domingo, 30 de julio de 2017

2017, de crucero en el Costa Deliziosa




Rayano en los 50 recuerdo con nostalgia aquellas tardes de sábado de finales de los setenta y principios de los ochenta en Tantín, en mi barrio de San Celedonio de Santander. Pocas alternativas de ocio tenía. La diversión se circunscribía a darle patadas a la pelota frente a la portilla, pasear escaleras arriba y abajo desde el obrador de Vicentón y Cipriano hasta la taberna de "el Vasco", comprar patatas fritas de la tienda de ultramarinos del "Señor Ziquiel", las tardes de sesión continua en el cine Kostka donde germinó mi pasión por el mundo romano clásico viendo Ben Hur, La Caída del Imperio Romano o Qvo Vadis de forma repetida, comprar unos chicles en el tugurio de la "Pufo", acercarme a ver los cómics en la tienda de Moreno o pasar un buen rato dibujando con tiza un circuito en el jardín para jugar con los ciclistas comprados escarbando en la juguetería del "Pulgoso" para, en el último momento, verlo todo arruinado por un chubasco inoportuno a la par de habitual que echaba por tierra todo mi trabajo.





Esta historia empezó entonces. Los protagonistas eran dos niños  que vivían a 845 kms de distancia, en mundos distintos, pero con un denominador común, una serie de televisión. Ahora que la tecnología nos ha abierto decenas de ventanas de hiperrealidad suena prehistórico contarle a mis pomelitas Marta y Julia que en aquellos tiempos no existía internet, ni los móviles, ni las tabletas (solo las de chocolate), ni YouTube, ni cientos de canales de televisión. Nos conformábamos con la Primera, por que la Segunda era un tostón, por añadidura sólo en horario de tarde. A eso de las 11:30 aparecía en pantalla un mástil con la bandera española ondeante y al son del himno nacional se acababa la programación y a dormir. Que chollo para los padres de entonces, no tenían que luchar con los niños. Cuando se acababa la televisión, todos a la cama.













El mal llamado "prime time" eran las tardes-noches de los sábados. ¿Y cual era el programa que lo "petaba" entonces?. ¡¡¡Vacaciones en el Mar¡¡¡. Si no lo recuerdas tienes suerte, todavía eres muy joven. No hace mucho vi varios capítulos en una reposición y no pude evitar volver 35/40 años atrás rememorando a aquel niño que disfrutaba con las andanzas del capitán Stubing, de Julie McKoy, del sobrecargo Gopher Smith, del camarero Isaac, del doctor Adam y de Vicky, la hija del capitán, paseando por la cubierta, bailando en el salón Promenade o intentando mediar en las peleas y romances de los personajes invitados en cada capítulo.

















Aquellos dos niños crecieron soñando con protagonizar un capítulo. Ella le prometió a su tía, ya fallecida, que cuando fuera mayor irían juntas de crucero. El, reservado como siempre, soñaba despierto que ... "alguna vez". Los años pasaron. Las vueltas de la vida hicieron que aquellos dos niños se conocieran, enamoraran, casaran y formaran una familia: Pomelandia.












Los sueños están para cumplirse siempre que se pueda así que décadas después llegamos al año LXXVXX. L para ella, XXV desde el primer beso y XX desde que se dieron el sí quiero. Algo que celebrar. Sin casi haber hecho la digestión del turrón me puse manos a la obra. Consulté con mi compañera y amiga Cati, "experta" en cruceros, que me dio buenos consejos. No quise arriesgar así que me dirigí a una agencia de El Corte Inglés. Es cierto que son mas caros pero prefería viajar con la tranquilidad de estar respaldado por una firma que responde ...creo.






Para el  destino no tenía duda. Desde hace años mi medio Pomelo, Inmaculada, me había dicho que le encantaría hacer un crucero por las islas griegas. Solo tenía que decidir donde hacer escala. Como quisiera dedicarle un viaje exclusivo a Atenas (a poder ser para correr la maratón, la "auténtica") el recorrido escogido fue Bari-Corfú-Santorini-Mykonos-Dubrovnik-Venecia-Bari.




En cuanto a la naviera como MSC o Costa Cruceros son las mas afamadas. Esta última fue la elegida y, en concreto, el buque Costa Deliziosa.








EL BARCO Y SU HISTORIA







Costa Cruceros se estableció en 1.854 bajo el nombre de su fundador "Giacomo Costa fu Andrea" que tuvo tanto éxito en el comercio de telas y aceite de oliva entre Génova y Cerdeña que pronto necesitó una flota de buques que transportaran las mercancías por todo el mundo.











En 1.947 el vapor "María C" fue el primero de sus buques dedicado al transporte de pasajeros. En 1.948 el primer barco de pasajeros "Anna C" salió de Génova siendo el primer buque en cruzar el Atlántico Sur después de la segunda guerra mundial y el primero en llevar aire acondicionado en los camarotes. Con posterioridad y de forma sucesiva inauguraron servicios hacia América del Norte ("María C" y "Luisa C" en 1.948), Venezuela y las Antillas ("Franca C" en 1.953), Estados Unidos ("Andrea C" y "Giovanna C" también en 1.953).




En 1.997 Costa Cruceros fue comprada por la empresa estadounidense Carnival (50%) y la firma inglesa Airtours (50%) iniciando su expansión a partir del año 2.000 que en la actualidad consiste en 16 buques - una inversión total de 6 millones de euros-, de los cuales 14 están en funcionamiento con bandera italiana ofreciendo 250 destinos distintos al año. Tienen un crucero de 100 días alrededor del mundo que con "todo incluido" cuesta más de ¡¡37.000¡¡ euros por persona. Una nadería.




"Nuestro barco" el Costa Deliziosa fue entregado el 29 de enero de 2010 y botado en Dubai siendo el primero inaugurado en un país árabe. Con capacidad para 2.828 pasajeros en 11 plantas (sin contar con las dedicadas a tripulación y mecánica) tiene 1.130 camarotes de los cuales 53 tienen acceso directo al Spa, 662 con balcón privado, 106 suites con balcón privado y 4 suites con acceso directo al Spa. Nosotros, menos pretenciosos, tuvimos un cómodo y funcional camarote sin acceso directo al spa ni balcón privado, vamos, los proletarios de los pasajeros. Eso sí cogimos un bono de esos de "todo incluido" del que luego te das cuentas que no lo llevan "todo incluido". Como decía Marta, hemos contratado un "todo incluido sin nada incluido".





















Cuenta con 11 bares, el citado Spa, gimnasio, 4 jacuzzis, 2 piscinas exteriores (Lido Acqua Regina en popa y Lido Azzurro Blu en proa con el techo retráctil...por si acaso), pista polideportiva (una canasta en 20 metros cuadrados), una pista para correr (un óvalo de poco más de 50 metros), cine 4D, el Teatro Duse a tres plantas (cada noche espectáculo), discoteca, casino, piano bar, el Gran Bar Mirabilis con pista de baile, simulador de Fórmula 1, biblioteca, galería comercial (te intentan vender de todo desde bolsos, joyas o ropa a fotos que te "roban" en el restaurante o por las instalaciones del crucero), el club infantil Squok con piscina infantil y varios restaurantes, el "todo incluido" sin "todo incluido" eran el Albatros y el buffet Muscadins...el Samsara o la Pizzería no iban "incluidos" en el "todo incluido". Capisci? .... nosotros tampoco. Cada planta tenía un nombre de flor. La nuestra se llamaba Narciso.













La tripulación, según nos contaron, la formaban 866 empleados (tocábamos a un empleado para cada tres pasajeros) de los cuales 86 pertenecían al grupo de animación. Servían al día 15.000 platos de comida. El número tan desproporcionado de trabajadores es muy del estilo laboral estadounidense que prefieren el exceso que la falta de personal para dar un mejor servicio. ¡¡¡Cuánto tienen los empresarios españoles que aprender¡¡¡. Prefieren intentar encubrir su mala gestión con recortes de personal para cuadrar las cuentas. Esto solo provoca una merma en el servicio que, en un círculo vicioso, redunda en una pérdida de negocio enjuagada con mas recortes de personal y así, ¡¡¡hasta el infinito y mas allá¡¡¡.







Dentro del personal había "clases". Por una parte estaba la "élite", aquellos que vestían traje de marinero ya fueran encargados del barco o del hotel que supone el barco. En un segundo escalafón el personal de animación encabezado por el polivalente Alejandro (un alicantino que nos contó que sabía 7 idiomas). La mayoría de esta grupo era de nacionalidad italiana. - Pese al capital extranjero Costa Deliziosa es italiano por los cuatro costados. Abusan del condicionante italiano máxime cuando los pasajeros hispano-parlantes son tan numerosos como los italianos y mucho mas bullangueros -. De largo, la mejor animación de la cual hemos disfrutado en nuestros viajes. Tras los componentes de la animación está el colectivo de empleados de la naviera (información, relación con los pasajeros por idiomas, gestión de incidencias, ofertas de nuevos cruceros, etc.), todos ellos uniformados con el azulón corporativo. En la base el personal de cocina, limpieza, camareros y camarotes con una mayoría aplastante de filipinos y en menor medida hispanoamericanos. Es cierto que daban servicio pero en muchos casos eran meras sombras grises con la mirada perdida que deambulaban cumpliendo a duras penas con su cometido con cierto aire de desprecio hacia los pasajeros.








Día 1 – 17/07 – Madrid a Bari








Seis meses después de empezar a madurar la idea a las 4:00 sonó el despertador. Gracias a mi previsora Inmaculada el trabajo del equipaje estaba hecho. Una ducha rápida, cargo de las maletas en el coche y partimos rumbo a Madrid con una parada intermedia para desayunar algo.







En Madrid, como ya hicimos el año pasado, teníamos contratado con SHS Aparca y Vuela (un hotel cercano a Barajas) aparcamiento para nuestro coche durante toda la semana al "módico precio" de 30,88 euros en un mal asfaltado descampado pero mucho más barato que en el propio aeropuerto. Desde el SHS hay un servicio incluido de traslado a la terminal de salida, la T4 en esta ocasión.















Facturamos. El avión era un vuelo chárter fletado por la naviera así que todos los pasajeros íbamos directos al barco. Una vez facturadas te olvidabas de las maletas que directamente te depositaban en el camarote. Al finalizar el crucero te las recogían de la puerta del camarote y nos "esperaban" en Barajas. Vuelo normalito, con asientos en los cuales si estornudabas le clavabas las rodillas al de delante, con un refrigerio pasable y un aterrizaje para olvidar. En tierra nos estaban esperando con autobuses para llevarnos a la puerta del crucero. El recorrido hasta el puerto era feo a mas no poder. Dada la estrechura de los tiempos marcados no visitamos Bari pero según el Sr Google bien vale una visita.



























Breve historia de Bari





Se cree que originalmente Bari fue controlado por los griegos y más tarde por los romanos. Después de la época romana Bari fue conquistada y gobernada por los godos, los lombardos y bizantinos. En 1071, Bari fue controlado por los normandos siendo la principal ciudad de la Apulia. Durante la Edad Media, Bari fue gobernado por señores como Hohenstaufen y los Sforza de Milán. La ciudad sufrió daños en la Segunda Guerra Mundial.


Bari se divide en partes que incluyen una moderna zona llamada "cuartos", desarrollados en 1820, y un antiguo barrio situado en una península al norte que contiene muchas estructuras románica-Pugliese y las iglesias donde los turistas pueden revivir la historia tales como la Catedral de San Sabino (que data de 1035). También hay una zona comercial importante y la ciudad de Murattiano que se encuentra al sur.


La ciudad de Bari está situada en el Mar Adriático a unas 140 millas (225 kilómetros) al este de Nápoles, entre la Provincia de Brindisi y la Provincia de Foggia. El territorio es sobre todo llano y posee una costa de 42 km.

 
Es una ciudad marítima y de mercado, capital de la región de Apulia y la segunda ciudad más grande en el sur italiano. Se desarrolló industrialmente en la segunda mitad del siglo XX y ahora cuenta con una feria importante, la más grande en el sur. Los turistas visitan Bari por sus edificios históricos, obras de arte y centro de la ciudad fascinante así como para las playas que rodean la zona.



Además de ser un puerto importante en
Italia,  tiene mucho que ofrecer desde el punto de vista industrial. Productos químicos, maquinaria, materiales impresos y la producción de tabaco, sulfuro, materiales de construcción, aluminio y hierro. El petróleo y los textiles se encuentran entre las contribuciones económicas de la ciudad. La agricultura es notable en Bari, que incluye las cerezas, tomates, alcachofas, uvas y vinos de mesa, elaboración de alimentos. Bari también se enorgullece de su industria pesquera que ofrece deliciosa cocina local.



Bari cuenta con servicios aéreos internacionales desde el aeropuerto de las inmediaciones de Palese y servicios de vapor a los puertos del Adriático, el Mar Negro y el Mediterráneo. Está conectado por carretera a otras ciudades del Adriático y Nápoles en la costa oeste de Italia. Un concurrido centro para el comercio marítimo con los Balcanes y Oriente Medio con las exportaciones de vino, aceite de oliva y almendra.








A las 18:00 tras la primera foto del "todo incluido" subimos a bordo directamente al atrio, con esa sensación habitual de no saber adonde ir cuando llegas a un sitio nuevo, dando vueltas alrededor de tus propios pies.


















A la entrada nos entregaron unas tarjetas personalizadas que hay que usar para disponer de todos los servicios incluso los del "todo incluido" que quien sabe que llevaría "incluido". Durante las siguientes 48 horas hay que optar entre vincularlas a una tarjeta de crédito o a un depósito mínimo de 150 euros. Si lo que gastes está incluido, no se contabilizan, si es que no, pues si. En el primer caso, el último día te dejaban la copia de la factura definitiva en el camarote con el cargo de los servicios no incluidos en el "todo incluido". En el segundo, en el momento que se agota la provisión de 150 euros hay que "recargar". En las plantas 2, 3 y 9 había unas máquinas (que llaman tótem) en las cuales, además de todo tipo de información, se puede consultar tu cuenta. También se puede hacer en la televisión del camarote. Parece menos lioso que al leerlo.









De esta manera descubrimos la "cuota de servicio". Al segundo día vimos un cargo de 35 euros. Me acerqué al Hospitality Desk y me comentaron que era un pago diario (o propina) por el servicio prestado. Es cierto que desde la agencia de El Corte Inglés me avisaron pero no me lo cuantificaron. Engañado, me dirigí por correo a mi agencia la cual no me concretó. Aquí sentado estoy a la espera de resolución y me veo presentando una reclamación dineraria tanto a El Corte Inglés como a Costa Crucero por información engañosa dado que ni en los bonos de la agencia ni en el contrato se hace mención alguna a la cuantía del importe diario.







Acabamos encontrando nuestro camarote, el 1.220. Una tarjeta en la pared indicaba que era atendido por Sushil, el "mayordomo" (así lo llamaban) de rasgos indios, muy sonriente, parco en palabras al que no podría envidiarle las horas y horas en un pasillo sin luz natural a la espera de entrar en los camarotes a limpiar las miserias de los pasajeros.













Nuestro camarote no tenía terraza pero con un espacio muy bien aprovechado. Cama doble para nosotros, cama baja para Marta y una cuarta cama que colgaba del techo para Julia. Televisión, dos armarios, mesa con muchos cajones y un baño con ducha. Buenas vistas al mar.

































Sin tiempo ni para abrir las maletas nos habían convocado en el Teatro Duse, que lo teníamos casi al lado (ventajas del camarote en la primera planta), para la información inicial y el simulacro de emergencia general con el salvavidas colgado al cuello. Al finalizar dimos un paseo por la cubierta para ver las vistas de Bari desde el barco. De vuelta al camarote para cambiarnos para la noche nos habían dejado el "diario di bordo",  gaceta diaria en la que nos detallaban todo lo necesario para el día a día. Desde el tipo de mar hasta los horarios en tierra, espectáculos y demás ofertas. Muy completo. Perfecto para saber en cada momento que hacer.






















Según el "diario di bordo" de ese día lo siguiente era el espectáculo.  - Había dos sesiones diarias dependiendo de la hora de cena escogida. Podías cenar a partir de las 19:00 o 21:45. Nosotros teníamos el más hispano segundo horario por lo que íbamos al teatro en la primera sesión, a las 20:15, que a decir del jefe de animación era la mejor por que al estar llena de españoles los aplausos estaban asegurados -. En esa primera noche vimos "Chicks with Tricks" espectáculo de ilusionismo de la madurita australiana Simone Shapland, desigual. Algunos trucos muy elaborados, otros mas previsibles. Durante este rato el barco zarpó, nuestra primera experiencia con el vaivén marino. Yo iba algo mareado pero Marta sí que tenía cara de sufrimiento. La primera noche y el día siguiente nos hicieron temer que la experiencia crucerística fracasara.










Tras los 45 minutos de espectáculo, con otros 45 por delante para la cena, nos dimos un paseo por las terrazas comunes exteriores y empezaron las agotadoras sesiones de fotos hasta las 1.300 que nos trajimos de vuelta. Primera cena en el restaurante Albatros. Mientras abrían, un pianista con boca en forma de caja registradora amenizaba la espera cantando leyendo de una pantalla para no olvidarse de las letras, con voz nasal al estilo Ramazzotti. Fue el blanco de mis chanzas. Debe ser que insistí mucho el resto de los días por que Inmaculada se convirtió en su defensor acérrimo.









En el restaurante nos asignaron la mesa 8, fija para todo el viaje, que compartimos con Juan Jesús y Tina, su hijo Juan Jesús y la novia de éste, Chaxi. - Canarios, gente muy agradable y cariñosa. Día a día fuimos contándonos detalles de nuestras vidas hasta el abrazo final en el aeropuerto de Barajas. La vida da muchas vueltas, quien sabe. También compartimos ratos con la granadina María José, su marido y sus tres hijos -. Exhaustos por el largo día, cenamos poco. - Nuestra mesa estuvo atendida toda la semana por Rafy Cornejo, un filipino alto de cara sonriente y gesto socarrón que ocultaba cuando nos "colocaba" un plato para olvidar como aquel "risi e bisi" (sopa sucia de arroz blanco duro con guisantes como piedras) -.






El mareo de Marta iba de mal en peor así que sin casi terminar la cena nos fuimos a la habitación. Unos chicles de biodramina le salvaron la semana.






Día 2 – 18/07 – Corfú























Breve historia de Corfú





La isla de Corfú está habitada desde hace miles de años. El emperador romano Tiberio tenía una villa en Kassiopi pero también Nerón visitó la ciudad. Sidári aparece a primera vista sólo como una moderna localidad de veraneo pero se tienen testimonios de vida ya en el Neolítico (7000 a.C.). Ya antes, alrededor del 40.000 a.C., poblaciones paleolíticas residían en la zona de Gardiki, el más antiguo sitio histórico que queda en la isla.

La primera invasión conocida fue aquella de los Corintios en el 734 a.C., que sin embargo fueron derrotados por los corfiotas en la que fue la primera batalla en el mar que hubo en las aguas griegas, en el 644 a.C. A ellos siguieron los Espartanos en el 375 a.C.,y luego los romanos que permanecieron por casi 600 años. Fue invadida también por Godos, Vándalos, Normandos y luego por el rey de Nápoles y en el 1386 los venecianos la conquistaron. Los corfiotas están orgullosos de ser la única región de Grecia en no haber sido conquistada nunca por los turcos, aunque los turcos sean casi los únicos en no haber conquistado Corfú. En el 1797 los franceses tomaron la isla y luego en el 1814 tocó a los ingleses cuyo dominio duró 50 años. Por fin, en el 1864, Corfú ganó su propia independencia y se convirtió en parte del moderno estado griego. Hubo una breve invasión de los italianos en el 1923 y de nuevo en el 1941 cuando controlaron la isla por un período de tres años a lado de las fuerzas alemanas.

Desde entonces la isla ha gozado de paz y prosperidad con los turistas como apreciados huéspedes. Un millón de ellos llegan cada año entre la Pascua y el fin de octubre. También hay una notable comunidad de inmigrados, sobre todo británicos y alemanes, que viven en la isla todo el año.



Parece increíble pero no se sabe por cierto de donde deriven el nombre inglés de la isla Corfú y aquél griego Kerkyra. Probablemente Corfú procede de una palabra griega, korifai, que hace referencia a las dos colinas rocosas sobre las cuales fue construida la Fortaleza Vieja en el siglo VI. Sin embargo, Kerkyra queda en el misterio. La palabra griega kerkos quiere decir “manija” y se cree que hay una relación con la forma de la isla. En cambio, la leyenda cuenta que una ninfa llamada Kerkyra o Korkyra fue llevada sobre la isla por el dios del mar Poseidón y su nombre fue dado a la isla.






7:00 suena el despertador. Marejadilla. Primera parada, la isla de Corfú. El  horario de la excursión estaba marcado desde las 9:00 hasta las 14:00. - Nunca cumplieron los horarios de bajada dado que bajábamos mas tarde y teníamos que volver mas pronto -.





Primer desayuno en el restaurante Albatros pero quien dice un desayuno dice dos por que Marta y yo, tras un desayuno continental, (huevos revueltos, salchichas, bacon y colesterol a toda pastilla) nos metimos otro "español" de leche, cereales, bollería y té. Y así fue toda la semana, mañana, tarde y noche, cebándonos tanto que estoy purgando ahora a base de melón, manzanas, ensaladas y yogures y, cuando el calor murciano me dé tregua, saliendo a correr.




El puerto de Corfú está a varios kilómetros del centro de la ciudad. El barco ponía a disposición de los pasajeros autobuses (lanzaderas o Shutle Bus) al "mínimo" precio de 35,80 euros los cuatro. Picamos. - Ya no nos volverían a engañar. Me parece que tras la inversión en el crucero este servicio debería ser gratuito o, al menos, a un precio reducido. Es un robo que para una trayecto tan corto nos claven ese disparate-.
El autobús nos dejó al pie de la oficina de turismo en la cual cogí unos planos de la ciudad. Corfú exhala aroma de autenticidad, de historia escondida tras los puestos de regalos, de familiaridad y un no-se-qué que evocaba a la España de los años 70. De las tres islas que visitamos era la menos famosa pero la que mas me gustó.










- Desde el comiendo tuve claro que no iba a contratar excursiones. Además que tienen unos precios abusivos no quería someter a nuestras hijas a decenas de horas y kilómetros en cada destino. Vimos lo que abarcaron nuestras piernas. No me arrepiento. Se pudo ver más pero no mejor -.







Al lado de la oficina de turismo estaba la entrada al fuerte viejo (12 euros las entradas para los cuatro), situado en una pequeña península rocosa fácil de defender en los viejos tiempos. De estilo bizantino data de finales del siglo XVI levantado para defenderse de los ataques otomanos. Además de museos y pasadizos sobre suelos adoquinados tiene restos de un templo, ahora museo, que tuvo que ser rehabilitado tras los destrozos de la segunda guerra mundial. Cuando alcanzamos el punto más alto del bastión contemplamos una vista sin par de Corfú. La mirada feliz de Inmaculada valió para todo el crucero, valió el dinero empleado, valió por los calentamientos laborales sufridos, valió por todo. El crucero fue un "regalo" para ella....¡¡que pagamos los dos¡¡...pero lo que no tiene precio es la satisfacción dibujada en sus ojos color de miel.




















Cuando salimos del Fuerte Viejo pensé ir a su hermano pequeño, el Fuerte Nuevo, pero mirando a la derecha nos "abdució" una zona ajardinada. Compramos las primeras chispa-de-la-vida. Orientado por ese instinto que me lleva adonde quiero ir (aunque seguro que muchas veces me haga perderme donde debería ir) paseamos por la Explanada, atestada por cafeterías en dirección al museo de arte. Dimos una vuelta a los alrededores y en la parte posterior nos asomamos a un balcón sobre Faliraki, antigua zona de baños que todavía retienen el aire de las películas de espías de los años 60. El mar azul turquesa-verde aguamarina nos llamaba a gritos. Julia se quejaba por no haber llevado los bañadores. ¡¡Pues no íbamos a recorrer miles de kilómetros para quedarnos con el hipo del baño por falta de bañador¡¡ así que ambos, en ropa interior, (no, no hay testimonio gráfico), nos lanzamos a un mar de fondo pedregoso pero de agua fresca y límpida. La otra mitad de Pomelandia prefirió quedarse observando.










Ya refrescados nos zambullimos en el dédalo de calles que supone la ciudad vieja de Corfú, no poseída por nadie, invadida por todos. - Turcos, británicos, franceses y árabes después que griegos y romanos pasaron por estas tierras dejando un pátina de ecumenismo que hace de Corfú tierra de todos -. A cada rincón nos abordan vendedores de recuerdos inasibles al desaliento. Ella se compró unas zapatillas deportivas para el empedrado. Yo, una camiseta del Panathinaikos, uno de los dos "clásicos" del fútbol heleno que junto con el Olympiakos arrastran una rivalidad acérrima que deja en mantillas un Madrid-Barça. Fue la estrella de los días siguientes.















Sin tiempo para mucho mas retornamos al barco para "inaugurar" el buffet del restaurante Muscadins, en la novena planta. A reventar. Tuvimos que dar muchas vueltas para conseguir una mesa. Es cierto que en la publicidad del crucero decían que "habría que compartir mesa" pero era bien distinto por que no había donde sentarse. Cuando ya conseguimos una mesa estaba hasta "ahí". Una sombra gris limpió nuestra mesa...¡¡¡a comer¡¡¡. - ¿La calidad de la comida?. Pues lo esperado. Pasta, mucha comida rápida de todo tipo y algo de verdura. Buenos postres. La bebida va a parte de tal forma que necesitas la tarjeta para cogerla. Esto es a tener en cuenta para evitar que la cuenta se vaya de madre -.












Leí ese día en el "diario di bordo" que había a las 16:30 un seminario sobre "Los secretos de un estómago plano". De ese estilo había todos los días. De verdad, tras meses esperando esta aventura y encima con una maratón de comidas, ¿los secretos de un estómago plano?.





Bajamos a la habitación. Mientras mis tres pomelos descansaban un poco me puse los bambos y subí al gimnasio a intentar quemar algo de mi mala conciencia por los excesos culinarios por venir. El agotamiento y el vaivén del barco me pudo. Ni 35 minutos aguanté aunque las vistas desde el piso 11 hacia el horizonte valió el esfuerzo. Bajé a recoger a la familia y "estrenamos" la piscina de popa. ¿Qué como estaba?. ¡¡¡Abarrotaaaaá¡¡¡. Muy pequeña, de agua salada, hizo las delicias de Julia. En cambio Marta e Inmaculada se adueñaron de uno de los jacuzzi y pese a las miradas de "odio" de los que esperaban no se rindieron. Carpe diem, disfruta el momento.



















- El estrés de los horarios me mataba al no poder disfrutar del todo cada momento por que el siguiente ya tenía hora de comienzo. Agotador. Tras una semana acabé fundido. Inmaculada decía que ella daría otra vuelta tras acabar la primera. Felizmente no sufro de "depresión postvacacional", se lo que dura y lo disfruto en el momento de tal forma que cuando acaba el viaje lo aparco en el recuerdo sin  ansia adicionales. Ni loco dos vueltas. ¡¡Será por viajes¡¡ -.






Todo estaba en italiano. Cada camarero y empleado, de principio, nos hablaban en italiano. Desde hace cosa de un año me he puesto a aprenderlo, por mi cuenta, y comprobé que tengo las lecciones avanzadas. De oído y lectura lo entiendo casi todo. Me falta practicar la conversación. Sentados en el camarote jugamos a adivinar como se dicen palabras en italiano. "¿Como se dice desayuno, papá?".- dijo Julia. Una voz de fondo respondió: "¡¡¡brech¡¡¡". Jijiji, carcajada general. En nuestra casa ya no hacemos el desayuno si no el "brech".





Segundo espectáculo de la semana, "Sapori d´Italia", con los cantantes y bailarines del Costa Deliziosa. Clásicos cantados por Grant Pérez y Lisa Petersen además de un "minipavarotti" que cantó "Nessun Dorma" que me trajo tristes recuerdos y ante los que no pude evitar soltar la lágrima. Siempre con nosotros.














Corre que te corre, cena. Cada noche era temática tanto en el tipo de comida como en la ropa aconsejada. Esa noche, muy a la italiana, sugerían ir elegante de rojo, blanco y verde. Los colores de la bandera nacional italiana. Hicimos lo que pudimos por que no lo teníamos previsto. En esta segunda noche ya comimos el menú entero de tres platos más postre. No eran grandes cantidades pero mucho más de lo que cenamos habitualmente. Blubbb.












Tras la cena, subimos a la planta novena, en la piscina central tenía lugar la "Abbrozatissima Party" con reminiscencias a los años 50. Inmaculada y yo queríamos. Marta y Julia no podían. Es lo que tienen las hijas, te dan muchas alegrías pero también te coartan tu tiempo pero no las cambio por nada ni nadie...a ninguna de las tres. A la cama.











Día 3 – 19/07 – Santorini





















Breve historia de Santorini






La isla de Santorini es una de las islas griegas del Mar Egeo. Forma parte del archipiélago de islas volcánicas de las Cícladas que se despliegan desde el Atica y la península del Peloponeso en la Grecia continental hasta casi Creta. La isla emergió en la Era Prehistórica y las excavaciones han demostrado que Santorini formaba parte de la civilización minoica o al menos tenía una fuerte relación con esa cultura cretense. La mayor parte de los vestigios desaparecieron con la erupción del volcán entorno a 1650 a.C.
Todo el centro de la isla se volatilizó y de su población sólo quedaron las ruinas sepultadas de Akrotiri, recientemente sacadas a la luz por excavaciones arqueológicas. El yacimiento de Akrotiri es una especie de pequeña Pompeya pero  1500 años mas antigua. La isla quedó parcialmente enterrada y sólo subsistió el lado oriental conformando la isla en medialuna. Frente a esta amplia bahía, la caldera vacía e inundada del antiguo volcán, que conocemos actualmente, y un grupo de islotes formados por las sucesivas erupciones y que pueden visitarse: Thirassia (97 a.C), Aspronesi (1570), Mikra Kameni (1707), Palea Kameni (1866) y Nea Kameni (1925).

Hacía 1300 a.C. llegaron los fenicios,que llamaron a la isla Kallisti y en 1115 a.C los dorios que dieron el nombre de su líder, Thera, a la isla. Fue en este período cuando se reconstruyeron ciudades, templos, puertos y se introduce el alfabeto. En el siglo IX a. C. se convirtió en uno de los lugares de paso más importantes en la vía de comunicación entre el este y el oeste. En torno al año 630 a.C. sus habitantes llegaron a la costa norte del continente africano y fundaron Cirene, la única colonia de Thira, en la actual Libia.  Durante la época clásica de Grecia (siglos V y IV a.C) la isla no tuvo un papel importante en los acontecimientos helénicos.
Durante la Guerra del Peloponeso Thera se alió con Esparta. En la época helenística se convirtió en una importante base naval para los Ptolomeos gracias a su posición estratégica. En el Imperio Romano Thera no tenía demasiada importancia. Después de la caída de Constantinopla (1204) se fundó el ducado de Naxos y Thira se convirtió en la sede de uno de los cuatro obispados católicos del Ducado. Los Francos la bautizaron con el nombre de Santorini y durante los años que dominaron la isla (1207-1579) fue un período largo y duro para los habitantes de la isla: invasiones de los turcos, rivalidad entre Génova y Venecia, ataques piratas… hasta que la isla es anexionada al Imperio Otomano en 1579.
En realidad, los turcos no la colonizaron nunca y la isla de Santorini tenía bastante autonomía, como era costumbre en buena parte del Imperio: los habitantes elegían a sus jefes que los representaban ante las autoridades Otomanas y venecianas – Venecia dominaba en ese momento el mar Mediterráneo -. Durante el período de dominio turco (1579-1821) se acabó con la piratería y se desarrolló el comercio internacional. Se crearon contactos estrechos con los grandes puertos del Mediterráneo Oriental (Alejandría, Constantinopla y Odessa). En 1821 Santorini participó en la lucha por la independencia de los turcos y en 1830 pasó a formar parte del estado griego independiente.
Hasta principios del siglo XX, los textiles, la producción de tomate y la viticultura tenían bastante importancia en la economía de Santorini. Pero el traslado de las fábricas de la isla a la Grecia continental tuvo un gran efecto sobre su economía. Después del terremoto de 1956 se produjo un descenso enorme en la población y hubo una importante crisis económica. Pero hacia finales de la década del 70 comenzó a desarrollarse el turismo que es el principal sector económico de Santorini en la actualidad.







7:30 en pie. Marejada. El barco se movía mucho. En la planta uno se nota algo pero en la cubierta, 11 plantas mas arriba, parece una montaña rusa. Marta se metió un pastillazo. Nuevo macrodesayuno en el Albatros. Debo llevar dos kilos de más. Con tiempo para un baño subimos a las piscina central donde me animé a recibir unas clases de baile dirigidas por Enrico. Algo de salsa y un sirtaki. Conseguí hacerlo sin destrozarme los tres pies izquierdos. Si, soy el de la camiseta verdiblanca.












Nada mas acabar, el buque ya estaba fondeado en la bahía de Santorini. La vista es impactante. En la antigüedad la bahía no existía hasta que una explosión volcánica se llevó por delante el centro de la isla dejando solitario el cono de la chimenea en el centro y una media luna al este. La cara a la bahía es un acantilado vertical sobre un desnivel de 600 metros aproximadamente con una suave pendiente hacia la costa en la otra orilla. Para llegar al puerto dispusieron unas lanchas ... ¡¡¡gratis¡¡¡. El mar muy picado. Tardó  15 minutos hasta el embarcadero al pie del acantilado.  - En este trayecto conocí a Marina, la representante de El Corte Inglés en el barco que hizo gala de profesionalidad y simpatía dándonos todo tipo de consejos durante el viaje. Merece nuestro reconocimiento y el de su empresa, a la que representa con gran calidad -. Para subir a Thira, capital de la isla, teníamos tres opciones. El teleférico o las escaleras, ya a pie, ya en burro. Inmaculada y Julia escogieron la vía mecánica. Marta y yo la peatonal. 625 escaleras entre burros pedorreros, chillidos de los griegos que los conducían y un sol de justicia.  Cuando llegamos arriba estaba exhausto y Marta machacada.




















Santorini es el típico pueblo blanco de techos y balcones azules que ¡¡Mamma Mía¡¡ ha convertido en paraíso a visitar (pese a no ser utilizado para el rodaje) pero a mi me dio la impresión de impostura, de falso maquillaje, de falacia. Tiene algo de escenario teatral. No digo que no valiera la pena. La vista desde el acantilado como dicen los italianos es "mozzafiatto". El momento de la comida con la bahía y el volcán a nuestros pies lo mantendremos perenne en nuestras retinas pero algo chirria. Esto no menoscaba la belleza y brillantez de esos senderos estrechos e intrincados con recodos imposibles y breves piscinas hoteleras vertiginosas. Buscamos a Meryl Streep en cada esquina para oír la banda sonora de ABBA. Inolvidable el paseo junto al mar bajo el aleteo de la primera bandera nacional ondeante que fotografié ya habitual tradición en cada viaje.





















Bajé a tierra con la camiseta del Panathinaikos. "Nice t-shirt", decían unos. Bufidos los otros. No pasé inadvertido pero lo que ellos no sabían es que no me decanté por el uno u el otro equipo. Compro camisetas verdiblancas de cualquier equipo, de cualquier país...en recuerdo a los colores de mi amado equipo, el Racing....ra ra ra. Verdiblanco es el color de mi corazón.









Para comer, moussaka, plato nacional griego. A lo peor era la receta exacta pero me empalagó tanta patata. De vuelta al centro nos calentamos la cabeza en coger un coche para acercarnos a Oia, a 11 kms escasos de Thira, pero desistimos. Poco tiempo y muchas prisas son malas consejeras. En su lugar embocamos el laberinto de callejuelas festonadas con todo tipo de artículos de regalo, algunos de ellos, pues, digamos, peculiares (era una abrebotellas). Volví a bajar a pie las escaleras a pie, ellas en teleférico.
























A la vuelta al buque extremas medidas de seguridad. Me encantó la seguridad. Tanto a la subida como a la bajada escaneo de las tarjetas, revisión de las fotos y comprobación de las mochilas. Siempre es de agradecer el exceso de celo en seguridad frente a la laxitud de otros destinos.





Paseo por la piscina. Baño corto y corriendo al Teatro a ver "The Voice of the Sea", remedo del programa televisio "La Voz", con 6 concursantes. El ganador, un siciliano, trabaja como cocinero en Londres. Al parecer, cuando era niño, su hermana monja le convenció para cantar en el coro. Tenía un chorro de voz insuperable. En días posteriores me lo fui cruzando por todas partes. Ganó otro juego del equipo de animación. Cena en Albatros, junto a los amigos canarios, compartiendo nuestras experiencias de las excursiones. Ellos las traían contratadas por su cuenta desde casa con lo que vieron más cosas y mas barato. No hubo fuerzas para más, al día siguiente tocaba madrugar.













Día 4 – 20/07 – Mykonos



























Breve Historia de Mykonos







Según la mitología, Mykonos quedó ubicada después de la batalla entre Zeus y los Gigantes. Los cuerpos petrificados de los gigantes que Hércules mató formaron Mykonos. Una tradición posterior atribuye el nombre de la isla a un héroe, hijo del rey mítico de Delos, Anios, quien era un descendiente del dios Apolo y la ninfa Río.

Los primeros residentes de la isla eran fenicios y cretenses. Al principio la isla tenía dos ciudades principales: Mykonos sobre la costa occidental, donde la ciudad está hoy, y Panormos sobre la costa norte. A raíz de las guerras persas, la isla estaba en una decadencia financiera,que era evidente por la pequeña contribución a la Coalición Ateniense a la cual no pudo pertenecer.

Después del destino del resto de las Islas Cicladas  vino el control espartano seguido del macedonio, el Ptolomeo de Egipto y finalmente los Romanos.  En la era Bizantina, Mykonos perteneció en el Egeo a Thema.  Pasó a control de Venecia hasta el saqueo de Barbaroja y directamente después los turcos.

Durante el siglo XIX esto era un foco pirata. Durante un pequeño período (1770-1774) los rusos la dominaron. Durante la revolución griega de 1821 la población participó activamente, y Manto Mavrogenous se convirtió en héroe nacional. Inmigrantes griegos vinieron a las islas. Los mikonos son marineros célebres y una flotilla interesante puede ser vista en los muelles en Chora (la ciudad principal de Mykonos). Dicen que el que no ha visto Mykonos no conoce Gregia.







La excursión estaba proyectada de 7:00 a 16:30 pero seamos realistas, ¿para que bajarse si a esa hora no se habían despertado ni las piedras?. Conscientes de su error la primera bajada estaba fijada para las 8:30. Para los "puristas" los lugareños pronuncian el nombre de la isla acentuando la primera sílaba algo así como "míconos". Mar agitada y bien que se notaba. Isla ventosa sobre una bahía muy ondulante. Bien aconsejados evitamos la lanzadera (nos pretendían clavar 43,80 euros) y nos subimos al Sea Bus, una barca que hacía el breve recorrido desde el puerto hasta la playa de Mykonos en 15´ al precio de 16 euros ida y vuelta. 27,80 euros mas barato. ¿Es para hacérselo mirar?.














Mykonos es la cara de la misma moneda de Santorini. A diferencia de ésta destila autenticidad. No dudo de que tiene la cara pintada pero no la noto falseada. Nada mas bajar al puerto nos topamos con la primera de las innumerables capillas ortodoxas que jalonan el recorrido por la ciudad. - Frente a lo tétrico de muchas iglesias católicas que abusan de las obras de arte que enriquecen el interior pero que alejan lo transcendente, la capillas ortodoxas condensan en menos espacio la simplicidad del sentimiento religioso a través de mosaicos coloridos de iconos serios con esa pátina ancestral que parece trasladarte a las fotos de nuestros antepasados ya muertos que velan por nosotros- . A lo largo de Mykonos descubrimos numerosas capillas en una de las cuales hicimos varias ofrendas con velas incluidas...y esto lo cuenta alguien que sí cree que la muerte es el final. Sin perder tiempo nos ubicamos y optamos por la otra izquierda.




Suelos enlosados con juntas blanqueadas como continuación a fachadas encaladas bajo balcones, tejados y cielo azul. Felicidad absoluta. A un recodo Marta ligó...









... y Julia ...











... incluso hubo un griego para Inmaculada ... aunque algo cuajado cual yogur ... griego.














Durante un par de horas disfrutamos de cada recoveco sin rumbo claro en aquel caos de calles "dejadas caer". Andando andando salimos a un recoleta bahía en cuya orilla había 5 o 6 casas que pretenciosamente moteaban como "la pequeña Venecia". Mucho decir. A la espalda cinco molinos de viento que ya no sé si eran de uso u otro anzuelo para los turistas.











Cogimos un paseo pedregoso hasta llegar a la playa de Alefkandra donde, ¡¡como no¡¡ Julia y yo nos dimos un baño en el mar Egeo. Mucho calor, agua fría, montones de piedras. Corriendo, y no es un decir, hice fotos a las piscinas de un hotel cercano de esos para no hacer nada aunque creo que tanto descanso a los tres días me agotaría.















Nuevo paseo, mas postales en cada esquina. Zona de compras hasta llegar al otro lado de la ciudad donde había otra pequeña playa que Julia no quiso dejar inédita. Sentados en un banco de piedra una griega se empeñó en contarle algo a Marta en griego....¡¡¡oikos¡¡. Llegando al embarcadero un griego se me echaba encima. No lo entendía. Algo le bufé hasta que veo que se está subiendo la manga de la camiseta para enseñarme ¡¡el escudo tatuado del Panathinaikos¡¡.



















De vuelta al barco, "jartá" en el buffet. Cuando zarpó el barco lo observo algo inclinado de más. A un golpe de mar se salió la mitad del agua de la piscina. En un pispás aparecieron varios operarios de no se sabe donde que clausuraron la piscina con una red. Aprovechamos la tarde para hacer "gasto" en el "todo incluido". Mi cóctel preferido, el Pink Panther, con fresa, kiwi, piña y nata. Otras optaron por algo mas espiritoso. Para bajar algo el colesterol nueva clase de baile en la piscina principal.








Esa noche en el Teatro el espectáculo "From Italy with love", con el tenor Emanuele Servidio, otro exceso de chauvinismo italiano pese a la masiva presencia de hispanoparlantes. De ocho canciones solo una en español. Antes de la cena, elección de "Mr Costa Deliziosa", juego organizado por el equipo de animación. Tras una selección escogieron a varios pasajeros no por su beldad si no para ser el blanco de juegos equívocos con tintes sexuales. Te hacen pensar si pretenden reírse de en lugar de con. Como buena muestra de la mayoría hispana en el crucero ganó el español a fuerza de aplausos y de un risible disfraz de faralaes. Al taiwanés, que quedó segundo, le hicieron todo tipo de perrerías. ¿De o con?.




Esta noche sugerían vestimenta blanca. Casi que repetimos la indumentaria de la noche con los colores italianos. La epifanía del viaje, los cannolis sicilianos .... ¡¡¡Madrina¡¡¡ yo no digo nada pero cuando controles la leche frita .... no te digo más que el 18 de febrero es mi cumpleaños ... http://www.lasicilia.es/receta-cannoli












Tras la cena, fiesta de "La Notte Bianca" al mejor estilo ibicenco, con alguna actuación en directo, mucho baile y un par de cámaras que inmortalizaban a los festeros en las pantallas gigantes. Julia rendida, me la llevé para la habitación. Inmaculada y Marta se quedaron un rato. - Vamos, Marta, si hubiera estado con sus amigas la habrían tenido que sacar a la fuerza de las fiestas nocturnas. Cosas de viajar con mamá y papá -.












Día 5 – 21/07 – Navegación





En este día el barco navegaba de retorno desde el mar Egeo hacia el Jónico para llegar a Dubrovnik en la costa de Dalmacia. Durante el viaje el wi-fi iba a cargo del "todo incluido sin nada incluido". Solo teníamos datos cuando bajábamos a tierra. Este día pasamos 36 horas "desconectados" .... demasiado para Marta y los cientos o miles de "enganchados" al guasá o al instagrán o a lo que sea. Les veías deambular con el móvil en la mano, subiendo y bajándolo a ver si pillaban cuatro datos para mandar una foto. Los tiempos avanzan que es una barbaridad pero es que no puedo entender esa esclavitud. Ahora todo es digital. Dentro de nada los besos y caricias nos los mandaran en un spam.




El "diario di bordo" avisaba marejada pero ya nos habíamos convertido en lobos de mar. 8:00 ya despiertos aprovechamos que las pomelitas estaban dormidas para darnos un paseo. En la planta tercera había un recorrido alrededor de los exteriores del barco de 570 metros (marcados en la pared) así que disfrutamos de los pocos minutos a solas que nos dejó el crucero. - El trabajo, el día a día, la familia y el resto de obstáculos de la vida nos impiden compartir mas tiempo solos. Y bien que hace falta. La pareja, como a las hijas, hay que mimarla. Dice una estadística que el mes con mayor número de separaciones es septiembre por que es agosto el mes en que mas parejas coinciden de vacaciones y al parecer no se soportan. Reconozco que tengo un carácter difícil, nunca podré dar suficientes gracias por la suerte de haber encontrado a Inmaculada en mi camino, sin ella la vida sería transparente. A su lado es de colores. La mayoría de las veces, colores vivos y llamativos. Las menos, grises y oscuros. Es ahí donde descubro que cuando el seguir se pone duro, a su lado, siempre se puede seguir -.













A media mañana nos convocaron a los hispanoparlantes a ¡¡una reunión de despedida¡¡. ¡¡¡Si quedaban tres días¡¡¡. Lo único que nos quedó claro es que la mejor opción es Madrid-Bari por que escuchando las vueltas que debían dar los que bajaban en Venecia se me quitaban las ganas de viajar. Subimos a la piscina central donde, como cada mañana, los miembros de la animación "se ganaban el sueldo". Clases de baile. Cansado no me apunté pero Julia no la dejó pasar sobre todo junto a la canaria Chaxi, veinteañera, lo que ella quiere ser de mayor. Hoy salsa. Varios juegos entre ellos el concurso de "panzazos" en la piscina. Alguno no acabó en urgencias de milagro. Inflado de tanto comer mañana, tarde y noche me fui al gimnasio en dos ratos pero no tiene solución. Resto de la tarde, como dicen los italianos, "per ore al sole senza alzarti mai".












Por la noche, cena de gala. Trajes con corbata. Vestidos de largo. Pedrerío. Todo ello para cenar con el capitán. No apareció. Parece ser que estaba en una sala para hacerse la foto de rigor, al precio de rigor. Pues nos la perdimos, lástima, nos quedamos con ganas de conocer al capitán Pescanova.





Ya con cinco días de navegación empiezan a sonarte las caras. Los españoles, inconfundibles, con su vocerío. Los italianos, con ese movimiento de manos tan típico. Vimos a una pareja de dos mujeres una de las cuales vestía como un hombre, se peinaba como un hombre, andaba como un hombre. Era extraño. - No os confundáis no soy homófobo, siempre he pensado que cada cual debe vivir su vida a su antojo. Es lamentable ver esas personas que por vergüenza no quieren reconocer su condición y sobrellevan una vida doble o lo que es peor una vida que no desean. La vida es muy corta para ser infeliz y dejarse marcar por "el que dirán" es una pena-. En todo caso aquella mujer tan hombruna era demasiado ambigua así que la bautizamos como "el ambiguo". ¿Y esas parejas desiguales en las que se llevan 30 años?. Aquel hombre mayor, ya cascado, con las piernas arqueadas y su pareja, una rubia de tipazo, que claro están juntos por "lo que tienen en común". De quitarse el sombrero las tres personas en silla de ruedas, una de ellas con una minusvalía severa de casi al 90%, que se niegan a rendirse pese a los obstáculos que les pone la vida. Los que tenemos salud no sabemos lo que tenemos. Nos quejamos del trabajo, de la familia, de la pareja pero tenemos algo que damos por supuesto mientras otros viven su vida atados a una silla de ruedas o son grandes dependientes de terceras personas.





El espectáculo de la noche era el musical "Delicious", mas de lo mismo, que para un rato estuvo bien. A la salida, en el Pianobar Excite, "ABBAmanía". Oímos tres o cuatro canciones, la voz de ella no daba para más. Paseamos por la Photo shop. Vimos varias fotos nuestras colgadas al precio de 15 euros el lote, así que hicimos "la españolada".




















En la cena del capitán tampoco vimos al capitán. Empiezo a pensar
que no existe capitán. Algo me echaron en la bebida por que me dio por hacer chistes malos de los que solo me reía yo. ¡¡Muchas croacias¡¡. En el Grand Bar Mirabilis, tras la cena, elección de la pareja ideal. ¡¡Como no¡¡ ganaron unos españoles. El, zafio y vulgar, exagerando sus gestos. Ella, pacata y remilgada, mas sosa que un pan sin sal. Ya lo sé, sigo haciendo amigos. Sin más, a dormir.







Día 6 – 22/07 – Dubrovnik







































Breve historia de Dubrovnik




Cuando allá por el siglo VII d.C. un grupo de illirios romanizados se asentó en una isla de la accidentada costa de Dalmacia de nombre Laus (roca, en griego antiguo) huyendo de las tribus de eslavos y ávaros procedentes de los Balcanes, no podían imaginar que estaban poniendo la primera piedra de una ciudad llamada a convertirse en uno de los destinos turísticos más fascinantes del Mediterráneo.

La larga y apasionante historia de Dubrovnik es uno de los principales argumentos para animarse a viajar a este destino, puesto que ésta impregna hasta el último rincón de la ciudad, confiriéndole una magia y un encanto muy especiales.

La ciudadela amurallada de Dubrovnik que ahora hace las delicias de los visitantes, se levanta sobre esa isla de Laus, hoy conectada al continente por un tómbolo. En ella, aquellos romanos tardíos construyeron una fortaleza a la que bautizaron como Rausium, topónimo del que derivaría el futuro nombre de la ciudad: Ragusa. Cabe decir que la actual denominación de Dubrovnik proviene a su vez de la palabra eslava Dubrava, que significa “bosque de robles” debido a la abundancia de estos árboles en esta zona del litoral.
A mediados del siglo IX la nueva ciudad acabaría cayendo bajo la órbita de Bizancio, el Imperio Romano de Oriente, que brindó a sus habitantes la protección que reclamaban ante las incursiones por mar de los árabes y las correrías de los bárbaros que asolaban la región de Illiria, que entonces comprendía toda la costa oriental del mar Adriático. Ese dominio duró cerca de cuatro siglos en los que la comunidad ragusina gozó de una libertad e independencia que la llevó a convertirse en uno de los puertos más prósperos del Adriático.

Algunos de los edificios destacados de la ciudad que datan de esa época son el Palacio del Rector y la Catedral de Velika Gospa.



Los bizantinos sin embargo, no pudieron evitar que Ragusa fuera saqueada por los normandos y finalmente en el año 1205 cayera en manos de la pujante República de Venecia, que se libraba así de un incómodo competidor comercial en el Mediterráneo Oriental.



Ragusa puso fin a la etapa de dominio veneciano en el año 1364, cuando firmó un tratado con el Imperio Otomano que en esos momentos se estaba expandiendo a toda velocidad por el sureste de Europa y ponía en jaque al milenario Imperio Bizantino. Los habitantes de Ragusa pueden presumir de haber sido los primeros que protagonizaron la firma de un tratado de alianza entre el Sultán y un estado cristiano.



¿Cómo lo consiguieron? Probablemente con un derroche de habilidad diplomática. Lo cierto es que la ciudad se salvó de la conquista a cambio de un tributo anual al Sultán. Esta lealtad se vio recompensada en 1421 con una concesión a la flota de Ragusa para poder comerciar con Asia y África, lo que supuso el inicio de un nuevo periodo de esplendor económico para la ciudad. En esta época Ragusa llegó a rivalizar con potencias navales tan destacadas como Venecia y Pisa. Las imponentes y bellas murallas de la ciudad que los viajeros pueden admirar hoy fueron levantadas en esta época.



Gracias a su peculiar sistema de gobierno inspirado en el modelo democrático ateniense de la época clásica, Ragusa fue conocida como “la Atenas del Adriático” o “la Atenas de Dalmacia”. No se trataba exactamente de una democracia como hoy la entendemos pero sí un sistema muy adelantado a su época.



La feliz y próspera república de Ragusa inició su declive después del devastador terremoto de 1667. El desastre fue de dimensiones apocalípticas: la ciudad y su puerto quedaron prácticamente destruidos y más de 5.000 de sus habitantes, nada menos que el 40% de la población, perdieron la vida. El terremoto marcó también un punto de inflexión en la historia de la ciudad desde el punto de vista demográfico: la población latina o descendiente de los romanos fue diezmada y la ciudad fue repoblada con contingentes eslavos. Se puede decir que tras esta tragedia Ragusa pasó definitivamente a convertirse en Dubrovnik.


La lenta decadencia continuó hasta 1808, año en el que Napoleón abolió la República de Ragusa poniendo fin a cerca de mil años de historia más o menos independiente.

Tras la derrota napoleónica el reparto territorial europeo pactado por las potencias vencedoras en 1815 en Viena decretó que Dubrovnik pasara a formar parte del llamado Reino de Dalmacia, con capital en Zadar, bajo dominio directo del Imperio Austro-Húngaro. En este periodo la ciudad, aunque privada de su independencia, creció hasta alcanzar una población de 11.000 habitantes recibiendo nuevos grupos de población, sobre todo serbios e italianos, que convivieron pacíficamente con la población mayoritaria de origen croata.

Durante la llamada Belle Époque, a caballo entre los siglos XIX y XX, se construyeron los primeros hoteles y balnearios en la costa dálmata y Dubrovnik floreció como un destino de descanso estival para las elites

Cien años duró el dominio austriaco. Tras la I Guerra Mundial la ciudad pasó a formar parte del nuevo estado de Yugoslavia y en 1916 su denominación oficial fue, por primera vez en su historia, la de Dubrovnik.

Como todo el continente europeo, Dubrovnik vivió momentos difíciles durante la II Guerra Mundial. La ocupación italiana en 1941 fue seguida por la de las tropas nazis y sus aliados ustace, los exaltados y despiadados nacionalistas croatas. Los alrededores de la ciudad fueron escenario de duros enfrentamientos entre los partisanos y las tropas alemanas hasta la liberación definitiva. Después, bajo el régimen socialista de la Yugoslavia de Tito, la ciudad se convirtió en lugar favorito de veraneo de los grandes jerarcas del partido, aunque despojado de la elegancia y el glamour de otras épocas.

Tal vez el episodio más negro de la historia reciente de Dubrovnik es el duro bombardeo sufrido durante la llamada Guerra de Yugoslavia en 1991. Para castigar el voto de los electores de Dubrovnik favorable a la independencia de Croacia, el ejército yugoslavo (integrado fundamentalmente por contingentes serbios y montenegrinos) asedió la ciudad con especial virulencia, ahuyentando a los aterrados turistas que abandonaron la ciudad en tropel sin saber exactamente qué estaba sucediendo.

El asedio de Dubrovnik se saldó con daños irreparables en el patrimonio histórico y artístico de la ciudad y está considerado como uno de los actos más crueles dentro de un conflicto bélico plagado de crueldades y momentos terribles. Aún hoy, a pesar de los esfuerzos económicos dedicados a la restauración y recuperación de la ciudad, se pueden ver algunos vestigios de aquella barbarie en algunos edificios.

Sin embargo las cicatrices de la guerra están ya curadas y Dubrovnik puede disfrutar hoy de una nueva edad de oro sobre todo gracias al turismo. En las dos ultimas décadas se ha convertido en un importante puerto de cruceros y uno de los destinos turísticos más importantes del Mediterráneo, conocido en todo el mundo como “la Perla del Adriático”.











Amanece un nuevo día con el destino que mas deseaba un servidor: Dubrovnik. No defraudó. "Diario di bordo" anunciaba marejadilla en lo que era un plato. Ni media ola. Desayuno a traga perro. La lanzadera la tenían "tasada" en 43,80 euros cuando había un servicio de taxi que por 26 euros te llevaban y te traían. Bajamos del barco en la que llaman "la perla dálmata", en la ciudad nueva. El trayecto en taxi se cubría en poco más de 10 minutos hasta la ciudad medieval. Dubrovnik es una postal postal luminosa y colorida. Parece una maqueta del Exin Castillos (si tampoco lo recuerdas, eres mas joven de lo que pensaba). La visita se realiza en dos niveles. A ras de suelo o sobre las murallas. Incluso hay una tercera opción que es subir en un teleférico al pico de la ladera para deleitarnos con las vistas desde las alturas.





Caminamos por la vía principal de nombre impronunciable  repleta de comercios para el turismo. En los laterales estrechas callejuelas por las cuales cabía poco mas de dos personas juntas. La arquitectura delata la influencia veneciana con esos palacios blasonados con arcos de apuntados y decorados con todo tipo de adornos. Tras un reconocimiento de los distintos palacetes optamos por subir a la muralla. Cuesta 400 kunas, la moneda croata, algo así como 57 euros los cuatro.






















Pese al "Lorenzo" implacable, las vistas eran de cuento de hadas. Un auténtico rompepiernas de escaleras, rampas, subidas en caracol. Tres vueltas a la muralla te las convalidan como media maratón. La murallas estaban muy bien conservadas y observando la forma de la bahía se entiende su importancia estratégica. El mar que bañaba sus costas era limpia y transparente. No hace falta ir al Caribe. Playas de primer nivel. Seguro que si cogemos el coche, como esas, en menos de 50 kms a la redonda hay tropocientas. Sin salir de España.









- Nos contaron que subiéndote en una lancha podías llegar a un isla donde, dentro de un monasterio, hay un trono usado en el rodaje de Juego de Tronos. Pues no fuimos. No hemos seguido nunca la serie así que no nos llamaba la atención -. Volvimos a bajar al nivel del mar y recargamos agua en una fuente que habrá visto caballeros y tropas de toda laya recuperando fuerzas tras homéricas batallas. Evitamos el camino principal y nos adentramos por las vías paralelas donde una marea de turistas te llevaban en volandas. Nos sentamos a recuperar azúcar con unas chispa-de-la-vida para, poco después, encontrarnos en un mercadillo, en una plaza con muchas "j" en el nombre, que hizo las delicias de mis tres pomelos. Las dejé comprando mientras en lo alto de una escalera vi una iglesia. Subí despacio por que ya tenía las piernas algo cargadas. Entré y, ¡¡sorpresa¡¡, estaba dedicada a mi santo patrón San Ignacio de Loyola. Que curiosa es la vida. La iglesia en sí, pues no valía mucho. La plaza a la que daba la fachada estaba en un estado caótico. Miles de kilómetros para acabar viendo mi nombre en croata.






Tras comprar todo tipo de imanes, pulseras, perfumes, etc., bajamos al puerto que ya habíamos visto desde arriba. Pues por que estaba plagado de gente que si no, me habría bañado. Transparente, te llamaba a gritos. No pudo ser.





















A la hora de la comida volvimos al barco. Nos sentamos en una mesa de la piscina. Hicimos gasto del "todo incluido sin nada incluido". - Esto se acaba. Siete días a este ritmo son muy densos. No te da tiempo a sacarles todo el jugo ni tampoco a aburrirte pero me resultaría imposible aguantar 15 días así. ¡¡Que decir de 100 días¡¡. Creo que los viajes tienen su punto y su final. Si te vuelves antes, te quedas con las ganas. Si lo haces después, acabas harto. Siete días parece el número idóneo para un crucero. Claro que también es una cuestión de presupuesto -.






Por la tarde vimos juegos del equipo de animación, uno de ellos muy divertido. Escogían a 10 personas y 9 sillas. Sacaban un objeto cualquiera y los concursantes tenían que conseguirlo entre los pasajeros sentados en tumbonas y sillas. Bolígrafo, cucharón, libro o la parte superior de un bikini. El que volvía el último no tenía silla y era eliminado. Quitaban una silla y vuelta a empezar. Hizo doblete el concursante que ganó "La Voz". Se hizo el ajuar entre la bolsa y el trofeo del primer día. Para la noche, vestimenta informal así que no me calenté. Chanclas de piscina, pantalón corto y un polo. El espectáculo, "Gente di Mare", actuaciones del personal del barco. El jefe de seguridad, camareros, limpiadores o animadores, participaron cantando o bailando. Suplían la bisoñez con calidez. No sé si la organización lo hace para ahorrarse un día y si les pagarán algo aparte pero fue de lo más aplaudido de la semana. Al final, como colofón, YMCA de Village People, el teatro se vino abajo.












Enchufados con la marcha del Teatro, nos acercamos al sorteo de premios Costa. Exitazo. Dieron tres premios, a cual mejor. Un cojín hinchable, una mochila y una miniatura del barco. De los "premiados" ninguno estaba en la sala. Vaya paripé. Cena calabresa. No di una. Cada plato peor que el anterior. No lo digo por calidad, dado que se veían bien cocinados,  pero uno de ellos era una base de algo verde duro, que vaya usted a saber que era, con queso fundido chicloso encima. Salí con hambre. - Sigo sin saber que eran los spaguettis CCU NIURU RI SICCI. Si alguno tiene alguna idea, razón aquí-. Casi al final los camareros empezaron a sacar a las mujeres a bailar y como cierre, los cocineros subieron a la escalera de caracol para cantar. Marcha total.





Se nos hizo muy tarde así que cuando volvíamos al Grand Bar Mirabilis estaba terminando el espectáculo "Il Serpentone" que conociendo el toque sexual de los números anteriores parecía ser prescindible.









Día 8 – 23/07 – Venecia




































Breve historia de Venecia






Aunque al principio del cristianismo la laguna ya estuviera poblada por pescadores y cazadores, la verdadera colonización es del siglo V, cuando los habitantes de la tierra firme se trasladaron a las islas para escapar de las invasiones de los bárbaros, primero de los hunos y luego de los Longobardos. La confederación de la Laguna no era independiente, sino que le debía fidelidad al Imperio Bizantino y el año 812 pasó a ser una de sus provincias. Constantinopla le concedía a Venecia privilegios porque era un punto importante para el comercio entre Oriente y Occidente. Cuando Carlomagno y el emperador de Bizancio firmaron el tratado de Aquisgran, la influencia de Bizancio se vio muy reducida como demuestra el hecho que el año 828 los venecianos le robaron a Alejandría el cuerpo de San Marcos, al que nombraron patrón de la ciudad, sustituyendo a San Teodoro. En el año 1000, el dux consiguió frenar muchos asaltos de piratas eslavos y esta victoria se celebró con las bodas entre Venecia y el Mar, para confirmar su supremacía en auge. El poder de Venecia aumentó mucho gracias a las cruzadas, sobre todo con la cuarta, en 1204, en la que los venecianos utilizaron a los cristianos como mercenarios para derrotar a Constantinopla. Después de esta victoria, Venecia se aseguró el control del comercio y se convirtió en una de las potencias más importantes de la época.

En 1453, Constantinopla cayó en manos de los turcos y los venecianos perdieron muchas posesiones. Con la llegada de Colón a América en 1492 y con la nueva ruta marítima hacia las Indias de 1500, Venecia empezó a perder el monopolio del comercio. En los siglos posteriores, la alianza entre España y Portugal, el auge comercial de Génova y las derrotas ante los turcos, debilitaron todavía más a la República Veneciana que aún así consiguió mantener su independencia hasta la llegada de Napoleón en 1797. Más tarde, con el tratado de Campo Formio, Napoleón entregó la ciudad al Imperio Austro-Húngaro y se repartieron sus posesiones. Venecia pasó a pertenecer al Reino de Italia tras la tercera guerra de independencia en 1866.

Venecia, desde su origen, convive con el agua: los primeros habitantes, para escapar de las incursiones de los bárbaros, se refugiaron en la laguna, y, a causa del terreno pantanoso, se vieron obligados a construir palafitos para vivir. Estos palafitos, poco a poco, fueron convirtiéndose en una de las ciudades más bonitas del mundo, que vive entorno al agua y cuya calle principal es el Canal Grande, por el que cada día pasan muchas embarcaciones que van de una parte a la otra de la ciudad; 446 puentes de piedra, hierro o madera unen las calles y callejuelas de la ciudad. El agua es la particularidad de esta ciudad, pero no siempre es fácil, porque también existe el fenómeno del “acqua alta”, la marea alta: el agua cubre el suelo de Venecia a causa de las corrientes y del viento. Este fenómeno es más frecuente en los meses que van de noviembre a mayo. La primera parte que se sumerge es Plaza San Marcos, que es el punto más bajo de la ciudad, y la plaza es todavía más espectacular. Pero por muy fascinante que pueda resulta, la frecuencia de este fenómeno está aumentando cada año y está dañando los cimientos de las casas y los demás edificios. En 1966, en Venecia hubo una gran inundación que paralizó la ciudad, ya que se quedó sin energía eléctrica. Desde entonces, se han realizado muchos proyectos para proteger Venecia y algunos ya se han activado, pero harán falta años antes de que los terminen.

San Marcos es el santo protector de Venecia desde el año 828, cuando dos mercaderes, Buono Tribuno da Malomocco y Rustico da Torcello robaron el cuerpo de San Marcos de la tumba de Alejandría de Egipto y lo escondieron en una carga de carne de cerdo para que los guardias musulmanes no lo descubrieran. Cuando llegaron a Venecia, lo donaron al dux. Colocaron la preciosa reliquia en el castillo del dux Giustiniano Partecipazio y empezaron inmediatamente a construir un santuario siguiendo el modelo de la basílica de los Doce Apóstoles de Constantinopla, que fue consagrada en el año 832.




Hemos llegado al destino favorito de Marta, la simpar Venecia. Marejadilla. A las 8:15 paseo del buque al frente de la Serenísima. Es cierto que las fotos eran de postal pero me parece un atentado ecológico sin parangón. Una joya como Venecia con más  de 1.200 años de historia nos la estamos cargando. Y digo nos por que participo en el circo, lo cual no es óbice para darme cuenta que algo se tiene que hacer. Los cruceros no deberían pasar por el canal central. Seguro que hay un recorrido alternativo que, sin dar muchas vueltas, llega al puerto. Pero si esto es dañino, calamitoso supone que decenas de miles de personas pateen la ciudad cada día. Mucha ONU o UNESCO pero nada hacen por preservar este tesoro. Ámsterdam, Estocolmo, Copenhague o San Petersburgo pretenden suplantar a la Serenísima atribuyéndose el título de la "Venecia del Norte". En dos de ellas he estado y son bien bonitas, pero no, Venecia solo hay una. Enigmática, bella, peculiar, brillante y romántica como pocas. En cada canal navega un pedazo de Historia con mayúsculas. Si ya lo culminas entrando a ver la basílica de San Marcos, miel sobre hojuelas.
















Una vez en el puerto cogimos un vaporetto, único medio de transporte, al abusivo precio de 60 euros ida y vuelta los cuatro. Ya en la ciudad, carrera de obstáculos entre la muchedumbre, esquivando codos, bolsos, niños correteando, banderines, puestos de regalos y las tradicionales máscaras venecianas, "más caras" imposible.
















El Palacio Ducal, la plaza de San Marcos, el Campanile y la Basílica. 60 personas por metro cuadrado. Cogimos uno de los múltiples caminos y a paso de procesión recorrimos las calles hacia el Rialto, el puente veneciano por excelencia, con su propia galería comercial incorporada. - Si los comerciantes y financieros de la edad media levantaran la cabeza y vieran el mercantilismo al que es sometida la Serenísima una de dos o se volverían a caer en su ataúd o viendo las posibilidades comprarían acciones del negocio -. No sé si habrá venecianos nativos pero los albatros andan y vuelan como si todo aquello fuera suyo. En una esquina encontramos una heladería y salvo el granizado de Julia los demás probamos los renombrados helados italianos. En otra esquina Marta y Julia "pillaron" una camiseta y una pulsera respectivamente. El calor era sofocante, el mas duro de todo el viaje.





















A las dos del mediodía habilitaban la entrada en la basílica de San Marcos. No es la mas grande ni la mas imponente ni la mas espectacular pero pocas obras de arte la superan. Ese suelo caprichosamente irregular que se hunde en la laguna. Esos mosaicos dorados con las figuras hieráticas que te aperciben de las penas infernales si te desvías del camino. Esas columnas que tanto eventos históricos habrán albergado. Lo mejor. - Seguridad por todo lo alto. No me dejaron entrar con mochila, así que tuve que salir a depositarla en un depósito que tienen habilitado a tal fin -.















Cuando salimos pensé en subir al Campanile. Pero nos quedaba poco tiempo, como ya la habíamos visto la primera vez que fuimos, 19 años ha y no creo que haya cambiado mucho, desistí. De bruces me topé con una petición de mano muy peliculera de unos sudamericanos con lágrimas, besos y abrazos entre toda la familia, que eran legión. Decidimos pasear al borde de la laguna frente al puente de los suspiros, entre los puestos de regalos plagados de camisetas de fútbol y banderas nacionales italianas.























De vuelta al crucero vimos un yate de esos para remontar el Segura. Según dice güiquipedia costó fabricarlo 180 millones de euros.














Por la tarde ya se olía en el ambiente el final del crucero. Caras de "hasta aquí hemos llegado". Intentamos aprovechar al máximo la piscina. Noche de indumentaria roja y negra. El espectáculo "Shapes" con números de baile y canciones bajo figuras geométricas, con lucidos juegos de luces. Seguro que el mas trabajado de todos los espectáculo, pero, sinceramente, casi me duermo.





Ultima cena. Despidiéndonos del salón, de Rafy Cornejo que el lunes empezaría una nueva semana con nuevas caras, de las cenas de autor en mas de un caso incomibles, de los bares y salones. Inmaculada hizo una escapada para fotografiar el anochecer. Desapareció sin más del teatro. - "¿Donde está mamá?".- preguntó Julia. Muchos años juntos. "Está haciendo fotos, seguro". ¡¡Bingo¡¡ -. Antes de dormirnos, zafarrancho, hacer las maletas antes de la una de la madrugada. Ibamos contra reloj. Las dejamos en la puerta. La noche del día siguiente nos esperaban en Madrid.





















Día 8 – 24/07 – Vuelta a casa










Chimpún. Último día. El "diario di bordo" lo anuncia con la mitad de "contenidos". Nos quedaba toda la mañana pero empecé a sentir claustrofobia. Quería irme de inmediato. Empieza a pasarme factura el cansancio. Me paseo por el barco, me cuesta respirar. Como me gustaría teletransportarme directamente a casa pero nos quedan muchas horas por delante. Como tenemos hasta la dos desayunamos despacio, relamiéndonos, aunque yo ya me "he plantado". Se acabó la bollería y el azúcar a tutiplén. Té con limón y un trozo de bizcocho. Operación bikini para las nuevas vacaciones por venir el 14 de agosto.








Subimos a la piscina. Adiós piscina. Julia baila con el equipo de animación y Chaxi. Adiós a Enrico, Gianluca, Stefano, Giulia y "como se llame" la animadora filipina. Paseo por la cubierta superior, tostados al sol, o mas bien abrasados, los guiris. Recorro las plantas dos y tres. Descubro la biblioteca y el simulador de F1. Mas vale tarde que nunca. Inspira. ¿Expira?. La angustia va a mas. Inmaculada lo nota en mi cara. Le cuento mis "pesadillas". Sé que no te lo sé demostrar, pero ¿que haría yo sin ti en todos esos malos momentos?. Estar en los buenos es muy fácil.










A la hora de comer sigo en frenada. Ensalada y poco más. Nos dirigimos al Teatro para la reunión del grupo que nos corresponde para bajarnos. Esperando una despedida a lo grande nos ventilaron en 30 segundos. Cargados de las mochilas "abandonamos" el barco junto con nuestros amigos canarios. No miré atrás. Costa Deliziosa es historia, de la mejor, pero ya pasado.





Calor demencial en Bari camino del aeropuerto. Como era de esperar si a alguno tenían que parar en la zona de control fue a Inmaculada que debe tener pintado en la cara "soy una terrorista". En una tienda del aeropuerto compramos chicles y un par de libros en italiano, para seguir practicando. Repetición del vuelo con merienda idéntica y otro aterrizaje para olvidar. En el aeropuerto de Madrid nos esperaba el microbús de SHS Aparca y Vuela que nos llevó hasta el coche. A las 23:00 ya camino de Murcia. Error. Cuando llevábamos una hora de carretera Marta y Julia iban dormidas. Inmaculada con los párpados grapados a la frente para no dormirse y yo, malamente. 110 kms después de salir de Madrid nos paramos en una estación de servicio. Pese a que no soporto el café me pedí uno solo, sin azúcar, solo por sus efectos terapéuticos. Durante las siguientes tres horas no podría haber pegado ojo aunque llevara 200 horas sin dormir. Me faltaba algo que comer. Al fondo oigo a Marta: "Jiuston, tenemos un croasán". Eran los restos de la merienda del avión.





Se acabó. Se pudo hace mejor pero creo que sería difícil. Tras una semana intensa me quedo con la satisfacción de lo felices que se ve a mis tres pomelos. El año que viene más espero que al menos igual por que será difícil mejorar esta historia. Cuando cierro este folletín recapacito y confirmo que no los escribo para darme tono ni publicidad, no lo hago para que me lean, lo hago para recordar, no quiero que la memoria borre los pequeños detalles que aún tenemos frescos. Pasarán los años y solo estas líneas, ya sé que muchas, serán el recuerdo del viaje de aquellos dos niños que soñaron con hacer un crucero.










Ahora y siempre....




ROMA VICTRIX¡¡¡