otro macedonio en carrera. Este un fiera, una máquina, pero claro, con esa vida tan interesante y apasionante ya podrá. Dopado de testosterona en su segunda juventud.




Las avenidas se me hacen larguísimas. No me gusta nada correr por ellas, viendo como otros vienen y a mi me falta mucho para acabar de ir.


En la vuelta por el paso elevado, Jesús hace un alto. El señor Roca le reclama. Me veo solo y me vengo arriba. Corro los mejores kilómetros de toda la prueba. Bien, sin ir muy ligero, pero sin sufrir. El ritmo fue bajo, pero en ningún momento tuve dolores musculares ni articulares. Buen síntoma....hasta que me acordé que tengo plantas en los piés.


km 14 y mi estomágo me manda el mensaje de parar. Voy mirando a todas partes pero no veo aseos portátiles para los corredores. Error. Así aguanté hasta el km 18, en una bar enfrente del Zig Zag hice mi primera parada de 5 minutos. Ya no podía más.


Mas "relajado", vuelvo a la carrera subiendo por la avenida Juan Carlos I. Ya bajando veo a Jesús. "¿Qué ha pasado?", me dice. "¿Si ibas por delante?". "Si", le respondo, "pero he tenido que parar a "descargar". Ahora te cojo", le digo sin fe.





Giro km 19 y emboco la avenida hasta la Plaza Circular. Por mi, ya está bien, he corrido suficiente. Empiezan a dolerme, y mucho, las plantas de los pies. Tras años sin correr por asfalto, la falta de hábito me pasa factura. El dolor persiste y lo soporto por que voy camino de medio maratón, el tramo mas animado.


Empieza la segunda vuelta. No me gustan las carreras se repiten, por que no tengo nada nuevo que ver, además, el recorrido me parece eterno, como he dicho, está muy bien para los que quieren "correr", pero a mí me agota. Si, sé que es un perogrullada, pero es así.


Km 22 me cruzo otra vez con Pepe y Salva. Ya voy runfando y me quedan otros 20 kms. El dolor de las plantas de los pies me está matando.


La Fama ida y vuelta. Pasando por el puente, avenida y llegando al km 28 decido que basta ya. Ya vale como "entreno". El dolor de las plantas de los piés es insoportable. Me da mucha rabia, por del resto me encuentro perfecto, incluso, con más fuerzas de las esperadas pero es que cada pisada es una tortura. 42 kilómetros de pisadas, supongamos 35.000 como mínimo. Si estoy en el km 28, que menos que me queden otras 12.000. Aaaaadioooosss¡.



Me paro y como no puedo ni andar del dolor, me quito lo bambos y las medias. Me pongo de nuevo los bambos sin medias y echo a andar camino de mi casa. "Pues vaya, si ahora parece que no me duelen tanto", me digo. Tras 10 minutos parado, sin medias, pies desnudos sobre los bambos....¡¡dedico seguir¡¡. El irreductible cántabro que hay en mi se niega  rendirse...




... en el 36 no me haría tanta gracia. De frenopático. De hecho, no es solo que siga, si no que me veo bien físicamente y aprieto.


Camino del paso elevado, voy saludando desde cola del grupo. Feliz. Corro, me duelen algo, pero me veo bien.


Entro de nuevo en la zona del centro, km 36 y el muro me pasa factura. Sin problemas físicos ni musculares, no me quedan ganas de seguir. Aún así sigo gracias a la cabeza que ha decidido que hoy no es día de retirarse.


Km 37, me cruzo con Pepe que va disparado camino de la meta. Bajando por la Gran Vía, desoladora imagen de unos pocos cientos de animadores. Jardines del Salitre, ya descontando metros. Solo sigo por "güevos" no por ganas.


Km 39, enfilo la subida de Juan Carlos I. Veo el bar de la "descarga", ¡¡que bien me vendría una chispadelavida¡¡. Los avituallamientos, no estaban mal, pero algo anodinos.


Km 40, ya camino de la meta y veo a Salva con su Inma subiendo....no contento con correr la maratón por debajo de 3:30 se fue a buscarla para acompañarla a meta....¡¡¡eeeellll amorrrrr, es el huracaaaaán¡¡¡.


Km 41 y ahí está el ultramaratoniano. Me duelen los pies, sin calcetines, sin comida, decido apretar. Ultimo kilómetro en 4:25 fue el puntazo. Adelanto a muchos corredores, a ritmo rápido. Gran Vía, veo el final en la plaza del Cardenal Belluga.


Meta.


Se pudo hacer mejor, se pudo hacer mejor, pero con lo que había, se hizo bien. Falto de ritmo y entreno de la distancia, saqué varias conclusiones. Para competir en esta distancia, hay que entrenar. Para participar, como fue mi caso, al menos, prepararla un poco. Lo mejor, la capacidad de sufrimiento. El excelente estado físico sin dolores. Y ese kilómetro final de velocidad que me da muchos ánimos.


Ahora, a por la próxima, la Infern Trail, en Orba. 43 kms y ya en mi terreno, la montaña.




¡¡Roma Victrix¡¡









sábado, 14 de enero de 2017

Los primeros 25


Lunes, 20 de enero de 1992.


Podría decir que fue un flechazo, un amor a primera vista, pero mentiría, nos mentiríamos ambos. Siempre recordaremos aquel primer día como "ése que gritaba tanto que se lo oía por todo el salón" y "la amarilla renegrida llena de rizos". 25 años ya.


Dos semanas de curso madrileño dieron para mucho. En aquel aula y aquel restaurante de Tres Cantos algo se conectó. No supe identificarlo entonces, pero creamos un microcosmos de complicidad que, con sus altibajos, sigue ahí. Siempre me dice que yo miraba a "la otra", pero lo cierto es que no miraba a ninguna, no como ella pensaba. Era joven, no miraba más allá.


Tras aquellos primeros 15 días, mi vida cambió. Puse Murcia en el mapa. Una desconocida ilusión se abrió camino. Fui dejando atrás a otro yo, otro yo acostumbrado al yo egocéntrico y egoísta que empezó a ver la vida como un nosotros.


Semana santa, viaje a Madrid. Esa "naza con nuetes" que los nervios me hicieron pedir en un restaurante. La risa "floja" en los ascensores. Aquel beso que nunca nos dimos en la estación del tren. No había llegado el momento.


Julio, viaje a Tenerife. Aún recuerdo su cara de susto cuando, a los acordes de la lambada que entonces era la canción del verano, intenté emular a los bailarines latinos sin mucho éxito. Surgió la chispa, la pasión y el amor. El primer beso ... ¡¡del que no se acuerda¡¡ ... ¡¡en mitad de un espectáculo del delfines¡¡.


Otro viaje a Madrid. Agosto, cuatro de la tarde, a la aventura chorreando sudor, sin saber a donde me llevaba, acabando en mitad de la verbena de la Paloma.


Otra "aventura". Granada, 12 de octubre del 92, quinto centenario y llegamos a la ciudad sin ni tan siquiera reservar hotel. Ya nunca más la dejé "llevarme a la aventura". ¡¡No dimos vueltas para encontrar donde dormir, que va¡¡. Granada siempre será mi ciudad fetiche. Volvería una y otra vez para recordar aquellos días.




Diciembre, Alicante. La gabardina bajo el frío. Las vistas desde nuestra habitación del hotel. Comernos y bebernos. Campanas que no sonaban pero repicaban. Sin feisbu, sin güasap, sin istagrán, quería "compartir" con todos aquella dicha tan grande.


No lo medité a fondo, lo reconozco, poco más de un año después solté amarras, dejé atrás la patria y a la familia cántabra a las que llevo siempre presentes en mi corazón para afincarme en Murcia a su lado.


Más de uno me pregunta si alguna vez me he arrepentido. Y de igual forma que no miento cuando digo que no fue un flechazo, afirmo que nunca tuve dudas. Los comienzos no fueron fáciles. Vine a un mundo diametralmente opuesto a lo que estaba acostumbrado empezando por el clima, la abierta forma de ser de la gente, las costumbres incluso la comida pero sobretodo pasar de no vernos nunca a no separarnos jamás. Hubo que "currárnoslo". Pero ni una sola vez se me pasó por la mente volverme.


Tras unos meses de "¡¡organización¡¡", me regaló la mejor lección que nadie me ha dado nunca. La llevo tatuada a fuego en la memoria. "Las cosas se hacen por que se quieren hacer, no para que te las agradezcan". Desde entonces no busco reconocimientos de nadie y mucho menos de ella. Una vez digerido aquel jarro de agua fría vi claro el futuro.


Empecé a disfrutar paseando en nuestro clío rojo observando de refilón sus piernas brillantes que siempre subía en el salpicadero. Su risa, esa risa que contagia felicidad y que te hace sentir especial. Me ensimismaba viéndola cubrirse de crema. Ese olor me sigue rememorando aquellos primeros años. Cada pequeño recuerdo es una instantánea imborrable.


Nunca le pedí formalmente casarnos. Ahora que observo a los jóvenes montar auténticas películas para pedir matrimonio a sus parejas me veo en el aparcamiento del Quitapesares, sentados en nuestro coche:


"Cielo, he pensado una fecha para casarnos" .- le dije


"Yo también".- me respondió.


Ambos habíamos pensado la misma fecha, el 24 de mayo. No nos hicieron falta decenas de personas aplaudiendo mientras les atormentábamos con un vídeo de inacabables fotos. Pocos días he sido más feliz que en aquel oscuro anochecer.


Nos casamos. Este año se cumplen 20 años. Nos fuimos a México. Las primeras tensiones, los primeros desacuerdos. Como dirían allá ... "se nos descompuso la güagüa".


No todo fueron días de vino y rosas. Siempre me han dado reparo esas parejas que dicen que nunca discuten por que me temo que cuando lo hagan se desbordarán rencores acumulados que anegarán su convivencia. Es cierto que nosotros no deberíamos discutir tanto pero, que le vamos a hacer, somos como piedra y pedernal aunque seguimos haciendo saltar la chispa.


Nacieron nuestras hijas, Marta y Julia. Estos sí, sin duda, los días más felices de nuestras vidas. Solo desde la renuncia y la abnegación verdadera que se siente por los hijos puedes comprender lo que es amar sin reservas. Ves la vida con otros ojos. No dejas de cometer torpezas pero, al menos, te das cuenta de que lo son. ¡Si ya pones de tu parte para remediarlas que más se puede pedir¡.


Tras los primeros años de arrebato de la pasión, un tanto de ceguera y buena ración de lujuria te encuentras en el punto de tener que sobrellevar la monotonía del día a día. No es fácil. Por mucho que quieras cada uno es cada uno con sus "cadaunadas". En esos momentos debes confirmar si vives en una película o si eres protagonista de tu realidad.


Bueno, malo, alegrías y tristezas pero siempre queda ese poso de cariño, respeto y deseo de compartirnos que, pese a días mejores y peores, sigo viendo en sus preciosos ojos de miel que un cuarto de siglo después me siguen recordando que aquel día recibí un regalo que nunca sabré agradecer suficiente al Destino.




Poco más de hace un año sufrimos un dolor incurable. Un dolor que nos acompañará por siempre. En cada revés de la vida hay una lección. Hay que disfrutar de cada pequeño momento. Todo tiempo dedicado a ser infeliz es tiempo perdido. Hemos seguido el camino, la desgracia nos unió más.


Viernes, 20 de enero de 2017



Gracias Inmaculada. Debo reconocer en alta voz que tropiezo mucho, que me dejo llevar por mi mal carácter, pero hoy quiero renovar mi compromiso contigo, pidiéndote perdón por cuanto de malo te haya hecho. Prometo enmendarme.


Te admiro, te quiero, te deseo y te amo. Mañana volverá a salir el sol y solo puedo desear cada mañana ver tu cara a mi lado al despertar.